jueves, 18 de noviembre de 2010

Kind Of Blue

Un pequeño esfuerzo de la imaginación y nos encontramos aquel 2 de marzo de 1959 —el invierno tocaba a su fin— en el estudio que Columbia poseía en la Calle 30 de Nueva York. Los músicos están preparados para interpretar So What, y Miles Davis es el centro de atención. Le miran, pero él rehuye su mirada. Ahí están todos, listos para dar lo mejor de sí mismos, pero con ese ligero nerviosismo previo al comienzo de una grabación. Wynton Kelly se ha echado a un lado, quizá enfadado, quizá extrañado. Davis debía haberle dicho que Bill Evans también iba a venir. Pero, para bien o para mal, es así como trabaja, y hace años que dejó de justificarse. El piano de Evans y el contrabajo de Paul Chambers son los encargados de la introducción. Davis de fija en Jimmy Cobb, concentrado en sus escobillas, antes de que empiece a sonar su charles, y quizá recuerde a Philly Joe Jones, ni mejor, ni peor: diferente. El saxo alto de Cannonball Adderley, el tenor de John Coltrane y la trompeta de Davis responden junto a Evans al riff de Chambers. Terminado el motivo principal del tema llegan las improvisaciones. La trompeta de Davis se convierte en un apéndice ortopédico de su cuerpo que le ayuda a proyectar los sonidos que surgen de su cerebro. Vienen de dentro y toman forma fuera; es en ese ínterin infinitesimal cuando la intuición y la técnica se mezclan para esculpirlos y entregarlos —siempre impredecibles— al acervo común. La música fluye serena, pero firme; compacta a pesar de los huecos, de los silencios (o gracias a ellos). En plena forma, Davis deja expedito el camino a seguir y cede el sonido a un Coltrane que cada día que pasa toca mejor, un músico extraordinario que puede llegar a serlo aún más, pues no parece conocer sus límites. Trane acaba, es el turno de Cannonball, que se muestra sobresaliente a pesar del solo que le acaba de preceder. Davis emboca de nuevo para respaldar la intervención de Evans y volver luego al motivo principal para terminar el tema. En el silencio (¿incómodo?) que se ha creado todos miran a Davis, como al principio, que no mueve un músculo. Aunque algo han debido de notar en sus ojos, porque se ve cómo se relajan. Sí, tíos, ha sido una buena interpretación. No hay por qué ser modestos.

Ese 2 de marzo el sexteto registra también Freddie Freeloader —aquí con Wynton Kelly responsable de las teclas— y Blue In Green, segunda y tercera pieza respectivamente de Kind Of Blue (1959), el sublime clásico de Miles Davis, probablemente el disco más vendido y conocido de la historia del jazz. Al igual que So What, All Blues y Flamenco Sketches (los dos temas que completan el álbum, grabados el 22 de abril), el hecho de que los cinco cortes del elepé sean conocidos por fundar el jazz modal —la sustitución de los acordes y las armonías por simples escalas melódicas para los motivos de los temas que dejaran mayor campo aún para la improvisación— no explica el sentimiento de melancolía que trasmite Kind Of Blue. Más introspectivo que nunca (antes o después) en su carrera, Davis contagia a los músicos que le acompañan —característica esencial y clave del trompetista: su capacidad de aglutinar y trasmitir sus ideas (o bocetos de ideas) a sus colaboradores para que las desarrollen— esa tristeza sensual que inunda el álbum y que sirve de hilo conductor. Coltrane, Chambers, Evans, Jones y Adderley catalizan la emoción buscada por Davis, visión de conjunto que excluye la exhibición vacía de auténtico contenido artístico que desvirtúe el sentido que ha de dársele a la habilidad instrumental de cada uno.

Obra surgida del recogimiento del estudio, que fluye en su propio y lento tempo, su delicada cadencia, Kind Of Blue es, sin duda, un hito de inefable belleza en la carrera de Miles Davis, que pone en aprietos a esas mentes estrechas preocupadas por salvaguardar las barreras entre música culta y popular, asunto que ya hemos sacado a la luz en más de una ocasión en Ragged Glory. Lo que impresiona al pensar en Kind Of Blue, más allá de su incuestionable calidad, es que el músico responsable del álbum no sólo había grabado con anterioridad Birth Of The Cool o Milestones, sino que todavía le quedaban por publicar Sketches Of Spain, In A Silent Way o Bitches Brew, por no citar varias y excelentes referencias más, previas o ulteriores al trabajo diseccionado, superiores a la discografía completa de muchos artistas. Tal es la categoría de Miles Davis, uno de los más importantes e influyentes músicos del siglo XX. La sola existencia de Kind Of Blue sería suficiente para probarlo.

7 comentarios:

  1. ¿Qué decir ante semejante obra de arte? Sin palabras...

    Saludos

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  2. He de darte mi más sincera enhorabuena por la pasión de tu entrada. Verdaderamente es un hito de la historia de la música, cuando uno llega a apreciar "Kind of Blue" es que ha evolucionado correctamente, adivino que sabes lo que quiero decir.
    Mi favorito es Coltrane, mi favorito absoluto. Si tuviera que demostrar a un nazi que el hombre blanco no es superior al negro, le pondría música de John.

    Cheers!

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  3. Sabes, amigo Gonzalo, cuando leo cosas como este post me doy cuenta de lo ignorante e incluso mentecato que soy. Y lo digo porque siempre que oigo música de este tipo me atrapa, pero no profundizo, no sé si me entiendes. Fijate que tengo cosas y escucho a gente como Art Blakey, Lee Morgan, Louis Prima y en cambio muy poco a Miles Davis. Merezco autofustigarme. Grandioso post. Un abrazo.

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  4. Me pasa con muchos de los discos que comentas aquí: no los conozco. Pero sólo por leer los pedazo de entradas que te marcas, y esta es especialmente... brillante es poco, apoteósica diría, siento que ya los adoro. Me siento como dice Johnny Didud, ignporante y mentecato.
    Saludos

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  5. En primer lugar, gracias a todos por vuestros elogios.

    Freaky: siempre hay alguna palabra que utilizar, aunque yo mismo utilice —quizá contradiciéndome— el adjetivo "inefable" para decribir "Kind Of Blue".

    Scott: entiendo lo de la "evolución correcta", aunque es un tema que daría para muchísima reflexión. Coltrane y Davis son mis dos músicos favoritos de la historia del jazz, aunque si tuviera que elegir (menos mal que no), me quedaría con Davis. Lo bueno de "Kind Of Blue" o "Milestones" es que tienes a los dos en el mismo elepé.

    Johnny y Lou: yo, que os suelo leer, diría que no tenéis un pelo de ignorantes o mentecatos, todo lo contrario. Simplemente, escuchad "Kind Of Blue" si tenéis la oportunidad. Os aseguro que os atrapará sin remedio.

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  6. Wow, tu si que sabes de lo que hablas! Es decir, la forma en que nos describes el contexto, madre mía.
    Y Johnny no podría haberlo descrito mejor, así me siento también. Creo que aún me falta muuucho para llegar a apreciar un disco de la forma en que lo haces tú.
    Y sobre Kind Of Blue (ésta vez si conozco el disco posteado! jeje) pues que te puedo decir...es un prodigio, una obra perfecta. Básico en la biblioteca de todo melómano. He de decir que me costó apreciarlo (fue de los primeros discos de jazz que me puse a oir), pero ahora no salgo sin él.
    Te volaste la barda con el post. Eres como Coltrane, solo que lo que haces mejor cada día, es escribir.

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  7. Muchas gracias, Hombre Mojon. Lo de obra perfecta se puede aplicar a muy pocas cosas, pero quizá "Kind Of Blue" sea una de ellas. Por cierto, qué bonita locución mexicana ésa de "volarse la barda".

    Saludos.

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