jueves, 24 de septiembre de 2015

Cage, Tudor, 4'33''


Muerto el sistema tonal,
ridiculizado el himno,
introducido el ruido:
¿qué más quedaba por hacer?

Había que ir al origen del lenguaje musical,
seguir Los pasos perdidos de Carpentier,
enfrentarse al momento previo
a que las notas inundaran el mundo.

Era hora de denunciar su abuso de siglos,
de ser vanguardia de vanguardia,
de hacerlas callar durante 4’33’
para que John Cage y David Tudor hablaran.

De asumir el vértigo
de la tecla que no llega a ser tocada,
aunque supieran que muchos fueran a clamar:
"¡Eso no es música!, ¡eso no es arte!".

Faltaba la partitura en blanco,
la lírica del silencio del intérprete
y los ruidos del público,
indignado, aturdido o maravillado.

No había otro remedio:
había llegado el momento,
y ellos estaban ahí.


4 comentarios:

  1. Para atreverse a hacer eso hay que ser un músico de puta madre y no lo digo de broma. Aún así yo le hubiera pitado al acabar.

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  2. Cage lo fue, Luis. Su decisión fue muy consciente, al ver que otras artes como la pintura habían ido más lejos, llegando hasta el cuadro en blanco en su radical afán de vanguardia. De dicha decisión nace mi poema.

    Saludos.

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