lunes, 28 de septiembre de 2015

No seas violento

Trabaja durante un mes
en un empleo insoportable
por ochocientos euros (con suerte).

Hazlo en un cuartucho
en el que han metido diez ordenadores
porque no hay sitio en la oficina.

Come apiñado en un cocina pequeña
—de pie si no has llegado a tiempo—
que es la mitad del despacho del jefe.

Ve limpito y aseado,
evitando llevar pantalones vaqueros
o una camiseta demasiado chillona

Haz horas extras por la cara,
mientras miras al suelo avergonzado
dando gracias porque no te pagan
parte de la nómina en negro.

Y no preguntes por el comité de empresa.
No existe.



jueves, 24 de septiembre de 2015

Cage, Tudor, 4'33''


Muerto el sistema tonal,
ridiculizado el himno,
introducido el ruido:
¿qué más quedaba por hacer?

Había que ir al origen del lenguaje musical,
seguir Los pasos perdidos de Carpentier,
enfrentarse al momento previo
a que las notas inundaran el mundo.

Era hora de denunciar su abuso de siglos,
de ser vanguardia de vanguardia,
de hacerlas callar durante 4’33’
para que John Cage y David Tudor hablaran.

De asumir el vértigo
de la tecla que no llega a ser tocada,
aunque supieran que muchos fueran a clamar:
"¡Eso no es música!, ¡eso no es arte!".

Faltaba la partitura en blanco,
la lírica del silencio del intérprete
y los ruidos del público,
indignado, aturdido o maravillado.

No había otro remedio:
había llegado el momento,
y ellos estaban ahí.


martes, 22 de septiembre de 2015

Run With The Pack


Todavía mantiene viva Run With The Pack (1976), tercer plástico del grupo, la llama de Bad Company, que arde con el calor suficiente para considerarlo el último trabajo importante, en su conjunto, de la banda formada por Paul Rodgers, Mick Ralphs, Boz Burrell y Simon Kirke. Continúa aquí el cuarteto británico fabricando ese rock de fuerte sabor americano y clara orientación comercial en el que manda la variedad de unas canciones que se sirven de hard, boogie, pop, blues, country, folk, bluegrass, glam, R&B y doo-wop para estructurarse y diferenciarse unas de otras.


De los diez cortes que contiene el álbum, cinco pueden ser considerados baladas, aunque cada una tenga muy marcadas sus características específicas. Simple Man, Love Me Somebody, Silver, Blue & Gold, Do Right By Your Woman y Fade Away poseen diversos aromas e instrumentaciones, si bien son todas ellas composiciones brillantes, la primera de Ralphs, las otras cuatro de Rodgers. Honey Child y Sweet Lil' Sister son rock and roll canónico, acreditado a todo el cuarteto y a Mick Ralphs respectivamente. Medio tiempo aguerrido de regusto funk, Live For The Music es un tema de Ralphs en el que Free y Mott The Hoople piden su sitio y se dejan notar. Completan el elepé una versión de los Coasters (Young Blood) y la canción que le da título, en la que el contraste entre la estrofa roquera y el lírico estribillo acaba siendo dominado por el segundo, las teclas y la voz de Paul Rodgers y los arreglos de cuerda.


Los discos posteriores de Bad Company, aun conteniendo cosas interesantes, no tendrán ya el valor de su debut homónimo, Straight Shooter y este Run With The Pack, última pieza de una trilogía que certifica la presencia de la banda entre lo más granado de los años setenta. Un grupo muy de su tiempo, pero cuya calidad no ha pasado de moda. Escuchen el álbum que hoy les propongo y díganme si no es así.

viernes, 18 de septiembre de 2015

Jazz For The Thinker


Jazz For The Thinker, el debut de Yusef Lateef de 1957, es, además de un homenaje simpático a Rodin, un buen ejemplo de ese jazz cálido, sensual y lleno de blues que a la sazón practican tantos grupos y que todos conocemos como hard bop. La carrera del músico criado en Detroit dará en pocos años con piezas de mayor armonía, delicadeza y variedad —Eastern Sounds, Into Something— en la búsqueda explícita de esos Other Sounds que ya tantea en el otoño del mismo 1957, pero lo que ofrece su primer elepé no debe ser soslayado por ningún aficionado a la materia. El motivo que abre y cierra Happyology —esas voces y esas percusiones que huelen a África— es lo único que se sale de la ortodoxia bop del álbum, pues las intervenciones durante el resto del tema del saxo tenor de Lateef, el trombón de Curtis Fuller —que también va a grabar en breve su primer disco, New Trombone—, el contrabajo de Ernie Farrow, el piano de Hugh Lawson y la batería de Louis Hayes van en la línea de lo que escucharemos a lo largo de los cuatro cortes siguientes: O' Blues, Midday, Polarity y Space. Composiciones las cinco de Yusef Lateef, su quinteto las viste con una pulcritud y una limpieza realmente agradables para el oído, si bien distantes de la extraordinaria musicalidad de obras maestras del mismo género y periodo como Blue Train, Moanin' o Milestones. Comparación que hago con el único objetivo de orientar al lector, no de anular la valía de un primer paso tan válido y notable como Jazz For The Thinker, pues el matiz cualitativo nunca ha de hacer que dejemos de disfrutar de álbumes menores pero seductores en sus limitaciones. Las limitaciones que nos hacen humanos, aunque parezcan ajenas al autor de El pensador que observa en la portada a Lateef "y sus hombres".

martes, 15 de septiembre de 2015

SYR 1


En paralelo a su carrera con Geffen —más accesible, no por ello menos creativa—, Sonic Youth publicó desde 1997 hasta su disolución en 2011 (solo el tiempo dirá si definitiva) una serie de grabaciones bajo el paraguas del sello creado ad hoc por el grupo: Sonic Youth Recordings. Nueve en total, cada una de ellas llevaba como título las siglas de la discográfica seguidas del número cardinal que correspondía al trabajo en cuestión, era editada en una lengua diferente y no sabía nada del vocablo concesión. SYR 1, la primera referencia que ve la luz, consta de cuatro temas titulados en francés con el nombre de piezas de Mauricio Kagel y se ajusta a la radicalidad sonora que de ella se puede esperar. Veintidós minutos instrumentales de electricidad atonal y disonancia poética en los que sobresale el primero y más largo de los cortes, Anagrama, para mí uno de los mejores temas registrados por el cuarteto neoyorquino. Yuxtapuestas, Improvisation ajoutée y Tremens son dos piezas breves y muy imaginativas a las que sigue Mieux: de corrosion, noise abrupto y descarnado —en la tradición de la vanguardia más extrema— que une a los Stooges y Suicide con Cluster y cierra el disco. Toda una delicatessen digna de Goo, Washing Machine o A Thousand Leaves, pero carente del más mínimo gancho comercial. Por supuesto, ahí es donde reside su atractivo.

viernes, 11 de septiembre de 2015

Home Invasion


Heredero de la fortísima polémica surgida tras la publicación del primer elepé de Body Count y la censura de Cop Killer, Home Invasion (1993) se va a conformar como exuberante arma política tanto por su contenido como por las tensas circunstancias que rodean su creación y su definitiva aparición en las tiendas. El quinto disco de Ice-T se articula, pues, en torno a la lucha del rapero a favor de la libertad de expresión —lucha que viene de lejos— y en contra de un sistema que —representado aquí por su discográfica— acabará por no hacerse cargo del material registrado por la T Helada en 1992. Pospuesta su edición para febrero del año siguiente, la negativa de Warner a aceptar la portada será la gota que colme el vaso de la paciencia del autor de Power, quien, tras unas dudas iniciales, acabará marchándose de Warner y publicando su álbum bajo el sello de Rhyme Syndicate Records, es decir, autopublicándolo y encargándose Priority de la distribución.

Home Invasion ha quedado, bajo mi punto de vista, como uno de los trabajos más refinados y genuinamente combativos del hip-hop de los años noventa, haciendo corta e inútil la etiqueta de gangsta rap para un trabajo musicalmente arrollador. Pleno de funk y groove, Ice-T estiliza como nunca su contundencia en un trabajo magistral en el que ritmo y pensamiento político son indisociables y la reflexión y el mensaje son presentados en estampas urbanas de autodefensa que huyen del jeroglífico intelectual y llevan explícita su doctrina. Utilizando magníficamente samples de artistas como Mountain, Herbie Hancock, James Brown, Public Enemy, Ahmad Jamal, Curtis Mayfield o Funkadelic, Ice-T recorre durante una hora y cuarto adictiva la cara oculta y negra del Imperio, un mundo realmente violento del que las descripciones procaces y agresivas de Ice-T no son sino consecuencia lógica. La etiqueta de "Parental Advisory: Explicit Lyrics" que observamos en la parte inferior derecha de la portada sirve para limpiar las conciencias hipócritas de los padres puritanos y los políticos conservadores, pero rechaza de entrada un retrato de Estados Unidos que se vale de la agresividad existente para denunciar la brutalidad de un poder que se asusta de los tacos mientras sonríe a las balas. Es decir, se elude el meollo que hay bajo la dureza verbal y, de paso, se intenta anular la potencialidad artística de la música popular que denuncia al mismo tiempo que crea, que crea al mismo tiempo que denuncia. Una música, la de Ice-T y su Home Invasion, que no quiere renunciar ni a la belleza ni a la utilidad, aunque tampoco podría, pues la primera crece en la segunda y la segunda quedaría vacía de contenido sin la primera. Como uña y carne… o como negro y perseguido en la supuesta democracia yanqui.

martes, 8 de septiembre de 2015

Go Girl Crazy!


Primer disco punk o eslabón protopunk entre el segundo de los New York Dolls y el debut de los Ramones —escoja el lector lo que desee—, Go Girl Crazy! (1975) es la carta de presentación de uno de los grupos más deliciosos e imprescindibles de la historia del rock and roll, favorito innegociable de esta casa: los Dictators. Todavía formalmente un cuarteto (Handsome Dick Manitoba es el "Arma Secreta" que esconden los créditos), la banda de Andy Shernoff huye como de la peste de las grandilocuencias sinfónicas y progresivas sobre las que vomitará el punk rock para acercarse a la sencillez primigenia y seminal de la música del diablo. Las melodías y las letras de los sietes temas de Shernoff y las dos versiones escogidas remiten constantemente a la diversión, a la fiesta y a la (eterna) adolescencia, si bien los furibundos solos de la guitarra de Ross The Boss —técnica, fuerza y pasión de la mano— y los riffs de la de Top Ten crean un sonido muy peculiar que introduce en el grupo trazas de hard rock, dándole una personalidad que le hará difícil casar con exactitud en esta o aquella escena o estilo. Añádase un gusto por el cachondeo constante y la ironía desmitificadora de Andy Shernoff —vocalista principal del disco a pesar de que Manitoba ya pega cuatro alaridos—, y tendremos el plano general al que vamos a acercarnos en sucesivos travellings.


Más conocido por la réplica que de él han hecho Ramones, Hanoi Rocks o Turbonegro, el riff de The Next Big Thing tarda casi un minuto en hacer acto de aparición, pero cuando empieza a sonar se apodera de la canción que lo contiene y —excepto el tramo en el que Ross The Boss castiga su instrumento con un tremendo punteo— ejerce su dominio durante el resto del corte. I Got You Babe es la macarra apropiación que los Dictators hacen del clásico de Sonny & Cher que, años después, despertará día sí, día también a Bill Murray en la inolvidable comedia Atrapado en el tiempo. Back To Africa une reggae y high energy y encierra a un Ross The Boss desatado, feroz en esta "vuelta a África". La filosofía de la banda a la sazón —y su sentido del humor— queda clara en Master Race Rock, pues:

"Podemos sudar y apestar
Podemos comer y beber
No hacemos lo que nos dicen
¡Y nos da miedo crecer!".

Teengenerate y la lectura del mítico California Sun son dos joyas que, entre el punk y el power pop, desprenden alegría, felicidad y las ganas de comerse el mundo que Andy Shernoff, Stu Boy King, Ross The Boss y Top Ten trasmiten al oyente mediante, respectivamente, bajo y voz, batería y guitarras. Two Tub Man es una de las piezas más agresivas del álbum, y en ella quien es roadie, mascota y amigo —Manitoba— reclama el puesto que en breve será suyo: el de cantante oficial del huracán neoyorquino. Himno definitivo de los Dictators, Weekend celebra el fin de semana y, bajando a tierra el concepto abstracto, lo eleva a categoría propia "conduciendo el coche de papá", haciendo "los deberes en el bar" y "pellas y emborrachándose" o "comiendo en el McDonald's" como Bobby el "punk local". (I Live For) Cars And Girls pone fin al magnífico canto hedonista que es Go Girl Crazy! con una declaración de principios digna de un Epicuro desenfrenado… o de una estrella del rock and roll. Valiéndose de los primeros Beach Boys y los MC5 de Back In The USA, Shernoff nos hace saber que "no hay nada más" que los "coches y las chicas", arduo problema para los gays sin carné de conducir que la banda, al menos por aquel entonces, no creo que pudiera o supiera resolver.


Comienzo de una carrera sobresaliente en el plano artístico pero reacia al éxito comercial, el primer elepé de los Dictators se mantiene fresco y entrañable cuatro décadas después de que Epic lo publicara, acertadísima descripción de un tiempo en que la carne es joven, la vida se dispara y la ilusión todavía no ha entrado en declive. El tiempo perfecto para rescatar al rock and roll de la partitura y los estadios y devolverlo a la calle y a los clubs nocturnos.

viernes, 4 de septiembre de 2015

An Image. Lee Konitz With Strings


Según la definición de Gunther Schuller, el third stream —expresión de su propiedad que sería algo así como una tercera vía— no puede calificarse como jazz o música clásica, sino como una fusión de ambos en la que se reconocen elementos propios de cada uno de los géneros, pero que da lugar a otro nuevo y diferente. Sea de esto lo que fuere, lo cierto es que a finales de los años cincuenta "este movimiento" tuvo cierta repercusión, "aunque no pudo sobrevivir a los sesenta, cuando fue eclipsado por Miles Davis, John McLaughlin, Tony Williams, Joe Zawinull y otros creadores de una fusión de jazz, rock y música electrónica", como aseguraba Art Lange en 1996. 

An Image. Lee Konitz With Strings (1958) es un ejemplo inmejorable de aquello que Bill Russo llamó "música seria" en las notas originales del elepé, pero que, como reconoció posteriormente, "probablemente hubiera llamado third stream" de haber conocido a Gunther Schuller. Russo compone, arregla las versiones y dirige al cuarteto de cuerda sobre el que improvisa el saxo alto de Konitz, consiguiendo que 'Round Midnight, I Got It Bad (And That Ain't Good) y What's New? gocen de una atmósfera similar a la de las nostálgicas piezas escritas por él. El influjo de Bartók, Messiaen, Ligeti o Bach (de la vanguardia al barroco) se une al de las big bands y el bebop en un clima grave que —lleno de momentos muy hermosos y poéticos— resulta un tanto rígido, si no pretencioso. Dividida en siete partes, la larga suite que cierra el elepé, An Image Of A Man, lleva en sí todas las virtudes y defectos del disco y del movimiento en el que históricamente ha quedado incrustado. Virtudes —ese solo delicado de Konitz, ese partitura esmerada de Russo, ese sonido espectral de las cuerdas…— que hacen que merezca la pena escuchar el álbum, pues tiene su jugo; defectos que lo sitúan lejos de las obras maestras de los músicos que, explícita o implícitamente, han sido nombrados en este texto. Si quieren mi opinión, y aunque sea solo por curiosidad, las virtudes son lo suficientemente poderosas para que acercarse a An Image. Lee Konitz With Strings merezca la pena. Subtitulado, no lo olviden: Arrangements And Orchestra Conducted By William Russo.

martes, 1 de septiembre de 2015

Stormbringer


Si la entrada de Glenn Hughes y David Coverdale en Deep Purple había hecho que el quinteto girara tímida pero indudablemente hacia territorios funk en el excelente Burn de 1974, en su siguiente elepé —publicado el mismo año— esa timidez iba a desaparecer por completo para dar con un trabajo lleno de funk y soul más cercano al soft que al hard rock. Stormbringer viene, pues, a significar un giro muy importante en la carrera del grupo británico, si bien, y en mi opinión, su valía musical es la misma. Sin embargo, y como todo el mundo sabe, Ritchie Blackmore abominará de un resultado en el que su aportación pierde quilates y su guitarra, distorsión, abandonando la nave para formar Rainbow en 1975. Según sus palabras: "No había muchas guitarras porque de alguna manera yo estaba pasando por problemas personales, y ahí no tenía la gente que quería para grabar".


Exceptuando el corte que da título e inicia el álbum, es muy difícil ver en Stormbringer al grupo precursor del heavy metal que graba In Rock o Machine Head. Glenn Hughes ha impuesto mayormente su criterio, y el rock duro y los largos solos de Blackmore (o de Jon Lord) son relegados —sin desaparecer, los hay fantásticos— en beneficio de la canción a secas. Aunque parezca mentira, Deep Purple se encuentra más cerca de Curtis Mayfield o Marvin Gaye que de Black Sabbath en temas tan magníficos —independientemente de quién los haya compuesto— como Love Don't Mean A Thing, Holy Man, Hold On, You Can't Do It Right, The Gypsy y Soldier Of Fortune, pero ni siquiera cuando el rock and roll toma formalmente la plaza (Lady Trouble Dealer, High Ball Shooter) la banda abandona el groove de la música afroamericana. La concisión manda, el sonido se dulcifica, se recorre un nuevo camino, mas la calidad es igual de sobresaliente que la de antaño, y solamente un ciego (un sordo en este caso) puede negar la calidez y la armonía que desprenden las notas de Stormbringer. Solo falta añadir las siempre geniales baquetas de Ian Paice para completar el cuadro de un disco espléndido que a día de hoy —más por prejuicios que por juicios— sigue ninguneado en determinados sectores, herederos del radical rechazo de Ritchie Blackmore. Acudimos al tópico para cerrar el texto y lamentar su obcecación: ellos se lo pierden.