viernes, 3 de octubre de 2014

The Right Way


Si resulta difícil destacar entre la avalancha de novedades discográficas que cada año —dispuestas a ser sancionadas prematuramente—asaltan las tiendas y caen libres en el universo virtual, esperar a que te valoren viniendo del pasado (aunque reciente), habiendo dejado de existir como grupo, siendo gallego y dedicándote a algo tan demodé como el rock and roll es, si no un milagro, lo más cercano que se pueda imaginar. Pero, bueno, en Ragged Glory nos gustan las causas perdidas (que dirían los Cosmic Psychos), y vamos a hablar de los Ultracuerpos, quinteto que se ajusta a las características descritas.

Formado por músicos curtidos en otras batallas, el grupo deja entre los años 2001 y 2005 tres álbumes excelentes que le sitúan al nivel de lo mejor de la escena internacional (ya sea escandinava, norteamericana, australiana o japonesa) de principios de siglo, pero cuya repercusión es por desgracia mínima. The Right Way —su segundo elepé de 2003— llama la atención por el perfecto acabado de los ocho temas que contiene y la clase instrumental de quienes los ejecutan. High energy, hard rock, southern, pub rock, rockabilly y similares variantes del sonido del maligno tienen su sitio en un trabajo que huele por todos los costados a los años setenta y en el que mandan las tremendas guitarras de Kiko The Jams y Ramone Ramón. De producción más contundente que su debut (Plan 9 From Outer Space) y menor poso garajero, The Right Way pone fin a su trayecto de sólidos riffs, punteos electrizantes, percusiones poderosas y líneas de bajo infalibles —puntuales y notables órgano y armónica— con una versión del Sister Anne de MC5 que resume todo lo que los Ultracuerpos han venido diciéndonos hasta el momento. Concluir un disco con una de las mejores canciones de uno de los mejores grupos de la historia es tener las cosas claras y apostar fuerte por el valor de tu material, que inevitablemente va a ser sometido a cotejo inmisericorde. Pues bien, no solo la versión del clásico de Detroit es buena, sino que los siete cortes que le han precedido no desmerecen a semejante maravilla: el arrojo, la prestancia y el conocimiento de causa de estos cinco (magníficos) gallegos amantes de Elvis y la serie Z les hacen salir victoriosos de tan arriesgada decisión. Está claro que —el título no es casual— habían elegido "el camino correcto".

La confianza de la banda en sí misma será refrendada por un tercer plástico que, bajo el título de The Awesome Amazing Sounds Of Ultracuerpos, le mantendrá en el más estricto underground y cerrará el camino a una carrera corta pero fructífera. Da igual que (casi) nadie se acuerde de ellos o que su trayectoria fuera enemiga del éxito. Las capacidades artísticas de los Ultracuerpos salen a relucir cada vez que un amante del rock and roll se acerca a su música y descubre patidifuso que en noroeste de España se facturaban productos como este The Rigth Way del que es un placer haberse hecho eco.


6 comentarios:

  1. Novedades o no, si la música contenida es gustosa e interesante, bien está hacer retrospectiva y llegar a bandas como esta - la que, por cierto, no escuché-. Urgar en el recuerdo es otra 'tarea' de los blogs y lo cumples excepcionalmente en Ragged Glory, Gonzalo...

    Un abrazo y buen fin de semana.

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  2. En su día no les presté atención. Habrá que remendar el error.

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  3. No, Bernardo, como digo, los Ultracuerpos llevan varios años disueltos.

    Gracias, Aurelio, intentamos hacerlo lo mejor posible. Buen (resto) de finde para ti también.

    Da una oportunidad a estos gallegos, Trónak.

    Abrazos.

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  4. Desconocidos totalmente, lástima, igual que esa referencia que haces a la "serie Z"...Como bien dicen los compañeros, esta tarea de "Ragged Glory" al dar a conocer a grupos muy fuera del circuito actual, o ya alejados del mundanal ruido roquero, es uno de sus grandes puntos fuertes. A seguir.
    Abrazos,
    JdG

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  5. La serie Z vendría a ser la serie B de la serie B, Javier. Gracias por tus palabras, ahí vamos. Esta semana se pasa por aquí (si nada falla) una de las obras esenciales e incontestables de la historia del rock. ¡Al loro!

    Un abrazo, maestro.

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