lunes, 4 de julio de 2022

Why Do I Cry

Antes de formar parte del glorioso debut de los Remains, Why Do I Cry había sido single del grupo de Boston en 1965, pop inmaculado y de producción propia que en nada envidia al Don't Look Back que Billy Vera escribirá para ellos. Tan celestial canción iba acompañada de una versión del My Babe que Little Walter había cantado (y Willie Dixon compuesto) en los cincuenta, lectura digna que no alcanza el nivel expresivo de la original. Una rodaja, en todo caso y en conjunto, deliciosa que preparaba el camino al esencial The Remains.


 

jueves, 30 de junio de 2022

Chan Chan

Además de abrir el maravilloso y homónimo álbum de Buena Vista Social Club, el emocionante son de Compay Segundo se editaba como single en 1997. Escrita en los años ochenta y ya registrada previamente, Chan Chan suena esplendorosa producida por Ry Cooder y cantada por Eliades Ochoa con el apoyo de Ibrahim Ferrer y el propio Segundo, sin olvidar el breve pero autoritario solo de trompeta del Guajiro Mirabal. También en el disco se encontraba la versión del mítico bolero Dos gardenias, aquí impecable en la boca de Ferrer y los siete intérpretes que le acompañan. Completando el sencillo, otro son de Compay Segundo que había aparecido en su plástico del año anterior Ya vengo aquí. No tiene Macusa la categoría y la belleza de Chan Chan (eso es muy difícil), si bien es un regalo agradable que no se encontraba en Buena Vista Social Club. Once minutos y medio de medicina musical cubana, en total, de un single en el que manda, sí o sí, el tema que le da título.

lunes, 27 de junio de 2022

Couldn't Stand The Weather

Injustamente a la sombra de su mítico debut Texas Flood, el segundo elepé de Stevie Ray Vaughan (Couldn't Stand The Weather, 1984) es otra joya del guitarrista y cantante de Dallas. Si el disco comienza desenfrenado con el breve instrumental Scuttle Buttin' y continúa funky mediante el corte que le da título, donde Stevie empieza a sacar brillo a sus seis cuerdas acompañado a la guitarra rítmica de su hermano Jimmie, en las versiones de The Things (That) I Used To Do, también con Jimmie, y de Voodoo Child (Slight Return) —escrito Voodoo Chile en lugar de Voodoo Child por la típica confusión entre los dos temas— de Guitar Slim y Jimi Hendrix, respectivamente, la Fender Stratocaster de Ray Vaughan echa humo para dar con lecturas como mínimo tan buenas como las originales. Quizá sea por el cotejo con la tormenta eléctrica que le ha precedido que el Cold Shot escrito por Mike Kindred (K. Kendrid en los créditos) sepa a poco aun no estando nada mal. Da igual. Los nueve minutos de Tin Pan Alley, cuyo autor parece ser Bob Geddins, nos llevan al cielo gracias a un Ray Vaughan exquisito a fuego lento perfectamente acompañado por Tommy Shannon y Chris Layton, base rítmica más conocida por el nombre de Double Trouble. El tono festivo de Honey Bee contrasta con la atmósfera jazz de Stang's Swang, segundo instrumental de Couldn't Stand The Weather y punto final del álbum que sirve para alejarnos brevemente del universo blues que nos ha precedido, para escuchar el saxofón de Stan Harrison, para que Fran Christina, batería de los Fabulous Thunderbirds, se haga con las baquetas de Layton, y para comprobar que asimismo en otras aguas (las de Wes Montgomery y George Benson, digamos) nadaba a gusto el tristemente fallecido Stevie Ray Vaughan.

jueves, 23 de junio de 2022

Burnin'

Tiene todo este disco de John Lee Hooker de 1962 y el sello Vee-Jay (es decir, del Chicago blues y eléctrico) para caer rendido ante su media hora larga: un single mítico como pocos del cantante, guitarrista y compositor (Boom Boom); seis intérpretes (dos saxos, guitarra, piano y base rítmica) de una entonces incipiente Motown que amplifican y colorean las once canciones de Hooker; un bluesman en estado de gracia compositivo, pues no hay un solo tema desechable en Burnin'. No encontramos en él, por supuesto, al músico crudo y radical de los singles grabados en la primera mitad de los años cincuenta y publicados por Modern Records, sino a uno más estilizado y comercial que no dice adiós a la calidad. No veo a nadie bailar a los compases y el sonido feroz de Down Child o Too Much Boogie; visiono en un instante, sin embargo, a cualquiera moviendo el esqueleto mientras la mencionada Boom Boom, Lost A Good Girl, Let's Make It o Keep Your Hands To Yourself esparcen sus notas. E incluso puedo imaginar a una pareja hace sesenta años meciéndose bajo el influjo del blues de cocción lenta y trazo delicado (Process, Blues Before Sunrise, I Got A Letter, por ejemplo) que también es parte de los surcos del elepé. Los sesenta años que nos separan de Burnin', un trabajo imprescindible de uno de los santos griales —John Lee Hooker— de la música popular del siglo XX.


 

lunes, 20 de junio de 2022

One Way… Or Another

Sin alejarse de lo ofrecido en su debut, Cactus publicaba su segundo plástico pasados menos de ocho meses. One Way… Or Another (1971) abre su contenido mediante una versión ralentizada y convertida al blues rock del clásico de Little Richard Long Tall Sally, cerca de seis minutos aplastantes que expresan la fertilidad creativa y la exuberancia interpretativa del cuarteto yanqui. Rockout, Whatever You Feel Like es un buen rock and roll de brillantes punteos de Jim McCarty, si bien se quedan cortos ante el poder eléctrico exhibido cuando Rock N' Roll Children acelera a mitad de su desarrollo. Ya lo anuncia su título, Big Mama Boogie - Parts 1 & 2 se divide en una mitad acústica en la que Rusty Day toca la armónica además de cantar y otra mucho más breve pero furibunda donde Carmin Appice, Tim Bogert y McCarty se dejan la piel. Igual que han hecho con Long Tall Sally, los miembros de Cactus reconstruyen y alargan el Feel So Bad de Chuck Willis aunque con menor furia y una atmósfera que puede recordar a Cream, a los Doors y a Jimi Hendrix. Song For Aries es un instrumental de sabor progresivo en el que destaca la guitarra de Jim McCarty al final de su trayecto. Blues lento y pesado, el de Hometown Bust ha de emparentarse con el de Led Zeppelin y el Jeff Beck Group… al igual que el de One Way… Or Another, algo menos lento y más metálico éste sin embargo, no en vano el nombre de Black Sabbath sale a la palestra al hablar del tema que cierra y titula este excelente elepé de una banda de efímero recorrido pero cuyos tres primeros trabajos siguen sonando magníficamente.


 

jueves, 16 de junio de 2022

Nueva York-Granada

El que devendrá el mayor revolucionario del flamenco y el que lo había sido de la guitarra flamenca se juntaban justo antes de morir el segundo para realizar un doble elepé perteneciente, como se dice en el interior de la carpeta, "a la tradición del arte flamenco", si bien "una recreación personal de Enrique Morente y Agustín Castellón (Sabicas)". Une Nueva York-Granada (1990) cuatro ciudades (sumen Pamplona y Madrid a las dos del título, lugar de nacimiento del guitarrista, la primera, y estancia del cantaor, la segunda) en un quejío universal que reivindique la cultura flamenca de la mano de dos de sus máximos representantes. Y queda, además, como una fonoteca de los diversos palos del género servida con generosidad y todo el arte imaginable, despampanante el de Sabicas, jugándose la vida el de Morente, si hacemos caso al primer verso del soneto que le dedica Joaquín Sabina (igual que al guitarrista) en la funda de los dos plásticos. Decía adiós, o regalaba sus últimos acordes y rasgueos, el músico navarro siguiendo los deseos del andaluz, norte y sur de la península Ibérica en busca de la perfección formal, de la palabra última que compile y explique tarantos, soleás, fandangos, tangos, alegrías, bulerías, seguiriyas, malagueñas… Una obra maestra impecable que sobrevuela el océano desde Nueva York camino de Granada.


 

lunes, 13 de junio de 2022

Cello Suites Nos. 1-6

El Jimi Hendrix del violonchelo. Así llamaba un amigo mío a Pau Casals, extrapolación cronológica y genérica que para quien estaba más habituado al rock de los años sesenta y al mítico guitarrista zurdo servía para describir la pasión y el rigor técnico con los que el músico catalán interpretaba las seis suites para violonchelo del gran maestro Johann Sebastian Bach, que aquí traigo en la edición de Naxos en dos compactos de 2000.

Como cuenta Eric Siblin, Casals da con las partituras en 1890, "año en que un violonchelista de trece años salió con su padre de paseo por el barrio portuario de Barcelona. El chelista era Pau Casals y cuando se tropezó con la partitura de las Suites para violonchelo solo, cambiaron tanto su vida como el curso de la música. Casals pasó los doce años siguientes practicando con esta música hasta reunir la confianza suficiente para tocar una suite completa ante el público". Y escribe asimismo unas palabras con las que entendemos por qué la versión de Casals de las notas de Bach es tan importante como la propia partitura del autor de las Variaciones Goldberg: "Para aquellos músicos que sabían de ellas, las Suites para violonchelo solo eran consideradas áridos ejercicios técnicos de cierto valor pedagógico, pero no aptas para la sala de conciertos. Cuando Casals empezó a hacerse idea de la música, no disponía de ningún modelo.* Tuvo que reinventarla, dado que el manuscrito autógrafo se había perdido y las escasas copias que habían sobrevivido diferían en los detalles. Desconocemos todavía qué había pensado Bach respecto al tempo, la dinámica, la técnica del arco o los estilos de ejecución. Consiguientemente, la partitura viene con licencia poética adjunta".

Es de dicha licencia poética y de los dedos del genio catalán de donde surge la belleza eterna y abisal de estas grabaciones históricas, aunque el momento en que son realizadas afecta sin duda a la plasmación definitiva de las suites: cuatro de ellas durante la guerra civil española (en Londres y en París en 1936 y 1938 respectivamente), dos una vez acabada (en 1939 en la capital francesa). El dolor de la contienda, por un lado, y de la victoria fascista, por otro, no pudieron dejar de influir en un republicano y demócrata como él, al mismo tiempo que incrementan el valor emocional de una música sobrecogedora en su compleja, virtuosa austeridad, desnuda de artificios banales o ganchos melódicos u orquestales que tranquilicen al oyente superficial.

Acompañan o completan la edición de Naxos cinco movimientos de otras tantas obras de Bach en los que Casals también toca su instrumento, entre ellos la famosísima aria de la Suite para orquesta número 3 en re mayor. Delicioso regalo adicional tras el disfrute de los treinta y seis, seis por cada una, que componen, siguiendo el anglosajón e internacional título de la portada, las Cello Suite Nos. 1-6, escritas por Johann Sebastian Bach en el siglo XVII (hacia 1720), pasadas por el tamiz ejecutor de Pau Casals en la primera mitad del siglo XX y restauradas para la ocasión por Ward Marston cuando aquél agonizaba. Habrá logros artísticos iguales, pero nunca superiores.

*El subrayado es mío

jueves, 9 de junio de 2022

Free Form


Tres de los cinco músicos que cinco meses después grabarán el mítico debut de Herbie Hancok Takin' Off, incluido el pianista, están en esta excelente producción de Blue Note abanderada por Donald Byrd. Registrado el 11 de diciembre de 1961, no será hasta 1966 que Free Form vea la luz, hecho incomprensible si nos atenemos a la calidad aquí exhibida. Si en su primera mitad Byrd, Hancock, Wayne Shorter, Butch Warren y Billy Higgins bordan un hard bop exuberante pero atado a los cánones (dos temas más o menos rápidos de Byrd y una balada de Hancock resueltos sin mácula), es decir, lo esperable de un quinteto del trompetista a la sazón aunque interpretado mejor que nunca, en la segunda las cosas cambian para superar lo ofrecido por Royal Flush y The Cat Walk, grabados ambos también en 1961. French Spices ofrece jazz modal cercano al de Miles Davis con Shorter ejerciendo de John Coltrane al endurecer el sonido de su saxo tenor y Hancock y Byrd regalando solos brillantes y muy atmosféricos. Sus ocho minutos se van a los once en la declaración de intenciones que titula el elepé, que se ha hecho esperar pero que se muestra rotunda y extensa. Absolutamente convencida. No quiere Donald Byrd que el volantazo que ha dado Free Jazz al publicarse en septiembre le coja desprevenido y se lanza a la aventura free dando con una pieza sobresaliente de enorme creatividad en la que no puede ser casualidad que las baquetas de Higgins (asimismo en la obra maestra de Ornette Coleman) tengan especial protagonismo. Exquisito trabajo colectivo, aun resaltando la sonoridad del baterista, que habla de un Donald Byrd inquieto, pujante y capaz de sumar la vanguardia a sus inquietudes tradicionales e incluso de no aparecer en la portada de Free Form… al igual que Coleman había abandonado su cubierta. Los tiempos cambiaban y Donald Byrd respondía en paralelo sin rechazarlos y sin olvidar su pasado: siguiendo sus criterios e intuiciones. Lo que hacen los verdaderos artistas.

lunes, 6 de junio de 2022

Punk Rock Harbour

El himno pletórico, la melodía pop, la energía punk… normal que cuando uno escucha a The Baboon Show le vengan al coco los Hellacopters, Nina Hagen, Slade, AC/DC, Roxette, Turbonegro, Michael Monroe y otros nombres que muchos encontrarán antitéticos pero que no utilizo en modo valorativo sino descriptivo. Hechas para explosionar en directo, como servidor ha comprobado a solaz, las canciones de la banda sueca no se quedan mancas en el estudio, de lo que su cuarto elepé (Punk Rock Harbour, 2010) da buena cuenta. Composiciones cortas (solo dos de las once pasan de los tres minutos), escoradas clara y conscientemente a la izquierda política y especialmente anfetamínicas en la cara B (a excepción de la adaptación del Run Man Run de Ennio Morricone convertido en The Bridges That You've Burnt) capaces de hablar del clásico pelota y chivato del ambiente laboral (Gareth), la ruptura sentimental (This Is How Your Story Ends, o la cara más comercial del grupo), la violencia policial contra los manifestantes (We Fight In The Night In The Bushes) o el desprecio a los Estados Unidos de América (I Don't Wanna Go To The USA); y, entre ellas, tres que se han convertido en dinamita para los conciertos del cuarteto: You Got A Problem Without Knowing It, Playing With Fire y la que da título a este Punk Rock Harbour que les hará pasar veinticinco minutos felices y muy divertidos. (Y quizá avivar su conciencia anticapitalista.)


 

jueves, 2 de junio de 2022

Queremos la verdad

Aunque su último disco se remonta a 2006 (el segundo de los dos grabados con Eneko Etxeandia a las voces, Scarred For Life y 1530 segundos de Nuevo Catecismo Católico), el grupo de los hermanos Ibañez ha seguido vivo —esencialmente en los escenarios— consiguiendo llegar a las tres décadas de existencia que está celebrando con una gira por varias localidades españolas. Un single compartido con Señor No (dando con su versión más bruta o hardcore en dos cortes brevísimos) y otro con Kid Slug era el escaso bagaje salido del estudio hasta que en 2021 Folc Records publicaba tres sencillos consecutivos (uno en compañía de Kurt Baker) de los autores de Aún no habéis visto nada. Queremos la verdad, el primeros de ellos, explota su lado más melódico en un fresco, feliz e incluso emocionante himno que me hace pensar, por su música y su título, en Mi verdad, soberbia canción que cerraba el mencionado 1530 segundos… Acompaña al tema titular una versión de los Flyin' Spiderz, underground y seminal muestra del punk neerlandés llamada Killin' The City, denuncia de la especulación que termina con las ciudades que puede servir para Eindhoven en los años setenta o para Donostia, la de Nuevo Catecismo Católico, en el siglo XXI. Sumada a la letra inequívocamente reivindicativa de Queremos la verdad, podemos decir que estamos ante un single altamente politizado sin que la diversión del mejor punk rock o el acabado artístico —portada incluida— se vean perjudicados por ello: sigue siendo infalible la banda vasca.

lunes, 30 de mayo de 2022

A Present From The Past

Publicado tras cuatros discos en estudio, A Present From The Past era un doble CD que compilaba en 2005 treinta y dos canciones que no habían tenido cabida en ellos extraídas de epés, singles (algunas en versiones alternativas) o grabaciones que no habían visto la luz. Sin estar a la altura de obras maestras como Welcome To The Infant Freebase o Behind The Music, este coqueto artefacto bellísimamente presentado y secuenciado sin un orden cronológico demuestra que The Soundtrack Of Our Lives poco o nada sabía de los vocablos mediocridad o pereza. Galaxy Gramophone, The New Messiah, Nobrainer, When Lightning Bus Arrive, To Someone Else, Avenger Hill Street Blues, News To The World, Dow Jones Syndrome (¡ese clavecín de Martin Hederos!), A Room Without A View, James Last Experience, Lost Highway, Pass Through Fear o World Bank sirven para probar una vez más que el grupo de Ebbot Lundberg fue uno de los pocos (poquísimos) nacidos en los noventa que consiguió un producto original sin dejar de aludir a las fuentes, en este caso y fundamentalmente de los sesenta. Who, Byrds, Beatles, Stones, Pink Floyd, Love, Doors o Zombies son influencia citada pero no plagiada, sino modelada en busca de una voz —sonora y lírica— que dé forma y sentido a una percepción propia. Quizá las cerca de dos horas y el exceso de temas se le hagan pesados a alguien, quizá podría haber sido algún corte menos; es posible, pero de lo que no hay duda es que la esencia de A Present From The Past nos habla de esa gran banda sueca que supo usar a sus héroes para dar con su lugar en el mundo, que diría Adolfo Aristarain, y no quedarse con la imitación vacua o el derivado mediocre.

miércoles, 25 de mayo de 2022

Baladas de plata

Dada estuvo aquí nos descubrió a un artista de muchos quilates a mediados de los años diez, pero Baladas de plata (2020) elevaba a Chencho Fernández a otro nivel, un disco de cincuenta minutos que roza la perfección y es capaz de moverse en terrenos muy diferentes sin pretensión fatua alguna: es lo que hay. "Un disco", como dice Emilio R. Cascajosa, "demasiado elegante, maduro y rico en matices como para que encaje en el imaginario del nuevo pop, digamos independiente, nacional".

La Fosa de Las Marianas lo deja claro para empezar, seis minutos de rock and roll stoniano y crítica política que mutan al final en algo que me recuerda al Alice Cooper de Love It To Death y, ya sobre la campana, en unas notas románticas de piano. La soberbia balada pop construida bajo la mirada de Serge Gainsbourg que es Te quiero sin querer goza de unos arreglos meticulosos y una sensibilidad vaporosa que juegan al contraste indisimulado si la comparamos con su antecesora. Un hit es un precioso bolero orquestado que choca deliciosamente con el glam descaradamente autobiográfico de En boga ("Eran los años del boogie / Dadá acababa de salir"). Recuperan la orquestación Mi pequeña muerte en ti, pero a lo grande, pues a las cuerdas se unen vientos y metales, y, de nuevo reducida, La canción de Nadia, dos piezas que traen a la cabeza a Nino Bravo y a Joan Manuel Serrat aunque en una versión más sofisticada y hermosa. Son otros nombres los que el oyente reconocerá en Salvador en la Plaza del Pan, los de Tom Waits y Nick Cave seguro. Como se odian los amantes no renuncia a colocar una filigrana instrumental doble tras transitar un camino de pop impregnado por el fracaso sentimental:

"Quién soy yo para contradecir designios de la providencia
Yo prefiero en premio de tu odio, esa impostora indiferencia 
Tan frágil como el amor, el amor".

La pura nostalgia de la letra de Calle Imagen no consigue robar a su acompañamiento musical toda la alegría saltarina que posee. La vertiente más pop de Lou Reed y John Cale también ha calado en Fernández (fíjense en la portada y verán sobre la cabeza del autor del álbum el Coney Island Baby junto con el debut del sevillano), y Suicidio en Hollywood es la prueba. Final emocionante, el de la Noche americana retoma la orquestación (metales únicamente) para describir, en palabras de Chencho al Exile Magazine con las que yo nunca daría, "Luces y sombras (que) se confunden en la estancia, también presencias y ausencias, sueño y vigilia, sueño y realidad, noche y día y la percepción está tan desordenada como el espacio en el que ya solo queda recomponer las piezas del mosaico roto, correr el velo y colocar las teselas de un modo distinto… y descubres que ya es otro día. Es un nuevo comienzo". El memorable colofón a unas Baladas de plata que juegan —indiscutiblemente— en otra liga, al menos si de rock español hablamos.

lunes, 23 de mayo de 2022

Off The Races

La larguísima relación de Donald Byrd con Blue Note comenzaba el 21 de diciembre de 1958 con un notable elepé registrado (suspenso para quien no lo sepa o imagine) en el estudio del mítico Rudy Van Gelder que, curiosidades de la vida, comparte fecha de grabación con dos obras maestras posteriores y esenciales: Free Jazz y The Sidewinder. No está a su altura, por supuesto, Off The Races, pero tiene ese sabor a hard bop criado en el bebop que pone en escena un sexteto lleno de nombres que harán salivar al aficionado, pues a la trompeta de Byrd hay que sumar los saxos alto y barítono, respectivamente, de Jackie McLean y Pepper Adams, el piano de Wynton Kelly, el contrabajo de Sam Jones y la batería de Art Taylor. Si en las seis piezas del álbum hay momentos brillantes, éstos son especialmente destacables en la versión del When Your Lover Has Gone de Einar Aaron Swan, en el potente Sudwest Funk de Byrd y en la adaptación del Paul's Pal de Sonny Rollins, con premio en la primera para el trompetista y en las otras dos para Byrd, Kelly, McLean y Adams, ausentes ambos saxofonistas en las mencionada When Your Lover Has Gone, o donde el grupo queda reducido a cuarteto para beneficio o lucimiento del firmante de Off The Races. Los fabricará mejores Donald Byrd, lo que no significa que de su escucha no obtengamos el placer necesario (y más) para recomendarlo en este espacio ni que nos olvidemos de señalar en el descuento la precisión de una base rítmica (atención a Taylor en el corte que pone título al plástico) sin la cual todo sonaría distinto.

jueves, 19 de mayo de 2022

The Maximum Black EP

Ampliado con cinco temas no publicados en su momento, The Black EP (1999) pasaba a ser un The Maximum Black EP en 2006 que recoge a The Mooney Suzuki antes de comerse el mundo con sus dos y explosivos primeros discos, People Get Ready y Electric Sweat. Su garage y high energy rock regado de soul y R&B tiene aquí también ecos beat (Tell Me Why y This Lonely Land) o de pop psicodélico (My Dear Persephone, You're Not There) y no está tan curtido como el de los dos álbumes mencionados, pero ya contiene tres canciones que irán en su debut en formato grande aun en diferentes versiones: I Say I Love You, Half Of My Heart y la nombrada My Dear Persephone. Un buen complemento que, sin ser obligatorio, disfrutarán los amantes de uno de los mejores grupos que dio el rock and roll en su tránsito del siglo anterior a éste.

lunes, 16 de mayo de 2022

Who Made Who

Banda sonora de la película Maximun Overdrive de Stephen King, Who Made Who (1986) sirve para pasar un buen rato y cotejar unos AC/DC de valor incalculable (los anteriores a 1983 y Flick Of The Switch, aunque dicho e infravalorado trabajo no tenga representación en este recopilatorio) con otros cuyas canciones, al igual que las de los Stones posteriores a Some Girls, pueden no estar mal pero que no arrojan luz sobre las características y la calidad del quinteto australiano. O en otras palabras, quizá más duras, que de no existir no pasaría nada.

Con riff tomado de Keith Richards, ya que hemos citado a los autores de Let It Bleed, Who Made Who tiene que enfrentarse, maneras jevilongas incluidas, al inmortal You Shook Me All Night Long, himno de contundente elegancia extraído del magistral Back In Black. Primer instrumental de la función y segundo tema grabado específicamente para el trabajo, D.T. es de una mediocridad que asusta. Sink The Pink fue single de Fly On The Wall, una pegadiza composición que poco puede hacer ante la maravillosa Ride On (única pieza cantada por Bon Scott, ¡joder, cómo te añoramos Bon!) y la impresionante Hells Bells, mítica apertura del ya nombrado primer elepé de la banda con Brian Johnson. Tras ellas, Shake Your Foundations (también de Fly On The Wall) y el segundo instrumental (Chase The Ace) son carne de ochenterismo choni que viene a poner en su sitio For Those About The Rock (We Salute You), la sensacional arenga sonora que abría y daba nombre al segundo plástico de la era Johnson. Nos ponemos en pie, pues, y alzamos el puño para celebrar —en este mundo de guerras y horrores que a veces hay que olvidar— al mejor grupo de rock and roll de todos los tiempos… si a lo mejor de su repertorio nos referimos. Ése que en Who Made Who hace su aparición en cuatro de los nueve cortes que lo conforman.

jueves, 12 de mayo de 2022

Tu labio superior

No había sido capricho pasajero lo del Verano fatal parido a medias con Nacho Vegas. Tu labio superior (2008) confirmaba un año más tarde que el castellano había vuelto para quedarse en la obra de la madrileña Christina Rosenvinge. La parte folk o acústica reclama su importancia desde el principio, bien sea más cercana al pop y con Vegas haciendo coros, La distancia adecuada, o al rock, Anoche (el puñal y la memoria), antes de que Eclipse —nómada y enigmática— dé con una de las canciones definitivas del trabajo. Tu boca es una delicia pop que tiene en su base a la Velvet y Sonic Youth. Las horas arrastran su languidez deliberada e incluyen unos versos finales en inglés antes de que Nadie como tú opte por la balada entristecida, pues

"Dentro de un año yo no estaré aquí
y tu mujer no sabrá que yo fui
la sombra que oscureció
su casi ideal historia de amor".
 

Huele a foxtrot Tu negro cinturón (con algún guitarrazo que otro), donde se acaba declarando que "No pienso volver al infierno / de la vida conyugal". La Rosenvinge punk se reivindica en Tres minutos, en contraste deliberado con Animales vertebrados, ya que aquí la encontramos sola con el piano cantando cosas como que "ha salido el sol, arrogante y español" en lo que parece a todas luces un pliego de cargos sentimental. Por la noche se relame entre el blues y el pop y constituye uno de los momentos privilegiados de un álbum que concluye cual delicado adagio Alta tensión. Un álbum llamado Tu labio superior que no sería igual de bueno sin esa banda compuesta por Steven Shelley, Chris Brokaw, Jeremy Wilms y Charlie Bautista, aunque su carácter tan personal —naíf y punzante al mismo tiempo (o cómo acariciar con la ironía y el dolor)— se lo debamos en última instancia, por supuesto, a la autora de La joven Dolores, su siguiente y magistral disco en el que repetirán los músicos citados.

lunes, 9 de mayo de 2022

Live At The Hollywood Palladium, December 15, 1988

Publicado tres años después de su grabación, Live At The Hollywood Palladium, December 15, 1988 recoge un concierto de presentación del por aquel entonces reciente y notable debut en solitario del gran Keith Richards, Talk Is Cheap. Acompañado de Waddy Wachtel, Steve Jordan, Charley Drayton, Ivan Neville, Sarah Dasy y Bobby Keys —los X-Pensive Winos—, Richards saca a pasear la mayor parte de temas de su primer elepé, dos canciones de los Stones (Happy y Connection) y dos que versionaban sus satánicas majestades (Too Rude y Time Is On My Side) en un ambiente relajado y feliz. Estamos ante un estupendo recital de rock and roll cargado de feeling y amor por la música del diablo, la sabiduría acumulada y no acartonada que se comparte con un público entregado. Y demuestra, por si alguien lo duda, que la pieza más importante de los autores de Sticky Fingers es quien lidera esta grabación con su voz y su guitarra. En vivo, en Hollywood y con una banda magnífica cubriéndole.


 

jueves, 5 de mayo de 2022

Islands

El folk pastoral, el rock progresivo y el free jazz en Formentera Lady. El free, el progresivo e incluso la música incidental de Sailor's Tale. La calma pop compartiendo protagonismo con el free jazz más salvaje en The Letters. El blues lo-fi que el saxo de Mel Collins inclina hacia el jazz coltraniano y la guitarra de Robert Fripp hacía el hard rock, si bien Ladies Of The Road huele a su vez a los Beatles de Abbey Road por los cuatro costados. La música de cámara de Prelude: Song Of The Gulls (una preciosidad, oigan) en la que el oboe de Robin Miller guía al resto de instrumentos orquestales. Y, para terminar, la paz de Islands, que también podríamos definir como música de cámara animada por el folk pastoral que abría este texto dedicado al cuarto disco de King Crimson, publicado a finales de 1971, titulado Islands y un mundo en sí mismo; al igual que cualquiera de los elepés de una banda en la que cambiaban las formaciones —Fripp como nexo único— y las maneras pero que nunca perdía un ápice de calidad. Y, sí, el tema oculto (que no es sino una orquesta afinando sus instrumentos distendidamente), la portada cósmica (la nebulosa Trífida en la constelación de Sagitario sin nombre alguno de referencia) y Boz Burrell aprendiendo a tocar el bajo, además de cantar, del que se encargará en Bad Company. Cierto.


 

lunes, 2 de mayo de 2022

Webern: Complete Works Opp 1-31

"Característica fundamental, ya tópica, en la música weberiana es la extrema concisión y brevedad de sus obras. (…) Pero no hay que quedarse en la mera anécdota: la brevedad extrema de esta música es fruto de su concentración sin precedentes; no es que Webern diga pocas cosas; es que las dice con tal concisión que le bastan estas reducidas dimensiones para contarnos lo que otros creadores necesitarían páginas y páginas de música."

Estas palabras de José Luis Temes extraídas de su estudio de la vida y obra de Anton Webern son perfectas para introducir este triple compacto que hoy comento, las composiciones completas de Anton Webern ejecutadas por el Juilliard String Quartet y la Orquesta Sinfónica de Londres al mando de Pierre Boulez. "La brevedad extrema" y la "concentración" del arte del creador austríaco se pueden resumir es su opus 16 —Cinco cánones sobre textos latinos— en el que ninguno de sus movimientos supera el minuto. Último de los trabajos en los que Webern se entrega a la atonalidad libre —el siguiente ya seguirá el modelo dodecafónico de Arnold Shönberg—, hay que añadir a la brevedad de sus cinco partes los instrumentos que acompañan a la soprano (clarinete y clarinete bajo) y los silencios siempre esenciales en su música. Como afirmaba Boulez, "Webern era un obseso de la pureza formal, pero con sus silencios ha llevado esa obsesión hasta un grado de tensión que la música ignoraba hasta entonces". No creo que haya un compositor de mayor pureza. Su ascetismo es radical por definición, no conoce de concesiones una desnudez que despoja y despoja hasta dar con una belleza estremecedora. El mencionado primer asalto dodecafónico y opus 17 no llega a los dos minutos y medio sumando sus tres movimientos; el 22 tiene dos de más de tres y es un cuarteto para una serie de instrumentos entre los que se halla el saxo tenor; las Tres canciones sobre textos de Hildegard Jone del 25 están por debajo de los cuatro minutos de voz y piano. Ejemplos que quizá sirvan al lector para hacerse una idea de la estética de uno de los compositores más extraordinarios de todos los tiempos.

La publicación en 1978 de "toda su obra en un álbum soberbio de CBS, auténtico hito en la interpretación de la música contemporánea", volvemos a Temes, hará de ésta la grabación definitiva si de Webern hablamos (cuatro elepés que en 1991 serán tres CDs). Gracias a Pierre Boulez podemos acercarnos de la mejor de las maneras a la sonidos de aquel hombre muerto el 15 de septiembre de 1945 por los disparos de un cocinero del ejército estadounidense tras haber sobrevivido a la Segunda Guerra Mundial. La vida puede ser triste y paradójica, pero no podrá jamás menoscabar unas composiciones que en nada envidian a las de Bach y Shubert, a quienes Anton Webern orquestó y dirigió respectivamente, como descubrirán en el regalo final que tras los treinta y un opus se nos ofrece. Remate magnífico que se suma al excelente libreto de la edición digital de la que me sirvo, que trece años después de la analógica veía la luz bajo el sello de Sony, que en 1988 había comprado CBS; una edición acorde en el continente a un contenido inmortal del que las vanguardias de la segunda mitad del siglo pasado tomarán buena nota.


 

jueves, 28 de abril de 2022

Jump For Joy

Rinde homenaje Cannonball Adderley al musical de 1941 de Duke Ellington en esta grabación llevada a cabo el 20 y 21 de agosto de 1958, es decir, mes y medio después de haber registrado el magnífico Portrait Of Cannonball. Si en éste es un quinteto el que fabrica un hard bop sobresaliente, en Jump For Joy una orquesta de diez miembros dirigida por Bill Russo (con quien Adderley ya había colaborado) reinterpreta los temas escritos o vinculados al rey del jazz.  Son el saxofonista de Florida y el pianista Bill Evans nexo entre y uno y otro trabajo, bien diferentes ambos, por cierto. La revista de Ellington hecha por negros en un país que está punto de entrar en guerra contra alemanes, japoneses e italianos no pierde su significancia social y política diecisiete años después, pues la población afroamericana sigue siendo discriminada. Teniendo eso presente, se nos ofrece una buena ración musical en la que a un sexteto más o menos habitual (saxo alto, trompeta, piano, guitarra, contrabajo y batería) se incorporan dos violines, viola y chelo para dar un toque retro al elepé. No consiguen las cuerdas ni los arreglos de Russo —aun interesantes demasiado invasivas— situarse a la altura de las intervenciones de un Cannonball cuyas improvisaciones son los mejor de un trabajo curioso en el que podemos escuchar temas tan conocidos como I Got It Bad (And That Ain't Good) o Brown-Skin Gal (In The Calico Gown) junto con otros más oscuros del entorno de Duke Ellington. Recomendable, digamos, pero no obligatorio.

lunes, 25 de abril de 2022

The Wall

Todos los traumas educativos, infantiles, sentimentales, etc. que abordan Roger Waters y Pink Floyd en su famosísimo y doble elepé de 1979 y el hecho de que se trate de un álbum conceptual dejan a veces en segundo lugar el cambio de orientación musical que para el grupo inglés supone The Wall. En comparación con sus dos precedentes, Wish You Were Here y Animals, disminuyen las exhibiciones instrumentales y la duración de los temas y la producción de Bob Ezrin moderniza el sonido haciendo que el pop, entendiéndose como concepto lato, gane terreno al rock progresivo. Curiosa y paradójicamente es la canción la que es potenciada en un trabajo, como se ha dicho, conceptual que huye de desarrollos mastodónticos sin renunciar a la excelencia interpretativa del cuarteto y la brillantez solista de la guitarra de David Gilmour.

Los autores de Meddle se hallan pletóricos a pesar de que las tensiones entre Waters y Gilmour les acercan al abismo. Solo así es comprensible su capacidad para introducir (Ezrin mediante) elementos funk y disco, además de un coro de niños, en la mítica Another Brick In The Wall, Part 2 —crítica feroz al sistema educativo—; manejar el folk de manera tan diferente en Mother y Goodbye Blue Sky; aplicarse al rock acerado (Young Lust, Run Like Hell); captar el dolor en dos composiciones que juegan a ser baladas (Don't Leave Me Now, Hey You); no hacer ascos al pop orquestado (Nobody Home); ofrecer una breve marcha militar titulada Bring The Boys Back Home; o, en la vuelta de tuerca final, atreverse con la opereta en The Trial justo antes de que Outside The Wall eche el cierre colocándonos fuera del muro.

Sí, he dejado para el final una de las más hermosas canciones de Pink Floyd. Comfortably Numb es una de las pocas de The Wall no escritas en solitario por Waters y la más larga del disco, y no solamente ayuda Gilmour en la composición de su fantástica melodía, sino que realiza dos solos portentosos que le dan su categoría definitiva. La misma de un elepé magistral que nos habla de muros pasados, presente y futuros, exteriores e interiores, el muro de Berlín, el de Palestina, el de Trump y el que a cada uno de nosotros nos bloquea e indispone. Una pared hecha de tiempo, materia y misterio. Hecha de miedo, afrentas e indecisiones convertidos aquí —el bagaje emocional de Roger Waters y la pericia artística de su banda— en letras y notas musicales de la mayor variedad y belleza.


 

jueves, 21 de abril de 2022

Here's Fifty Bucks

Noruegos, españoles, neerlandeses, estadounidenses, suecos, alemanes y australianos: de estas siete nacionalidades (si no me dejo alguna en el camino) son los diecinueve grupos que el sello de los Países Bajos Rocketdog Records reunía en 2004. Here's Fifty Bucks parece planeado con la intención de dar un martillazo sonoro al oyente, pues del primero al último de los temas la distorsión y la agresividad mandan sin ningún tipo de contemplación o máscara pop. Entre los Gluecifer de God's Chosen Dealer, primer single de un quinteto, el de Oslo, que todavía no se ha pasado al hard rok y coquetea con el hardcore, y los Hellacopters de Hey, de su magistral y punk Payin' The Dues aunque aquí en directo, encontramos bestias pardas adoradoras de Stooges, Radio Birdam, Dead Boys, Cosmic Psychos y similares como los Pleasure Fuckers (Electric Fence, que recuperará Sin City Six, o los Fuckers sin Kike Turmix), Candy Snatchers (Run You Down), Cellophane Suckers (Bust Riots), Streetwalkin' Cheetahs (Inside), Powder Monkeys (I Like Pills) o Jeff Dahl (I'm In Love With The GTO's). Sin hacer de menos a otras bandas pobladoras del underground rocker, claro, que nos ofrecen su menú de decibelios, mala hostia y rock and roll. Más o menos oscuras o desconocidas, todas se dejan la piel y suenan con mucha potencia, si bien su calidad no sea la misma. De distinguirla se encarga aquél que aparque por un rato sus discos de Ramones y Motörhead y haga un hueco a este recopilatorio en su reproductor. No creo que se arrepienta.

lunes, 18 de abril de 2022

Closing Time


La soledad, la noche, el romanticismo, la melancolía… lugares comunes al Tom Waits de los setenta quien ya desde su primer disco —Closing Time (1973)— demuestra su calidad. Country, jazz y pop orquestado marcan un repertorio de doce canciones encabezadas por Ol' 55, emocionante composición más conocida por la empalagosa versión de los Eagles de la que el propio Waits hablará mal. La escucha del álbum y de su autor pegado al piano (y otros teclados ocasionales) hace pensar evidentemente en Randy Newman, pero seguro que nombres como los de Johnny Hartman, Frank Sinatra o Roy Orbison acuden asimismo al oyente. Sin embargo, para cualquiera que conozca la obra del creador de Small Change es innegable que, aun sin soslayar influencias, su personalidad late aquí. No hay tema malo en el devenir noctívago tras las "hora de cierre" que anuncia el título del elepé y acentúa su portada, mas destacar la desnuda Lonely y el contraste con la rítmica Ice Cream Man (prólogo y epílogo incluidos), octavo y noveno corte respectivamente, se me hace una obligación personal por ser donde el conjunto alcanza mayor diferenciación. Homónimo e instrumental, Closing Time da por terminada una función elegante que no vale solo como inicio de la carrera de uno de los más grandes músicos estadounidenses sino que expone sólidos fundamentos artísticos.

lunes, 11 de abril de 2022

Bandwagonesque

Aunque no será hasta mediados de los noventa cuando Teenage Fanclub alcance la perfección gracias a Grand Prix y Songs From Northern Britain, no andaba lejos de ella en 1991 al publicar Bandwagonesque, tercer plástico de los escoceses. Power pop infiltrado por el noise rock (aquí hay ecos de Big Star y los Byrds igual que de Hüsker Dü y Sonic Youth), el que arranca en The Concept lo deja claro en los seis minutos del primero de los temas, armonías vocales y melodías celestiales en convivencia con solos de guitarra descarnados emparentados con Neil Young y Crazy Horse. Satan es un breve corte instrumental cuya impronta ruidista y saturada acaba virando al punk en sus últimos segundos. La melancolía de December desciende directamente de Alex Chilton y Chris Bell, seguida de ese delicioso cruce de pop sentimental y glam chulesco titulado What You Do To Me. Aumentando la faceta roquera, I Don't Know enlaza con Star Sign, single de adelanto que, tras una introducción a base de acoples de guitarra que sobrepasa el minuto, se vuelca en el power pop sin demasiados ambages. Metal Baby repite la fórmula de What You Do To Me incidiendo y ensanchando el componente eléctrico —explicitado contundentemente en el solo de guitarra de Raymond McGinley—, si bien dicho componente es todavía más notorio en Pet Rock. Sidewinder nos hacer caer rendidos otra vez ante la seducción melódica de los autores de Here, pero se queda corta en comparación con esa joya que es Alcoholiday, extensa pieza de bellísimas música y letra. Guiding Star es un emocionante y rendido homenaje a Big Star —los colosales Big Star, que no cesan de aparecer— que conecta asimismo con The Jesus And Mary Chain. Aires celtas, o a mí me lo parecen, son los que empujan a Is This Music?, segundo instrumental y cierre del excelente Bandwagonesque. A la espera de que las dos grandes obras maestras arriba citadas hicieran a Teenage Fanclub referencia absoluta e ineludible de la década de 1990.


 

jueves, 7 de abril de 2022

Way Out West

Músico de altísimo vuelos cuando el 7 de marzo de 1957 entra en un estudio de Los Ángeles a grabar Way Out West (ya tiene a sus espaldas Tenor Madness y Saxophone Colossus), el Sonny Rollins que ven vestido de vaquero en la portada no rebaja su magnificencia aun renovándose completamente, pues deja fuera el piano al reducir a trío un grupo que, además, completan dos intérpretes con los que —según me consta— no ha colaborado jamás, Ray Brown (contrabajo) y Shelly Manne (batería). Es obvio que esta estructura formal va a potenciar el protagonismo del saxo tenor de Rollins, quien sigue descargando poder melódico de su instrumento bien en las versiones de los clásicos de jazz Solitude (Duke Ellington) y There Is No Greater Love (Isham Jones), las lecturas de dos temas del universo country & western (I'm An Old Cowhand y Wagon Wheels) o sus originales Come, Gone y Way Out West. En cualquiera de las seis piezas que contiene el elepé (baladas, tiempos rápidos o tiempos medios) Sonny Rollins improvisa espléndidamente, protegido por una base rítmica a su altura que cuando efectúa algún solo también lo clava. Por si fuera poca la belleza que expresan lo sonidos de Way Ot West, su autor seguirá fabricando joyas del mismo nivel hasta que en 1966 se retire durante seis años, pero es cierto que la pureza lograda por Rollins, Brown y Manne en la sesión referida hace de ella una de las más especiales del gran saxofonista.

lunes, 4 de abril de 2022

Miserias sociales y cinematográficas en la España fascista


Del lamentable estado del cine español durante el franquismo hablan dos de las mejores películas de Fernando Fernán-Gómez (o las dos mejores), fracasos absolutos cuya categoría artística condenó al ostracismo. Si El extraño viaje (1964) combinaba terror, intriga y humor negro en un esperpento fílmico sin par, El mundo sigue (1963, estrenada raquíticamente en 1965) ofrecía un drama categórico de dos horas en que el autor de El viaje a ninguna parte (1986) da con sus mayores logros audiovisuales y pone ante los ojos del espectador una visión lúgubre y desesperanzada de la realidad madrileña que se ajusta al lodazal político de la dictadura soportada por el país. A pesar de algunos zooms que hoy chirrían, Fernán-Gómez utiliza originalmente una serie de recursos (flashback, voz en off, montaje asincrónico, bruscas elipsis) para retratar en un blanco y negro cercano al documental la bajeza y oscuridad de un mundo en el que nada es bueno, y si lo es carece de sentido o recompensa. Y aunque dicho mundo siga, como anuncia el título del largometraje y de la novela homónima de Juan Antonio de Zunzunegui en la que se basa, las tragedias que deja mientras avanza son demasiado lacerantes. En sus memorias decía Fernán-Gómez que "ésta no es una película cómica. Ni de humor como puede serlo La vida por delante, ni paródica, como La venganza de Don Mendo". Porque quiso mostrar descarnadamente el Madrid (y la España) de la época, sin broma alguna, y eso los productores y los distribuidores no podían permitirlo y el espectador no podía soportarlo. A diferencia de Luis García Berlanga, quien ese mismo año radiografiaba una nación miserable mediante la comedia negra de la extraordinaria El verdugo, Fernando Fernán Gómez la estampaba en la cara de los españolitos, cobardes, asustados y poco amigos de la excelencia creativa (con las excepciones de rigor). El mundo sigue, entonces; el mundo sigue, ahora… O la larga sombra del dictador modelando aquella sociedad que las imágenes de su realizador nos ayudan a traer y cotejar con el presente.

 


jueves, 31 de marzo de 2022

Más por lejana que por playa

Se van retirando las lluvias
que han abierto la primavera
se acerca un concierto
en la Gruta 77
no tardará en llegar el calor
y ahorrarnos la ropa
no nos arruinará durante unos meses
la factura del gas
vendrá el estío
—los días seguidos con Aitor—
vendrá la piscina pública
—los sudores, las risas y las cervezas—

y
sin embargo
a mí me gustaría
estar en la playa lejana
a la que canta Brian Eno
y diluirme hasta quedar
"con un solo recuerdo
una sola silaba" 
mi hijo
ya
mirando el inabarcable mar
o dándole la espalda
mientras queda tapiada
para siempre mi existencia
sin haber paliado ni comprendido
el porqué de tanto sufrimiento.
 

 

lunes, 28 de marzo de 2022

Brown Sugar, Bitch


Además de formar parte del inmortal Sticky Fingers, estas dos canciones juntas hacen del sencillo que las lucía en 1971 candidato a mejor single de todos los tiempos, rocanroles descomunales ambos que muestran en su mejor momento al grupo por antonomasia en el negociado de la música del diablo. Riffs perfectos, fuerza arrolladora, arreglos magníficos de teclados, vientos y percusión y unas interpretaciones del quinteto británico repletas de feeling y armonía hasta en el último de los recovecos de Brown Sugar y Bitch. Difícil encontrar algo tan espectacular, ritmo enardecedor con el que mover el esqueleto mientras degustamos su perfecto acabado.