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lunes, 19 de octubre de 2026

Lowlands

La rapidez de la inteligencia artificial, el ruido de las redes sociales, la vida en continuo presente… Si quieren saber qué música hace The Lovely Basement tachen esos tres elementos antes de pinchar Lowlands (2025), cuarto elepé de la banda y segundo editado en España por No Aloha Records. Piensen en la Velvet Underground menos acalorada y todos los grupos que han seguido sus enseñanzas a tiempo parcial o completo (Cowboy Junkies o Yo La Tengo, por ejemplo), y ya empezarán a escuchar las delicadas melodías y letras que en número de diez canciones conforman el disco.

Producido por el asimismo guitarrista del cuarteto de Bristol Kevin Bache, el álbum no abandona en ningún momento sus intenciones apacibles en lo sonoro, lo que no significa que las historias que nos cuenta sean ensoñaciones ajenas a la realidad o a lo complejo de la vida. Salta a la vista en Fifth Column, con esa cita de George Orwell alterando la original atribuida sin evidencias a Thomas Jefferson: "El precio de la libertad es la suciedad eterna", donde la "vigilancia" es sustituida por la "suciedad"; o en esa poética mirada a las (siempre descompensadas) relaciones laborales que planea sobre Dust Patterns. Las observaciones impresionistas que dominan la lírica —construidas sobre un costumbrismo que es solo punto de partida— casan estupendamente con la manera de afrontar la música rock de The Lovely Basement, dominada por la sobriedad y la calma y enemiga de la prisa, el rugido y la imposición.

Sin ser mejor que el anterior Lazy Travellers, mantiene Lowlands la querencia por la voz baja, que antes que discreción o circunspección es una forma de afirmarse diferente en un mundo en el que gobierna la apariencia estrepitosa y la majadería disfrazada de sabiduría. Y mantiene, por encima de ello, la relevancia compositora del mencionado Bache y la cantante y guitarrista Katie Scafie —cuya voz captura aquí nada más y nada menos que John Parish—, quienes en ninguno de los cortes que nos entregan bajan del notable. Eso sí, Lejos del mundanal ruido, como diría Thomas Hardy y corroboraría John Schlesinger.



jueves, 14 de noviembre de 2024

Lazy Travellers

Viendo en directo a The Lovely Basement en marzo de este año en una pequeña sala madrileña tuve la impresión de que podía estar en su casa o en su local de ensayo disfrutando en la intimidad de su música. La normalidad de su aspecto y la (matizada) suavidad de su sonido alejaban al grupo de Bristol del rock como espectáculo grandilocuente o agresivo, nacida su introspectiva cadencia pop —sin ambages ni disimulos— de la Velvet Underground de la segunda etapa, la que ya no cuenta con John Cale, y epígonos. Aunque sabiendo que en su primer álbum había una canción llamada Mo Tucker, todo lo dicho era predecible.

Corrobora esto su tercer elepé, publicado en España por No Aloha Records en 2024, un Lazy Travellers que, en palabras certeras de Chals Roig que suelto a bocajarro, "hará las delicias de todos aquellos amantes del laid-back con ecos a la Velvet Underground más pop, a los Yo La Tengo de la bossa nova alternativa, y a grupos como The Clientele, Luna o Cowboy Junkies". Entre la reflexión y la observación, entre el comentario no taxativo y el dolce far niente, entre el garage rock (What I Like, Wait A Minute), el pop rock delicado (Gas Station With A Bar, Mysterious Ways), el country folk (Two Kinds Of Stupid) o la ralentización, ensanchamiento y conversión a un castellano deliciosamente torpe del Gasometer de su segundo plástico (Gasómetro), The Lovely Basement pone en pie una obra hecha de reminiscencias y concomitancias, sí, pero de mirada propia, ejecución contenida (no busquen aquí arrebatos técnicos o exceso de notas) y diez composiciones brillantes que nos dejan en un estado de feliz suspensión. Un trabajo, Lazy Travellers, que llama la atención por, precisa y aparentemente, no querer llamarla.