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jueves, 11 de diciembre de 2025

Sunflower

Nuevo sello, nueva década. Misma categoría. Sunflower (Reprise, 1970) es una obra maestra de principio a fin, un derroche de musicalidad que desborda el concepto pop constantemente y la confirmación de que Dennis Wilson y, en menor medida, Bruce Johnston no se quedan atrás a la hora de aportar material de calidad que sumar al de Brian Wilson. Por muchos problemas que arrastraran desde 1967, por mucho que las ventas y la popularidad descendieran, los Beach Boys seguían siendo un grupo extraordinario y sin parangón, creadores de unas canciones y unos arreglos que huyen de cualquier monotonía, lugar común o facilidad.

Si las armonías vocales son una de las características básicas de los autores de Pet Sounds, las de Slip On Through y This Whole World que abren el álbum, estableciéndose en torno a los dos minutos como las dos piezas más breves del mismo, son para llorar de lo logradas que están, pop que juega en otra liga, bien lo sirvan Dennis o Brian respectivamente. En compañía de Mick Love y Joe Knott, Brian aporta Add Some Music To Your Day, exquisito canto de amor a la música cuya delicadeza es la mejor defensa del arte sonoro que se pueda realizar. Al igual que en Slip On Through, Dennis se apoya en Gregg Jakobson para crear Got To Know That Woman, rock and roll de aliento góspel. Soft rock que se adentra en terrenos sentimentales, el de Deirdre se lo debemos a Bruce Johnston con una pequeña ayuda de Brian. It's About Time nos lleva al ecuador del plástico mediante el corte más rítmico y rocker de la función, así que no puede extrañar a nadie que la batería de Earl Palmer y la percusión de Dennis Dragon comanden esta composición de Dennis y Carl Wilson, Al Jardine y Bob Burchman.

La tristeza guía Tears In The Morning, segunda canción escrita por Johnston, esta vez en forma de sobresaliente adagio. Por su tratamiento sonoro, sus arreglos y su propia estructura, All I Wanna Do deviene, de la mano de Brian y Mick Love, uno de los temas más especiales del disco. El talento descomunal de Dennis (de nuevo con Jakobson) para crear mundos armónicos genuinos se desvela sin ambages en Forever, cuyo tempo y ternura mantiene Our Sweet Love, aunque escrita por Brian, Carl y Jardine. Un pájaro acercándose a una ventana y la reacción de quien lo ve —(aparente) sencillez pareja a la de un haiku— da lugar a At My Window, suerte de nana construida por Brian y Al Jardine. La pequeña sinfonía pop que culmina el álbum, Cool, Cool Water, parte de la incompleta Love To Say Dada de 1967 y Brian, suma a Love en la composición y da con un tema cuya atmósfera fantasmagórica que lleva lo tonal a sus límites en algún tramo, justo antes de que se evapore, habría encajado a la perfección en Smiley Smile. El final de un Sunflower que se puede reproducir junto con Moondance, All Things Must Pass o American Beauty —tres colosos publicados ese mismo año— sin miedo alguno a hacer el ridículo. Pues ésa es su estatura.



lunes, 2 de septiembre de 2024

Summer Days (And Summer Nights!!)

Pocos meses después de The Beach Boys Today! y también en 1965, los Beach Boys publican un elepé ligeramente inferior pero delicioso de cuya escucha, eso sí y como de aquél, se extrae la evidencia de una banda en crecimiento aunque todavía sea difícil adivinar o imaginar los extraordinarios hallazgos de los ya cercanos Pet Sounds y Smiley Smile. Sin romper del todo con Surfin' Safari y Surfin' U.S.A. pero estilizando la música (aunque los miembros del grupo no surfeen en la portada, sí están a bordo de un barco), Summer Days (And Summer Nights!!) regala belleza pop desde que The Girl From New York City abre un álbum dedicado a celebrar el estío a tiempo completo. 

Los arreglos vocales e instrumentales, incluidos los orquestales, de las composiciones de Brian Wilson y Mick Love, la mayoría, o de Wilson en solitario y de la versión del Then She Kissed de las Crystals dibujan la ambición artística de los autores de Sunflower. Potentes, inmediatos y complejos al mismo tiempo, los temas se suceden entre la asunción de su tradición melódica y festiva, o lo que se espera de los Beach Boys, y el alejamiento de la misma, tensión que se palpa a cada paso. No faltan, sin embargo, himnos evidentes a los que se puedan agarrar los fans irredentos de los primerísimos Boys, como la revisión del Help Me, Rhonda (que ya estaba en The Beach Boys Today!) o California Girls, aun labrados con sumo gusto y alejados de lo meramente comercial.

Los tres últimos cortes establecen diferencias que merecen ser citadas aparte para concluir. Summer Means New Love y su pop orquestado e instrumental, I'm Bugged At My Ol' Man y su ragtime paródico y la breve y a capela And Your Dreams Come True no se erigen completamente ajenos a lo que les ha antecedido, pero exponen su personalidad de tal manera que modifican el camino para dar mayor variedad (que no enjundia) al bloque. El de un Summer Days (And Summer Nights) y unos Beach Boys muy notables que se disponían a entrar en poco tiempo en un periodo de esplendor insuperable de siete años.


 

lunes, 17 de junio de 2024

Wouldn't It Be Nice, God Only Knows

Siendo Pet Sounds un álbum perfecto (¿alguien lo duda?), un single que contenga dos canciones del mismo no puede ser sino extraordinario. El amor vinculado a la juventud se convierte en un himno colosal y emocionante llamado Wouldn't It Be Nice, desaforada celebración de las relaciones sentimentales que explota en su estribillo pero que goza de diferentes intensidades y desarrollos musicales. God Only Knows no disimula su naturaleza vanguardista de pop barroco de cámara, cuyos arreglos, matices sonoros y compleja partitura situaban al grupo de Brian Wilson en una dimensión única aun incidiendo en el tema universal que representa Cupido. Un sencillo, en definitiva, con iguales (pocos), pero sin superiores. Y de 1966, que se me olvidaba.

NOTA: Esta breve entrada está dedicada a mi querida amiga Raquel Cordonié, admiradora eterna de estas dos composiciones y de Pet Sounds.



lunes, 5 de febrero de 2024

20/20

A pesar de contener dos canciones de 1966 pensadas para Smile (Our Prayer y Cabinessence) y dos grabadas en 1967 (Bluebirds Over The Mountain y Time To Get Alone), retocadas las cuatro en las sesiones de 1968 que completan el elepé, no da en ningún momento la sensación 20/20 (1969) de ser álbum deslavazado o menor de los Beach Boys, aunque quizá sí algo inferior a Friends y Sunflower, los álbumes que, respectivamente, le preceden y suceden. Eso sí, incluso con una presencia disminuida de Brian Wilson, el grupo californiano deja su sello único, el de quien juega en la liga de Beatles, Stones, Dylan, la Velvet o Chuck Berry (es decir, los nombres sagrados de la música rock) sin parecerse a ninguno de ellos o a otro cualquiera.

El delicioso pop and roll de Do It Again y Brian Wilson y Mick Love que inicia el trabajo nos retrotrae a las playas que alumbraron los primeros y míticos éxitos de la banda. Las versiones del I Can Hear Music de las Ronettes y el Bluebirds Over The Mountains de Ersel Hickey son prueba incontestable de la capacidad de los Beach Boys para adaptar temas ajenos a su pop gregoriano y convertirlos a su credo o idiosincrasia. Los dos tema siguientes, ambos de Dennis Wilson, muestran al baterista e incipiente y genial compositor moviéndose en terrenos totalmente diferentes, el del pop orquestado de factura personalísima (Be With Me) y el del rock and roll vibrante hasta la médula (All I Want To Do, compuesto junto con Stephen Kalinich). The Nearest Faraway Place es un corte instrumental de Bruce Johnston de escaso interés para mí. La lectura del Cotton Fields de Lead Belly, tercera y última, sirve para afirmar lo mismo que sobre la otras dos. I Went To Sleep es una preciosa miniatura de Brian y Carl Wilson en forma de nana que hubiera encajado en Smiley Smile. Similar estilísticamente, aunque escrita solo por Brian, Time To Get Alone es aún mejor y más larga. La tercera aportación de Dennis parte de una canción de Charles Manson para construir una excelente y llena de matices Never Learn Not To Love.

El recuerdo de lo que no fue, el recuerdo del abortado Smile, se adueña del final de 20/20. El breve instrumental Our Prayer y el soberbio y enardecedor pop barroco de Cabinessence despiden de la mano de Brian Wilson y Van Dyke Parks un disco que cuesta calificar por debajo del sobresaliente y que nos sirve para afirmar por enésima ocasión que entre 1966 y 1973 —superando todo tipo de circunstancias, en especial las vinculadas al más destacado de sus miembros— los Beach Boys tuvieron iguales pero jamás superiores.

jueves, 15 de septiembre de 2022

It's Ok, Had To Phone Ya

Tres años después de publicar Holland los Beach Boys volvían con un disco construido a partes prácticamente iguales de versiones (ocho) y originales (siete) que hacían los 15 Big Ones (1976) de su (presuntuoso) título. Dentro de los temas originales había dos de Brian Wilson y Mike Love que también protagonizaron el single que comentamos, It's Ok, una pegadiza tonada grabada en 1974, y una más elaborada Had To Phone Ya, canción registrada previamente por American Spring en cuya escritura al parecer también participó Diane Rovell y en la que, más allá de su calidad global, hay que destacar el poético quiebro que la remata en su parte final. Dos buenas composiciones, en definitiva, pero lejos de la gloria sonora plasmada por el grupo californiano entre 1965 y 1973.

jueves, 3 de febrero de 2022

Break Away

Este single aparecido a mediados de 1969 supone el final de la relación discográfica de los Beach Boys con Capitol, justo antes de entrar a formar parte de Reprise, el sello creado por Frank Sinatra que acogerá la esencial obra de Neil Young en los años setenta. Break Away es una fantástica y feliz canción escrita por Brian Wilson y su padre que, desgraciadamente, apenas conoció el éxito. Es mejor, sin embargo, la cara B, un Celebrate The News compuesto por Dennis Wilson, hermano e hijo respectivamente, quien en Friends ya había empezado a destaparse como un creador muy particular mediante Little Bird y Be Still, y aquí repite con un tema difícil de encasillar aunque transitando sin duda el territorio del grupo californiano. Un sencillo, pues, excelente que no por estar bastante olvidado es de menor calidad.

jueves, 7 de octubre de 2021

Friends

Los nueve discos consecutivos que los Beach Boys graban entre 1966 y 1973 —ya lo he afirmado en otras ocasiones— son historia privilegiada de la música rock, si bien no todos gozan de la unanimidad crítica de Pet Sounds, el creciente prestigio de Sunflower o Surf's Up o el culto que rodea a Smiley Smile. Friends, publicado en 1968 e incrustado entre Wild Honey y 20/20, es un ejemplo más de que el grupo de los hermanos Wilson tenía una personalidad arrebatadora y de que los problemas derivados del affaire Smile y la depresión de Brian no pudieron con su creatividad. Y no solo eso; Friends marca la incorporación de Dennis como compositor, aportando piezas a la banda que desembocarán con los años en su único y magistral álbum en solitario, Pacific Ocean Blue.

Breve obertura de sustrato fantasmal, Meant For You da paso al tema que titula el elepé, vals con tratamiento pop y esos inclasificables y maravillosos arreglos instrumentales y vocales que surgen de la mente genial de Brian Wilson. Wake The World y Be Here In The Mornin' recalcan el carácter lo-fi y vanguardista de los Beach Boys a finales de los sesenta, sonidos de la tradición jazzística norteamericana llevados al terreno del pop y servidos con una evidente pulsión experimental en la que lo atonal puede llamar a la puerta en cualquier momento, siquiera como insinuación. When A Man Needs A Woman se eleva cual joya pop de aroma country cuya melodía y sus armonías vocales rozan la perfección. Passing By es una delicia instrumental en la que las voces son un instrumento más y el órgano tiene un protagonismo esencial. La masajista Anna Lee, The Healer protagoniza esta canción absolutamente mágica que logra que una anécdota intrascendente (que en otras manos no hubiera pasado de mediocre anuncio o sintonía radiofónica) se vuelva belleza eterna, como aquí comprobamos cincuenta y tres años después. Little Bird es la comentada presentación en sociedad (compositora) de Dennis Wilson, magnífica puesta de largo en la que Dennis recoge parte del Child Is The Father Of The Man, tema de Brian que debía haber aparecido en Smile. La segunda aportación del baterista es Be Still, suerte de sucinto oratorio de cámara para órgano y voz. La bossa nova y el pop orquestado (oboe, flauta y clarinetes) conviven en Busy Doin' Nothing, relajante pieza que viene a contrastar vivamente con la complejidad de Diamond Head, instrumental de origen hawaiano y efectos de sonido que acaba convirtiéndose en la composición más larga de un plástico que solo dura veinticinco minutos. Los escasos dos que quedan para completarlo los suma Transcendental Meditation, y, como dice David Leaf, resulta "irónico que de todas las pistas de Friends, la que habla sobre el sereno y refrescante acto de la meditación resulte ser uno de los cortes más estridentes y roqueros del álbum". Ironías o contradicciones de la que todo gran artista se alimenta. Y los Beach Boys —Friends es taxativo al respecto— lo fueron en grado sumo.

lunes, 8 de abril de 2019

Surf''s Up


Independientemente de la grandeza (inalcanzable o no) de Pet Sounds, la no publicación de Smile, la caída y parcial ausencia de Brian Wilson y la reorientación sonora de los dos últimos (y excelentes) elepés de la serie histórica 1965-73 (Carl And The Passions "So Tough" y Holland), son aquellos ocho años que inaugura The Beach Boys Today! tiempos de gloria musical para los autores de Wild Honey. El rock and roll madura y cambia y los chicos de la playa californiana —pese a contratiempos y dudas— no se van a quedar atrás. Su pop surf y vocal influido por el R&B y la música del diablo primigenia muta en busca de trabajos más barrocos y elaborados, nuevas vías que corren en paralelo a las de los Beatles y que responden tanto a criterios estéticos propios como a los de toda una época.


Una de las obras maestras de dicho periodo, para algunos incluso su disco definitivo, es Surf's Up (1971), titulado así por la pieza que lo cierra, escrita originalmente en 1966 por Brian Wilson y Van Dyke Parks con el fin de ser incluida en aquel fantasma mítico en que devino Smile. Don't Go Near The Water es una composición de Mike Love y Al Jardine que inicia con mágica suavidad el álbum. Long Promised Road, debida a Carl Wilson y Jack Rieley, alterna estrofas delicadas con estribillos enardecedores, esculpidos ambos con espléndidos arreglos instrumentales. Los efectos de sonido y las percusiones de Brian Wilson en Take A Load Off Your Feet, tema de Al Jardine y Gary Winfrey en cuya escritura también colabora el genio, lo conectan con alguna de las extrañas e irresistibles miniaturas de Smiley Smile. Bruce Johnston escribe y canta la preciosa Disney Girls (1957) antes de que el grupo versione el Riot In Cell Block #9 de Leiber y Stoller. Convertida por Love en Student Demonstration Time, la canción más potente del plástico habla de la por entonces reciente matanza de la universidad de Ken State, donde varios estudiantes fueron asesinados por las fuerzas de seguridad en una protesta contra los bombardeos en Camboya —extensión de la guerra de Vietnam— del ejército norteamericano.


Tras la explosión política, Feel Flows nos trae otra joya de pop progresivo de Carl Wilson y Jack Rieley, acercándose al jazz mediante los solos paralelos de flauta (Charles Lloyd) y guitarra (Carl). Jardine y Winfrey nos embargan con la brevedad acústica de Looking At Tomorrow, que me trae a la cabeza el prólogo de Starway To Heaven y su precedente Taurus. La discreta aportación compositora de Brian Wilson hasta el momento se ve compensada por los tres últimos cortes del disco. A Day In A Life Of A Tree, coescrita por Rieley y presidida por el armonio de Wilson, es una reivindicación ecologista, un hermanamiento con la naturaleza que pareciera hecho en el interior de una iglesia. 'Til I Day brilla sencillamente como una de las cumbres del arte de Brian Wilson, esa espera del fin que es la vida convertida en melodías y armonías vocales de belleza radical y estremecedora. Quien no se emocione con esta pieza musical tiene un problema grave de sensibilidad y no sabe, como Quevedo, que lo que llamamos nacer es empezar a morir. Mezclando fragmentos de grabaciones de 1966 y 1967 y añadidos de las sesiones de 1971, Surf's Up es el collage de una composición asombrosa y compleja —olvídense del surf defendido por su título— que da pistas de por qué Smile no vio la luz hasta 2004 de la mano de Wilson en solitario.


La inquietante portada —una ilustración de la escultura End Of The Trail de James Earle Frase— contradice tajantemente el Surf's Up al que da y del que es imagen. La inmediatez de los primeros días quedó atrás definitivamente con Pet Sounds, y la ambición de Brian Wilson, aun dejándole tocado, fue asumida por el resto de la banda. El elepé que hemos glosado es ejemplo indiscutible de ello, indagación artística colectiva donde la contribución de unos y otros suma en pos de una creación sonora magnifica de principio a fin que hay que situar junto a Sticky Fingers, Ram o Led Zeppelin IV, paridos ese mismo año, para hacerse una idea clara de su categoría.

miércoles, 1 de agosto de 2018

Holland


En los Países Bajos y con un Brian Wilson que solo hará puntuales aportaciones, los Beach Boys van a grabar un disco tan olvidado y sobresaliente como Holland (1973), que conecta con el anterior Carl And The Passions "So Tough", publicado solo siete meses atrás. Los nuevos aires traídos por Blondie Chaplin y Ricky Fataar, los dos exquisitos y personales temas de Dennis Wilson, la mínima presencia de Brian y la ambición artística de un grupo en plena forma a pesar de no contar con su líder (sin el cual no hubiera existido el giro dado a mediados de los sesenta en busca de una nueva y compleja mirada a la música pop) son elementos de coincidencia que hacen del elepé una especie de segunda parte de su predecesor, sin que esto le reste un ápice de belleza.


Sail On, Sailor no iba a formar parte del trabajo, pero la falta de una canción que sirviera de single, en opinión de la compañía discográfica, hizo retomar y completar una composición de Brian Wilson que, cantada por Chaplin y registrada en California, abre con plenitud el plástico. La primera de las mencionadas aportaciones de Dennis, Steamboat, es una inclasificable y poética ensoñación —"El río es un sueño en tiempo de vals"— que corrobora las mágicas capacidades creativas del autor de Pacific Ocean Blue. Delicado country cantado y escrito por Mick Love, Big Sur es la primera de las tres piezas que conforman California Saga. Le sigue The Beaks Of Eagles, que, musicada por Al Jardine, alterna el recitado de un poema de Robinson Jeffers —fantasmagóricos flauta, teclado y voces de fondo— con las tradicionales y entregadas armonías vocales de los Beach Boys. También compuesta por Jardine, Californía cierra la trilogía acercándose a la primera etapa del grupo desde un punto de vista, digamos, adulto.


La segunda mitad del álbum la inician los dos temas más largos del mismo (ambos por encima de los cinco minutos), The Trader y Leaving This Town. El primero de ellos fabricado con gloriosas notas salidas de la cabeza de Carl Wilson; el segundo, construido por Fataar, Chaplin y Carl, haciendo que el soft rock aparente mute en progresivo dirigido por un magistral solo del sintetizador de Fataar. La letra de Love y la melodía de Dennis hacen de Only With You una balada elegante y precisa con el sello del mediano de los hermanos Wilson. Es el mayor, Brian, quien vuelve al disco para regalarnos una canción nacida de su imaginario más experimental, Funky Pretty, que no solo coescribe, sino en la que toca todos los instrumentos que escuchamos (batería, percusión, piano, sintetizador) excepto las voces.


Holland acaba así —un trabajo totalmente satisfactorio—, pero además del elepé convencional la edición añadía un EP titulado Mount Vernon And Fairway (A Fairy Tale), donde Brian Wilson nos trasladaba a sus "noches adolescentes en la casa de la familia Love (en la intersección de Mount Vernon y Fairway), escuchando en la oscuridad un transistor. Brian lo escribió en Holanda en un estado casi de ensueño", en palabras de Scott McCaughey, quien añade: "mientras escuchaba continuamente el Sail Away de Randy Newman". Ensimismado y volcado en este moderno cuento de hadas, Brian se olvidó prácticamente del disco que los Beach Boys habían venido a grabar a Europa y compuso un curioso EP que McCaughey emparenta de alguna manera con Smile (y Smiley Smile, añado yo). Me sumo y me sirvo de ello —esperando reparar parcialmente la injusticia— para cerrar este texto sobre un álbum del que poco se habla a pesar de sus muchas bondades.

lunes, 9 de febrero de 2015

Pet Sounds


Hijo y padre espiritual, respectivamente, de Rubber Soul y Sgt. Pepper's, la inmarcesible gloria sinfónica de los sonidos (de mascotas) de Pet Sounds (1966) y su tremenda originalidad se deben —por mucho que los Beatles sirvieran de acicate— a la sensibilidad exacerbada y el maniático perfeccionismo de un Brian Wilson que tuvo que luchar contra la oposición, el escepticismo y la incomprensión de los propios Beach Boys ante la complejidad artística del proyecto y su (aparente) falta de viabilidad comercial. En efecto, una sola escucha del disco deja claro que Pet Sounds rebasa los presupuestos de la música pop, pues incluso aunque estemos de acuerdo en adscribir la obra a este género, son muchos los puntos los que la hacen divergir en busca de un espacio —entre lo sacro y lo profano— en el que únicamente ella encuentre acomodo.


Los números de los créditos ya ponen al oyente sobre aviso: hablamos de varias decenas de músicos tocando más de veinte instrumentos diferentes. Mandolinas, violines, violas, guitarras, órganos, percusiones, baterías, pianos, trompetas, flautas, ukeleles, trompas y otros contribuyen a que cada tema tenga sus propios matices dentro de una atmósfera común creada por las inopinadas y sinuosas estructuras de las composiciones. Si los Beach Boys más inmediatos y yeyés habían dado algún aviso de transformación en álbumes como The Beach Boys Today!, aquí el salto es sin red desde lo más alto de un rascacielos, tales son el riesgo y la falta de concesiones a los que nos referimos. Todo es nuevo en Pet Sounds, el rastro del pasado se ha evaporado, las playas, el surf y las chicas han quedado atrás, letras incluidas, que ahora quieren transmitir —con la ayuda de Tony Asher— sentimientos del alma de Brian Wilson, tal y como asegura el genio californiano.


Las canciones siguen siendo cortas, no es en la duración tradicional de un elepé de la época donde hay que buscar los cambios, pero su desarrollo, su conformación y su musicalidad las ubica en otro planeta. Los requiebros armónicos, los cambios de ritmo o la diversidad de pasajes melódicos en un solo corte —manteniéndose celestiales las voces de los miembros del grupo— remiten por igual a la vanguardia, a la tradición europea, al jazz o al rock, desplazándose de la música vocal prebarroca a la concreta, del arte popular al culto, del conservatorio a la calle, digamos. Valiéndose de una enorme gama de variaciones —preciosérrimos arreglos que jamás se agotan—, Wilson logra, como explicábamos, mantener la coherencia estilística haciendo que los trece temas surjan de un tronco, de una idea central, axioma que se debe a su talento, que él establece y al que no cabe sino decir amén: el sustrato que alimenta el elepé.


Sinfonía beat, rock and roll polifónico, pop del más allá o como ustedes quieran llamarlo, lo creado por los Beach Boys —en puridad por Brian Wilson— en Pet Sounds desborda las convenciones, irrita a las mentes cerradas y se alza como pieza única que —contradiciendo preceptos castrantes y prejuicios comerciales— brilla con la luz que ella misma genera. Podríamos llamarla una obra maestra absoluta, que lo es, pero no haría justicia al trabajo denodado de meses de Brian Wilson escribiendo y produciendo un álbum que acompleja y reconforta por igual a quien a él se acerca, al pensar: "Yo nunca seré capaz de hacer algo así", para acto seguido clamar: "¡Gracias a Dios que existe!".

domingo, 31 de marzo de 2013

Wild Honey


Puesto a la venta cuatro meses después de la publicación de Smiley Smile, Wild Honey (1967) puede parecer un entretenimiento para salir de la depresión provocada por el affaire Smile. Las dos semanas que llevó su grabación a los Beach Boys y sus veinticuatro minutos de duración palidecen, en teoría, frente a los meses trabajando en un elepé que no se publicó, que hundió en la miseria a Brian Wilson, y de cuyos restos, a pesar de todo, salió un álbum magnificente. Pero la realidad es otra. No hay más que escuchar sin prejuicios Wild Honey para comprobar que el grupo californiano seguía carburando a tope y era capaz de ofrecer obras de gran calado y belleza.

La canción homónima encargada de arrancar no posee la complejidad, el barroquismo de Heroes And Villains, si bien su gozosa inmediatez no oculta estupendos arreglos de órgano, fantásticas melodías y armonías vocales o experimentos con un prominente tannerin (o theremin eléctrico) tocado por quien da nombre a dicho instrumento, Paul Tanner. De aire casi naíf, Aren't You Glad es un tema delicioso que antecede a una no menos hermosa versión del I Was Made To Love Her que ese niño prodigio llamado Steve Wonder había registrado para Motown aquel mismo año. Los coros celestiales de Country Air protagonizan la canción de principio a fin y forman también parte de la más enrevesada estructura de A Thing Or Two, que entremezcla el foxtrot, el rock and roll y el sinfonismo pop marca de la casa. La espectacular Darlin' recoge, acelera y mejora un tema escrito por Brian Wilson y Mick Love en 1963 y que verá la luz al año siguiente cantado por Sharon Marie bajo el título de Thinkin' 'Bout You Baby. I'd Love Once Just To See You y Here Comes The Night tienen en común que son las dos únicas composiciones de Wild Honey en las que Brian Wilson es el vocalista principal. La primera bien podría ser un ejemplo de cómo sonarían los chicos de la playa versionados por los Kinks, mientras que Here Comes The Night les recoge en clave soul y R&B y da con un estribillo de lo más logrado. Let The Wind Blow habría encajado en Smiley Smile como una  de las extrañas miniaturas que lo habitan. How She Boogalooed It, el momento más roquero del disco, es la primera canción —sensu stricto— de la historia de los Beach Boys en la que Brian Wilson no figura como uno de sus compositores. Mama Says despide el elepé con un formidable minuto a capela que completa y corrobora la plenitud y la versatilidad de un trabajo llamado Wild Honey, y que, al igual que todo lo producido por la banda entre 1965 y 1973, sería una error capital despreciar. Ya lo dice su título: miel para los oídos.

lunes, 2 de abril de 2012

The Beach Boys Today!


No puede haber caso más análogo al de A Hard Day's Night y Rubber Soul —que hace unas semanas tratábamos en Ragged Glory— que el de The Beach Boys Today! y Pet Sounds. Si entonces nos encomendábamos a la banda sonora de la película de los Beatles para que sirviera de antídoto que defendiera la obra del grupo de Paul McCartney anterior al imprescindible álbum del alma de goma, ahora lo hacemos a Today! para reivindicar a los Beach Boys previos a su cumbre inmortal. Ambos trabajos, A Hard Day's Night y Today!, tienen una duración similar (media hora), ambos pueden servir de puente entre dos periodos (si no mundos), y a ambos les separa un año de sus mayores. Pero, además, y como es notorio, Rubber Soul (publicado en 1965, al igual que Today!) será la grabación que haga ver la luz que conduzca a Brian Wilson hasta Pet Sounds.

Sin embargo, donde realmente se mide Today!  con su contrincante beatle —lo que convierte en perfecto y realmente válido el cotejo— es en la calidad de sus canciones, pues durante ese mismo año saldrán a la calle dos trabajos más de los Beach Boys. Brian Wilson todavía no ha abandonado la playa en su camino hacia el psiquiátrico, pero las composiciones muestran unas hechuras diferentes. Por su complejidad y exquisitez, los arreglos instrumentales y las armonías vocales alejan los temas de la mera diversión surf sin que esta dimensión se pierda, lo que hace del elepé punto de encuentro de quienes prefieren una a otra etapa del grupo. Los once cortes (nueve originales y dos versiones; el duodécimo es una entrevista) me parecen magníficos, al igual que los de A Hard Day's Night, aunque quizá sobresalga la delicadeza de Please Let Me Wonder, cuya construcción, ligeramente atonal en algún segmento, adelanta lo que vendrá en Pet Sounds.

Vale aquí, pues, la misma reflexión que hacíamos al hablar del álbum de los Beatles. Hay vida (artística) inteligente en la producción del grupo de la familia Wilson que precede a su obra maestra, por mucho que la inmarcesible grandeza de Pet Sounds parezca borrar todo de la faz de la tierra. Escuchen The Beach Boys Today! —si aún no lo han catado— para comprobar que también sabe a gloria.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Carl And The Passions "So Tough"


Por muchos parabienes que tengamos para Smiley Smile, no sirvió éste de consuelo que curara o paliara la depresión a la que arrojó a Brian Wilson la muerte de Smile, ilustre cadáver felizmente resucitado en este siglo. Sin embargo, su paulatino apartamiento de los Beach Boys no mermará la categoría del grupo, tal y como se podía suponer. Las dos joyas con las que los chicos de la playa abrirán la década de los setenta, Sunflower y Surf's Up, demuestran que las composiciones del resto de miembros de la banda poco envidian a las de Brian, mirando con gallardía al incontestable Pet Sounds.

Yuxtapuesto a obras tan redondas como las citadas,  Carl And The Passions "So Tough", publicado en 1972, no saldría malparado de una hipotética batalla en la que el rastro del autor de Smile ha ido menguando. No digamos ya si lo enfrentamos con supuestos hitos del pop de los últimos veinte años; digámoslo claro: en su elegancia, en su creatividad y en la felicidad que trasmiten, sus ocho temas se meriendan sin piedad cualquier cosa grabada por Oasis o Blur. Ocho temas que aun entremezclados responden a la siguiente parcelación, si bien pudieran hacerlo también a otras:
  1. Los dos coescritos y cantados por  Dennis Wilson.
  2. Los dos que traen Blondie Chaplin y Ricky Fataar, guitarrista y baterista respectivamente que se incorporan a los Beach Boys.
  3. Los otro cuatro.
Make It Good y Cuddle Up son el fascinante germen de lo que Dennis —que en el disco no se hace cargo de la percusión— desarrollará en Pacific Ocean Blue, su espléndido disco en solitario. Sin ser atonales en absoluto, su extraña conjunción de acordes y sonidos orquestados por Daryl Dragon les da aires de agradable disonancia, especialmente en el caso de la primera. Here She Comes y Hold On Dear Brother, las aportaciones de Chaplin y Fataar, se alejan comprensiblemente del canon beach boy, pero son dos estupendas canciones que a mí me traen a la cabeza el soft rock que practicarán los Eagles y Fleetwood Mac. Sí que se mueve dentro de ese canon el otro cincuenta por ciento del álbum. You Need A Mess Of Help To Stand Alone es una imaginativa composición de Brian y Jack Riley, aunque, en su belleza vocal e instrumental, Marcella, también suya y de Tandyn Almer, sea superior. He Come Down, un hermoso acercamiento al gospel escrito por Brian, Al Jardine y Mike Love, y All This Is That, ambrosía para los oídos en la que Carl Wilson sustituye a Brian en la escritura manteniéndose Jardine y Love, completan el disco.


A pesar de que, como se ha visto, Brian Wilson sí colabora en la composición de tres cortes, sus aportaciones como intérprete fueron menores, y, sobre todo, no es la voz principal en ninguna de las canciones. No fue ello óbice, sin embargo, para lograr un elepé de la calidad de Carl And The Pasions "So Tough". Considerado habitualmente una obra menor, aunque válida, de los Beach Boys, es algo que yo quiero negar tajantemente. Muy pocos artistas son capaces de crear música tan especial, resplandeciente e imperecedera. Como escribió Elton John en 2000 para la reedición digital del disco, "Cuando este disco fue publicado recuerdo lo diferente y fresco que sonaba. Todavía lo hace".

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Smiley Smile y Smile

Es de sobra conocido que la escucha a finales de 1965 de Rubber Soul indujo a Brian Wilson a componer un disco que llevara lo más lejos posible su concepto de la música pop. El resultado, Pet Sounds, era un trabajo en el que, al igual que en el caso de los Beatles, la experimentación y la búsqueda cobraban radical importancia en la obra de los Beach Boys.

La ambición del más genial de los hermanos Wilson le llevó a ir aún más allá e intentar crear una obra magna única y diferente a todo lo realizado por sus contemporáneos. Tras la publicación en octubre de 1966 del magistral single Good Vibrations, se anunciaba que para diciembre Smile estaría en las tiendas. Portada y libreto fueron preparados, la campaña publicitaria, también. Pero en diciembre, Smile no estaba listo. Los meses pasaron; el afán de perfección en el estudio de Brian Wilson y sus indecisiones agriaron la relación con el resto del grupo y con Van Dyke Sparks, autor de las letras del álbum. En mayo de 1967, por fin, el proyecto era abandonado y Smile se convertía en el disco más famoso de la historia del rock and roll… el disco más famoso sin publicar, por supuesto.

¿Qué quedó de aquello? Pues además de una inmensa frustración que afectaría a la posterior carrera de los chicos de la playa, en septiembre de 1967 Capitol ponía a la venta Smiley Smile, un disco de veinticinco minutos y once temas entre los que se encontraban varios que hubieran conformado el hipotético Smile. Smiley Smile no era lo que, al parecer, se esperaba (aunque, ¿cómo se podía comparar con lo desconocido?), y recibió, por lo general, malas críticas y una fría acogida. Pues bien, más de cuarenta años después, queremos afirmar aquí que Smiley Smile es, a pesar de los pesares, un bellísimo álbum nada fácil y lleno de memorables hallazgos cuyos ataques se debieron a que era un disco que se alejaba radicalmente del patrón comercial de los Beach Boys. Así de claro. En el pop sinfónico de Brian Wilson conviven ecos gregorianos y barrocos con los de Gerwshin y la música atonal, concreta y electrónica del siglo XX. Pero, más allá de estas y otras influencias, lo que creó Wilson es un disco incomparable, que junto a Pet Sounds, supone un díptico que encierra lo mejor de la obra de los Beach Boys (que tiene, por cierto, mucho y bueno tanto antes como después del periodo 1966-67).

A la mencionada (y archiconocida) Good Vibrations, se unen canciones como la espectacular en sus constantes requiebros y gozosas armonías vocales Heroes And Villains; el doo-wop pasado por el filtro Wilson en la preciosa With Me Tonight; la estremecedora Wonderful; o pequeñas y experimentales piezas de cámara como la instrumental Fall Breaks And Back To Winter (W. Woodpecker Symphony) y la breve y final Whistle In.

Así podría terminar esta historia y este artículo, pero no lo hace. ¿Por qué? Porque, como dice Brian Wilson, en 2004 el sueño de Smile se hizo realidad. Así es, treinta y siete años después de la publicación de Smiley Smile (o de la no publicación de Smile, como se prefiera), Smile era finalmente grabado. Y ya teníamos de nuevo la controversia. Que si mejor haber dejado las cosas como estaban, que si ya no era posible recuperar la magia de aquella época, que si tal, que si cual… Todo menos atender a la música que se nos ofrece. Y ésta, sin duda, es soberbia.

Presentado en vivo antes de entrar en el estudio a registrarlo, Smile es una obra maestra absoluta. De acuerdo que muchos de los temas ya eran conocidos (no sólo los que aparecían en Smile Smiley, también los que fueron desgranándose en discos posteriores, como el espléndido Surf's Up). De acuerdo que los músicos que acompañan a Wilson no son los Beach Boys. De acuerdo, incluso, que los Fab Four ya no estimulaban al genio. De acuerdo. Pero, repito, la música, y su interpretación, es soberbia.

Como dice Enrique Martínez, Smile se divide en "tres suites unitarias, que se abren y cierran siempre con dos piezas maestras (Heroes And Villains y Cabin Essence, Wonderful y Surf's Up, I'm In Great Shape y Good Vibrations) y enlazadas internamente y entre sí mediante miniaturas delicadas y motivos recurrentes (la mítica Do You Like Worms convertida en Roll Plymouth Rock, Child Is Father Of The Man...)". Y añade: " (…) la casi infinita paleta cromática que contiene la "Americana" como metagénero musical es explorada con una amplitud de miras y un amor profundo (…) sin por ello servir una visión absolutamente idealizada de los fundamentos de esa Nación: de hecho, no escasean las referencias al sacrificio indio y Hawaiano".

La historia de un disco que se titula Sonrisa no podría tener sino un final feliz como el aquí expuesto. Pese a sus problemas mentales y con la cocaína (problemas que, en su caso, se yuxtaponen y complementan), Brian Wilson consiguió hacer realidad su "sinfonía adolescente para Dios". Tuvo que esperar casi cuarenta años, es verdad, pero, para él y para sus seguidores, mereció la pena. Nosotros podemos dar fe de ello.