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lunes, 20 de abril de 2026

Flamenco!! La guitarra de Sabicas

"No se desmoralicen si es que tocan la guitarra e intentan conseguir una sonoridad como la que escuchan", dice José Manuel Gamboa en las notas para la bochornosa reedición que Universal hacía a principios de siglo de los dos discos grabados en España por Sabicas en 1972 y publicados por Polydor. Y lo de bochornosa lo digo solo y únicamente por el hecho de que !!Ole!! La guitarra de Sabicas y Flamenco!! La guitarra de Sabicas sufrían respectivamente la amputación de uno de los temas que los componen para caber en un solo CD, barbaridad repetida en decenas de reediciones digitales de elepés de todo tipo de artistas como si eso fuera —perdonen si la inocencia artística se impone a la realidad crematística— no ya admisible sino meramente planteable.

Retomando la frase entrecomillada con la que abría este texto, aunque el excurso me haya parecido necesario, las palabras de Gamboa se refieren en concreto a Flamenco!! La guitarra de Sabicas, donde el guitarrista navarro es "el único y excepcional guitarrista", sigue Gamboa, a excepción de la pieza amputada —¡oh, casualidad de casualidades!— a la edición original del trabajo y la que lo cierra. En efecto, en Campanitas y Villancicos de Jerez, a las seis cuerdas de Sabicas se suman otra seis de apoyo que, a falta de información, son con toda seguridad las de su hermano Diego Castellón, quien fehacientemente le acompañaba en !!Ole!! La guitarra de Sabicas. Dicho esto, y evitando que la indignación (la madre del resentimiento si no se sabe manejar) se apodere de mí, es cierto que el resto de cortes da con un Sabicas en solitario y técnicamente espléndido cuyo desbordamiento creativo —con momentos en los que parece imposible que un ser humano toque así— justifica el comentario de José Manuel Gamboa. Un genio, el de Iruñea, merecedor de la escucha del álbum completo y sus diez pistas, como la edición que yo tengo y he comentado aquí.

jueves, 4 de septiembre de 2025

La historia del flamenco

A partir de la segunda mitad de la década de 1960, treinta años después de haber dejado España tras el golpe de estado fascista, Sabicas volvió a visitar esporádicamente el país que había abandonado siendo una república y se había convertido en una dictadura salvajemente represora. Obligado por la coyuntura internacional y por sus pactos con Estados Unidos, Franco había abierto la mano teóricamente (otra cosa es lo que sucedía en comisarías y similares lugares de crimen y tortura) y los exiliados regresaban a pisar el suelo que les había visto nacer aunque rojo, amarillo y rojo y sin libertades.

De esas primeras visitas nace La historia del flamenco, plástico doble de 1969 que publica RCA en el que el maestro navarro acompaña a varios cantaores, entre ellos un incipiente Camarón de la Isla, quien aquel año debutaba en solitario de la mano de Paco de Lucía, cuya admiración por Agustín Castellón es de sobra conocida. También escuchamos voces clásicas del cante jondo, como las de Pepe el Culata, Rafael Romero, Juan Cantero o Manuel Soto el Sordera, disfrute asegurado para el amante de género y puerta de entrada nada desdeñable para el lego en materia flamenca que desee iniciarse en ella.

Pero lo que hace aún más atractivo el trabajo es su estructuración, abriéndose cada una de sus cuatro caras con un tema instrumental en el que el mago de Pamplona demuestra su extraordinaria técnica a la guitarra. A través de El Bohío (guajira), Nostalgia gitana (rondeña), Homenaje a Carmen Amaya (garrotín) y Los puertos (seguiriyas), Sabicas ilumina con sus seis cuerdas los respectivos bloques que encabeza antes de dar paso a los diferentes cantaores que cubre y sublima atacando tangos, bulerías, fandangos, malagueñas o alegrías. Porque aquí está, aquí tienen ustedes feliz y exuberante, La historia del flamenco, liderada por "el genio de la guitarra gitana", como le dice Rafael Romero antes de lanzarse por seguiriyas en los Aires primitivos. Una maravilla de principio a fin.



jueves, 16 de junio de 2022

Nueva York-Granada

El que devendrá el mayor revolucionario del flamenco y el que lo había sido de la guitarra flamenca se juntaban justo antes de morir el segundo para realizar un doble elepé perteneciente, como se dice en el interior de la carpeta, "a la tradición del arte flamenco", si bien "una recreación personal de Enrique Morente y Agustín Castellón (Sabicas)". Une Nueva York-Granada (1990) cuatro ciudades (sumen Pamplona y Madrid a las dos del título, lugar de nacimiento del guitarrista, la primera, y estancia del cantaor, la segunda) en un quejío universal que reivindique la cultura flamenca de la mano de dos de sus máximos representantes. Y queda, además, como una fonoteca de los diversos palos del género servida con generosidad y todo el arte imaginable, despampanante el de Sabicas, jugándose la vida el de Morente, si hacemos caso al primer verso del soneto que le dedica Joaquín Sabina (igual que al guitarrista) en la funda de los dos plásticos. Decía adiós, o regalaba sus últimos acordes y rasgueos, el músico navarro siguiendo los deseos del andaluz, norte y sur de la península Ibérica en busca de la perfección formal, de la palabra última que compile y explique tarantos, soleás, fandangos, tangos, alegrías, bulerías, seguiriyas, malagueñas… Una obra maestra impecable que sobrevuela el océano desde Nueva York camino de Granada.