jueves, 22 de julio de 2021

Free At Last

El grupo se había separado en 1971, pero en enero de 1972 volvía al estudio para registrar lo que a la postre sería su penúltimo disco, Free At Last. Sin llegar al nivel de Fire And Water, Free demuestra que sus problemas internos, momentáneamente soslayados, no han mermado su capacidad artística, pues sigue facturando con brillantez su rock de tempo lento y cosecha propia. Hard incisivo con remansos de paz, el de Catch A Train nace del blues eléctrico, como tantas composiciones de la banda, y sirve de aguerrida apertura. El redoble militar de Simon Kirke nos introduce, cómo no, en Soldier Boy, rock con trazas de psicodelia y soul. También hay algo de soul en Magic Ship y Sail On, partituras hermosamente ejecutadas por la garganta de Paul Rodgers, la guitarra de Paul Kossoff, el bajo y el piano de Andy Fraser y la batería de Kirke. Travellin' Man cierra con fuerza la primera cara y anuncia lo que será Bad Company sin dejar de sonar a Free. La segunda mitad del plástico la encabeza el que fuera exitoso single Little Bit Of Love, cuya brevedad y estilo marchoso contrasta, y mucho, con los tres cortes que le acompañan, todos por encima de los cinco minutos. La solemnidad cósmica de Guardian Of The Universe, el folk intimista y contenido de Child y esa emocionante despedida que es Goodbye navegan por mares austeros en forma de adagio y frugalidad instrumental no muy aptos, en apariencia, para las listas de éxitos. Nada nos importan éstas en Ragged Glory, sea como fuere, simplemente disfrutamos de la música de Free y las piezas más y menos comerciales de Free At Last, a la espera de que Heartbreaker pusiera fin al camino andado por sus autores.


 

lunes, 19 de julio de 2021

Y lo llamarán demagogia

🔨

hola, pequeña
vengo a echarte de tu casa
no, yo no la necesito
tengo una
gracias a que a ti te la quitan
siento lástima
pero no de ti
sino de mí
éste es mi trabajo
lo sé
es un trabajo indigno
no merezco que me mires
solo que me escupas
y me odies
😩
 😩😩
  😩😩😩
   😩😩😩😩
    😩😩😩😩😩
     😩😩😩😩😩😩
 

jueves, 15 de julio de 2021

The Inflated Tear

Blues que es marcha fúnebre (y viceversa), The Black And Crazy Blues abre majestuoso The Inflated Tear, magistral elepé que Rahsaan Roland Kirk registra con su grupo en noviembre de 1967, es decir, en los albores de su crucial relación con Atlantic. Blues, hard bop y jazz de raíz coltraniana, la música de Kirk exhibe variedad tímbrica, armónica, estructural y potencial que hace posible que Many Blessings sea protagonizado por el agresivo saxo del invidente de Ohio y vaya seguido de una balada, Fingers In The Wind, en la que su flauta y el piano de Ron Burton recrean una atmósfera de suavidad. Pero también que otra balada, la que titula el álbum, juegue a la disonancia en su prólogo, a la mitad de camino y en su final o que la banda se atreva —espléndida e incluso salvaje— con el Creole Love Call de Duke Ellington. Ejemplos de un trayecto a disfrutar completo en el que Kirk saca a pasear sus saxos (el tenor, el soprano o manzello y el alto o strich), el clarinete, la flauta, el corno inglés, el silbato y el flexatone; Burton, el comentado piano; Steve Novosel, el contrabajo y Jimmy Hopps, la batería. Colabora tocando el trombón, además, Dick Griffin (acreditado Griffith) en Fly By Night, penúltima de las nueve piezas de un soberbio The Inflated Tear al que se yuxtapondrán Left & Right y Volunteered Slavery para componer una trilogía que esconde lo mejor del gran Rahsaan. Y eso que antes y después dejó también grabaciones excelentes.

lunes, 12 de julio de 2021

Hopeless Case Of A Kid In Denial

Contenía esta elegante cajita de 2001 cinco canciones interpretadas por los Hellacopters más dos videoclips, uno de los cuales ponía imágenes al colosal y frenético Hopeless Case Of A Kid In Denial que encabezaba este producto de edición limitada igual que había abierto el año anterior el magistral High Visibility. A Cross For Cain es otra estupenda composición de los suecos, aunque no tan espectacular como la primera, a la que se yuxtapone la versión del Cold Night For Alligators de Roky Erickson, perfectamente adaptada al estilo del grupo. Salvajismo puro y duro es lo que nos traen (I'm A) Stealer y Like No Other Man, en directo el tema de aquella bomba de relojería llamada Payin' The Dues. El otro videoclip es el de Toys And Flavors, bastante difundido en su momento para promocionar el mencionado High Visibility y propietario de una canción sencillamente perfecta de una banda que apenas tenía rival escribiendo y tocando rock and roll a finales del siglo XX y principios del XXI. A pesar de que no inventaba nada, supo dar tratamiento propio a una música en la que ya parece estar todo dicho.


 

miércoles, 7 de julio de 2021

Desaparezca aquí

No hacen falta las comparaciones si hablamos del tercer disco de Nacho Vegas, pues insiste el asturiano en sus peculiares canciones largas de origen folk y desarrollo rock magníficamente instrumentadas y puestas en pie por su grupo, Las Esferas Invisibles. Desaparezca aquí (2005) corrobora la figura del personal cantautor mediante diez composiciones que se mueven entre el morbo, el testimonio costumbrista, el tremendismo y la invención poética. Si musicalmente todas tienen el sello Vegas, en dos de ellas (Ella me confundió con otra persona, Perdimos el control) hace acto de presencia la electricidad de forma poderosa, novedad sonora que no anula el tono de confesión íntima de las letras, si acaso aumenta —materia de discusión— el impacto emocional de las mismas. Aunque menos agresiva, también hay electricidad en Nuevos planes, idénticas estrategias, glam circense que dispara "como Kevin Ayers a una luna llena", y Autoayuda, para mí pieza central de la función, y cuyos vatios ondulantes parecen descender de Nick Cave y sus Bad Seeds. El resto del listado nos sirve para saber de El hombre que casi conoció a Michi Panero, cómo se vive Cerca del cielo, subtitulada Canción de Juanito Oiarzabal por el montañero vasco, y otras historias del bardo de Gijón —de Maravillas de la condición humana a La noche más larga del año— siempre acompañadas de bellas partituras y nobles interpretaciones.


 

lunes, 5 de julio de 2021

Stranglehold

Tres meses antes de formar parte del primer elepé de la banda, la bulla punk de Stranglehold, con sonido similar al de los Clash, hacía aparición encabezando este single de 1979. También encontraremos en el debut de U.K. Subs World War y Rockers, aunque ésta en versión más corta en la cara B del sencillo. Crudas y cortantes ambas, la primera apenas pasa del minuto y se me hace excesivamente breve, lo que no quiere decir que rebaje su mensaje ácrata ("Ningún gobierno va a recibir un centavo de mí") ni que se nos pase por alto su riff inspirado en los Dead Boys. Punk británico del 77 pero parido dos años después. Hasta hoy.

miércoles, 30 de junio de 2021

This Is Our Music

This Is Our Music, registrado en el verano de 1960, es un paso más en la carrera de Ornette Coleman en su radical apuesta por la improvisación y el sonido, pero tiene algunas peculiaridades que, sin alterar la apuesta estética del saxofonista tejano, le otorgan ciertos matices. El cuarteto del anterior elepé, Change Of The Century, sufre una modificación, pues, si Charlie Haden y Don Cherry mantienen su puesto en el mismo, Ed Blackwell sustituye a Billy Higgins para dar con una formación que solo grabará el álbum del que hablamos; por primera vez, Coleman incluye un tema ajeno, en concreto el Embraceable You de los hermanos Gershwin, y, por último, This Is Our Music es el paso previo a Free Jazz —allí donde volarán todas las barreras a la manera schönbergiana—, madre de las improvisaciones colectivas, en general, y de la más extraordinaria de ellas bajo mi punto de vista (Ascension), en concreto.

Desde los primeros compases de Blues Connotation corroboramos que en el free jazz el primer vocablo tiene más peso que el segundo y que saxo alto de Charlie Parker —no en vano el instrumento del autor de Ornette!— y el bebop sentaron las bases de cualquier digresión que afectara a la música de Louis Armstrong en la segunda mitad del siglo pasado. Beauty Is A Rare Thing afirma la segunda de las piezas, la más extensa y especial del lote, suerte de balada amiga de la atonalidad que contradice durante todo su recorrido a su título y en la que Haden toca su contrabajo con el arco y Blackwell inventa una percusión muy original. La relativa tranquilidad del tema invita al cuarteto a desmadrarse en Kaleidoscope, fiel a su credo en los agudos solos de Coleman y Cherry y la poderosa base rítmica (en especial las baquetas de Blackwell).

La cara B del disco comienza con la mencionada versión de Embraceable You, adaptación a situar entre el clasicismo propio de la composición y el tratamiento de vanguardia que recibe Beauty Is A Rare Thing. Muy hermosa, sea como fuere. Posie, Humpty Dumpty y Folk Tale, los otros tres cortes de la segunda mitad, se mueven en coordenadas similares a las de Blues Connotation y Kaleidoscope, velocidad y ritmo sobre los que la trompeta de bolsillo de Cherry y el saxo alto de Coleman crean progresiones vertiginosas y muy audaces, sin olvidar la intervención solista de Blackwell en la pieza que clausura This Is Our Music, espléndida colección que quedaba a la espera de treinta y siete minutos en un único movimiento que pondrán patas arribas el mundillo del jazz y harán sangrar a carcas y puristas.



lunes, 28 de junio de 2021

Junkyard

Criado en las miasmas sonoras de White Light/White Heat, Trout Mask Replica, Fun House, Suicide y similares artefactos hechos de ruido y rock and roll, The Birthday Party publicaba en 1982 el que sería su segundo y último elepé (Junkyard) entregándose a su acción ritual de descomposición y enardecimiento —de la que, solo en el País Vasco, Los Bichos, Akauzazte y Atom Rhumba tomarán buena nota— cual unos Cramps, The Gun Club o Joy Division taladro en mano. Funk hecho pedazos y achicharrado, salvajismo punk ilustrado, el blues más pantanoso, free jazz, post punk: todo esto y cosas peores es lo que encontramos en este agresivo aquelarre que puede asustar a quien crea que el rock no va más allá de AC/DC. La intensidad es tremenda incluso cuando el grupo levanta el pie del acelerador, aunque al fuego eléctrico y la estridencia rítmica sobreviva cierta querencia melódica que crea un contraste retorcido pero de gran belleza. La banda de Nick Cave y Mick Harvey habla directamente a nuestro yo primitivo y violento, sin cortapisas ni eufemismos, escupiendo pus y utilizando la música del diablo para rociar de radioactividad al oyente. Quizá los seis minutos de She's Hit que inician el álbum —de cadencia lenta y bluesy— carezcan de la distorsión y los riffs asesinos que nos vamos a encontrar (en Dead Joe, sin ir más lejos: ¡vaya brutalidad!), mas ya hay en su estructura, su atmósfera y en algunos exabruptos sonoros bastantes gotas de la tormenta que hasta el tema que titula y clausura el conjunto —atemperándose en Several Sins, de maneras similares a las de She's Hit si bien la mitad de larga— golpea inmisericorde nuestros sentidos. Una tormenta llamada Junkyard y a situar mucho más cerca de las que descargó el último Coltrane que las de Ramones o The Clash. Por si sirve de referencia.


 

jueves, 24 de junio de 2021

La cuenta atrás

Inevitablemente algo por debajo de La vida mata, obra maestra de Los Enemigos, el siguiente disco del grupo madrileño es un más que notable La cuenta atrás (1991), cuarto trabajo de una banda consolidada como una de las mejores y más personales del rock patrio. La cuenta atrás, el tema que da inicio y titula la función, indica las ganas de indagar de Josele Santiago, al incorporar violín, viola y trompa a una canción que parte de su gusto por los Damned de segunda generación y cita el Canon de Pachelbel vía Camel, tal y como Santiago ha reconocido. "¿Por qué has tenido que crecer? / Maldita la hora", se queja el eterno adolescente en lucha contra el rígido, envarado y aburrido mundo de los adultos. El soft rock, con cierto sabor a bossa nova, de La otra orilla entra deliciosamente antes de un atmosférico Blues en el que destaca el órgano del maestro Reverendo. Hienas (que en un momento concreto recuerda al Helter Skelter) y Occidente se acercan al punk y al hard funk y reivindican el lado rocker de los autores de Un tío cabal. Hay un agujero tiene algo de balada southern mientras que Paracaídas retoma la distorsión y (si hace falta) el puño en alto que celebre el himno enemigo. Brindis trae una de las melodías más pegadizas de la función: "Brindemos al sol", pues, "de un extraño rock and roll". Entre la rumba y el pop se afirma la relajante No se hable más. También se mueve en terrenos pop Quillo (he vuelto a nacer), o el ciclo eterno que nos obliga a hundirnos y levantarnos… hasta que caigamos de nuevo. Las guitarras y el rock and roll vuelven a mandar en El lado sano (de mi cabeza), justo antes de que Hasta el lunes cierre el álbum a ritmo lento describiendo socarronamente el trabajo esclavo que queda definido a la perfección en estos dos versos —"En un mar de horas extras / es donde veranea papá"— y es rechazado y enfrentado en estos dos otros que los parafrasean en negativo: "En el mar de horas extras / yo no me pienso bañar". Tomen nota mientras seguimos esperando que La cuenta atrás no termine demasiado pronto.


 

lunes, 21 de junio de 2021

"Asumo", un relato de "La figura de cartón"

Como sabéis quienes seguís este blog, en el año 2019 se publicaba mi tercer libro, una colección de relatos titulada La figura de cartón. Relatos de juventud, dolor y violencia. Dentro del apartado Dolor aparece un pequeño texto llamado Asumo cuya tristeza me han resaltado varios de los lectores de la obra. Comparto aquí, pues, una de las doce piezas que componen el libro, esperando que os guste y, si es que aún no lo habéis hecho, os anime a leer las otras once, "Una breve colección de heterogéneos escritos donde el autor articula, acaso sugiere, un discurso vital brillantemente secuenciado (…) una inquietante antología (…) repleta de pequeñas bombas de relojería que no siempre acabarán explotando", en palabras escritas por Marce Becerring para Ruta 66.


ASUMO

Hoy me he incorporado a mi nuevo trabajo. Es una tienda de complementos situada en el mejor barrio de la ciudad. El horario es de tres a nueve, y como tengo un trayecto bastante largo para llegar, he tenido que adelantar mi hora habitual de comida. Pero es algo que puedo asumir.

    En la entrevista me dijeron que tenía que quitarme los piercings que llevo, pues no era la imagen que los clientes esperaban de la tienda. No me dijeron que fuera una mala imagen o que a ellos no les pareciera idónea, sino que eran los clientes los que no darían su aprobado. Bueno, es algo que puedo asumir, incluso entender, así que ayer por la noche, antes de acostarme, me los quité, los piercings, y me despedí de ellos. Me dio un poco de pena, porque a mí sí que me gustan, y me veo bien con ellos, pero, en fin…

    El salario que me van a pagar es de seiscientos euros al mes; una miseria, lo sé, pero, como vivo con mis padres, no pago alquiler ni tengo hipoteca, así que puedo asumirlo.

    Mientras iba en el metro me he acordado de mi último empleo en una cadena muy famosa de restaurantes, en el que era la única española. Una jefa tiró de la coleta a una camarera que había derramado en el suelo todo el contenido de la bandeja que llevaba. Yo no hice nada por defenderla, es verdad, pero la consolé en la cocina, pues la pobre tenía una llorera mazo de gorda. La misma jefa que la había humillado me vio, y a los pocos días me despedían. Me imagino que un hecho tendrá relación con el otro; de todos modos, hay que asumir que en cualquier momento, y por cualquier motivo, te pueden despedir. Lo de «por cualquier motivo» me ha dado que pensar, y he pensado que, en esas circunstancias, quizás «el motivo» pueda convertirse en una mera excusa. Tampoco le he dado muchas vueltas, ya llegaba a mi destino.

    He caminado dos manzanas (en eso no me puedo quejar, la tienda está muy cerca de la boca del metro), pero ha sido suficiente para darme cuenta de dónde estaba: gente muy bien vestida y calles muy limpias. He llegado a la tienda con quince minutos de antelación para dar buena imagen (no como con los piercings, río). La dependienta del turno de mañana estaba sola, y me ha dicho que la encargada se había ido a tomar un café. Me he apoyado en el mostrador y he intentado hablar con la chica, pero no parecía una persona muy habladora. Todo han sido monosílabos y ninguna sonrisa. La encargada ha llegado a las tres en punto. La dependienta ha desaparecido por una puerta y ha vuelto muy poco después con la misma camiseta que llevaba puesta (con el nombre de la tienda) en la mano. «Toma», me ha dicho. «Te la tienes que poner», ha corroborado la encargada. La camiseta me queda pequeña y, lo peor de todo, huele a sudor. Me he mirado en el espejo del pequeño cuarto (más bien parece un ascensor) que esconde la puerta y he descubierto a una chica gordita y baja con las tetas aplastadas por la camiseta maloliente que le acababan de dejar. Pero tengo que asumir que así soy yo y así son los trabajos. Si pagan por ello, aunque sea poco, no puede ser muy bueno.

    Lo primero que me ha dicho la encargada es que todas las dependientas que empiezan tienen que llevar complementos de los que se venden en la tienda para que «los clientes se sientan cómodos» y más «predispuestos a comprar». He elegido un collar, dos pulseras y un par de pendientes. «Dieciocho euros». Ante la cara que he puesto me ha dicho que es un gasto que no asume la compañía. «¿Es obligatorio?», he preguntado entre perdida e inocente. «Sí quieres seguir aquí, sí». He entendido inmediatamente y he pagado. Aunque la empresa no pueda asumir el gasto, he pensado, yo sí puedo. Tampoco es para tanto.

    La verdad es que para ser mi primer día he vendido bastante, pero la encargada no lo ha visto así, y me ha echado en cara mi falta de actitud y de implicación. Ha sido una pequeña bronca, sí, pero no lo suficientemente grande como para no poder asumirla. Ya se sabe cómo son los jefes. Y más aún los que no son realmente jefes.

    Cuando faltaba poco para cerrar, la encargada me ha dicho que tenía que limpiar el baño y vaciar las papeleras. La he mirado boquiabierta, pero ella como si nada. «La fregona y el multiusos están en el cuartillo. Ya lo habrás visto». Cuando abría la puerta del cuarto he oído que añadía: «Y date prisa, por favor, que no quiero cerrar a las mil». He pasado el multiusos por los azulejos y el retrete. Mientras se secaban he vaciado las papeleras. La que se utiliza para las compresas, salvaslips y demás utensilios femeninos no tenía bolsa, y estaba pringada. Casi me muero del asco. Le he preguntado a la encargada si había bolsas para esa papelera, y me ha dicho que no con la cabeza. Así que la he dejado tal cual y he fregado. Me he cambiado de ropa y he metido la camiseta en el bolso para que mi madre la limpie y la planche mañana. Mientras lo hacía me he dicho a mí misma: no pasa nada, hay que asumir que en cualquier trabajo te puede tocar hacer estas cosas. Es una lástima, pero es así.

    Antes de salir, la encargada me ha dicho: «Si la caja no cuadra, se os descuenta de la nómina. Para que lo sepas cuando hagas caja». Ha debido notar mi debilidad, así que lo ha suavizado: «Aunque no suele suceder». No he entendido bien si se refería a que la caja no cuadrase o a que te lo descontaran de la nómina, pero lo he asumido.

    La encargada ha echado la persiana metálica y me ha dicho un «hasta mañana» un tanto frío. En sus ojos me ha parecido percibir cierto desprecio, no sé si a mí o a todo. No lo puedo explicar, pienso al observar cómo se aleja, pero sí puedo entenderlo. E incluso asumirlo.

miércoles, 16 de junio de 2021

The House Of The Rising Sun

Aplicar fórmula propia a composiciones ajenas. Ésta podría ser una descripción general de la música de los Animals, aquélla donde prima la interpretación, como en el jazz, pero no la improvisación, ciñéndose al formato de canción hecha de rhythm and blues y rock and roll. La adaptación que el grupo de Newcastle realizó en 1964 del tema tradicional The House Of The Rising Sun, que Nina Simone había incluido en su directo en el Village Gate y Bob Dylan en su debut discográfico dos años atrás, es un ejemplo de cómo convertir a tus axiomas estéticos un material previamente existente y una de las cimas de su arte. Si toda la banda brilla a un nivel muy alto, es la dramática, casi solemne, puesta en escena de la voz de Eric Burdon y el órgano de Alan Price (encargado también de los arreglos) la que da el sello definitivo y la belleza descomunal a la pieza. Menos atmosférica y más frenética, la versión que el otro cincuenta por ciento del sencillo trae del Talkin' Bout You de Ray Charles está recortada por debajo de los dos minutos, perdiéndose el magnífico solo de Price y el largo apareamiento que el corte completo —salvaje, entregado y conocido mucho después de su grabación— hace de la canción de Charles con el Shout de los Isley Brothers. Una compañera digna, sea como fuere, de una primera cara soberbia que, por muchas décadas que pasen, sigue sonando inmaculada.

lunes, 14 de junio de 2021

Ramona, Say Yes


Este olvidado single de 1966 está liderado por una deliciosa canción de Chuck Berry —Ramona, Say Yes— en la que destacan el incesante órgano y el eco de la potente guitarra de Berry. La sexualidad y el rock and roll del tema contrastan con la desnudez de la cara B, un Havana Moon registrado en 1956 que parte del Calypso Blues de Nat King Cole para desarrollar su cadencia hipnótica y repetitiva. Situado en el primer elepé del arquitecto de la música de diablo —After School Session—, su influencia llegará también al segundo mediante La Juanda, composición en la que podemos escuchar el mediocre castellano de Chuck Berry. En inglés es otra cosa, di que sí, Ramona, y enséñanos cómo el autor de Johnny B. Goode es mucho más que su inmortal himno.


jueves, 10 de junio de 2021

The Clash

Tenía razón el querido amigo Don Guzz (y experto en lides roqueras) al decir que los tres álbumes que más evidentemente servirían para explicar qué es el punk rock serían los debuts de Ramones, Sex Pistols y The Clash. Más allá de disquisiciones protopunk y high energy (y sin olvidar el singular caso de los Dictators), cualquier mocoso o adulto curtido reconoce como punk primigenio los acordes sencillos y ruidosos de Blitzkrieg Bop, God Save The Queen o I'm So Bored With The U.S.A., por mucho que el mayor de los eruditos les diga que los Kinks, los Who, Mott The Hoople o los Pink Fairies (en el Reino Unido) y la Velvet Underground, los Stooges, MC5 o los New York Dolls (en los Estados Unidos) ya habían sentado las bases de aquellas canciones.

Varios son los matices políticos y estilísticos, sin embargo, que diferencian The Clash (1977) de Ramones y Never Mind The Bollocks. Si en el segundo y en la carrera de sus autores mandan la diversión y los problemas ligados a la adolescencia, y en el tercero, la irreverencia y el nihilismo libertario, en el debut del grupo de Joe Strummer la izquierda antiimperialista y revolucionaria deja su impronta en el mensaje de unos temas en los que —punk mediante y dominante— se cuelan trazas de rockabilly, pop y reggae (la larga versión de Police & Thieves). Exceptuando esta última, mandan las composiciones breves (cinco no llegan a los dos minutos) y explosivas, misiles socialistas antisistema y piezas míticas del rock inglés como Janie Jones, White Riot, London's Burning, Career Opportunities, Protex Blue o Garageland.

Pensado para atizar y entretener al mismo tiempo, el primer elepé de los Clash tendrá su continuación sonora en el no menos excelente Give 'Em Enough Rope, pero no será hasta el tercero de sus trabajos cuando los responsables de London Calling abran su abanico estilístico y dejen un sello indeleble (portada incluida) en la música popular. Aunque punkis, eléctricos y salvajes sea como yo los prefiera, es de justicia reconocer que los ecos de dicho doble plástico han tenido una resonancia superior a la de los dos anteriores. Pero ¡que vivan las crestas, los imperdibles y la distorsión, hostia!


 

lunes, 7 de junio de 2021

Swingin' With Bud

Las palabras que utilizábamos el año pasado para introducir The Lonely One (disco grabado en 1955) nos sirven para explicar brevemente el contexto en el que Bud Powell registra Swingin' With Bud dos años más tarde, en concreto el 11 de febrero de 1957; " (…) un músico —decíamos— de (todavía) mucha sensibilidad y riqueza capaz de dejar la enfermedad en la puerta del estudio y plantar cara a su infierno interior en beneficio de su arte". La severa enfermedad mental y su tratamiento médico hacen daño a su capacidad técnica (y emocional), pero el pianista logra que sus dedos domestiquen el teclado para imponer la belleza de sus notas una vez en el estudio en compañía de George Duvivier y Art Taylor.

Entra el trío de sopetón, como si le hubieran pillado en medio de una jam session, interpretando torrencialmente Another Dozen, la única composición que aporta Duvivier, y delimitando el terreno bebopper que, sumado al swing del título del elepé, nos da las claves de la música que contiene. Responsable de la transformación del stride y el swing del genial Art Tatum en el nuevo lenguaje del jazz en los años cuarenta, el Powell que aquí encontramos es un músico ya tan clásico como Charlie Parker, Thelonious Monk o Dizzy Gillespie, de quien no por casualidad escoge dos temas para versionar: Shaw 'Nuff y un Salt Peanuts que también era ejecutado en el mencionado The Lonely One. Son sin duda las dos lecturas de Gillespie de lo mejor de un álbum excelente y sin desperdicio en el que la labor de Powell se ve constantemente refrendada y expandida por la felicidad rítmica de las baquetas de Taylor y el contrabajo de Duvivier. Si los últimos trece años de la vida de Bud Powell fueron muy difíciles para nuestro pianista, que moriría con solo cuarenta y uno en 1966, ello no impidió que nos dejara para la eternidad sonidos de la hermosura de este Swingin' With Bud que hoy nos apetecía reivindicar.

jueves, 3 de junio de 2021

Cerca de las estrellas

Curioso que un grupo especializado en música instrumental como Los Pekenikes alcanzara su cénit con una composición de Alfonso Saiz cantada por el baterista Félix Arribas. Cerca de las estrellas es un hito de la música popular española, single de 1968 que también encontramos en el álbum Alarma y que no desentonaría —por sonido y calidad— en el extraordinario Forever Changes de Love, aunque no es difícil encontrar asimismo concomitancias con Traffic o los Byrds. Vientos, guitarras, bajo y batería ponen en pie una joya absoluta de musicalidad desbordante y peculiar, pop psicodélico de tintes progresivos y letra espacial cuyo "lugar donde siempre brille la luz en las tinieblas" no volverá a encontrar la banda madrileña.  La otra mitad del sencillo la ocupa Soñar no cuesta nada, corte instrumental orquestado por Waldo de los Ríos cuyos aromas funk y soul nos invitan a bailar. Si quieren pasear, pues, Cerca de las estrellas acudan una y otra vez a estos sonidos mágicos registrados por Los Pekenikes y producidos por Rafael Trabucchelli. No lo olviden.



lunes, 31 de mayo de 2021

Till The End Of The Day

Expeditivos e inmediatos. Así son los primeros Kinks cuando enchufan las guitarras y en 1964 plantan la semilla del hard, el high energy y el garage rock con esos dos tremendos sencillos llamados You Really Got Me y All Day And All Of The Night. Till The End Of The Day y su cara B (Where Have All The Good Times Gone) vendrán al año siguiente aportando similar energía y construcción e inolvidables melodías, clásicos del rock and roll que formarán parte asimismo del tercer elepé de la banda (The Kink Kontroversy) y fin de una etapa que dará paso —pop costumbrista y barroco mediante— a la más gloriosa y decisiva de los ingleses. Especialmente resplandecientes, los dos minutos largos de Till The End Of The Day, con esa guitarra autoritaria que anuncia el tema, respiran la misma autenticidad y pureza de las perlas seminales de Little Richard, Buddy Holly, Elvis Presley o Eddie Cochran Un poquito más larga que su compañera, Where Have All The Good Times Gone se cuece en aguas casi idénticas, aunque un pelín más lentas y sin el solo de guitarra de Dave Davies que vivifica la cara A. Dos canciones magníficas, en todo caso, que nunca dejarán de sonar en los platos o reproductores de los amantes de la mejor música.



miércoles, 26 de mayo de 2021

Restrictions

Tercer y último plástico de la formación original de Cactus (y segundo publicado en 1971), en Restrictions todavía roquea el cuarteto con clase y potencia, hard y blues rock de primera categoría presentado en siete cápsulas propias y una ajena escrita por Willie Dixon para el genial Howlin' Wolf (Evil), compositor el primero que ya había sido versionado en el primer y homónimo álbum de los autores de One Way… Or Another. Ninguno de los ocho cortes tiene desperdicio, pero para mi gusto sobresalen el que espectacularmente abre y titula el trabajo; el delicioso boogie de cadencia lenta y magnífica slide del invitado Ron Leejack (Token Chokin'); los casi nueve minutos de Guiltless Glider, tema progresivo con solo de batería de Carmine Appice incluido; la mencionada y zeppeliana lectura de Evil y el rock pesado de Bag Drag, cantado por Rusty Day como si no hubiera una mañana y extraordinariamente puesto en escena por la guitarra de Jim McCarty, el bajo de Tim Bogert y la batería de Appice. McCarty y Day dejarán la banda tras grabar Restrictions y Bogert y Appice incorporarán nuevos músicos y registrarán un bastante inferior 'Ot 'N' Sweaty antes de dejar hundir el barco y zarpar junto con Jeff Beck a bordo del mítico Beck, Bogert & Appice. Pero, por supuesto, esa es otra historia que habrá que contar en otro momento.



lunes, 24 de mayo de 2021

Hitmen

Merece el aprobado el debut homónimo de los Hitmen, sí, pero sufre si lo cotejamos con el álbum póstumo que también en 1981 publicaba Radio Birdman (Living Eyes) e incluso con el segundo de los australianos, It Is What It Is. Al contrario que los New Christs de Rob Younger, no llegarán los Hitmen de Chris Masuak y Warwick Gilbert al nivel de los autores de Radios Appear, ramificaciones ambas de la madre del high energy aussie y nombre esencial del rock de los setenta. Se factura en Hitmen un rock and roll pegadizo que funciona mejor en su primera mitad, a pesar de estar ambas caras del elepé original lastradas relativamente por esa producción hinchada y ochentera que ha envejecido realmente mal. Big Love y su irresistible estribillo; I Want You y su parecido al I Was Made For Lovin' You (aun siendo más roquera y mucho mejor canción que la de Kiss); el punk rock dictatorial de I Don't Mind; los ecos del Iggy Pop de New Values en Death Grip; el blindaje new wave de Corridors Of Power; el brío rocker de Oh No y Don't Hit Girls; más nueva ola en un Mercenary Calling que baja el nivel al igual que In Your Eyes lo sube al decantarse por el pop atmosférico de origen Birdman; y, por último, I Stand Alone, otra ración de punk para completar el plástico: diez temas que no cambiaron el devenir de la música del diablo pero que pueden alegrar una tarde al oyente interesado por los sonidos que he intentado describir.

miércoles, 19 de mayo de 2021

Drive On

La marcha de Ian Hunter y Mick Ronson (que había reemplazado brevemente a Ariel Bender) no impidió que Pete Overend Watts, Dale "Buffin" Griffin y Morgan Fisher continuaran adelante con Mott The Hoople, aunque acortando el nombre y dejándolo solo en Mott. Nigel Benjamin y Ray Major serán los encargados de ocupar el lugar de Hunter y Ronson, igual que Watts pasa ser el compositor de la banda sustituyendo al primero. El resultado anida más en el elepé previo a Drive On (1975) o en el debut en solitario del autor de All American Alien Boy ese mismo año, por acotar en el tiempo, pues sin negar que el primero de los dos discos de Mott sea un buen trabajo, la comparación con Ian Hunter o The Hoople evidencia dónde estaba el talento verdadero y perentorio en un grupo que nunca ha ocupado el lugar merecido en la historia del rock. Dicho esto, e incluso contradiciendo el título del plástico para afirmar que era muy discutible que hubiera que seguir adelante, hay en él rocanroles de los que disfrutar (By Tonight, Monte Carlo, She Does It, Stiff Upper Lip, It Takes One To Know One, cortesía de Buffin) y que hacen que el conjunto merezca la pena, a pesar de algún momento irritante como The Great White Wail (imaginen un remedo cutre de Rush) o de baladas menores como I'll Tell You Something o Here We Are. Es decir, que si alguien escucha Drive On esperando un Brain Capers o un All The Young Dudes se llevará una decepción; si no es así, seguramente pasará un buen rato, especialmente con su primera mitad.

lunes, 17 de mayo de 2021

Welcome To The Jungle, Nightrain

Si bien tanto una (Welcome To The Jungle) como otra (Nightrain) fueron singles en 1987 y 1989 —respectivamente— del espectacular debut de Guns N' Roses, Appetite For Destruction, ambas canciones fueron también extraídas conjuntamente de su primer álbum en un sencillo británico y alemán de 1988 ante el que hay que arrodillarse por contener las mejores composiciones del grupo angelino en mi opinión. Hard rock, punk y un pequeño trozo de psicodelia a lo Whole Lotta Love son los subgéneros que alimentan Welcome To The Jungle, soberbia descripción de la jungla de asfalto (que dirían W. R. Burnett y John Huston) que lleva ecos de AC/DC, Led Zeppelin, Dead Boys y Sex Pistols pero que manifiesta un sonido propio que crece sobre experiencias personales y una gran ambición artística. Nightrain es una irresistible andanada rocker de riff stone, macarrismo digno de Rose Tattoo y tremendas guitarras de Slash e Izzy Stradlin. Doble cara, pues, sensacional de una banda anclada siempre en la polémica y castigada por la fama pero que fabricó rock and roll tan excitante como el de Celibate Rifles o Union Carbide Productions.

jueves, 13 de mayo de 2021

Wanted To Do One Together

Publicado también como Ben & Sweets en reediciones de la década de 1980 en adelante (la mía de 2013 sin ir más lejos), Wanted To Do One Together recoge a los maestros Ben Webster y Harry "Sweets" Edison en doble sesión de 6 y 7 de junio de 1962 en los estudios de Columbia de Nueva York, un momento y una ciudad en los que el free jazz y Ornette Coleman se están llevando todo por delante a la espera de que John Coltrane dé el paso definitivo en un par de años. No importa: que dos gigantes del swing —curtidos con Duke Ellington y Count Basie— pudieran parecer fuera de lugar a la sazón con su propuesta demodé afecta a una coyuntura pretérita que hoy nos da casi igual, especialmente porque la música que tocan en compañía de Hank Jones, George Duvivier y Clarence Johnson es estupenda y está interpretada con la mayor de las calidades (y de las honestidades).

El texto de la portada original aporta más información sobre las intenciones del saxofonista y el trompetista, su actitud a la hora de enfrentarse a la grabación: "Ben Webster & "Sweets" Edison querían hacer uno juntos. Muchos años habían pasado desde su último encuentro y querían verse y escucharse de nuevo. Los gratificantes resultados de su reunión están aquí. En un momento en que algunos están conduciendo al jazz a una tercera vía ["third stream"] bastante superficial y otros están ocupados exhumando las raíces, Webster y Edison solo están motivados por la pura pasión de tocar. Duke Ellington lo sabe: Webster estuvo primero en la banda de Ellington en 1935, estuvo en la banda de manera continuada de 1939 a 1943, y se unió de nuevo al grupo durante unos meses en 1948. Count Basie lo sabe también: comenzando en 1937, Edison pasó trece años en la banda de Basie". Sin evitar cierta condescendencia y conservadurismo (lo de "bastante superficial" en relación con el third stream no anda muy desafinado, pero me temo que se usa como acusación a cualquier subgénero de vanguardia), el texto trae datos de interés y da en el clavo en lo de "pura pasión de tocar". Esa pasión, ese placer son captados por el oyente desde el primer corte, alegría hecha de improvisaciones clásicas muy melódicas.

Los nueve minutos de Better Go regalan, por ese orden, solos ejemplares de la trompeta de Sweets, el contrabajo de Duvivier, el saxo tenor de Webster y el piano de Jones en un tema que adelanta la belleza que está por venir. How Long Has This Been Going On? demuestra que Webster —protagonizando y dominando la pieza— pasa del tempo rápido del swing al lento de las baladas sin despeinarse protegido por una base rítmica la mar de cálida. Kitty retoma cadencia y aromas de Better Go, pero deja a Duvivier sin intervención solista. My Romance es la segunda balada del plástico, si bien Sweets suma su trompeta al tenor de Webster, improvisando entre los dos solos del segundo. Vuelta a la (relativa) velocidad en Did You Call Her Today?, donde se incluyen, al igual que en Kitty, solos de Sweets, Webster y Jones, teniendo que lucir Duvivier y Johnson —una vez más— su categoría en el acompañamiento. Cierra el álbum una lectura de la mítica Embraceable You, empatando las baladas con las que no lo son (tres y tres) y siendo Sweets en este caso el líder de la puesta en escena. Como dicen ambos títulos yuxtapuestos, Ben & Sweets Wanted To Do One Together, y sus deliciosos sonidos les dieron la razón. Aun no quebrantando las normas.


 

lunes, 10 de mayo de 2021

Neu! 2

Más vanguardista incluso que su predecesor (por las circunstancias que ahora detallaremos), el segundo disco de Neu! sigue anticipando la música electrónica del futuro, el punk, el noise, el post punk y el rock industrial, amarrado al discurso genuino del dúo teutón. Un elepé cuya portada transmite la continuidad en la ruptura de quien mediante matices o alteraciones nacidas de la necesidad se mantiene firme en el axioma kraut de ser —intelectual y artísticamente— la variante europea de la música rock, pues aun siendo geográficamente europea y manifestándose peculiar, la Britsh Invasion hay que situarla en el mundo anglosajón, epígono del blues eléctrico, el rock and roll y el pop, claro, norteamericanos.

Für Immer abre Neu! 2 (1973) recordando por duración y ritmo motorik a la soberbia y mítica pieza que inauguraba su debut —Hallogallo—, once minutos que encandilan sin sorprender, aunque las similitudes hablen de coherencia y personalidad y no de repetición o ausencia de ideas. Spitzenqualität cruza música concreta, ambient y la percusión agresiva (primero) y ralentizada (después) de Klaus Dinger; los sonidos del viento pasan a Gedenkminute (für A + K), una miniatura utilizada como puente a Lila Engel, motorik endurecido que los Sex Pistols y otros de la misma calaña debieron escuchar en algún momento de su vida previa a la fama.

La cara B del trabajo es en la que me apoyo para defender la afirmación que encabeza este texto. Dinger y Michael Rother se quedaron sin blanca en medio de la grabación, inconveniente que suplieron con la imaginación extrema que supone coger un single del año anterior (el que contenía Super y Neuschnee) y manipularlo de mil maneras (la velocidad es la más obvia), sometiéndolo a todo tipo de perrerías hasta dar con un collage revolucionario y radical de veinte minutos que subvierte prácticamente todos los códigos melódicos o armónicos, incluida la dicotomía tonal/atonal, ya que es el juego con dos piezas (suerte de Variaciones Goldberg avant-garde y populares) preexistentes lo que determina el resultado sonoro, en absoluto la composición o la interpretación (aunque tomemos estos términos en un sentido lato que no excluya la conceptos experimentales del siglo XX). Neu! hizo de la necesidad virtud, o al menos apuesta estética, triple salto mortal sin red que a día de hoy todavía incomoda y provoca. Por supuesto, los remixes o remezclas que de aquí descienden son prácticamente intrascendentes, si no ridículos, si los comparamos con la segunda mitad de Neu! 2. Un milagro en el que la casualidad y los problemas pecuniarios tuvieron mucho que ver. El arte —tantas veces— es mucho más prosaico de lo que parece.


jueves, 6 de mayo de 2021

Brandenburg Gate: Revisited

Incluido en el excelente Jazz Impressions Of Eurasia, Branderburg Gate era un tema de siete minutos que el cuarteto de Dave Brubeck había construido partiendo de la música de Bach y que en Brandenburg Gate: Revisited se iba a ir a los dieciocho y medio con el añadido de una orquesta cuyos arreglos corren a cargo del hermano del pianista, Howard. Aunque el resto del álbum contenga cuatro piezas, es la composición revivida y reformada la que debe ocupar el análisis principal del elepé, ya solo por el título del mismo y porque sumadas Summer Song, In Your Own Sweet Way, G Flat Theme y Katty's Waltz su duración es inferior a la de Branderburg Gate.

No es mala o banal la orquestación de Howard Brubeck, pero en nada mejora el original en el que ya estaban Dave, Joe Morello y Paul Desmond y Joe Benjamin se ocupaba del contrabajo que aquí maneja Gene Wright; de hecho, lo más interesante son las improvisaciones de Brubeck y compañía, consiguiendo relativamente que sea el jazz y no la música clásica quien lidere el desarrollo del tema. Los otros cuatro restantes y mencionados inciden en lo que ha hecho su hermano mayor, lecturas de piezas pertenecientes a trabajos previos (Jazz Impresions Of The USA, Brubeck Plays Brubeck y Time Out), excepto la única que no escribe Dave sino Howard Brubeck, G Flat Theme, y quizá la mejor.

Experimento muy de la época vinculado al third stream (no es casualidad que se grabe en agosto de 1961), las revisiones que contiene Brandenburg Gate: Revisited se escuchan con una curiosidad de la que —sin negar ciertos valores— cuesta extraer demasiado placer. O si lo prefieren: no diré que no a quien se anime a hacerse con ellas, pero mucho antes les recomendaría, por ejemplo, los discos del autor de Dave Digs Disney que he nombrado en este texto.

lunes, 3 de mayo de 2021

On Parole

Lo que tenía que haber sido el debut de Motörhead en 1976 no verá la luz hasta finales de 1979 como su cuarto elepé, el mismo año en que el trío británico publica los inmensos Overkill y Bomber. United Artist no veía potencial alguno a On Parole, así que el grupo de Lemmy Kilmister acabaría registrando para otra compañía lo que sería su primer y homónimo disco, en el que cinco de las canciones que se escuchan en On Parole serían vueltas a grabar por los autores de Ace Of Spades. Para entonces, claro, ya no estaba Larry Wallis, pues "Fast" Eddie Clarke se había hecho con el puesto de guitarrista en una de las mejores bandas de rock and roll del planeta. 

Los sonidos que encontramos en este no debut son fácilmente predecibles (que no ejecutables) si tenemos en cuenta que Lemmy tenía como referencias a la hora de montar el trío a MC5 y Little Richard y venía de Hawkwind (con tres temas, Motorhead, The Watcher y Lost Johnny), Wallis procedía de los Pink Fairies (con uno, City Kids) y la versión incluida es el clásico de Motown Leaving Here; es decir, high energy, space rock y rock and roll seminal tocados por tres macarras renegados con ganas de ruido, ritmo y libertad. Tres composiciones de Larry Wallis (dos coescritas por Des Brown), On Parole, Vibrator y Fools, y una de la tercera pata de la banqueta galvanizada, el maravilloso baterista "Phithy Animal" Taylor, Mick Brown y Guy Lawrence, Iron Horse/Born To Lose, completan las nueve piezas de un álbum que, aun diferente a lo que vendrá, ya dibuja buena parte de lo que serán las señas de identidad de Motörhead si bien en un ambiente más expansivo, psicodélico e incluso bluesy; un álbum a reivindicar todas las veces que haga falta, y no solo por ser el único del trío en el que Larry Wallis toca su fantástica guitarra y canta en dos de los cortes.

jueves, 29 de abril de 2021

Expoobident

Sin llegar todavía a la altura de su obra maestra, The Sidewinder, el Lee Morgan de Expoobident demuestra el enorme talento del que, a pesar de su juventud, disfruta el trompetista, no en vano cuando en octubre de 1960 registra el elepé que vamos a comentar ya es dueño de una fulminante carrera en solitario y ha paseado su instrumento por el Blue Train de John Coltrane y el Moanin' de los Jazz Messengers de Art Blakey, grupo del que forma parte. Es precisamente el maestro Blakey quien se encarga de la batería, completando el quinteto Clifford Jordan, Eddie Higgins y Art Davis, saxo, piano y contrabajo respectivamente. Aunque la casa habitual de Morgan hasta su trágica muerte fue Blue Note, también grabó para algún que otro sello, como el caso de Vee-Jay, nombre bajo el que verán la luz Here's Lee Morgan y este Expoobident que no necesita más de media hora larga y siete temas para lucir su refinado hard bop. Quizá mi momento favorito del disco sea la interpretación que la banda hace de Easy Living (segundo y más largo de los cortes), que, ausente Jordan, no ya protagoniza, sino posee la trompeta de Morgan en modo balada; pero esta elección que hago no debe llegar a engaño a nadie: en cualquiera de los fragmentos de la grabación, y gracias a cualquiera de los músicos, podemos encontrar belleza y placer. Esos vientos, esas teclas, esas cuerdas y esas baquetas de quienes no tenían ni la remota idea de hacer las cosas mal o entregar un producto fútil al comprador, en este caso al de Expoobident.


lunes, 26 de abril de 2021

New Vibe Man In Town

Ese hombre que se ve de espaldas en la portada de New Vibe Man In Town es quien tan deliciosamente debuta en esta grabación del 6 y 7 de julio de 1961 para RCA. Exhibe Gary Burton su vibráfono con la categoría de quien ya es un excelente intérprete, y aunque desconocido tiene la suerte de ser acompañado por una base rítmica cuyas baquetas las maneja Joe Morello, batería del inmortal cuarteto de Dave Brubeck que a la sazón tiene a sus espaldas los magistrales Jazz Impressions Of Eurasia y Time Out. Garantiza la solvencia de las notas que emite el contrabajo Gene Cherico, completando un trío elegante y muy creativo que aborda clásicos como Over The Rainbow, Like Someone In Love o You Stepped Out Of A Dream e incluso se atreve con el por entonces reciente Sir John de Blue Mitchell. La sonoridad del instrumento que Lionel Hampton introduce en el jazz (y en la música en general) es tan peculiar que parece imposible que no domine un álbum y una formación liderados por un vibrafonista, si bien dicho dominio puede convertirse en abuso si no es tocado con precisión o evitando el exceso. Burton controla las láminas de aluminio y extrae de ellas bellísimas improvisaciones ayudadas por la pureza de una formación, la de trío, que no recuperará (si no me equivoco) hasta 1966 y The Time Machine, aunque en dicho disco le encontremos también al piano y la marimba. Ni Morello ni Cherico se quedan atrás, dando entre los tres con el clima exacto que garantice el placer durante la escucha de New Vibe Man In Town. Un primer paso muy firme de un maestro del vibráfono: Gary Burton.

miércoles, 21 de abril de 2021

All The Young Dudes

La producción, el saxo y los coros de David Bowie; el tema que regala al grupo y que va a titular el álbum (un All The Young Dudes que la banda acepta… ¡tras rechazar Sufragette City!); la versión de Sweet Jane que inicia la función; el material propio (Momma's Little Jewell, Sucker, Jerkin' Crocus, One Of The Boys, el Ready For Love que Mick Ralphs se llevará a Bad Company, etc.). Todas estas razones hacen de All The Young Dudes (1972) la obra maestra de Mott The Hoople, pero no serían suficientes sin la interpretación de un quinteto, el inglés, que en los años setenta —historia repetida en el mundo del rock— alcanza su cenit mientras camina a su destrucción. Y no serían suficientes, digo, porque sin Bowie y con otras canciones los creadores de Mad Shadows graban, un año antes y otro después, Brain Capers y Mott, dos trabajos espléndidos que demuestran que lo suyo no es flor de un día ni su talento necesita de agentes externos para refulgir. Ian Hunter, Mick Ralphs, Overend Watts, Buffin, Verden Allen e invitados como el autor de Ziggy Stardust (que ve la luz durante las sesiones de Dudes), Mick Ronson o Ariel Bender (en breve miembro estable) ejecutan sobresalientemente la música del diablo, con los calificativos de glam y hard al acecho pero con el sustantivo rocanrol como suficiente e incluso más preciso. Quizá el mejor elogio que se pueda hacer de All The Young Dudes es que en un año en el que se publican algunos de los mejores elepés que haya dado el rock (el mencionado de David Bowie, School's Out, Exile On Main St., Neu!, Machine Head, #1 Record, Talking Book, Ege Bamyasi o Roxy Music), el de Mott The Hoople resulta igual de convincente y redondo.


 

lunes, 19 de abril de 2021

Ceguera psicosomática y carcajadas sin cuartel

No creo que nadie ponga en duda que la gloria artística de Woody Allen se circunscribe a parte de su obra del siglo XX. Películas como Manhattan (1979), Zelig (1983), Delitos y faltas (1989), Maridos y mujeres (1992) o Misterioso asesinato en Manhattan (1993) llevan la marca de un creador excelente de mucha personalidad narrativa y visual que, demostrando tener un mundo absolutamente propio, experimenta con técnicas y recursos de todo tipo que formalicen de múltiples maneras su idea cinematográfica. Su inquietud y curiosidad han ido menguando a lo largo de este siglo, aunque la disminución de la calidad de sus largometrajes no ha significado que deje de ser el mismo director prolífico o que no haya entregado alguno verdaderamente válido. Si en el lado dramático ha rodado la perfecta Match Point (2005), en el cómico nos entregaba en 2002 Un final made in Hollywood, donde el surrealismo disparatado y desternillante de sus primeras cintas va de la mano de una mirada madura y una puesta escena sólida y sabia aprendida con los años de oficio.

La historia de un director que pierde la vista justo a punto de empezar el rodaje de la película que puede devolverle el prestigio y hacerle olvidar el espantoso negocio de la publicidad audiovisual al que se visto desplazado sirve para que Allen plantee por enésima vez sus neuras e intereses —centradas en el protagonista que también encarna—, pero injertadas en un guion que progresa con exactitud y cuyo humor no convierte a sus personajes en burdas caricaturas que sean marionetas sin vida o sentido de una trama bufa. Todo lo contrario. El autor de La comedia sexual de una noche de verano (1982) consigue tirarnos al suelo de la risa e ironizar sobre una cosa y la contraria —no dejar títere con cabeza— mientras conocemos perfectamente las motivaciones y debilidades de los protagonistas y percibimos el trasfondo dramático de lo que se narra. Pocas escenas pasan sin que la sonrisa o la carcajada estentórea salga de la garganta del espectador, atento a este esperpento en el que el éxito o el fracaso no hacen mejores o peores a las personas, simplemente elevan o merman su nivel de vida. El giro final del argumento redondea el círculo de alusiones irónicas y da carta de naturaleza al título elegido por Woody Allen, Un final made in Hollywood cuyas virtudes, detectadas en el momento de su estreno, su revisión no ha hecho sin confirmar.