lunes, 29 de noviembre de 2021

Daily Urban Times

Fue el segundo y último trabajo de un grupo al que unos pocos conocimos y disfrutamos, aunque su eco debería haber sido mayor. Daily Urban Times (2006) perfeccionaba el manual de estilo de los Winnerys, especialmente al mejorar la producción de And… The Winnerys, debut de la banda madrileña. Es obvio que la influencia de los Beatles es enorme en la música que escuchamos (también la hay de los Kinks, de los Hollies, de los Zombies, de Big Star o de Badfinger) y que el pop de los sesenta está incluso en esa portada que recuerda al Forever Changes de Love, pero las quince composiciones que durante una hora larga nos deleitan tienen la suficiente calidad como para ir más allá del homenaje rancio. Fausto Martín, Javier Polo, Borja Buenafuente y Nacho García —veteranos de otras batallas— se toman muy en serio su arte, evidenciando de dónde vienen y alimentándose del pasado, pero interpretándolo en estricto presente. Sí, My Daily Ray Of Sunshine nace de Day Tripper; My Little Good Friend la ha escrito alguien (Martín en este caso) que conoce bien Julia o Blackbird; Get Into My Life parece haber salido de las sesiones de A Hard Day's Night y Peace In The World —aquí me detengo— suena a canto utópico del primer John Lennon. De acuerdo. Pero atentos al sonido de las canciones, a la calidad de las notas escritas, a las armonías vocales de los cuatro miembros, a la convicción de la puesta en escena… No hay entonces déjà vu que valga, lo que aquí se cuece es la admiración de un cuarteto por unas maneras pretéritas y clásicas que ejerce de espuela creativa, no clónica. Aun declarando que todos los cortes son brillantes quiero destacar los dos más largos, Urban Lady Blues (magnífica sección de cuerda incluida) y el emocionante cierre* de So Many People, y el veloz y feliz power pop de No Longer White, no solo por sus cualidades melódicas, sino por una letra que ataca sin cortapisas a ese tosco y brutal asesino que alegremente invadió Afganistán e Irak mientras presidía los Estados Unidos. Hasta en lo político tiene su punto Daily Urban Times, pequeña joya del rock patrio que, si no me equivoco, fue disco del mes ex aequo en Ruta 66 junto con el colosal primer álbum de Green Manalishi. Como el de los Winnerys, pasto para minorías que imagino los fans de Eva Amaral, solvente colaboradora en dos de los temas, no tienen a bien conocer.

*En la edición española de Rock Indiana, en la norteamericana y previa de Rainbow Quartz International el orden varía, siendo Humble Heart su despedida.

miércoles, 24 de noviembre de 2021

Newk's Time

Seguimos en modo Blue Note tras hablar del Like Someone In Love de Art Blakey y sus Jazz Messengers. En el mismo estudio de Rudy Van Gelder se reunía el 22 de septiembre de 1957 un cuarteto espléndido comandado por un Sonny Rollins que se comía el saxo tenor y lo convertía en formidables sonidos improvisados. Autor ya de Tenor Madness, Saxophone Colossus o Way Out West, es Rollins un intérprete infalible que, además, sabe rodearse de músicos sobresalientes, como lo son, en el caso de Newk's Time, Wynton Kelly (piano), Doug Watkins (contrabajo) y Philly Joe Jones, batería a la sazón del grupo de Miles Davis. El groove fulgurante de Watkins y Jones sostiene e impulsa los solos de Rollins y Kelly, excepto en The Surrey With The Fringe On Top, donde baterista y saxofonista dialogan poderosamente sin otra compañía. Si bien hay que aplaudir todas y cada una de las intervenciones del autor de The Bridge y el pianista de Brooklyn, y no soslayar las de Watkins, es la actuación de Jones a lo largo y ancho del elepé —encargándose de llevar el ritmo o improvisando, no en vano le dedica Rollins la única composición que aporta, Blues For Philly Joe— lo que más llama mi atención, percusionista en estado de gracia absoluto en la segunda mitad de los años cincuenta que, sirva de ejemplo, una semana antes había colaborado en la grabación de otro clásico del sello, el Blue Train coltraniano. Discos bastante olvidados del nivel de este Newk's Times —qué sonido y qué prestancia los de la banda, lo repito las veces que haga falta— dan la talla de una carrera extensísima que no se sustenta solo en las obras maestras citadas en este texto: la de Sonny Rollins.

lunes, 22 de noviembre de 2021

Like Someone In Love

Restos de las sesiones del 7 y el 14 de agosto de 1960 que habían nutrido el A Night In Tunisia de 1961*, los cinco temas de Like Someone In Lovesin razón artística alguna— no verán la luz hasta 1967 . El impresionante quinteto que graba ambos elepés de Art Blakey y sus Jazz Messengers (Blakey, Wayne Shorter, Lee Morgan, Bobby Timmons y Jymie Merritt) borda el hard bop tanto en uno como en otro, así que el cajón que guardó el segundo de ellos, y objeto de nuestro análisis, no lo hizo para ocultar al mundo un desastre musical indigno de sus autores.

Encargada de encabezar y poner nombre al álbum, Like Someone In Love (la canción que cantaran en los años cincuenta Frank Sinatra y Ella Fitzgerald y que había sido compuesta la década anterior por Jimmy Van Heusen y Johnny Burke para una película olvidada protagonizada por Randolph Scott) muestra desde un principio el potencial y la elegancia de nuestros hombres, especialmente el de la trompeta de Morgan y el piano de Timmons, creadores de las dos improvisaciones que posee el tema. Johnny's Blue, escrita por Morgan, contiene solos de éste, Shorter, Timmons y Blakey, destacando los que de saxofonista y pianista se yuxtaponen. Los tres cortes que van a completar el trabajo los trae Wayne Shorter. Noise In The Attic tiene un ritmo explosivo que se debe a un Blakey espectacular protagonista durante sus casi ocho minutos: ¡qué nervio el de sus baquetas, qué belleza la de sus excursos, qué poder el de su solo sin dejar de ser nunca el metrónomo necesario! La balada llega en forma de Sleeping Dancer Sleep On, territorio para que los vientos de Morgan y Shorter y las teclas de Timmons nos encandilen, sí, pero no olvidemos las escobillas del cabecilla del grupo y las notas sobrias y precisas del contrabajo de Merritt. Giantis pone punto final a Like Someone In Love con alegría, fiesta que dirige un Art Blakey feliz en la línea de Noise In The Attic. La magia de Blue Note y el estudio de Rudy Van Gelder ponen el resto para que nos despidamos con una sonrisa en la boca.

*No confundir con el elepé de título idéntico publicado tres años antes por una formación totalmente diferente de los Jazz Messengers en la que solo está su líder.

miércoles, 17 de noviembre de 2021

Mott

Sin David Bowie produciendo ni regalando composiciones, Mott The Hoople mantenía las coordenadas y el nivel del magistral All The Young Dudes gracias al no menos soberbio Mott (1973). Y es que el elepé abre a lo grande mediante All The Way From Memphis, uno de los himnos definitivos del grupo inglés cuyos patrones rocanroleros lucen vestimentas glam y hard y el apoyo del saxo invitado de Andy Mackay. Partiendo de un riff que recuerda al de Ready For Love, la musicalidad de Whizz Kid debe lo mismo (si no más) al piano de Ian Hunter y al sintetizador de Morgan Fisher que a la guitarra de Mick Ralphs. Cuesta imaginar un disco de Mott The Hoople (o de Hunter en solitario) sin baladas, así que Hymn For The Dudes viene a corroborar nuestra afirmación. Para afirmar que la canción recuerda al autor de Hunky Dory no hace falta sino escucharla, aunque suene a Hoople por los cuatro costados, pero no viene mal constatar que los coros femeninos que la adornan están realizados por las Thunderthighs, tres mujeres que ya habían participado en Transformer, el álbum de Lou Reed producido por Bowie y Mick Ronson. Breve y festiva, Honaloochie Boogie cuenta por segunda vez con Mackay y su saxo tenor. Otro típico riff de la guitarra de Ralphs da comienzo a Violence, corte cercano al hard rock en el que destaca el "violín demencial", así lo aseguran los créditos con buen criterio, de Graham Preskett. Rock and roll de interludio psicodélico, el de Drivin' Sister carbura de fábula. Solo por su título podemos adivinar que Ballad Of Mott The Hoople es la segunda balada de la función, si bien bastante menos épica que Hymn For The Dudes, debido a su música y a una letra que incluye versos como "El rock and roll es un juego de perdedores". Cede Ian Hunter a Mick Ralphs las labores vocales y compositivas en la conjunción de I'm A Cadillac y El Camino Dolo Roso, rock muy de la época el primero, corte instrumental el segundo protagonizado brillantemente por las guitarras eléctrica y acústica de quien va abandonar la banda para fundar Bad Company. Cambia nuestro hombre la guitarra por la mandolina en la emocionante despedida que supone I Wish I Was Your Mother, donde la influencia de Bob Dylan sobre Hunter (inflexiones de la voz y cadencia en concreto) se hace patente, al igual que antes y después en su carrera. Noveno y último tema de un elepé espléndido de una banda que todavía, y ya sin Ralphs, grabará otro disco totalmente recomendable, The Hoople. Quien no la conozca (y no será porque aquí no hemos hablado de ella) que se ponga a hacer los deberes inmediatamente o su entendimiento del rock será limitado.


 

lunes, 15 de noviembre de 2021

Love And Theft

El gozoso swing rock de Tweedle Dee & Tweedle Dum nos introduce sin ambages es un trabajo que abandona la metafísica del anterior álbum de Bob Dylan —Time Out Of Mind— para pisar terrenos más tangibles, los de la tradición de su país hechos canciones incontestables durante la hora que dura Love And Theft, publicado el mismo día de 2001 en que dos aviones destruían dos torres y miles de vidas en el corazón de Nueva York. Hay en la entrada de siglo que hace Dylan menos oscuridad y vanguardia, pero el autor de Blonde On Blonde mantiene la excelencia produciendo él solo sin Daniel Lanois y rodeado de una serie de músicos magníficos.

Absolutamente soberbia y emocionante es la segunda de las canciones, que Dylan ya había grabado durante las sesiones de Time Out Of Mind y que Sheryl Crown había hecho suya en The Globe Sessions. Mississippi se abre al mundo en su versión definitiva, perfecta, la del Mozart de la música popular diciéndonos que:

"Cada paso que damos pisamos la raya
Tus días están contados, y también los míos
El tiempo se acumula, luchamos y sufrimos
Estamos acorralados, no hay vía de escape".

El verano y el rock and roll se alían deliciosamente en Summer Days. Swing de la vieja escuela, el de Bye And Bye es brillante aunque carezca de la contundencia de Lonesome Day Blues, espléndido blues eléctrico con ese regusto a fanfarria que desde mediados de los años sesenta fabrica Zimmerman sin profilaxis. Entre el bluegrass y el swing se desarrolla Floater (Too much To Ask), mientras que High Water (For Charley Patton) se decanta por el country blues al homenajear al mítico músico de Misisipi. Más swing y folk nos vamos a encontrar en la preciosa balada Moonlight. Acelerando el tempo, Honest With Me apuesta de nuevo por el blues a lo Dylan, emparentándose con el Everything's Broken que contenía Oh Mercy. El folk que lleva dentro algo de jazz es el que construye Po' Boy antes de que el blues amplificado salte a la palestra por tercera vez bajo la denominación de Cry A While. La composición más larga del trabajo, Sugar Baby, sirve para que Dylan eche el cierre y se repliegue mediante un folk bellísimo y fantasmagórico donde, en palabras geniales de Joserra Rodrigo, nos "quiere recordar que él fue Wilco antes que Wilco". Ni en sus mejores sueños fabricaría la banda de Jeff Tweedy —no citen Being There, yo también lo adoro— una obra del calado de Love And Theft. Contra el mejor Bob Dylan no hay nada que hacer. Sí, una cosa: sentarse y escuchar.


 

miércoles, 10 de noviembre de 2021

Shine

Más incluso que su primer y único elepé, el epé con el que en 1989 debutaba Mother Love Bone (Shine) sitúa al grupo de Andrew Wood —víctima de la heroína con solo veinticuatro años— como nexo evidente entre el sleaze o glam metal y el grunge. No en otro lugar colocaría a la pieza que lo abre, un Thru Fade Away que parece viajar de Appetite For Destruction a Ten, pues bien es sabido que Jeff Ament y Stone Gossard formarán Pearl Jam tras la muerte de Wood. Mindshaker Meltdown es un rock and roll con ecos de Aerosmith y epígonos de los ochenta. En similar tesitura que el primer corte se halla el tercero, Half Ass Monkey Boy, antes de que Chloe Dance y Crown Of Thorns (que cerrará en solitario Apple) se fundan en una sola e inolvidable balada que nos hace llorar a Wood eternamente. Aunque en versión diferente, también estará en el debut largo de Mother Love Bone Capricorn Sister, que Shine añadirá en formato CD junto con Zanzibar. Un brillante primer paso previo de una banda que se quedó en un quizás a pesar de su indudable importancia histórica y de la calidad de sus grabaciones.


 

lunes, 8 de noviembre de 2021

Prólogo de Lux & Ivy

El segundo libro de Juanjo Mestre ya está a la venta, un excelente acercamiento al universo de los Cramps que he ayudado a corregir y he prologado, tal y como ya hice en su anterior e imprescindible 1050 discos cardinales. Pero hay una cosa más que adelanto en el texto que encabeza el libro y que pueden leer seguidamente: sin haberme inmiscuido en ello y sin haberlo pedido ¡Juanjo me ha convertido en uno de los protagonistas del libro! Cómprenlo para saber más y disfruten de Lux & Ivy. Una cita con los Cramps.

"Tocar el mismo rock and roll de los orígenes desde una perspectiva única, serle fiel sin imitarlo." Así describía quien esto firma la música de los Cramps en un texto sobre su primer y extraordinario elepé, Songs The Lord Taught Us. Y no me cito por vanidad o pereza —que bien podría ser—, sino porque creo que dicho axioma queda claro tras leer el libro de Juanjo Mestre sobre la banda californiana. Lux Interior y Poison Ivy eran enciclopedias sobre el rock and roll, en especial en su vertiente rockabilly, pero su afán de rescatar a oscuros artistas de las décadas de 1950 y 1960 y de reivindicar un subgénero concreto no se hizo en contra de construir un imaginario estético propio y sonar como nadie lo había hecho antes. Las docenas de versiones que se pasean por el libro de Juanjo pueden cotejarse con las originales y, si a alguien todavía le quedan dudas, puede tumbarse a escuchar del tirón la discografía de los Cramps, en especial su mencionado debut, Psychedelic Jungle y A Date With Elvis. O puede fiarse de un servidor y viajar conmigo a 1998 a la localidad madrileña de Móstoles. Allí se celebraba la primera jornada del Festimad, cuyo cartel incluía a los autores de Stay Sick y a los no menos egregios Motörhead. El trío de Lemmy, que presentaba Snake Bite Love, dio un fenomenal concierto (pasado por barro) que a mí me pareció insuperable. "Solo algo sobrenatural podría superar esto", es posible que pensara. Y ese algo sobrenatural —ya lo habrán adivinado— eran los Cramps. Liderada por un Lux Interior fuera de sí que casi acaba derribando todos los altavoces que colgaban de la parte alta del escenario, la banda ofreció un soberbio espectáculo eléctrico y teatral que nunca se me ha ido de la cabeza y —sin ser su intención— dejó a la altura del betún a quienes aquel 1 de mayo (la causa obrera en declive) eran cabezas de cartel: The Offspring y Pennywise. Gracias a las palabras y las imágenes de este estupendo libro de Juanjo Mestre, del que también soy protagonista, estos y otros recuerdos saltan a mi palestra cerebral para sacudirme de arriba abajo con ese altar profano de rockabilly, garage rock, punk y psicodelia —psychobilly— que tan admirablemente erigió el inseparable binomio Interior/Ivy o Ivy/Interior. Si disfrutaron con 1050 discos cardinales, obra anterior de Juanjo, con este Lux & Ivy lo harán igual. Si no más."

jueves, 4 de noviembre de 2021

Master Of Puppets

Si bien Battery comienza aludiendo al trash metal sin concesiones, tras un prólogo en que la banda juega a ser Andrés Segovia, es el metal progresivo ya anunciado en Ride The Lightning el que manda en Master Of Puppets (1986), tercer disco de Metallica que solo con el siguiente …And Justice For All superará el órdago aquí lanzado. Progresivo, eso sí, cargado de violencia y adrenalina que no abjura de los riffs tremebundos con origen en Tony Iommi y la velocidad de tintes hardcore. El tema que da título al plástico es tajante al respecto y glosa mientras las desarrolla las intenciones del grupo californiano, expuestas sin miramientos por las guitarras de James Hetfield y Kirk Hammett, la demoledora batería de Lars Ulrich y el bajo de un Cliff Burton que morirá meses después de la publicación del disco. De las ocho composiciones que hallamos me quedo con Disposable Heroes por su crudeza sonora y su letra antibélica que sitúa al soldado como mero objeto utilizado por los mandos castrenses, pero es de admirar la coherencia del conjunto a pesar de que el instrumental Orion tenga menos interés en mi opinión. La furia final de Damage, Inc. compensa los ocho minutos y medio sin voz previos y algo pretenciosos de una banda en su máximo esplendor que, como se ha dicho, todavía realizaría otra obra maestra antes de cambiar de década y entrar en una importante degeneración artística de la que, ya en este siglo, le sacarán Death Magnetic y, sobre todo, la soberbia colaboración con Lou Reed Lulu.


 

lunes, 1 de noviembre de 2021

Stranded

Nada que objetar a la marcha de Brian Eno de Roxy Music. Sin él, los de Bryan Ferry parieron un tercer plástico a la altura de los anteriores; en solitario, Eno debutaba con el esencial Here Come The Warm Jets. Buenas noticias musicales, pues, nacidas de las clásicas diferencias entre miembros de un grupo de rock, que en el caso de los autores de For Your Pleasure se traducía en las ocho canciones de Stranded de 1973.

Que la banda inglesa suena como siempre y no ha perdido el prurito experimental lo muestra Street Life nada más empezar. Asombra cómo Roxy Music conseguía el cruce perfecto entre el pop y la vanguardia, situándose en algún lugar milagroso e intransferible en el enorme camino que va —apostemos fuerte sin miedo al qué dirán— de los Monkees a Faust. Just Like You bate sus alas poéticas es forma de preciosa melodía y magníficos arreglos de piano, guitarra, bajo y batería. Se escora el sexteto al funk en Amazona y lo enriquece con elementos progresivos y de música concreta. Adagio perfecto y contenido que hace honor a su nombre, Psalm realiza un crescendo matizado cuya invocación concluye tajante ("Algún día Su casa será mi hogar / Para siempre jamás") lo que solo puede ser una senda de ironía antirreligiosa. Serenade va en la onda de Street Life, mientras que A Song For Europe se erige elegíaca entre la decadencia y la nostalgia —latín y francés comparten espacio junto con el inglés—, canción al viejo continente que me hace pensar —musical y conceptualmente— en el Berlin de Lou Reed, publicado solo meses atrás. Mother Of Pearl retoma ese funk progresivo que nadie más que Roxy Music cocinaba así para fundirse con Sunset, final modélico de sublime y delicada instrumentación que bien podría ser la descripción sonora del sustantivo belleza.

Si sumamos la portada que ven arriba al contenido descrito tendremos que —definitivamente— Stranded es un elepé en la línea cualitativa y formal de los creados con Brian Eno a bordo, línea que todavía se extenderá a Country Life y Siren para conformar un quinteto de salida al que cuesta encontrar parangón. Lo de "un grupo único" pocas veces ha estado tan justificado como al hablar de Ferry, Manzanera, Mackay y compañía.