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lunes, 13 de noviembre de 2017

Beyond Respect


No parece que vaya a reverdecer a estas alturas la vida discográfica de los Celibate Rifles, por eso podemos considerar Beyond Respect (2004) como su testamento, epítome de una carrera ejemplar que no se rindió a veleidades dictadas por la edad. You Won't Love Me lanza el cuchillo del high energy contra aquel oyente que pueda esperar que los años hayan moderado a la banda de Dave Lovelock y Kent Steedman, ¡ni de coña! Espectaculares riffs y solos de guitarra, una base rítmica rotunda y la voz grave de Lovelock dan vida a las canciones desde el primer momento, contundencia punk, garage y hard que solo cercenan la atmósfera psicodélica de la soberbia Alhambra —maravilla arquitectónica nazarí que sirve de inspiración a los autores de Roman Beach Party— y los suntuosos seis minutos de When We Meet Again, acechante medio tiempo que precede a las versiones del Nobody Knows de Destroy All Monsters y el My Generation de The Who (ésta oculta) que clausuran el trabajo. Fieles a los originales registrados, respectivamente, por norteamericanos y británicos, las lecturas de los Rifles suenan asimismo al quinteto australiano, virtud que éste tiene de apropiarse del material ajeno sin renunciar a su estructura. Homenaje a dos referencias básicas para los Celibate Rifle y cierre de un álbum excelente y de la obra en estudio de uno de esos grupos tan espléndidos como insuficientemente conocidos que pueblan el rock de nuestros antípodas. Cierre, lo repito, que a día de hoy se me antoja definitivo.

jueves, 21 de mayo de 2015

A Mid-Stream Of Consciousness


Cuatro años después de On The Quiet, repaso semiacústico de temas de la banda más cuatro versiones, los Celibate Rifles volvían a la carga mediante la electricidad parcial y previamente abandonada, nuevas composiciones y, esta vez, tres canciones ajenas. A Mid-Stream Of Consciousness (2000) se llamaba el artefacto, un notable álbum de rock and roll que añadir a la discografía de un grupo tan incapaz de decepcionar a sus seguidores como de conocer el éxito masivo.

El disco comienza abrasivo gracias a una tripleta de excitante high energy compuesta por Storm, The Paddo Sharps y I Shoulda. Las guitarras de Kent Steedman y Dave Morris siembran de acero el sonido conducido con firmeza por la base rítmica que forman implacables Nick Rieth y Jim Leone. G's Gone da un giro en busca de la canción sentimental heredera de Radio Birdman, especialmente por esos teclados atmosféricos tan propios del grupo de Deniz Tek y Rob Younger. Child Of Mine se mantiene en el ámbito de la balada, logrando mediante las guitarras acústicas, el vibráfono y la slide unas ricas texturas sonoras para el tema más largo del trabajo. Wake Up, sin embargo, es un zarpazo hard punk de menos de dos minutos al que sigue la dinamita stooge de Hammer (Consolation Prizes), protagonizada por un Damien Lovelock convertido en trasunto de Iggy Pop. Dark City encierra algo peligroso y vitando en su descripción melódica —primero acústica, después eléctrica— de la oscuridad urbana. Entre el swing y el rockabilly, Me And Slick And Willie se desliza placentera hasta que el frenético riff de Talk Back Saviour recupera la dureza rocker en la que también se asienta Tripping At The Mail (I Saw Your Cousin, She Was…), última de las canciones escritas por los Rifles.

Aunque presentadas como bonus tracks añadidos a la primera edición del CD y el elepé, las sabrosas lecturas de Child Of The Moon (Rolling Stones), I Will Dare (Replacements) y Journey By Sledge (Visitors) han quedado como parte definitiva de A Mid-Stream Of Consciousness, fieles a su construcción original pero interpretadas con un brío que esquiva el respeto excesivo. Brío que alimenta el disco al completo y que hace que pase como un gozoso suspiro… en el caso de que se conozca. De todos modos, y por lo general, ayer como hoy, el mejor rock sigue viniendo de Australia. Queda consignado.

lunes, 2 de septiembre de 2013

On The Quiet


Aproximación pausada a varios de su clásicos eléctricos, On The Quiet (1996) es una curiosidad que nos muestra la faceta (semi) acústica de uno de los mejores bandas australianas si de high energy rock and roll hablamos: los Celibate Rifles. Las versiones originales no son mejoradas, sí llevadas a un terreno más tranquilo en el que se degustan de una manera diferente, en especial las letras que salen de las graves cuerdas vocales de Damien Lovelock, quien cobra especial protagonismo al eliminar voltios las guitarras. Sentinel, This Gift, No Sign o Jesus On TV —de todas las maneras— siguen siendo grandes canciones, tratadas por sus propietarios con el mismo esmero que cuando las registraban para discos tan inolvidables como The Turgid Miasma Of Existence, Roman Beach Party, o Spaceman In A Satin Suit. Sin embargo, y por si hay quejas y para que nadie se sienta defraudado, la banda de Kent Steedman realiza en el último tercio del trabajo cuatro macanudas y consecutivas lecturas —con el amplificador encendido— de los Sports, Rose Tattoo, los Sunsets y los Lisptick Killers, compatriotas todos ellos de los Rifles. Así, Boys (What Did The Detectives [sic] Say?), Astra Wally, Hot Generation e Hindu Gods Of Love retoman la "pasión por el ruido", que diría Barricada, de nuestro grupo, nos levantan del asiento y hacen patria al mismo tiempo. Se puede vivir sin On The Quiet (no sin los Celibate Rifles, ¡que conste!), en fin, pero cuando se escucha gusta bastante. Por si tropiezan con él, ahí queda eso.

domingo, 24 de abril de 2011

Roman Beach Party

Nada tengo que objetar si al aficionado, al pensar en grandes discos paridos en clave de rock en el año 1987, le vienen a la cabeza Appetite For Destruction y Electric. Sin embargo, si —bien sea por criterios artísticos o desconocimiento— no acuden a su mente Sister, Pleased To Meet Me, In The Air Tonight o el elepé del que vamos a hablar (Roman Beach Party), entonces sí encuentro motivo de queja. Porque, y entrando en materia, las guitarras y las canciones de los Celibate Rifles, aunque beban (en parte y relativamente) de fuentes diferentes, nada tienen que envidiar a las de los citados discos de Guns N' Roses y The Cult. Simplemente, no han gozado del éxito masivo.

Principales epígonos de Radio Birdman y de la vertiente high energy del rock australiano, Roman Beach Party es considerado por la mayoría de sus seguidores como su obra maestra, aunque ya metidos en el siglo XXI hayan seguido grabando trabajos tan brillantes como Beyond Respect. La sátira de los telepredicadores Jesus On TV abre un disco en el que los Rifles practican el rock and roll a su aire sin disimular unos cimientos construidos por Chuck Berry, MC5, Ramones, Blue Öyster Cult o Neil Young. The More Things Change satura un riff clásico mediante brutales guitarras y agresividad punk. Downtown continúa con el ataque trayendo imaginativas melodías que dan paso a Ocean Shore, medio tiempo de siete minutos que les sitúa cerca de la Velvet Underground y da cuenta de la amplitud de miras y personalidad del grupo. Circle Sun, A Word About Jones y Strange Days, Strange Nights recuperan la velocidad y ese aparente desaliño en la estructura de los temas, que es totalmente aparente y falso, la plasmación de la libertad de una banda que jamás ha querido ser encorsetada. (No hay sino que recordar, abundando en esta idea, que Kent Steedman, guitarrista de los Rifles, ha dicho en varias ocasiones que le encanta el flamenco y Camarón de la Isla.) (It's Such A) Wonderful Life explora su vena más hard, mientras que en I Still See You e Invisible Man garage y R&B sirven de base para que las seis cuerdas bramen su origen antípoda. Frank Hyde (Slight Return) cierra con un instrumental este poderoso álbum que nos recuerda que siempre hay vida (y mucha) más allá del mainstream. No lo olviden.