Aunque no será hasta mediados de los noventa cuando Teenage Fanclub alcance la perfección gracias a Grand Prix y Songs From Northern Britain, no andaba lejos de ella en 1991 al publicar Bandwagonesque, tercer plástico de los escoceses. Power pop infiltrado por el noise rock (aquí hay ecos de Big Star y los Byrds igual que de Hüsker Dü y Sonic Youth), el que arranca en The Concept lo deja claro en los seis minutos del primero de los temas, armonías vocales y melodías celestiales en convivencia con solos de guitarra descarnados emparentados con Neil Young y Crazy Horse. Satan es un breve corte instrumental cuya impronta ruidista y saturada acaba virando al punk en sus últimos segundos. La melancolía de December desciende directamente de Alex Chilton y Chris Bell, seguida de ese delicioso cruce de pop sentimental y glam chulesco titulado What You Do To Me. Aumentando la faceta roquera, I Don't Know enlaza con Star Sign, single de adelanto que, tras una introducción a base de acoples de guitarra que sobrepasa el minuto, se vuelca en el power pop sin demasiados ambages. Metal Baby repite la fórmula de What You Do To Me incidiendo y ensanchando el componente eléctrico —explicitado contundentemente en el solo de guitarra de Raymond McGinley—, si bien dicho componente es todavía más notorio en Pet Rock. Sidewinder nos hacer caer rendidos otra vez ante la seducción melódica de los autores de Here, pero se queda corta en comparación con esa joya que es Alcoholiday, extensa pieza de bellísimas música y letra. Guiding Star es un emocionante y rendido homenaje a Big Star —los colosales Big Star, que no cesan de aparecer— que conecta asimismo con The Jesus And Mary Chain. Aires celtas, o a mí me lo parecen, son los que empujan a Is This Music?, segundo instrumental y cierre del excelente Bandwagonesque. A la espera de que las dos grandes obras maestras arriba citadas hicieran a Teenage Fanclub referencia absoluta e ineludible de la década de 1990.
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lunes, 11 de abril de 2022
miércoles, 26 de agosto de 2020
Here
A la espera del anunciado Endless Arcade para octubre de este año, Here (2016) sigue siendo el último elepé publicado por Teenage Fanclub, y sitúa al quinteto escocés al (muy buen) nivel de una banda clásica que dio lo mejor de sí en el pasado —Grand Prix y Songs From Northern Britain son dos de las grandes obras maestras de los noventa— pero que no ha perdido la calidad ni, por supuesto, entrega nuevo material por obligación.
Que se lo digan, si no, a esa soberbia y concisa proclama sobre el amor que abre el disco. Canción de construcción perfecta, I'm In Love fue el single de adelanto y una de las cuatro compuestas por Norman Blake. Como es habitual, Gerard Love (que dejará el grupo en 2018) y Raymond McGinley se encargaban respectivamente de la escritura de las otras dos partes alícuotas del álbum, si bien el sello Fanclub no se pierde sea cualquiera de los tres el autor. El pop impecable y saturado de fondo protagoniza igualmente Thin Air y Hold On, pero en esta última se anuncia ya el sosiego que se va a apoderar del plástico. Las cuerdas que adornan The Darkest Part Of The Night interpretan arreglos habituales en la obra de los creadores de Thirteen. I Have Nothing More To Say y I Was Beautiful When I Was Alive son vaporosas y ligeramente psicodélicas, la primera con un solo espléndido de McGinley.
La segunda cara empieza con un The First Sight que parece va a ir en la línea del final de la primera, aunque su estribillo luminoso y la trompeta de Robert Henderson lo niegan. Power pop no muy diferente al de I'm In Love, el de Live In The Moment no llega tan alto aun siendo notable. Vuelve la calma vagamente ácida en Steady State, que recuerda mucho al lado más sereno de Yo La Tengo, el que el trío cultiva —verbigracia— en Summer Sun. Pizpireta, feliz, It's A Sign parece haber sido concebida para hacernos sonreír sin llegar a la carcajada, mas tampoco negando afinidad entre la risotada y la alegría. With You y Connected To Life completan Here llamando a la misma paz que Steady State, lo que no es óbice para reconocer la tensión eléctrica matizada, o amenaza no resuelta, de la última de las canciones. Resumiendo y sin perífrasis: un elepé totalmente recomendable, aun alejado de la perfección pretérita, de un quinteto poco menos que sagrado.
jueves, 26 de septiembre de 2013
Songs From Northern Britain
Rebajando las influencias, por el mismo grupo reconocidas, de "Neil Young, Sonic Youth, Dinosaur Jr. o Hüsker Dü", y potenciando las de Beach Boys, Byrds o Mamas And The Papas (que siempre habían estado allí, ¡oh, California!) —manteniendo fija y estable la de Big Star—, viajaba Teenage Fanclub durante más de un lustro para llegar de A Catholic Education y Bandwagonesque —Thirteen y Grand Prix mediante— a Songs From Northern Britain (1997), luminosa e irresistible obra maestra que, según mi amigo Johnny, es "recomendable para mirar el horizonte y afrontar la vida con fortaleza y claridad", optimista afirmación a la que hoy más que nunca se hace necesario agarrarse. Menos electricidad y distorsión para las soberbias melodías de las guitarras, más (y más hermosas) armonías vocales: la fórmula de doce canciones que, bien sean de Norman Blake, Gerard Love o Raymond McGinley, alcanzan la destreza individual y la perfección conjunta. Bebidas de un solo y vivificante trago, el cuerpo se hinche de algo muy parecido a la alegría, asumiendo todas la cautelas que se quieran poner, pero volviendo a negar el famoso aforismo de Oscar Wilde que no reconoce utilidad alguna al arte, pues o la enmienda es a la totalidad (la vida, sí) o no vale para una de las partes. Si Songs From Northern Britain sirve a alguien para poner paz y esperanza, aun limitadas a su escucha y sus efluvios, en su triste y dura existencia, no seré yo quien se las niegue recurriendo a fáciles ironías. Más allá de lo poco o muy acertado de esta reflexión, de todos modos, está el fulgor de un disco en el que hay pop, hay rock y hay folk llegados del otro lado del Atlántico, sí, pero en el que, por encima de ellos y asumidos sin angustias prestatarias, hay Teenage Fanclub y Escocia. O —todavía— el norte del Reino Unido.
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