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lunes, 23 de febrero de 2026

Dig Your Own Hole

Más largo y más famoso que Exit Planet Dust, Dig Your Own Hole (1997) no viene a mejorar lo que ofrecía el primer disco de los Chemical Brothers, sino a confirmar su fortaleza y precisión. Prodigio de la música electrónica en la que el funk, el hip-hop y el rock son subsumidos por un relato sonoro de vasta imaginación, Tom Rowlands y Ed Simon crean un universo en el que el techno llega hasta la psicodelia progresiva, sale del club de baile o la discoteca y se convierte en temas instrumentales o canciones que rompen corsés, estereotipos o —digámoslo claro— prejuicios. Temas o canciones capaces, además, de —sin dejar de alimentar un concepto o un paisaje común y bien definido— significarse mediante diversos arreglos, velocidades, estructuras e incluso invitados que adornan analógicamente (voces, bajos, clarinete) la parafernalia tecnológica de Rowlands y Simon.

Block Rockin' Beats, Dig Your Own Hole y Electrobank abren el trabajo enardecedoras, llamando al baile o, quizá mejor, al desenfreno y beneficiándose la segunda del bajo de Ali Friend, descrito con gracia y acierto en los créditos como "fizz funkin' wah bass". Tras semejante tríada de rhythm and funk y ecos de samba en la primera pieza, aunque el tercer corte haya ido reduciendo la intensidad en su parte final, Piku echa el freno mediante un tema de fuerte carga lisérgica, suerte de space drum and bass instruido en el krautrock. Cantado por Noel Gallagher —que volverá a aceptar la invitación química en Surrender—, Setting Sun es un pelotazo de rock electrónico tan intenso, entendiendo la comparación, como cualquiera de los que Marilyn Manson ha grabado para sus dos primeros discos. House más o menos canónico, el de It Doesn't Matter y Don't Stop The Rock sigue ampliando la paleta de los Brothers, dos temas que bien podrían ser el mismo. Get Up On It Like This ofrece algo así como hip-hop sin rapeado, pues sabido es el gusto del grupo inglés por la música de Publicy Enemy y similares.

Al igual que las cuatro cuerdas de Friend en el corte que da título al álbum, las de Seggs en Lost In The K-Hole, "amusing acid bass" en esta ocasión, devienen esenciales en esta maravilla melódica en la que pop, funk y techno no dudan en ponerse de acuerdo. Folk y pop progresivos y electrónicos que en algunos aspectos colindan con el trip hop, los de Where Do I Begin, con Beth Orton como vocalista, se explicitan en forma de crescendo y ostinato al igual que el Bolero de Ravel, ejemplo que utilizo ex profeso para derribar barreras entre la música culta y popular, similares a las que el heavy o el punk zoquete de turno pondrá entre su subgénero particular y un Dig Your Own Hole que llega al final. Los nueve minutos y medio de The Private Psychedelic Reel concluyen el disco con su tema más largo, subidón de adrenalina que añade raga rock y jazz a la función y que cuenta con el clarinete de Mark Marinoff y los efectos sonoros de Jonathan Donahue. Ha transcurrido una hora larga y mi conclusión es taxativa: un conjunto espléndido de arriba abajo al que no le falta nada y cuyos numerosos matices se van desplegando a cada escucha. A disfrutar mientras se observa el diseño gráfico del cuaderno cortesía de Negativespace, algunas de cuyas imágenes acompañan a esta entrada.



miércoles, 5 de septiembre de 2018

Exit Planet Dust


Si la música electrónica mandaba en la segunda mitad de los años noventa, los Chemical Brothers eran quienes la dominaban en aquel periodo. Los tres discos publicados por el dúo inglés entre 1995 y 1999 corroboran una afirmación que el paso del tiempo no ha hecho sino acrecentar. Cargadas de energía, samples y funk psicodélico, las canciones de Exit Planet Dust —primer álbum de Tom Rowlands y Ed Simons— son una apisonadora de sonidos digna y heredera de New Order, Public Enemy, Primal Scream y Kraftwerk que demuestra una madurez y una categoría impropias de un debut. El trabajo con elementos prefabricados —suerte de reciclaje aprendido de su gusto por el hip-hop— y su desarrollo como pinchadiscos en una serie de clubs hicieron que los Dust Brothers —nombre que tuvieron que cambiar por el definitivo The Chemical Brothers— abordaran la producción de su primer elepé con una experiencia importante, las ideas rítmicas y melódicas muy claras y un concepto estético perfectamente definido. Música instrumental tan bella como contundente que solo incumple este axioma (el de instrumental, no el de su hermosura) en Life Is Sweet y Alive Alone, con la presencia de Tim Burgess en la primera y la de Beth Orton en la segunda. Dig Your Own Hole y Surrender ampliarán con coherencia la brillantez e intensidad del grupo británico, y ambos se me antojan igual de imprescindibles, pero los cimientos puestos en Exit Planet Dust se valen por sí solos para demostrar una sensibilidad y un poderío que siguen impresionando al oyente atento y abierto de miras.

jueves, 5 de mayo de 2011

Surrender

Trayendo elementos de synth pop, krautrock, funk o rap, los Chemical Brothers publicaron tres álbumes en los años noventa —no he escuchado su obra posterior, que la tienen— que muestran a dos artistas, Ed Simons y Tom Rowlands, honestos en su heterodoxia de disc jockeys que se lanzan a la creación en estudio. Surrender (1999) es el tercero de dichos discos, y sin llegar al nivel de los excelentes Exit Planet Dust y Dig Your Own Hole, nos habla de unos Hermanos todavía lúcidos y llenos de ideas notables.

A Kraftwerk remite directamente el pegadizo comienzo de Music: Response, con sus samplers, secuenciadores y cajas de ritmo que dominan todo el álbum. Under The Influence entronca con su labor de pinchadiscos, puro beat de pista de baile; beat que mantiene Out Of Control, aunque se utilice dentro de la más tradicional estructura de canción pop, con las voces de Bernard Sumner (también la guitarra eléctrica) y Bobby Gillespie acompañando la fantasía espacial de Simons y Rowlands. La funky y vacilona Orange Wedge antecede a Let Forever Be, en la que Noel Gallagher repite, pues también había cantado en el quinto corte (casualidad o no) del anterior Dig Your Own Hole: Setting Sun. Espléndidas las dos, por cierto. The Sunshine Underground —un paisaje de ocho minutos y medio de fascinante música electrónica— y Asleep From Day —exquisita ensoñación susurrada por Hope Sandoval— destapan toda la sensibilidad y categoría de los Chemical Brothers. Para flotar estando quieto o penetrar un muro sin romperlo. Got Glint? y Hey Boy Hey Girl nos devuelven a la pista de baile, especial y tajantemente el segundo corte, que fuera sencillo del disco. Surrender, el tema que menos me gusta, da paso a otra hermosura, Dream On, con Jonathan Donahue encargándose de voz, guitarra y piano. Se pone fin así a un trabajo que surca el especial terreno —de raíces techno y pop— que habitan los Brothers; terreno del que surgen los estimulantes sonidos estereofónicos —que es en el estudio donde tienen su razón de ser— de Surrender, al igual que de sus precedentes. Para mentes abiertas y sin prejuicios, no hace falta que lo diga.