Más de dos horas y media de música contiene Independentzia 10 urtez, doble compacto de 2001 que epitoma los diez años de vida de Esan Ozenki, la mítica discográfica creada por Negu Gorriak y extinguida a la vez que el grupo de los hermanos Muguruza y Kaki Arkarazo. Si alguien quiere saber qué música se hacía en Euskal Herria y en euskera a finales del siglo XX no existe mejor documento que éste que hoy traemos, pues el periodo es narrado sonoramente mediante treinta y seis canciones de otros tantos artistas acompañadas de dos libretos con montones de imágenes y textos explicativos. Si en el primer disco manda la electricidad y el mazazo rock, del punk al metal pasando por el noise o el industrial, aprovechados para la reivindicación política o la liberación personal, encarnados en Negu Gorriak, Dut (con o sin Fermin Muguruza), Kashbad, Lisabö, BAP!!, 2 Kate, Pi L.T., Su Ta Gar, Etsaiak o Baldin Bada, en el segundo hay propuestas diferentes, un abanico más amplio, como las del rock descendiente de Neil Young y Lou Reed de Beti Mugan y Ruper Ordorika; el pop rock de Xabier Montoia; la experimentación extrema de Akauzazte; la emoción post rock de Anari; la balada jazz pop de Jabier Muguruza y el cruce de ska, jazz y music hall de su grupo, Les Mecaniciens; el funk rock de Danba con los punteos espectaculares de Jabier Cepeda; la enérgica mixtura de punk y hard en directo de Delirium Tremens; el reggae y el dub de Kortatu y Joxe Ripau; el ska y el punk de Betagarri; el hip-hop de Selektah Kolektiboa y la electrónica y el dub de la Basque Electronic Diaspora. Toda una serie de géneros y subgéneros, pues, en la lengua de Gabriel y Aresti y Mikel Laboa que unen la visión artística internacional con la reivindicación cultural propia que distinguieron a Esan Ozenki en sus diez años de independencia.
lunes, 5 de enero de 2026
jueves, 21 de abril de 2022
Here's Fifty Bucks
Noruegos, españoles, neerlandeses, estadounidenses, suecos, alemanes y australianos: de estas siete nacionalidades (si no me dejo alguna en el camino) son los diecinueve grupos que el sello de los Países Bajos Rocketdog Records reunía en 2004. Here's Fifty Bucks parece planeado con la intención de dar un martillazo sonoro al oyente, pues del primero al último de los temas la distorsión y la agresividad mandan sin ningún tipo de contemplación o máscara pop. Entre los Gluecifer de God's Chosen Dealer, primer single de un quinteto, el de Oslo, que todavía no se ha pasado al hard rok y coquetea con el hardcore, y los Hellacopters de Hey, de su magistral y punk Payin' The Dues aunque aquí en directo, encontramos bestias pardas adoradoras de Stooges, Radio Birdam, Dead Boys, Cosmic Psychos y similares como los Pleasure Fuckers (Electric Fence, que recuperará Sin City Six, o los Fuckers sin Kike Turmix), Candy Snatchers (Run You Down), Cellophane Suckers (Bust Riots), Streetwalkin' Cheetahs (Inside), Powder Monkeys (I Like Pills) o Jeff Dahl (I'm In Love With The GTO's). Sin hacer de menos a otras bandas pobladoras del underground rocker, claro, que nos ofrecen su menú de decibelios, mala hostia y rock and roll. Más o menos oscuras o desconocidas, todas se dejan la piel y suenan con mucha potencia, si bien su calidad no sea la misma. De distinguirla se encarga aquél que aparque por un rato sus discos de Ramones y Motörhead y haga un hueco a este recopilatorio en su reproductor. No creo que se arrepienta.
lunes, 24 de junio de 2013
Groovin' Round The World. A Tribute To The Flamin Groovies
Es posible que en el futuro se haga un homenaje más logrado a los Flamin Groovies (aunque lo dudo mucho), pero no lo es que sea tan exhaustivo como este Groovin' Round The World. A Tribute To The Flamin Groovies (2000), que el difunto Kike Turmix se encargó de poner en pie y coordinar. Treinta y cuatro bandas repasan otras tantas canciones del grupo californiano, abarcando sus dos primeras etapas (es decir, hasta 1979) —como no podía ser de otro modo—, para informarnos de que ambas fueron excepcionales, de que de ninguna de ellas se puede prescindir y de que, bien tocando rock and roll incendiario o componiendo pop exquisito, los Flamin Groovies fueron maestros. Durante dos horas escuchamos a Adam West, Atom Rhumba, Bummer, Big Bad Johns, Street Walkin' Cheetahs, Jerry Spider Gang o Young Fresh Fellows —entre otros combos, algunos de ellos profundamente ignotos— versionar mejor o peor los temas escogidos, si bien ninguno suspende y unos cuantos superan el notable. Quizá la única pega que podamos encontrar sea la excesiva fidelidad a los originales en la mayoría de los casos, algo por otro lado comprensible debido al respeto que inspira una obra tan colosal como la de los Groovies. Con notas interiores de Robin Wills —¿quién mejor para escribirlas que un miembro de los Barracudas que compartió banda con Chris Wilson?—, este doble y muy disfrutable CD revive la magia que Roy Loney, Cyril Jordan, el mencionado Wilson y demás esparcieron por el mundo, un digno acto de pleitesía a un grupo cuya luz sigue iluminando esa terrible oscuridad que rige nuestras existencias.

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