lunes, 31 de agosto de 2026

I Tried Hard, Let's Talk It Over

Ya he comentado aquí otras veces la grandeza de los singles grabados por John Lee Hooker para Modern Records a mediados del siglo pasado. Publicado en 1954, el que hoy traigo a estas páginas virtuales no tiene la crudeza superlativa de temas coetáneos como Down Child o Need Somebody, pero se disfruta con la misma necesidad. I Tried Hard es un blues grabado a finales de 1952 y tocado con banda de acompañamiento, saxo, piano y batería que se iban introduciendo en la música de Hooker y otros homólogos de la época. Let's Talk It Over, sin embargo, recoge a Lee Hooker acompañado únicamente por Eddie Kirkland en el verano de 1951, pieza de mayor sabor primitivo que sirve para dar variedad al sencillo. Dos canciones con las que gozar del arte primordial del músico de Clarksdale. Y lo mejor es que las tiene a cientos.



jueves, 27 de agosto de 2026

Johnny Winter

Tenido a veces y equivocadamente por su debut (en España e Italia llegó a ser reeditado como The First Album), el disco homónimo de Johnny Winter es en realidad el primero para Columbia pero el segundo de su carrera, que había dado comienzo un año antes con The Progressive Blues Experiment. Publicado en 1969, Johnny Winter es lo que se dice un discazo del maestro tejano, junto con el siguiente Second Winter, y en mi opinión, lo mejor de su carrera.

Blues rock progresivo, empalmando con el título de su primer elepé, es justamente lo que ofrece I'm Yours And I'm Hers, tema de Winter y extenso tramo instrumental en el que su guitarra, el bajo de Tommy Shannon y la batería de "Uncle" John Turner hacen auténticas diabluras. La lectura del Be Careful With A Fool de B.B. King es llevada al cielo del blues eléctrico por unas seis cuerdas solistas de Winter tocadas para que el oyente muera de placer, ¡qué guitarra, dios mío, qué guitarra! Dallas es otro original del autor de Let Me In, folk blues resuelto en solitario por el de Beaumont con su voz y su guitarra slide. Blues eléctrico de texturas primigenias, el que escuchamos en la versión del Mean Mistreater de James Gordon refuerza su carácter gracias a la armónica de Big Walter Horton y el contrabajo de Willie Dixon, cuya importancia para conocer el tránsito del blues y el rhythm and blues al rock and roll nunca será suficientemente ponderada.

La tercera y última aportación compositora del albino de oro es un blues derivado, precisamente, del I'm Your Hoochie Coochie Man de Dixon y en el que su guitarra echa chispas, Leland Mississippi Blues. Adornado por el saxo alto de su hermano Edgar y dos vientos más, Good Morning Little School Girl es un potente acercamiento al clásico de los años treinta antes de que Johnny Winter retome la vía de Dallas adaptando el When You Got A Good Friend del gran Robert Johnson. Saxos, coros y el piano de su hermano acompañan al trío de Winter en una sensacional lectura del I'll Drown My Own Tears que populariza Ray Charles, cuya naturaleza R&B predictora del soul es aquí respetada. Sumando la armónica a la guitarra y la voz, nuestro hombre cierra el disco con una formidable versión del Back Door Friend de Lightnin' Hopkins, blues pantanoso y salvaje que afirma por novena vez la estatura sobresaliente de Johnny Winter y Johnny Winter. O al revés si lo prefieren.

lunes, 24 de agosto de 2026

The Magic City

Bien podrían hacer match en Tinder u otra aplicación de citas el Ascension de John Coltrame y este The Magic City de Sun Ra y a la sazón Solar Arkestra, pues, como es sabido, su orquesta fue cambiando de nombre aunque no de objetivos abracadabrantes. Grabados ambos en 1965 y publicados al año siguiente, los dos se sitúan a la cabeza de la trasgresión sonora de su época y de cualquier época, pues no hay concesión o preocupación por las convenciones que valgan en sendos elepés. A los cuarenta minutos de la pieza única que contiene el colosal despliegue del autor de A Love Supreme responde el de The Futuristic Sounds Of Sun Ra con los veintisiete y medio del tema que nombra y ocupa la primera cara del álbum; si son once los intérpretes reunidos por Trane, similar es el número que propone Ra; vanguardia, free jazz, atonalidad, saxos, trompetas, contrabajos, batería y piano en uno, lo mismo más clavioline, flautas, clarinete bajo y trombón en el otro. Quizá menos estentórea y abrumadora que Ascensión, The Magic City nos invita a un paseo por diferentes niveles de intensidad sonora, si bien, eso sí, sin salirse del rumbo atonal, pues no hay aquí gancho melódico que valga sino estricta investigación improvisadora más cercana a Viena que a Nueva Orleans.

Anonadados, asombrados y alumbrados por semejante despliegue de Sun Ra, John Gilmore, Marshall Allen, Pat Patrick, Ronnie Boykins y compañía, toca dar la vuelta al vinilo y enfrentarse a su segunda mitad. The Shadow World extiende sus notas durante once minutos más rítmicos y lineales (o menos retorcidos) que los que le han antecedido y, curiosamente, más coltranianos (¿no son ecos de Africa/Brass los que me llegan?). Free jazz de ascendente hard bop, el que practica aquí la orquesta de Ra, muy brillante a las diferentes teclas que toca, también se puede casar con el de un Cecil Taylor a quien no le queda mucho para registrar los formidables y esenciales Unit Structures y Conquistador! Abstract Eye y Abstract "I" suman siete minutos dominadas por el contrabajo tocado con el arco de Boykins y las percusiones de Ra y Jimmy Johnson, y completan el recorrido de The Magic City con la misma belleza, radicalidad y mística —simplemente más breve— de los dos primeros cortes. Otra de las múltiples razones para adorar y honrar a Herman Poole Blunt y sus viajes espaciales.

jueves, 20 de agosto de 2026

Give The People What They Want

Que Give The People What They Want (1981) muestre a unos Kinks preferentemente bullangueros y bulliciosos (como si la grabación en estudio fuese en vivo) no significa que sean unos Kinks frívolos. Como indican Manuel Recio e Iñaki García en su excelente libro Atardecer en Waterloo, "detrás de esa aparente fachada de rock inmediato y lúdico" hay "un conjunto de canciones con temáticas emocionales y de carácter social, muy críticas en algunos casos". Siguiendo lo que podemos llamar las directrices sonoras del periodo Arista, el grupo de Ray Davies se define entre el hard y el punk rock, siendo conscientes de que es abuelo de dichos subgéneros, para criticar el adocenamiento de las masas, construir un tema sobre Ali Agca (quien intentara asesinar a Juan Pablo II) o hablar de las consecuencias del divorcio del propio Davies.

Around The Dial y Give The People What They Want son puro enardecimiento que abre el elepé con el puño alto, en especial el corte que da nombre al plástico. Killer's Eyes rebaja esa potencia y velocidad iniciales partiendo de los ojos del mencionado Agca. Predictable es un medio tiempo de aires festivos e irónicos que antecede a Add It Up, donde la banda recupera el espíritu y la inmediatez de los dos primeros temas.

Jugando a la autoparodia y al autohomenaje, Destroyer explicita sus maneras hard rockers sobre la música de All Day And All Of The Night y la letra de Lola para dar comienzo a la segunda cara. La inestabilidad y los altibajos de la vida son los que dibujan la melancolía de Yo-Yo, contrastando con ese pepinazo hecho de rockabilly y rock duro que es Back To Front. Parcialmente controvertida en su momento, Art Lover es una emotiva composición (preciosa en especial su letra) en la que Davies habla de sus hijas, a las que podía ver menos tras una traumática ruptura. A Little Bite Of Abuse establece y es al mismo tiempo puro rock FM ochentero, justo antes de que el pop sentimental de Better Things, que bien podía ser una canción olvidada de la segunda época de los Flamin Grooovies, diga adiós a Give The People What They Want. No es The Kink Kontroversy, Village Green o Muswell Hillbillies —por supuesto—, pero sí un buen álbum del por entonces quinteto británico.



lunes, 17 de agosto de 2026

Blade Runner. Orchestral Adaptation Of Music Composed For The Motion Picture By Vangelis

No, no es la música de Vangelis que suena en el legendario largometraje de Ridley Scott. Antes de que se publique en 1994, ha visto la luz en 1982, es decir, a la par del estreno de la película, esta adaptación —parcial y con diferente secuenciación— de la banda sonora de Blade Runner que lleva a cabo la New American Orchestra, creada específicamente para ello, y una serie de músicos entre los que destaca Ian Underwood.

De los ocho cortes que encontramos, el Love Theme que abre la grabación, el End Title situado a mitad de camino y el End Title Reprise que cierra el álbum, aun reproduciendo las maravillosas melodías creadas por Vangelis bajo el estímulo de las inmortales imágenes de Scott, sufren por su conversión al pop (bajo, batería, guitarras). Cuando dicha conversión desaparece, sin embargo, el resultado es muy sugerente.

El Main Tittle es interpretado por la orquesta, con arreglos y orquestación de Eddie Karam, sintetizador de Underwood y coros de Diana Lee, Debbie Hall y Sandie Hall. La preciosa canción One More Kiss, Dear, con Karam y las tres coristas repitiendo funciones, sigue la estela del clásico de los Ink Spots If I Didn't Care musicando la melancolía y remitiendo a la década de 1930 mediante la elegancia de la guitarra de Tommy Tedesco, el piano de Michael Lang, el trombón de Bill Watrous, la base rítmica de Neil Stubenhaus y Steve Schaeffer y la interpretación vocal de John Bahler. Memories Of Green, arreglada y orquestada por Angela Morley, recrea notablemente la pieza de Vangelis con un destacado Richard Tee al piano y Underwood a los sintetizadores. Lo mismo podemos decir de Blade Runner Blues y Farewell, si bien con Karam sustituyendo a Morley en ambas, un brillante Chuck Findley al fiscorno en la primera y un prominente Underwood en la segunda.

Retomamos el End Tittle Reprise ya mencionado (con sus también mencionadas pegas), pues —como habíamos adelantado— es el tema que pone fin a la versión orquestal que la New American Orchestra hiciera de la inmejorable banda sonora de Vangelis. Irregular pero interesante y recomendable en mi opinión, no viene a sustituirla ni a sublimarla, por si mis palabras no hubieran sido taxativas al respecto.