Lo que había sido I'll Believe I'll Dust My Broom en 1936 de la mano de Robert Johnson se quedaría en Dust My Broom a secas quince años después, liderado por el inmortal riff que Elmore James legaría a la historia del blues. En 1955, y acompañado por sus Broom Dusters, James transformaría el título en Dust My Blues y realizaría un nueva e imponente lectura del tema que vendrá a encabezar el single que hoy despellejamos. La autoridad vocal y la guitarra del maestro, el piano de Edward Frank, el contrabajo de Frank Fields y la batería de Earl Palmer desencadenan un huracán sonoro sin parangón, desempolvando el blues como anuncian y dejando al oyente anonadado tras semejante demostración de fuerza y talento. I Was A Fool, la segunda canción de la rodaja, es un blues excelente que, sin llegar a donde llega su compañera porque eso es casi imposible, es resuelto sin fisuras por el mismo cuarteto. Sumadas las dos, eso sí, tenemos un disco pequeño totalmente imprescindible.
jueves, 16 de abril de 2026
lunes, 13 de abril de 2026
Dedicated Follower Of Fashion
Esos arpegios estentóreos que abren Dedicated Follower Of Fashion son engañosos. No van a seguir los Kinks el camino trazado por singles de garage rock seminal como You Really Got Me, All Day And All Of The Night o Till The End Of The Day en la canción que da nombre al sencillo que el grupo de los hermanos Davies publica a principios de 1966. Qué va. Su música es la del pop teñido de music hall que lucha contra la uniformidad sonora y cultural en busca de un camino propio —que se revelará extraordinario a lo largo del resto de la década— ajeno a la moda (las modas) que la letra satiriza. Un tema delicioso y de fina ironía que comparte espacio con una estupenda pieza de R&B llamada Sittin' On My Sofa, el perfecto complemento para una galleta de ésas que, sin formar parte de elepé alguno, son igualmente importantes en la historia del rock.
jueves, 9 de abril de 2026
Words For The Dying
Dividido en tres partes bien diferenciadas y producido por Brian Eno, Words For The Dying (1989) es un trabajo no muy recordado del gran John Cale pero que yo creo merece la pena rescatar del (relativo) olvido.
La primera de dichas partes hace mención a la guerra de las Malvinas de 1982, y en ella Cale pone música sinfónica a una serie de poemas de Dylan Thomas que desemboca en el famoso Do Not The Gentle Into That Good Night. Acompañado por la Orquesta de Música Sinfónica y Popular de la Gostelradio de una Unión Soviética que empezaba a agonizar —para alegría neoliberal— y el coro de la catedral de Llandaff en Gales, John Cale logra momentos de mucha emoción en The Falklands Suite y sus siete movimientos, una introducción y dos interludios instrumentales y cuatro textos de Thomas que demuestran su capacidad para componer música clásica de calidad, cosa que ya se sabía desde los tiempos de The Academy In Peril.
La segunda parte, o Songs Without Words, da un volantazo brutal dejando a Cale solo al piano en Songs Without Words I y Songs Without Words II. Las teclas del galés realizan un recorrido cercano a la new age antes de que The Soul Of Carmen Miranda se erija como única representante de la tercera y última de las partes. El recuerdo de la artista brasileña es puesto en escena por John Cale y Brian Eno mediante una etérea pieza de art pop que habla de la versatilidad del autor de Paris 1919, eterna vanguardia y mutación constante desde que fuera parte esencial de la Velvet Underground y sus dos primeros y extraordinarios elepés. No es Words For The Dying —concluyo— su mejor álbum, pero lo recomiendo a quien tenga ganas de algo diferente.
lunes, 6 de abril de 2026
After The Gold Rush
La primera de las tormentas eléctricas desatadas junto con Crazy Horse (Everybody Knows This Is Nowhere) y el intimismo mayoritario de After The Gold Rush, segundo y tercer disco de Neil Young respectivamente, adelantan y resumen lo que será la carrera entera del canadiense, capaz de moverse entre el susurro folk y la devastación hard —diferentes moods, humores o estados de ánimo, que son origen de la consecuente opción estética y no al revés— sin necesitar explicaciones o adelantar coartadas.
Ese intimismo y ese susurro mandan en el tercer elepé de Young, publicado en 1970 y clásico absoluto de un catálogo pantagruélico en el que todavía caben novedades y rescates del pasado. Tell Me Why (guitarra acústica, voz y coros) y After The Gold Rush (piano, voz y fiscorno) abren desnudas y vulnerables (pocas veces un sonido tan delicado fue a su vez tan doloroso) antes de que Only Love Can Break Your Heart añada bajo y batería para extender la tristeza a ritmo de vals y sonido folk rock. Southern Man se va hasta los cinco minutos y medio dando forma a un colosal asalto rock de Young y (la mitad de) Crazy Horse (con Ralph Molina a la batería, Danny Whitten haciendo coros solamente, Greg Reeves al bajo en lugar de Billy Talbot y Nils Lofgren aportando su piano) que, junto con Alabama, tendrá la consabida respuesta de Lynyrd Skynyrd en defensa del sur de los Estados Unidos. En contraste radical, Till The Morming Comes se conforma como una miniatura intrascendente que cierra la primera cara.
La hermosa versión del Oh Lonesome Me de Don Gibson se adapta a la perfección al tono del álbum y hace arrancar la segunda mitad. El aparente canto contra la depresión de Don't Let It Bring You Down es recorrido de arriba abajo por una bellísima pero lóbrega musicalidad capaz de hundir en la miseria al más precavido. Birds retoma el tono general de las tres primeras canciones, voz, piano y coros que nos hablan del final del amor, ese sustantivo tan abstracto y tan inestable. When You Dance I Can Really Love es una suerte de continuación sonora y ordinal (colocada asimismo en el cuarto lugar de su cara) de Southern Man, el rock hendrixiano patentado por Neil Young y Crazy Horse, aquí sí con Talbot a las cuatro cuerdas y Whitten agregando las seis a sus coros. Folk rock de engañosa denominación si uno se fija en su letra, el de I Believe In You es el penúltimo corte de una función que concluye otra miniatura, Cripple Creek Ferry, de mayor fuste que Till The Morning Comes pero cuyo trayecto se antoja excesivamente breve para lo que podía haber dado de sí. El final de un trabajo que inicia una década prodigiosa en lo creativo —de After The Gold Rush a Rust Never Sleeps y Live Rust— e inestable en lo personal que consagrará a Neil Young como uno de los cuatro o cinco nombres definitivos del rock americano. Y también, para bien o para mal, uno de los más prolíficos.
jueves, 2 de abril de 2026
G.I. Blues
Banda sonora de la primera película que Elvis Presley realiza tras terminar el servicio militar, G.I. Blues (1960) es un trabajo aceptable aunque inferior al álbum que acompañaba a King Creole, largometraje previo de Elvis. Y con poca presencia del rock and roll. Tonight Is The Night For Love parece que abriera el elepé para confirmar mis palabras, pop tirando a rancio con acordeón de fondo para que la canción tenga aires franceses o italianos. What's She Really Like es country & western pasado al pop de resultados correctos, resultados que mejoran en Frankfort Special gracias a la cadencia vacilona del tema, los coros estentóreos y prominentes de los Jordanaires y el solo del gran guitarrista Scotty Moore. Wooden Heart sigue las coordenadas erróneas y blandengues de Tonight Is The Night For Love, si bien G.I. Blues se encarga, a ritmo de jump blues y rock and roll, de levantar el ánimo y la calidad. Pocketful Of Rainbows es una balada admisible a la que se yuxtapone Shoppin' Around, o el Elvis rocker que más nos gusta. Segunda y minimalista (duración incluida, se trata del corte más breve) balada, Big Boots también se lleva nuestro aprobado. Pachanga infumable vinculada al ambiente castrense del largometraje dirigido por Norman Taurog, Didja' Ever solo merece la pena cuando concluye y es sustituida por la revisión del inmortal Blue Suede Shoes de Carl Perkins que Elvis, como sabe todo el mundo, ya había grabado cuatro años antes. La tercera balada de G.I. Blues, Doin' The Best I Can, cierra agradablemente una banda sonora —creo haberlo dejado claro— irregular que sin embargo tiene momentos que la salvan de la quema.

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