Esos arpegios estentóreos que abren Dedicated Follower Of Fashion son engañosos. No van a seguir los Kinks el camino trazado por singles de garage rock seminal como You Really Got Me, All Day And All Of The Night o Till The End Of The Day en la canción que da nombre al sencillo que el grupo de los hermanos Davies publica a principios de 1966. Qué va. Su música es la del pop teñido de music hall que lucha contra la uniformidad sonora y cultural en busca de un camino propio —que se revelará extraordinario a lo largo del resto de la década— ajeno a la moda (las modas) que la letra satiriza. Un tema delicioso y de fina ironía que comparte espacio con una estupenda pieza de R&B llamada Sittin' On My Sofa, el perfecto complemento para una galleta de ésas que, sin formar parte de elepé alguno, son igualmente importantes en la historia del rock.
lunes, 13 de abril de 2026
lunes, 23 de diciembre de 2024
The Kinks Are The Village Green Preservation Society
La Velvet Underground había publicado White Light/White Heat; la Jimi Hendrix Experience, Electric Ladyland; los Beatles ponían a la venta simultáneamente el White Album… Incluso Muddy Waters se había adherido a la psicodelia y la distorsión mediante Electric Mud. Los Kinks, sin embargo, padres del garage, el hard y el punk rock (se dice pronto), se replegaban en la Inglaterra rural y tradicional y el pop de cámara; no querían sumarse a la vanguardia sino expresarse a su manera, eludir la coyuntura musical y profundizar en el giro que habían supuesto Face To Face y Something Else By The Kinks.
The Kinks Are The Village Green Preservation Society (1968) inicia su periplo —restando los tres primeros vocablos— con la canción homónima, exquisito folk rock que trata con amor el acervo patrio. La nostalgia inunda Do You Remember Walter, más roquera que la interior, y no se escapa de Picture Book, remembranza folk pop del pasado mientras Ray Davies repasa un álbum de fotos. Además de futuro nombre del guitarrista de los New York Dolls, Johnny Thunder es el retrato de un renegado idealizado ("Johnny Thunder no necesita a nadie / No quiere dinero", "Nunca jamás le derribarán / Johnny Thunder no habla en nombre de nadie). El tema más largo con diferencia del elepé (ninguno de los demás llega a los tres minutos y éste supera los cuatro) es, además, el único que se escora al blues, un potente Last Of The Steam-Powered Trains en la que suena la armónica de Davies. La emocionante Big Sky relativiza los problemas del día a día,
y Sitting By The Riverside reivindica placeres sencillos con su delicada suma de pop, honky tonk y psicodelia. Aunque Animal Farm se titule como la novela de George Orwell, su pop orquestado habla de la vida en el campo como algo positivo y feliz. Village Green, grabada en 1966, fue el origen del disco, pop barroco que evoca un mundo agreste de forma bucólica. Pop (sí, más pop) naíf, el de Starstruck y Phenomenal Cat continúa labrando la extraordinaria personalidad del trabajo, que en All Of My Friends gira hacia el music hall. Wicked Annabella significa el momento más crudo del plástico, rock ácido que bien podrían haber interpretado Cream o los Who. Monica da otra vuelta de tuerca pasándose al calipso antes de que la encantadora People Take Pictures Of Each Other —folk, pop y music hall de la mano a casar con Picture Book lírica y sonoramente— diga que hasta aquí hemos llegado. El decimoquinto corte de un elepé ajeno a su época y por ello mismo tan atemporal y avanzado: The Kinks Are The Village Green Preservation Society.
lunes, 31 de mayo de 2021
Till The End Of The Day
Expeditivos e inmediatos. Así son los primeros Kinks cuando enchufan las guitarras y en 1964 plantan la semilla del hard, el high energy y el garage rock con esos dos tremendos sencillos llamados You Really Got Me y All Day And All Of The Night. Till The End Of The Day y su cara B (Where Have All The Good Times Gone) vendrán al año siguiente aportando similar energía y construcción e inolvidables melodías, clásicos del rock and roll que formarán parte asimismo del tercer elepé de la banda (The Kink Kontroversy) y fin de una etapa que dará paso —pop costumbrista y barroco mediante— a la más gloriosa y decisiva de los ingleses. Especialmente resplandecientes, los dos minutos largos de Till The End Of The Day, con esa guitarra autoritaria que anuncia el tema, respiran la misma autenticidad y pureza de las perlas seminales de Little Richard, Buddy Holly, Elvis Presley o Eddie Cochran Un poquito más larga que su compañera, Where Have All The Good Times Gone se cuece en aguas casi idénticas, aunque un pelín más lentas y sin el solo de guitarra de Dave Davies que vivifica la cara A. Dos canciones magníficas, en todo caso, que nunca dejarán de sonar en los platos o reproductores de los amantes de la mejor música.
lunes, 29 de octubre de 2018
One For The Road
La firma por Arista y el endurecimiento de su sonido en la segunda mitad de los años setenta puede ser vista como una jugada comercial de los Kinks para vender los discos que antes no se vendían (cosa lícita mientras se entregue material decente), pero que nadie olvide que el germen del hard y el punk rock estaba en una canción que, allá por 1964, había grabado el grupo londinense: You Really Got Me.
Aquella etapa con la discográfica norteamericana dejó un documento en vivo de una época de distorsión y potencia titulado One For The Road, doble elepé publicado en 1980 que muestra a una banda más parecida a un cruce de los Clash con Cheap Trick que a los autores de Something Else o Village Green. Es decir, fuera de lugar para los fans del sonido pop, refinado y muy británico que a finales de los sesenta dio con joyas tan deslumbrantes como las citadas; pero llena de sentido para unas nuevas generaciones que vibraban con la puesta al día de quienes, en realidad, eran padres de la actualidad. No en balde, muchos adolescentes recién conocían a los Kinks por la versión de Van Halen de aquel mítico, mencionado y seminal tema.
El grupo de los hermanos Davies recopila composiciones de todas sus épocas recogidas de actuaciones en Estados Unidos y Suiza —desde el primer Kinks hasta el a la sazón reciente Low Budget—, galvanizando y modernizando las antiguas para que ganen en energía pero pierdan en elegancia con respecto a las lecturas originales. Por supuesto que la música de los dos plásticos se escucha con gusto, aunque no sea ésta la versión que prefiera de los Kinks: las canciones de Arista son peores que los clásico previos; el tratamiento eléctrico que reciben éstos aporta poco más que sudor y decibelios; y los teclados de Ian Gibbons (y Nick Newall) básicamente sobran por añadir fealdad pachanguera con sus arreglos. Así que, concluyendo, diremos que estamos ante un buen y rocoso álbum al que los años (los suyos y los míos) han hecho perder atractivo y credibilidad. Sobre el escenario me quedo antes con los Kinks de las BBC Sessions 1964-1977.
miércoles, 18 de diciembre de 2013
The Kink Kontroversy
Transición es la palabra más comúnmente asociada a The Kink Kontroversy, tercer álbum de los Kinks, y a pesar de ser acertado su uso visto lo que vendrá después, es una transición que afecta a toda la música rock cuando a finales de noviembre de 1965 se publica el elepé. Época de cambios, pues, es también cierto que la nueva orientación del grupo de los hermanos Davies lo hará marchar por unos derroteros tan genuinos, a la par de idiosincrásicamente británicos, que es difícil comparar con los de nadie los logros a los que conducirán sus inquietudes.
Ateniéndonos al disco en cuestión, se podría admitir que no está a la altura de lo que a partir del año siguiente va a parir la banda —una extraordinaria tetralogía cuyo pináculo, The Kinks Are The Village Green Preservation Society, mira de igual a igual a lo mejor de los Beatles y los Stones—, pero cuando uno se para a escucharlo descubre que The Kink Kontroversy es una obra espléndida. La versión de Milk Cow Blues, Gotta Get The First Plane Home, Till The End Of The Day, Where Have All The Good Times Gone, It's Too Late, What's In Store For Me y You Can't Win desarrollan la apropiación de R&B y rock and roll que los Kinks hacen desde un principio, enérgico garage rock que influirá por igual en el hard y en el punk, y que la voz y la manera de cantar de Ray Davies hace inconfundible. Sin embargo, The World Keeps Going Round y, en especial, I'm On A Island —sin dibujar a un conjunto radicalmente distinto— empiezan a remitir a lo que muy pronto se va a desarrollar. Hay también una preciosa balada, Ring The Bells; dos minutos para acercarse al beat, When I See That Girl Of Mine; y una notable composición de Dave Davies, I Am Free, que nada tiene que ver —por si acaso aún quedan despistados— con el I'm Free stoniano de ese mismo año.
No negaremos, pues, que Something Else By The Kinks o Arthur (Or The Decline And Fall Of The British Empire) tengan mayor enjundia que este The Kink Kontroversy —irónica referencia a la mala fama del cuarteto—, pero cuando un disco contiene clásicos como alguno de los mencionados y de sus canciones obtenemos un placer tan grande sí que podemos asegurar que las comparaciones nos son indiferentes… al menos hasta que la música deja de sonar. Si a la sazón no tan originales, ya eran profundamente ingleses los Kinks.


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