miércoles, 20 de enero de 2021

The "Chirping" Crickets

Su breve estancia en el planeta no fue obstáculo para dejar un legado sobre el que crecería el mejor pop y rock de todos los tiempos, el de los Beatles, los Stones y Bob Dylan. Hablamos, claro, de Buddy Holly y, en concreto, de su debut discográfico al frente de los Crickets, publicado a finales de 1957, doce piezas en menos de media hora entre las que están las míticas Not Fade Away (o Bo Diddley en clave blanca), Maybe Baby y That'll Be The Day. Pero no hay desperdicio alguno en el elegante cabalgar de The "Chirping" Crickets: la voz y la guitarra de Holly, las seis cuerdas de Niki Sullivan, la batería de Jerry Allison y el contrabajo de Joe B. Mauldin (más los coros de los Picks) se mueven con exactitud y emoción en la canción de dos minutos, construyendo con material propio y ajeno el rock and roll y su futuro. Rockabilly, country y doo-wop conforman un elepé cuya influencia, prestancia y sobriedad lo sitúan junto a los mejores logros de Chuck Berry, Eddie Cochran o Little Richard. Un trozo de cielo hecho música que ningún melómano de bien debe despreciar.

lunes, 18 de enero de 2021

Stories From The City, Stories From The Sea

Frente a la introspección electrónica de Is This Desire?, Stories From The City, Stories From The Sea (2000), siguiente álbum de PJ Harvey, surge como detonación sonora o expansión rock hecha de canciones magnéticas vinculadas al asfalto neoyorquino y al mar de Dorset. Apoyada por Rob Ellis y Mick Harvey y con la aparición puntual y estelar de un Thom Yorke que a la sazón finaliza asimismo la grabación de Kid A con Radiohead, Harvey se agarra a su guitarra, sin olvidar teclados y alguna percusión, e indica el camino a seguir mediante el riff incendiario de la inicial Big Exit. La potencia de las composiciones no es enemiga de su querencia melódica, caudal pop que se injerta en todos los instrumentos y la voz de la autora de To Bring You My Love. Aunque haya momentos para la calma poética (Beautiful Feeling, This Mess We're In, ambas con Yorke) u otros en los que la fuerza se reduce (You Said Something y su maravilloso romanticismo), la furia de The Whore Hustle And The Hustlers Whore, Kamikaze o This Is Love reivindica la electricidad como componente mayor del álbum. Deja PJ Harvey para el final los dos temas más largos de estas Stories, ese paseo onírico que es Horses In My Dreams y esa joya absoluta llamada We Float, ante cuya belleza y delicadeza los sentidos se rinden y las lágrimas afloran, flotamos y flotamos tomando la vida como viene… hasta el día en que morimos. Atados a la emoción que desprende, no nos olvidamos de mencionar los diferentes teclados que suenan a lo largo del trabajo (eléctricos, piano, órgano, clavecín, sintetizador, armonio, vibráfono) y sus magníficos arreglos para cerrar este texto.

miércoles, 13 de enero de 2021

Hound Dog

Aunque la versión original del clásico de Leiber & Stoller, grabada en 1952 por Big Mama Thornton, sea invencible, la de Elvis en su año de gloria (1956) se erige como estandarte del rock and roll. En efecto, el blues de Thornton es acelerado a la manera de Freddie Bell and The Bellboys, que habían hecho un año antes una lectura cuyo talante jump blues colinda sin duda con el de la música del diablo; frenesí, diversión y la voz del rey convierten el Hound Dog de Presley en momento privilegiado e iniciático de un género que da sus primeros pasos sin saber hasta dónde llegará su importancia artística, social y cultural. La cara B de este histórico sencillo la ocupa la deliciosa Don't Be Cruel, doo-wop y R&B escritos por Otis Blackwell y magníficamente cantados por Elvis y los Jordanaires. Un manjar el de ambas canciones que el tiempo no hace sino consolidar.

lunes, 11 de enero de 2021

Billies Bounce, Now's The Time

Soy un crítico de jazz lo bastante sensible como para comprender mis limitaciones, y me doy cuenta de que lo que estoy pensando está por debajo del plano donde el pobre Johnny trata de avanzar con sus frases truncadas, sus suspiros, sus súbitas rabias y sus llantos.

(El perseguidor, Julio Cortazar)

Pocos singles tan míticos como éste a 78 rpm salido de aquella sesión del 26 de noviembre de 1945 en la que Charlie Parker, Dizzy Gillespie y Miles Davis —santísima trinidad de una revolución estética que culminará el tercero a finales de los años sesenta y principios de los setenta— grababan diferentes tomas de seis temas. La escucha de los dos que lleva esta galleta mágica de Savoy Records (Billies Bounce y Now's The Time, ambos de Parker) sirve para cartografiar lo que fue y lo que supuso el bebop, primera piedra de lo que será el jazz a partir de su ruptura con la tradición: un grupo de cinco músicos cuya espoleta es Bird, en contraste con las big bands, huyendo de la amabilidad del swing y priorizando el ritmo y las improvisaciones de los solistas. El saxo alto de Parker, la trompeta de Davis, el piano de un Gillespie (o Hen Gates en los créditos) que se ocupa del mismo porque no debía haber otro pianista presente, el contrabajo de Curley Russell y la batería de Max Roach exponen el futuro absorbiendo el pasado africano y las vanguardias europeas presentes sin ser rehén de ninguno. Obviamente, John Coltrane, Ornette Coleman o Albert Tyler llevaron mucho más lejos los conceptos de estos Charlie Parker's Reboppers (Ree Boppers en la etiqueta del sencillo), pero hay que valorar la valentía de su propuesta —los dos planos son indispensables— por sus propias cualidades y como el acicate que a tantos estimuló y que todo lo transformó.

NOTA: Este texto fue publicado originalmente en Tomajazz el 19 de octubre de 2020.


miércoles, 6 de enero de 2021

Ain't Talkin' 'Bout Love

Tras dos explosivos singles (la versión del You Really Got Me kink y Runnin' With The Devil), el tercero extraído al debut de Van Halen era otra canción colosal. Ain't Talkin' 'Bout Love lo tiene todo para enamorarnos: riff, groove, solo de guitarra y un cantante que transmite felicidad; cómo suena la banda sobre una composición excelente cuya interpretación la hace crecer exponencialmente. Alex y Eddie Van Halen, Michael Anthony y David Lee Roth son pasión, son entretenimiento, son técnica y son frenesí, emoción por los cuatro costados volcada sobre este rock and roll metalizado que en la cara B no decae gracias a otro corte de Van Halen, Feel Your Love Tonigt. Si en el primero el grupo no nos habla de amor, aquí son los escarceos o ligoteos nocturnos los que guían el tema, ligoteos hechos de electricidad, ritmo y —claro— sexualidad. Como mandan los cánones de la música del diablo, pero dotándoles de personalidad específica.

lunes, 4 de enero de 2021

Have A Little Faith

Último álbum de los BellRays con Tony Fate a la guitarra, Have A Little Faith (2006) trae al grupo californiano tan vigoroso y creativo como siempre, amarrado a la distorsión, atento a cualquier meandro que le saque de tópicos rockers y abriendo nuevas vías con las que saciar su curiosidad. Tell The Lie inicia la función con moderación sonora hecha de soul y funk antes de que Time Is Gone apriete las tuercas, se aproveche del beat diddleiano y dé con Fate saliéndose del camino en un pasaje cuyas seis cuerdas se acercan al free jazz. Punk y heavy metal construyen Chainsong, que acaba convertida en una miniatura folk llamada I've Been Searchin'. High energy galvanizado, el de Pay The Cobra es realmente amenazante, más si le sumamos ese pepinazo que le sigue, Snotgun, salpicado de interludios donde, matizando y suavizando la canción, hallamos gran parte de la personalidad de la banda de Lisa Kekaula. Have A Little Faith In Me reescribe la balada insertada en Grand Fury y la convierte en primoroso pop orquestado con teclados. Change The World retoma la electricidad sin miedo a injertarle un garabato de música concreta. Detroit Breakdown mantiene la consigna de la celeridad y el puño en alto y esconde, en sus últimos segundos, un Horn Interlude que su título define. La psicodelia pop de Lost Disciples nos enseña aspectos diferentes de los BellRays, igual que Everyday I Think Of You representa su cara funk, pura y deliciosamente funk. Maniac Blues se lanza enérgica contra el oyente (¡joder, qué potencia!) pero Third Time's The Change rebaja la tensión entregándose al soul festivo y de colores en el que los vientos (saxo + trompeta) tienen mucho que decir. Lo que parece que va a desarrollarse cual oscura pieza de trip-hop, o Beginning From The End, modifica rápidamente su apariencia y endurece su propuesta, aunque el tema contenga diversas acotaciones que lo hacen mudar constantemente y huir de descripciones fáciles. Y, por si faltaban sorpresas y bifurcaciones, el minuto final del disco lo ocupa una versión acústica del Dark Horse Pigeon que estaba en Let It Blast. Un argumento más para amar Have A Little Faith y la bendita heterodoxia de sus creadores, quienes ni con la pérdida de Tony Fate (aparentemente crucial) rebajarían su exigencia. Pregunten si no a Hard Sweet And Sticky.

miércoles, 30 de diciembre de 2020

Faust

Sin duda una de las obras más extremas paridas por el krautrock, el debut de Faust en 1971 sigue ofuscando, inquietando, trastornando, conturbando, asustando o irritando (elijan gerundio según la reacción) a la mayoría del público que se acerca a él, con o sin advertencias previas. Da igual que haya pasado medio siglo (o no da igual: la sensibilidad y la capacidad de concentración del oyente medio han caído en picado): la provocación y la novedad se mantienen intactas en un elepé (y una banda) que utiliza el rock para deformarlo, maltratarlo e incluso negarlo, si bien usándolo como vía de contacto con las expresiones artísticas de raíz popular.

Bien es sabido que la prioridad de los grupos alemanes que surgen a finales de los sesenta y principios de los setenta bajo la etiqueta kraut es establecer un discurso europeo que crezca sobre la música del diablo, pero añadiéndole elementos vanguardistas (desde el free jazz y la atonalidad post shönbergiana hasta el dadaísmo) y teniendo como referentes de aquélla a Franz Zappa o la Velvet Undergruond y no a los Beatles o los Rolling Stones. Y no nombro a ambas y esenciales bandas por casualidad, sino porque la pieza que abre Faust cita al comienzo sendas canciones señeras de las dos instituciones británicas, Satisfaction y All You Need Is Love; cita mínima y borrosa que las descarta inmediatamente. No se sabe bien si es homenaje o burla (podrían ser los dos), sí que parece una toma de posición diáfana que no deja títere con cabeza: lo de Why Don't You Eat Carrots es otra cosa, que apela al collage electrónico, al cabaret, a la fanfarria y a la psicodelia. Cuando la escucho me vienen a la cabeza por igual una taberna teutona perdiéndose entre la bruma y la imagen de Stockhausen y Berio —tremendamente concentrados— escribiendo partituras imposibles mientras pulsan algún instrumento con teclas o manejan un extraño secuenciador. Genuino y, para mí, genial.

Si Meadow Meal empieza llevando el barroco de Bach a la música concreta de Shaeffer, es capaz de girar hacia el rock pesado de Cream y Deep Purple, sumar el ruido de la lluvia y llegar a un adagio interpretado por un órgano fantasmal. Y esto ha sido solo la primera mitad del álbum. La segunda es ocupada exclusivamente por Miss Fortune y su cuarto de hora largo. Mutante al igual que sus compañeras, la suite parte como space rock guiado por la guitarra en wah-wah de Rudolph Sosna en el que hay taninos de los Stooges, la Velvet y Miles Davis para mudar en sus dos tercios finales (es decir, en la mayor parte del tema) y entregarse —sin concesión alguna a la comercialidad— a los sonidos aleatorios desde una perspectiva no muy diferente a la de John Cale o Mauricio Kagel, aunque en esa aleatoriedad haya lugar para el rock y el aria en medida similar a la disonancia, la abstracción atonal y las manipulaciones efectuadas con las cintas en el estudio.

Tanto y tan abrumador "que nadie sabe / si realmente sucedió", tal y como rezan los dos últimos versos que oímos en Faust, el diseño transparente del elepé es el adorno creativo que remata una faena rompedora y comparable con la de Tago Mago y Can ese mismo año. Cuando alguien hable de originalidad o mirada diferente en el ámbito del rock, que repase antes los dos trabajos para repensar sus palabras. A no ser que quiera ser zaherido o le dé igual cultivar públicamente la ignorancia, claro.