Con ese sintetizador prominente y esa mixtura de techno y reggae, Spirits In The Material World abre Ghost In The Machine (1981), un disco que he acabado valorando con el tiempo, si bien no me guste tanto como los tres primeros y anteriores de The Police. El pop acuñado en la new wave y el aroma a reggae y calipso sostienen la alegre Every Little Thing She Does Is Magic, sin olvidarnos de esos arreglos tan peculiares de las diversas teclas tocadas por Jean Roussel. Invisible Sun parte del conflicto irlandés para construir una pieza dramática y muy poética difícil de adscribir a otro género musical que el creado por el trío inglés. Hungry For You (j'aurais toujours faim de toi) es una canción pegadiza y feliz en la que destacan unos saxos poco habituales hasta entonces en los autores de Outlandos d'amour, vientos que no se van de Demolition Man, el corte más largo del disco (seis minutos). Rock, dub y psicodelia modelan un tema gozoso que concluye la primera cara y que, curiosamente, había sido grabado por Grace Jones meses antes.
Si Demolition Man había sido escrita en la época de Zenyatta Mondatta, Too Much Information tampoco habría desencajado en el tercer elepé del grupo. Avanza la segunda parte del trabajo mediante el pop gamberro de Rehumanize Yourself, donde Sting comparte autoría con Stewart Copeland, el extraordinario baterista, esencial en el sonido de la banda. One World (Not Three) y su dub me dejan bastante frío, pero el brío de Ωmegaman, la única composición de Andy Summers, levanta el nivel acercándose al power pop. Secret Journey bascula entre la nueva ola y el reggae logrando un buen resultado al que se yuxtapone el de Darkness, escrita por Copeland y dominada por teclados y sintetizadores. El final de Ghost In The Machine, un disco que, entre otras cosas, nos sirve para recordar que The Police no registró ni uno solo mediocre o flojo y que de personalidad siempre fue sobrado.


.jpg)

.jpg)

.jpg)

.jpg)

.jpg)
.jpg)
.jpg)

.jpg)

.jpg)



.jpg)

.jpg)