lunes, 26 de febrero de 2024

Coltrane Plays The Blues

Puede uno detenerse en Blue Train, Crescent y Expression. O en Giant Steps, John Coltrane And Johnny Hartman y A Love Supreme. Por ejemplo. Más o menos obvias, decisivas o trascendentes, más o menos accesibles o extremistas, las grabaciones de John Coltrane transmiten una sensación de plenitud que es difícil encontrar en otro artista, no solo músico. Salido de las sesiones en las que el mítico saxofonista registra el sobresaliente My Favorite Things, en concreto del día 24 de octubre de 1960, Coltrane Plays The Blues asume dicha sensación ampliamente, aun siendo un elepé cuyo material Atlantic publica en 1962 sin intervención de su autor y cuando éste ya ha fichado por Impulse!, sello que ya no abandonará hasta su muerte.

Fuera o no concebido como un álbum por John Coltrane y su cuarteto (Elvin Jones, Steve Davis y McCoy Tyner), los seis temas que contiene funcionan como una totalidad de jazz modal edificado a partir del blues (los tres primeros llevan dicho vocablo en su título) y ejecutado con una calidad aplastante. Trane ha perfeccionado su fraseo en la segunda mitad de los años cincuenta formando parte del extraordinario grupo de Miles Davis y continuará en la siguiente década con su particular tour de force que le llevará a cotas insospechadas de belleza radical y dolorosa. Sin ser tan inflamable, sin embargo, la que aquí ofrece creciendo sobre el blues de sus ancestros es asimismo espléndida, un chorro de notas expelidas por sus saxo tenor y soprano que son transición hacia logros futuros, sí, pero igualmente hallazgos presentes.

El espectáculo no tendría el mismo interés, por supuesto, sin las teclas de Tyner, las cuerdas de Davis y las baquetas de Jones (compositor, además, del Blues To Elvin que encabeza el trabajo), compañía envidiable por trabajar en la línea marcada por el líder sin dejar de ejercer las capacidades que hacen único a cada uno; es decir, por saber adaptarse al discurso de Coltrane sin que ello signifique sometimiento o renuncia al desarrollo libre e individual de sus habilidades. Como en el caso del mencionado Davis, esa habilidad para delegar sabiendo que los intérpretes van a hacer crecer tu idea englobándose en ella es parte del secreto del creador de este Coltrane Plays The Blues a añadir a las decenas de discos de un hombre hecho de sonidos intransferibles.


 

jueves, 22 de febrero de 2024

The Bridge

Entre 1959 y 1962 se produce el primer hiato discográfico en la carrera de Sonny Rollins (el segundo será de seis años, iniciado tras el magistral East Broadway Run Down), del que sale con este espléndido The Bridge, materializado en enero y febrero de 1962 y publicado por RCA. A la novedad del sello hay que sumar la de la formación, pues acompañan al saxofonista Jim Hall (guitarra), Bob Cranshaw (contrabajo) y Ben Riley (batería).

Without A Song abre el elepé entre el hard bop, el cool jazz, la bossa nova y el calipso tratados con excelencia por el cuarteto. El saxo tenor de Rollins no ha perdido un ápice de persuasión, o cómo sonar poderoso en un ambiente relajado, mientras que Cranshaw y Hall suman solos frescos, felices y plenos de feeling. La balada Where Are You? sirve de vehículo para que Rollins y Hall nos embelesen —alternándose— con sus notas románticas. La primera cara concluye con un original del autor de Way Out West que acelera y enardece el plástico, hard bop efusivo que se presenta bajo el nombre de John S. y donde la improvisación de Rollins se impone claramente.

La segunda cara mantiene la línea del final de la anterior, pues el corte que da título a The Bridge está también compuesto por Sonny Rollins, se mueve en coordenadas estilísticas muy similares y lo comanda el explosivo instrumento de nuestro hombre, si bien la intervención de Hall y sus seis cuerdas es muy creativa y las de la base rítmica rezuman frenesí. La lectura del God Bless The Child de Billie Holiday es una magnífica balada en la que el grupo roza el cielo y nada está fuera de lugar, incluso aunque Ben Riley deje sus baquetas a Harry T. Saunders. No cesan de agradarnos Rollins, Hall, Cranshaw y un Riley que vuelve a sentarse en su banqueta en la adaptación del You Do Something To Me de Cole Porter, tema sentimental asimismo —pero de tempo más rápido que el anterior— que significa el adiós de un trabajo con el que su creador retomaba su obra con la categoría de él esperada. Es decir, como si no hubieran pasado tres años. Decíamos ayer…


 

lunes, 19 de febrero de 2024

Greendale

Publicado en 2003, Greendale significaba el retorno de la alianza de Neil Young y Crazy Horse en estudio, abandonada siete años atrás tras el muy notable Broken Arrow. Entremedias había habido álbumes en vivo (con y sin la banda) y discos de folk y soul; tocaba, pues, hacer retumbar el planeta con la crudeza eléctrica y visceral de los autores de Ragged Glory y un trabajo conceptual y político de casi ochenta minutos en el que está ausente la guitarra de Poncho Sampedro.

Funcionando como un trío, Young, Ralph Molina y Billy Talbot despachan diez canciones sobre la familia Green de Greendale —gentes y localidad creadas para la ocasión—, cada una de ellas acompañadas de un texto y un dibujo de James Mazzeo en el libreto marrón que acompaña al CD. El disco no está a la altura de las mejores grabaciones del canadiense con Crazy Horse, pero tiene momentos muy destacables que hacen imposible desdeñarlo. El rhythm and blues y el rock and roll ralentizados de Double E, por ejemplo; la extensa exploración de Carmichael, asimismo, en la que Young no canta hasta bien entrado el tema, habiéndose dedicado antes a unos punteos atmosféricos que no paran de volver durante todo el recorrido sobre el clásico colchón del bajo de Talbot y la batería de Molina; la bellísima balada Bandit, por supuesto, cuyo estribillo me atravesó la primera vez que lo escuché y nunca ha dejado de hacerlo: "Algún día encontrarás / todo lo que estás buscando"; los todavía más largos viajes indagatorios (trece y doce minutos respectivamente), claro que sí, de Grandpa's Interview y Sun Green; o, despidiendo la función, la emoción desatada en defensa del planeta y maneras rocanroleras de Be The Rainun nuevo Rockin' In The Free World salvando las distancias y disminuyendo la potencia. "Tenemos un trabajo que hacer / tenemos que salvar a la Madre Tierra", canta sin ambages y convenciéndonos un Young ecologista y esperanzado.

De Greendale saldrán además un largometraje y un cómic, el primero dirigido por el propio Neil Young y el segundo, viendo la luz años después, a manos de Joshua Dysart y Cliff Chiang. Pero lo que hoy tocaba era recordar la versión musical de la historia, que yo aquí he querido recomendar. Reflexión, ideología y reivindicación política y social revestidas de sonidos distorsionados del maestro y sus compañeros.

NOTA: Este texto fue publicado la semana pasada en el blog Neil Young noticias (o La playa de Neil) con motivo de su vigésimo aniversario.

jueves, 15 de febrero de 2024

Porca miseria

Para bien y para mal, Porca miseria, el tercer plástico de los Bo Derek's de 2023, es un excelente disco de rock and roll, "old school r'n'r", como ellos mismos afirman desde su gestación. No se esconde el trío gallego, ni da gato por liebre. Eso sí, sabiendo eso y sabiendo que poco o nada queda por inventar en los sonidos que crearon Chuck Berry, Bo Diddley, Elvis Presley, Little Richard y demás, aceptando que no hay novedad en la propuesta, si te gusta música del diablo —un diablo que ya no asusta a nadie— seguro que disfrutas de lo lindo de esta colección. Las canciones, como vamos a ver, ofrecen variedad, están muy bien construidas por el también cantante y guitarrista Óscar Avendaño, son interpretadas con feeling y elegancia por éste y la base rítmica de Jorge Lorre (bajo) y Rufus "El Guarro" (batería), gozan de una producción soberbia de Martín Guevara, el miembro de Capsula, y reciben matices puntuales perfectos de los invitados a la función.

Atrapado en el garage inicia ardiente el viaje y sumando a todo lo dicho la deliciosa ironía de las letras de Avendaño. El purista u ortodoxo del garage rock al que describe, lo que puede decirse de cualquier necio que se agarra a cualquier subgénero o género, con frases descacharrantes como "Eres hijo de Sky Saxon, hijo de Music Machine" o "Sobre grupos sixties del Perú, no hay nadie que sepa más que tú", es despachado con sentido del humor pero sin desprecio o sarcasmo. Alimentada de soul y pop, cruce plausible entre Sam Cooke y Katrina and The Waves, Sal los jueves está impregnada de melancolía y aumenta su valor al gozar de una sección de vientos triple y fantástica. Alusión directa a la pregunta que los Dictators se hacían a finales del siglo pasado en forma de himno colosal, la ironía vuelve en Los que iban a salvar el rocanrol, tema tan explosivo como canónico al que da color honky tonk el teclista de los Diamond Dogs, para hablar de esos que crecieron y se olvidaron de la música, de quienes confundieron madurez con mediocridad. En La última estrella del rock puede haber también algo de acidez, pero la mirada sobre el protagonista de la composición tiene asimismo la admiración por quien es fiel a sus convicciones aunque ya no sean mayoritarias como sí lo fueron en tiempos pretéritos. Cool Cool Baby acude a la influencia de Dr. Feelgood (grupo a quien se nombra) con la intención de reírse sin hacer sangre de los ambientes culturetas en los que se lee a "Faulkner y Thomas Mann" y se debate "sobre Virginia Wolf". Pone fin a la cara A una versión brutal del Natbush City Limits de Ike & Tina Turner en la que Guevara aporta su guitarra.

La segunda mitad empieza a ritmo de funk rock con Ese no soy yo, que cuenta con el Hammond de David "Mr. D." Vázquez. El blues rock y el hard rock modelan la tremenda Motel perdición en contraste con el rockabilly lleno de swing (ese saxo de Glen Gibb) de Viéndolas venir. Bruce Lee y Jim Dinamita son citados en Hazte un lado, nombres del pasado para un excitante rock and roll a lo Tequila. El demonio o Belcebú hace su aparición siguiendo patrones de R&B y garage rock sesenteros, allí donde se hallaba atrapado el patético personaje de la primera canción. Bye Bye Blues huele a los primeros AC/DC escorados hacia, sí, lo dice el título, el blues. Blues que se hace explícito y tradicional en El Yang-Tse en llamas, armónica incluida, como colofón a una Porca miseria a la que nada sobra, pues todo su material es gozoso. Pocos son capaces de mantener una tradición con semejante dignidad y credibilidad.



lunes, 12 de febrero de 2024

Greatest Hits

Si hay casos en que los recopilatorios son necesarios, en el de Tom Petty y los Heartbreakers lo es más. No veo la obra del roquero rubio y su banda al nivel de la de Bruce Springsteen y Tom Waits, por ejemplo, me parece una exageración situar sus mejores trabajos a la altura de los de los autores de Born To Run, The River (el primero), Small Change o Swordfistrombones (el segundo). Pero al juntar sus mejores singles desde 1976 hasta 1991 y añadir dos canciones de 1993 hasta un total de dieciocho o diecinueve, según ediciones, sí que damos con una creación, aun diacrónica y ad hoc como cualquier compilación, poderosa y excelente en la que el material menor se hace a un lado para mostrarnos las cualidades más destacables del grupo.

Abriendo con una apuesta ganadora de la talla de American Girl, todo un clásico, las cosas se vuelven más fáciles. Dos temas más de su debut homónimo, cuatro de Damn The Torpedoes y tres de Full Moon Fever hacen de los tres elepés los más representados. Breakdown, Refugee, Don't Do Me Like That, I Won't Back Down o Free Fallin' son algunas de las composiciones más brillantes de Petty (solo o ayudado por Mike Campbell o Jeff Lyne), bellos ejemplares de rock con alma pop y folk sacados de los setenta y de finales de los ochenta.

En el doble elepé primorosamente presentado del que yo hablo hay nueve cortes más, siete extraídos de otros álbumes y los dos nuevos a los que hacía mención, ambos muy sabrosos, Mary Jane's Last Dance y la versión del Something In The Air de Thunderclap Newman. Aunque muchos de los fans de Tom Petty prefieran el posterior Wildflowers o alguno de los trabajos nombrados, yo me quedo sin duda con esta reunión de sencillos para ensalzar sus méritos y los de sus Heartbreakers.



jueves, 8 de febrero de 2024

Año santo

La contundencia y la calidad del debut de Triángulo de Amor Bizarro no desaparecen en el segundo disco* (Año santo, 2010) del grupo galllego. Pop y noise a lo Jesus And Mary Chain se encargan de aclararlo en De la monarquía a la criptocracia, título que a su vez nos recuerda su amor por las denominaciones enrevesadas para nombrar sus composiciones. El ruido y la potencia punk aumentan en Amigos del género humano y, todavía más, en La malicia de las especies protegidas, donde la banda practica un incendiario hardcore de regusto indie. El radar al servicio de los magos no cede en intensidad pero se llena de matices kraut (podríamos hablar de high energy kraut). Super Castlevania IV retoma las sensaciones de De la monarquía a la criptocracia y Muchos blancos en todos los mapas hace converger post punk y noise en un tema retorcido y áspero. Pisa el acelerador El culto al cargo, o cómo hacer llegar el objeto maravilloso, más punk de adornos kraut para la máquina; se enreda en las sacudidas electrónicas con origen en Suicide y el noise rock de Sonic Youth El baile de los caídos y despide la media hora escasa de Año santo la canción homónima, noise y kraut hipnóticos que casan a la perfección con la beligerancia refulgente de los ocho cortes precedentes. Los de un trabajo espléndido de quien sabe muy bien lo que quiere y lo que no.

*El hombre del siglo V, que recoge las maquetas de las canciones que acabarán en Triángulo de Amor Bizarro y algún tema inédito, queda entre ambos.

lunes, 5 de febrero de 2024

20/20

A pesar de contener dos canciones de 1966 pensadas para Smile (Our Prayer y Cabinessence) y dos grabadas en 1967 (Bluebirds Over The Mountain y Time To Get Alone), retocadas las cuatro en las sesiones de 1968 que completan el elepé, no da en ningún momento la sensación 20/20 (1969) de ser álbum deslavazado o menor de los Beach Boys, aunque quizá sí algo inferior a Friends y Sunflower, los álbumes que, respectivamente, le preceden y suceden. Eso sí, incluso con una presencia disminuida de Brian Wilson, el grupo californiano deja su sello único, el de quien juega en la liga de Beatles, Stones, Dylan, la Velvet o Chuck Berry (es decir, los nombres sagrados de la música rock) sin parecerse a ninguno de ellos o a otro cualquiera.

El delicioso pop and roll de Do It Again y Brian Wilson y Mick Love que inicia el trabajo nos retrotrae a las playas que alumbraron los primeros y míticos éxitos de la banda. Las versiones del I Can Hear Music de las Ronettes y el Bluebirds Over The Mountains de Ersel Hickey son prueba incontestable de la capacidad de los Beach Boys para adaptar temas ajenos a su pop gregoriano y convertirlos a su credo o idiosincrasia. Los dos tema siguientes, ambos de Dennis Wilson, muestran al baterista e incipiente y genial compositor moviéndose en terrenos totalmente diferentes, el del pop orquestado de factura personalísima (Be With Me) y el del rock and roll vibrante hasta la médula (All I Want To Do, compuesto junto con Stephen Kalinich). The Nearest Faraway Place es un corte instrumental de Bruce Johnston de escaso interés para mí. La lectura del Cotton Fields de Lead Belly, tercera y última, sirve para afirmar lo mismo que sobre la otras dos. I Went To Sleep es una preciosa miniatura de Brian y Carl Wilson en forma de nana que hubiera encajado en Smiley Smile. Similar estilísticamente, aunque escrita solo por Brian, Time To Get Alone es aún mejor y más larga. La tercera aportación de Dennis parte de una canción de Charles Manson para construir una excelente y llena de matices Never Learn Not To Love.

El recuerdo de lo que no fue, el recuerdo del abortado Smile, se adueña del final de 20/20. El breve instrumental Our Prayer y el soberbio y enardecedor pop barroco de Cabinessence despiden de la mano de Brian Wilson y Van Dyke Parks un disco que cuesta calificar por debajo del sobresaliente y que nos sirve para afirmar por enésima ocasión que entre 1966 y 1973 —superando todo tipo de circunstancias, en especial las vinculadas al más destacado de sus miembros— los Beach Boys tuvieron iguales pero jamás superiores.

jueves, 1 de febrero de 2024

Either/Or

El pop folk depresivo y lo-fi de Elliott Smith sigue creciendo en su tercer disco de 1997. El camino a la destrucción que llegará en 2003 se establece en Either/Or nada más y nada menos que sobre la famosa dicotomía existencial de Kierkagaard y su primer libro, O lo uno o lo otro. Cual recluso de la tristeza, Smith compone doce canciones en las que toca todos los instrumentos (lo habitual en él) y desarrolla sus influencias de Big Star, Beatles, Kinks y otras aunque su voz sea ya propia. Tres de ellas —Between The Bars, Angeles y Say Yes— serán elegidas por Gus Van Sant para la oscarizada El indomable Will Hunting, pues el director sentía mucho aprecio por el álbum y el sentimiento que transmitía. Sentimiento de pesadumbre que se cuela una tras otra en las hermosas melodías de su autor con la excepción de la final y mencionada Say Yes, cuyo carácter positivo, empezando por el título, contrasta especialmente con lo que le ha precedido por estar colocada en el último lugar. Sea como fuere, hablamos de un trabajo estupendo al que sucederán otros tres también imprescindibles (From A Basement On A Hill publicado tras la muerte de Smith) que continúan esparciendo lo rayos de su belleza y desesperación mayoritaria igual que Either/Or.


 

lunes, 29 de enero de 2024

Dirty Diamonds

Se alineaban los astros en 2005 para que Alice Cooper pariera este feliz álbum de rock and roll, un Dirty Diamonds realmente ardiente que lleva dentro, al menos en buena parte, el amor y las enseñanzas que Vincent Damon Furnier recibió de los Who, los Stones y otras piedras angulares de la invasión británica de la década de 1960. Y digo que en buena parte porque hay momentos metálicos a mitad de camino como Run With The Devil u horrendas incursiones rap como la colaboración con Xzibit que cierra el disco, Stand, que se esfuerzan en devaluar el conjunto. Por fortuna, no pueden. Prueben con la tríada que lo abre y caerán rendidos. Woman Of Mass Distraction, Perfect y You Make Me Wanna son canciones adictivas, plenas de groove y muy bien cantadas por Cooper e interpretadas por una banda en la que hasta el coyuntural Tommy Clufetos lo cuadra. Sin ser quizá tan redondas se van sucediendo apuestas ganadoras por el stoner —Dirty Diamonds—, la balada country y fronteriza —The Saga Of Jesse Jane—, el rock and roll primitivo bañado de góspel —Sunset Babies (All Got Rabies)—, el pop barroco —la versión del Pretty Ballerina de Left Banke—, el hard festivo —Steal That Car—, la balada pop en el sentido en que dicho subgénero era adaptado y parodiado por la Alice Cooper Band —Six Hours—, el cruce de pop y high energy del artista de principios de los ochenta —Your Own Worst Enemy— y las atmósferas densas de Zombie Dance. Parte todas ellas de un elepé muy brillante de quien en los setenta fuera una de las grandes figuras de la música del diablo.


 

jueves, 25 de enero de 2024

Garabatos


Además de los nombres en común con su excelente debut en solitario Las golondrinas etcétera, los créditos del segundo paso de Josele Santiago (Garabatos, 2006) dan otra pista que nos hace intuir que las cosas van a ir en la línea del primero: "Grabado en riguroso directo del 12 al 16 de Junio de 2006 y mezclado la semana siguiente en los estudios Cinearte de Madrid", si bien entonces las fechas eran de octubre de 2003 y los estudios los de Musigrama. La producción no es de Nacho Mastretta sino del guitarrista Pablo Novoa, pero el ambiente musical, las intenciones artísticas y, claro, el surrealista universo lírico son similares. Por algo compone, canta y toca la guitarra acústica el entonces ex enemigo.

Las cosas fingen y su alianza imposible de folk y soul jazz adelantan lo dicho en el párrafo anterior y la importancia que va a tener cuando aparece el violonchelo de Marina Sorín, añadiendo matices al sonido del grupo de Santiago. La amalgama de folk, copla y swing del Baile de los peces mantiene el rumbo mientras que En tu estampa se decanta por la balada de cierta solemnidad. La ironía de Pensando no se llega a ná es musicada con la alegría engañosa de un Randy Newman. La caricia de Ñam ñam y su prominente órgano es seguida de los aires de tango y fado de Farol, un poco a lo Tom Waits, a los que se yuxtapone una Luna nueva folk. Santo de nadie tira hacia el pop sin otras etiquetas pero vestido a la manera específica de Santiago y sus compañeros. Los Garabatos que intitulan esta función pasan por samba castiza antes de que Sin Remedios juegue entre el soul jazz y el rock en un tema eminentemente triste.

La única versión del disco, Buonanotte Fiorellino, sirve de cierre con Santiago pasándose al italiano en esta suerte de folk circense. Quizá inferior a su primer álbum, Garabatos me parece muy notable y, sobre todo, garante de que la personalidad de su autor no se pierda. Personalidad que no sería la misma sin, aparte de la mencionada Sorín y el clarinete invitado de Mastretta en el último corte, las seis cuerdas eléctricas de Pablo Novoa, la batería de Ricardo Moreno, el órgano y el piano de Luca Frasca y el bajo de Mac Hernández. De rigor nombrar a quienes dan forma espléndida a las canciones de Josele Santiago y Garabatos.