Más largo y más famoso que Exit Planet Dust, Dig Your Own Hole (1997) no viene a mejorar lo que ofrecía el primer disco de los Chemical Brothers, sino a confirmar su fortaleza y precisión. Prodigio de la música electrónica en la que el funk, el hip-hop y el rock son subsumidos por un relato sonoro de vasta imaginación, Tom Rowlands y Ed Simon crean un universo en el que el techno llega hasta la psicodelia progresiva, sale del club de baile o la discoteca y se convierte en temas instrumentales o canciones que rompen corsés, estereotipos o —digámoslo claro— prejuicios. Temas o canciones capaces, además, de —sin dejar de alimentar un concepto o un paisaje común y bien definido— significarse mediante diversos arreglos, velocidades, estructuras e incluso invitados que adornan analógicamente (voces, bajos, clarinete) la parafernalia tecnológica de Rowlands y Simon.
Block Rockin' Beats, Dig Your Own Hole y Electrobank abren el trabajo enardecedoras, llamando al baile o, quizá mejor, al desenfreno y beneficiándose la segunda del bajo de Ali Friend, descrito con gracia y acierto en los créditos como "fizz funkin' wah bass". Tras semejante tríada de rhythm and funk y ecos de samba en la primera pieza, aunque el tercer corte haya ido reduciendo la intensidad en su parte final, Piku echa el freno mediante un tema de fuerte carga lisérgica, suerte de space drum and bass instruido en el krautrock. Cantado por Noel Gallagher —que volverá a aceptar la invitación química en Surrender—, Setting Sun es un pelotazo de rock electrónico tan intenso, entendiendo la comparación, como cualquiera de los que Marilyn Manson ha grabado para sus dos primeros discos. House más o menos canónico, el de It Doesn't Matter y Don't Stop The Rock sigue ampliando la paleta de los Brothers, dos temas que bien podrían ser el mismo. Get Up On It Like This ofrece algo así como hip-hop sin rapeado, pues sabido es el gusto del grupo inglés por la música de Publicy Enemy y similares.
Al igual que las cuatro cuerdas de Friend en el corte que da título al álbum, las de Seggs en Lost In The K-Hole, "amusing acid bass" en esta ocasión, devienen esenciales en esta maravilla melódica en la que pop, funk y techno no dudan en ponerse de acuerdo. Folk y pop progresivos y electrónicos que en algunos aspectos colindan con el trip hop, los de Where Do I Begin, con Beth Orton como vocalista, se explicitan en forma de crescendo y ostinato al igual que el Bolero de Ravel, ejemplo que utilizo ex profeso para derribar barreras entre la música culta y popular, similares a las que el heavy o el punk zoquete de turno pondrá entre su subgénero particular y un Dig Your Own Hole que llega al final. Los nueve minutos y medio de The Private Psychedelic Reel concluyen el disco con su tema más largo, subidón de adrenalina que añade raga rock y jazz a la función y que cuenta con el clarinete de Mark Marinoff y los efectos sonoros de Jonathan Donahue. Ha transcurrido una hora larga y mi conclusión es taxativa: un conjunto espléndido de arriba abajo al que no le falta nada y cuyos numerosos matices se van desplegando a cada escucha. A disfrutar mientras se observa el diseño gráfico del cuaderno cortesía de Negativespace, algunas de cuyas imágenes acompañan a esta entrada.

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