El minucioso árbol genealógico de las distintas formaciones de los Lyres desde sus comienzos en 1979 hasta la grabación de su tercer disco (A Promise Is A Promise, 1988), realizado por Peter Frame e insertado en el interior de la carpeta del elepé (que ocupa de arriba abajo, incluyendo las alineaciones de DMZ, precedente del grupo norteamericano), nos habla de una banda alérgica a la estabilidad. Si comparamos la que graba su debut On Fyre con lo que registra A Promise…, solo Jeff Conolly —motor y líder de los autores de Lyres Lyres— queda en pie, pero ello no afecta a la calidad de un conjunto en el que, habitual en la casa, la versiones conviven con los originales de Conolly.
Con nada más y nada menos que Stiv Bators acompañando al cuarteto, el plástico arranca con la lectura del Here's A Heart de Dave Dee, Dozy, Beaky, Mick & Tich. No pierde en su actualización su alma beat antes de que el garage rock típico de los Lyres empiece a retumbar mediante On Fyre (I Don't Want You Back). Pero he aquí, ¡sorpresa!, que nos topamos con Every Man For Himself, amalgama espléndida de funk y hip-hop que podría estar en el The Uplift Mofo Party Plan de los Red Hot Chili Peppers. Feel Good (About Yourself) es garage de barniz soul, especialmente por la voz de un Conolly entregado a la causa y a la autoestima. I'll Try You Anyway mantiene la línea sonora mientras que Worried About Nothing se decanta por el pop sentimental. La primera cara concluye en directo y en los Países Bajos con los Lyres recordando el Touch de los Outsiders en el escenario de la mano de Wally Tax, el cantante de la mítica banda neerlandesa.
Si en la primera mitad del elepé son, pues, cinco los temas de Jeff Conolly y dos los ajenos, en la segunda la proporción es inversa, adueñándose el material de otros —debidamente rebuscado— de los surcos del vinilo. Running Through The Night (Mystic Ride), She's Got Eyes That Tell Lies (Him & The Others), Jagged Time Lapse (John's Children), Sick And Tired (Chris Kenner) y Witch (Sonics), ésta en vivo en Francia, bucean en la década de 1960, la que amamanta a los Lyres (con la excepción de Kenner y la de 1950), si bien los de Boston saben hacerse con las canciones para que —plenas de energía— concurran con las suyas a la perfección. Las suyas que son Knock My Socks Off, spin-off stooge de T.V. Eye y Raw Power, y Trying Just To Please You, más garage rock que sumar a la ecuación.
La llamativa portada de A Promise Is A Promise lleva un dibujo impreso de Sonia Gómez, "breve, esquemático y expresivo resumen de su relación", según Alfred Crespo, con Jeff Conolly tras su paso por España. Nos servimos del dibujo, de la portada y de la, imagino, efímera relación para concluir este texto sobre un trabajo muy notable de un grupo que en los años ochenta del siglo pasado voló realmente alto.


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