lunes, 19 de marzo de 2018

In The Court Of The Crimson King


La segunda mitad de los sesenta y los primeros años de la década siguiente no solo fueron el periodo de máxima creatividad de la historia del rock and roll, sino que convirtieron la música del diablo en un amplio cajón de sastre que la alejaba de su significado original y ampliaba sus planteamientos mezclándose con todo tipo de sonidos y vanguardias. La inquietud y la creatividad de muchos artistas hicieron que la psicodelia, el rock progresivo, el krautrock y otros subgéneros fulminaran el concepto de diversión juvenil e inmediatez que los jóvenes de Estados Unidos habían implementado a mediados del siglo XX mediante canciones cortas y enormemente pegadizas.

El esencial debut de King Crimson (In The Court Of The Crimson King. An Observation By King Crimson, 1969) es uno de los ejemplos definitivos de lo contado en el primer párrafo. Su contenido —cinco cortes mayoritariamente subtitulados cuya duración en ningún caso baja de los seis minutos— poco o nada tiene que ver con aquellos himnos que Chuck Berry, Elvis Presley, Gene Vincent o Little Richard lanzaran contra una sociedad mojigata y conservadora. 21st Century Schizoid Man (conteniendo Mirrors) lo deja claro desde el principio con su cruce de rock épico con free jazz. La guitarra de Robert Fripp, el saxo de Ian McDonald, el bajo de Greg Lake y la batería de Michael Giles navegan en aguas experimentales y técnicamente complejas, personales y emocionantes por igual. El quinto Crimson, Peter Sinfield, es el responsable de la letra de la exquisita balada I Talk To The Wind, cuyos subyugantes teclados, flauta y melodía se los debemos a McDonald, aunque el trabajo de las baquetas de Giles sea igual de soberbio y delicado. Epitaph (conteniendo March For No Reason y Tomorrow And Tomorrow) se mueve en terrenos similares a los de su antecesora, si bien la composición es de todo el grupo. Tremendamente atmosférica, la canción vuelve a contar con un texto poético de Sinfield y es asimismo cantada por Lake.


Conteniendo The Dream y The Illusion, Moonchild es uno de los dos temas que conforman la segunda mitad del álbum. Si su comienzo augura que King Crimson va a repetir fórmula, su ruptura a los dos minutos y pico rechaza tajantemente dicho aserto. La música concreta y atonal se apodera del elepé durante un vasto y muy logrado pasaje que renuncia a rescatar el motivo melódico que abría el corte y parece imposible asociar, siquiera remotamente, a Johnny B. Goode o Tutti Frutti. Escrita, al igual que I Talk To The Wind  por el tándem McDonald/Sinfield, The Court Of The Crimson King (conteniendo The Return Of The Fire Witch y The Dance Of The Puppets) comparte lirismo con aquélla y con Epitaph y constituye el cierre perfecto para la función, grand finale lleno de matices instrumentales y compositivos que corona una obra maestra absoluta.


Desde la portada y los títulos de las canciones hasta la última de las notas tocadas, In The Court Of The Crimson King sigue manteniendo su capacidad de sorpresa y un sentimiento de misterio y aflicción que lo hace siempre moderno y universal. Pero es, además, la primera pieza de una carrera única, intermitente e insobornable que no cederá a tentaciones comerciales aunque tampoco se anquilosará, adaptándos a diferentes épocas y constantes mutaciones sin perder personalidad ni ánimo investigador. Culpable, si se quiere, de decir adiós al beat primigenio; coherente, sin embargo, con su manera de ver las cosas y poniendo su arte por encima de acusaciones necias de los puristas de los tres acordes.

4 comentarios:

  1. Este primer Lp de KC fue un auténtico aldabonazo en el mismo momento de su publicación. Su portada, tan espectacular (con el sleeve incluido), el sonido tan rudo y tan suave, a la vez, la influencia lírica del gran Sinfield, la aportación de unos Giles y McDonald, iconoclastas entonces, la voz de Lake, en su mejor momento , las guitarras de Fripp. Todo se conjuntó para crear un disco único, de los que encajan perfectamente en un tiempo que se abría hacia otros territorios más audaces. Recuerdo una entrevista con Toni Blair, el ex-premier británico, comentando que este disco le marcó profundamente (?) en su tiempo.
    Abrazos,
    JdG

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  2. Y lo bueno es que a adía de hoy, Javier, sigue sonando fabulosamente. Pena que Blair no se hubiera dedicado al rock progresivo, igual nos hubiéramos ahorrado alguna guerra futura.

    Abrazos.

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  3. El disco de los contrastes y sobresaltos. Al esquizoide del siglo 21 le sigue el que habla con el viento y así en todo el disco.
    El famoso mellotron en este disco hacía maravillas. Hay que que partido le sacaron a ese instrumento.

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  4. La verdad es que todos los teclados que toca en el álbum McDonald son mágicos, Luis.

    Saludos.

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