lunes, 31 de octubre de 2016

Conversación entre divorciados

¿Puedes quedarte con la niña
este fin de semana?

¿Te importa si me la llevo
a finales de julio?

¿Has pensado ya
lo del colegio?

¿Necesitas más dinero,
o te llega con lo que te paso?

¿Sabes
por qué dejaste de quererme?


jueves, 27 de octubre de 2016

Camino Soria


Tres décadas van a hacer desde que Gabinete Caligari publicara en 1987 Camino Soria, tres décadas que han servido para que su brillo aumente y aumente hasta situarse en lo más alto de la historia del rock patrio. El afterpunk del que viene el grupo madrileño ha ido despareciendo a la par que su música se llenaba de matices castizos, que de ser eso —matiz— pasan a ser la marca de la casa, la personalidad quesublimada— va da lugar a un elepé esencial y muy, muy hermoso.


Pecados más dulces que un zapato de raso abre musicando un poema de Eduardo Haro Ibars y señalando el asunto sobre el que va a girar el álbum: esa droga natural llamada amor. Country, honky tonk y hasta doo-wop se cuelan en una melodía arreglada con esmero y de sonido muy particular. El rockabilly,  la copla y el swing se abrazan sin rubor para celebrar que "un hombre y una mujer de bandera" están en la Suite nupcial enamorados, felices y en celo "hasta el día del juicio final". Contraste tremendo, tajante y emocionante hasta la médula, La fuerza de la costumbre es una de esas canciones que se clava en cualquiera que haya vivido una ruptura o una relación sentimental estirada hasta la náusea. Cada palabra que sale de la boca de Jaime Urrutia se convierte en una declaración de desamor y tristeza que la banda convierte en indiscutible belleza hímnica. Y si de himnos hablamos, es que con Tócala, Uli hemos topado. El homenaje al mítico saxofonista Ulises Montero —muerto como Cristo a los treinta y tres años, pero sin intención de redimir a la humanidad— revive la alegría del Walking On Sunshine de Katrina and The Waves para recordar jaranero la pérdida de quien vivió poco, hizo feliz a sus amigos, fue un músico brillante y se consumió devorado por las drogas. El bandoneón de Osvaldo Larrea  marca la sonoridad de Como un pez, la triste historia de un hombre desafortunado ("Es su sino el de sufrir") cuya mala suerte se refleja en la nostalgia de las notas interpretadas. La sangre de tu tristeza añade más leña al fuego de las penas en una de las canciones más conocidas de Gabinete. Enamorado de la tristeza como el Sinatra de Glad To Be Unhappy, su protagonista —"añorando el aroma de alguien a tu lao"— se revuelca en el fango sin perder el sentido del humor. Gobernado de nuevo el disco por el desamor, la cadencia de Saravá arrastra preguntas que todos nos hemos hecho:

"Dios mío dime cómo es posible
que puedas crear tantos encantos con maldad.
Dios mío dime cuál es la forma
de diferenciar cuándo el orgullo es orgullo
o simplemente dignidad".


Rugido de tigre saca pecho —"Con un rugido de tigre le diré / nenita quiero ser libre otra vez"— para reivindicar el espacio propio, inventar el cruce entre el pasodoble, el rock and roll y el swing y recordarnos que

"Como un rugido de tigre es mi voz
pero incluso los tigres sufren de amor
y rugen por amor
y sufren de amor
y mueren por amor".

Los seis minutos de Camino Soria suponen la culminación de un trabajo magistral en forma de una da las canciones más ambiciosas y logradas del pop español. Su magnífica e inolvidable melodía, los espléndidos arreglos de trombón y teclados, la voz de Urrutia y su guitarra, la base rítmica de Fernando Presas y Edi Clavo, el orgullo mesetario y castellano o versos como

"Bécquer no era idiota, ni Machado un ganapán
y por los dos sabrás que el olvido del amor
se cura en soledad, se cura en soledad",

hacen del tema que pone título al elepé un mundo propio e inabarcable dentro de un conjunto que ya lo es, el del "mejor disco costumbrista jamás grabado en este país", en sabia definición de Joserra Rodrigo. Cualquier otro halago o descripcn redundaría sin mejorar lo dicho sobre un plástico que —creo— todavía no ha dejado de crecer. El tiempo nos lo dirá.

NOTA: Esta entrada está dedicada a mi amigo Jorge Addison de Witt, autor del blog Rock and More by Addison de Witt

lunes, 24 de octubre de 2016

Saxophone Supremacy


El cool, el modal, el hard bop El free jazz (y el Free Jazz) llamando a la puerta… Miles Davis, Dave Brubeck, Charles Mingus, Horace Silver, Ornette Coleman Estamos en el año 1959 y el mundo del jazz se encuentra en tal estado de creatividad y continua evolución que incluso hoy resulta difícil de asimilar y no caer rendido a la emoción que potencia los placeres pero hay que moderar para que el análisis no sea un mero escrito laudatorio. Sesiones de estudio antológicas, conciertos extraordinarios, improvisaciones y estructuras que sorprenden y maravillan. Ideas, ideas, ideas y un arte en su esplendor histórico.


Entre tanta belleza, renovación y catarsis, nos trasladamos a Los Ángeles —California— los días 21 y 23 de diciembre, justo cuando empieza el invierno. Pongamos la lupa sobre la ciudad y el tiempo bendecidos literariamente por el maestro James Ellroy: ¿a quién encontramos grabando un disco excelente aquellas fechas navideñas, un disco que parece clásico cuando la década anterior era la vanguardia en su máxima expresión? Pues, sí, al sosias, que no émulo, de Charlie Parker, a Sonny Stitt, junto con un cuarteto la mar de solvente. Stitt no ha abandonado el bebop y protagoniza —ayuntando con su saxo altoeste Saxophone Supremacy, al igual que el otro Sonny Rollins había liderado tres años atrás el Saxophone Colossus.

Como decía Benny Green en las notas para el elepé, no es justo ni necesario cebarse en la influencia de Parker sobre Stitt. Los ecos de Parker se escuchan en todos y cada uno de los saxofones (y otros instrumentos) que después de él han tocado jazz; que los encontremos en Stitt no minimizan ni relativizan su categoría, pues las notas que sopla por su boquilla no dejan lugar a duda de la clase y la personalidad de su sonido. El autor de Personal Appearance no convive con la avalancha estética que se radicalizará en los sesenta. Stitt persevera en la modernidad —tan discutible y mitificada como otra cualquiera— surgida en los cuarenta del siglo pasado, década en la que desarrolla y expande su arte y asienta un credo concreto por muy lato y libre que a la sazón pudiera parecer. Los ocho temas del plástico (excepción hecha de los magníficos siete minutos largos de Lazy Bones) se mueven entre los tres y cuatro minutos, cerca de los dos o tres canónicos de las grabaciones fundacionales del bebop debido al reducido espacio que dejaban los singles de 78 rpm. Seis versiones y dos cortes escritos por el saxofonista conforman un álbum caracterizado por la coherencia y el buen gusto alimentados por Sonny Stitt, Lou Levy (piano), Leroy Vinnegar (contrabajo) y Mel Lewis (batería). No es, ni busca ser, Kind Of Blue o The Shape Of Jazz To Come, pero Saxophone Supremacy —por muy olvidado que esté o se deba rendir ante fuerzas de la naturaleza como Davis o Coleman— es un trabajo intachable de uno de los mejores saxofonistas de todos los tiempos, hecho que dará que pensar sobre si son las virtudes musicales o la inercia crítica lo que hace a un lado elepés sobresalientes de maestros ajenos a las modas o a la más rabiosa actualidad. Escuchando por tercera o cuarta vez los solos yuxtapuestos de Stitt y Levy en Two Bad Day Blues y Blue Smile (las dos composiciones de Stitt) —construidos sobre esa frenética y exacta base rítmica a la que dan vida Vinnegar y Lewis—, parece evidente que es la segunda opción, la de la pereza del escriba, la única que puede responder a la cuestión.