miércoles, 29 de marzo de 2017

Hospital (público)


Se arrastra hasta el final del pasillo
con el suero entrando por la vena.

Tumbada en la camilla
espera pasar al quirófono
para evitar que el cáncer siga avanzando.

Maldice a los médicos
al fondo de la habitación
por un dolor inhumano
del que ellos no tienen culpa.

Mira a su abuelo
con la inocencia de sus cuatro años
sin sospechar qué puede ser
aquella enfermedad extraña
que le hace respirar tan fuerte.

Y yo absorbo su esencia:
es la lucha por la vida
rodeada de dolor y muerte
la angustia del no saber
la impaciencia, el tedio
la desesperación y el más allá.

2 comentarios:

  1. Llevo casi tres meses, día tras día, asistiendo a rehabilitación en un hospital público. Veo, día tras día, a multitudes que llevan en su cara el dolor, la incomprensión, la soledad, la falta de esperanza. Y me contemplo en ellos, por que a ciencia cierta se que pasaré por lo mismo.
    Abrazos,
    JdG

    ResponderEliminar
  2. Así es, querido Javier. Triste y dura la parca.

    ResponderEliminar