Alianza de artistas que, gusten más o menos, lo son de fuste, la de Bunbury y Nacho Vegas sigue el lema de "juntos, pero no revueltos"; es decir, alternar canciones del uno y del otro, aunque la convergencia llegue en ciertos momentos. Registrado en el ya mítico estudio de Paco Loco en el Puerto de Santa María, El tiempo de las cerezas (2006) equilibra los estilos del aragonés y el asturiano mediante el quinteto espléndido en que apoyan sus interpretaciones vocales (Fran Iturbe, Jorge Rebenaque, Xel Pereda, Quique Mavilla y Ramón Garcías), al que sumar una serie de invitados entre los que destacan Christina Rosenvinge, Gary Louris o el propio Loco. Sin salir Bunbury o Vegas de su canon estético, el doble álbum no chirría al rotar sus composiciones, realidad que viene a corroborar al final de cada uno de los discos la versión reprise que el primero hace del Días extraños de Vegas y el segundo de El rumbo de tus sueños de Bunbury. Bien sea afirmación forzada de la autoría común (al igual que se asegura en el cuadernillo que acompaña al digipak: "El tiempo de las cerezas es un disco de Enrique Bunbury y Nacho Vegas") o confirmación de unas intenciones materializadas, lo cierto es que el malditismo indisimulado de ambos autores —malditismo que no nace de un enfrentamiento con la tradición musical sino de una lírica renegada— casa estupendamente y da con una sonoridad de cimientos comunes abrazada a lo largo de un trabajo notable e incluso sobresaliente en algún tramos. Fue un instante irrepetible hace veinte años, el de El tiempo de las cerezas de Bunbury y Vegas. Yo les recomiendo que viajen al pasado y las prueben.

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