jueves, 19 de febrero de 2026

Big Band Bossa Nova

En una época, la de la primera mitad de los años sesenta, en la que docenas de artistas del mundo del jazz se suman a la fiebre de la bossa nova, no podían faltar Quincy Jones y su orquesta. En paralelo al disco del mismo nombre de Stan Getz, Jones registra Big Band Bossa Nova en junio y septiembre de 1962 en Nueva York, un trabajo muy agradable pero no imprescindible a pesar de la nómina de músicos participantes. Evidentemente, nombres tan ilustres —dirigidos por Jones— dejan su huella aquí y allá y son lo realmente atractivo del elepé: los vientos y metales de Paul Gonsalves, Phil Woods, Roland Kirk, Jerome Richardson, Clark Terry, Julius Watkins y Alan Ralph, el piano de Lalo Schifrin (autor de mi solo favorito, el de Se é tarde me perdoa), la guitarra de Jim Hall, el contrabajo de Chris White, la batería de Rudy Collins y las percusiones de Jack del Río, Carlos "Bala" Gómez y José Paula. Si mi improvisación preferida es la de Schifrin, la adaptación del Boogie Stop Shuffle del genial Charles Mingus, convertida en Boogie Bossa Nova para la ocasión, es quizá mi pieza elegida de las diez. Solo una de ellas es de Quincy Jones, la famosísima y vacilona Soul Bossa Nova, que no sonaría igual sin la inconfundible flauta de Kirk. Uno de los muchos instrumentos que escuchamos en Big Band Bossa Nova, que sin ser una obra maestra creo que merece la pena. Aunque solo sea por la cantidad de talento mencionada.



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