lunes, 16 de febrero de 2026

The Floating Life

Por mucho que se traten de maquetas grabadas en soledad en su estudio casero de Helensburgh y el sonido sea claramente lo-fi —hablamos de lo-fi literalmente, no como subgénero pop—, el nivel de sus canciones es tan incontestable que explica por qué el sello vasco Bang! se animará a publicar el debut en solitario de Leadfinger, aunque el mote del gran guitarrista servirá para dar nombre a lo que ya será un grupo a partir del siguiente elepé, Rich KidsThe Floating Life (2007), sin embargo, es un proyecto personal e intransferible, pues, notas mediante, "todas las canciones" del disco van a ser "escritas, grabadas y mezcladas durante 2005 y 2006" por un Stewart Cunningham que se encarga de voces e instrumentos a excepción de la pandereta de Dana Orth en el primer tema y los timbales de Stephen O'Brien (diseñador del magnífico envoltorio) en el penúltimo, que asimismo ayuda a escribir.

The Floating Life rezuma intimismo desde sus primero compases, los de la acústica I Went Looking, en la que Cunningham demuestra su extraordinaria capacidad técnica, a la slide guitar en este caso. Edge Of Suburbia, Thin Lizzy y Boo Radley establecen un discurso similar, rock de fuerte carga emocional y nostálgica, que la banda de Phil Lynott, sobre la que volverá en Rich Kids, y el personaje de Matar a un ruiseñor ayudan a enmarcar. Back In The Burgh retoma la desnudez de I Went Looking, mirada a su hogar absolutamente alejada de la electricidad de Brother Brick, Asteroid B-612 o The Yes-Men, grupos en los que sus seis cuerdas desatadas fueron esenciales. So In A Hurry concluye la primera cara acercándose a Neil Young y certificando el pleno de aciertos compositores, pues las seis canciones han resultado muy notables.

The Sidney Way empalma con la pulsión rock de los tres cortes consecutivos y mencionados de la mitad anterior. Folk rock de querencia bluegrass, el de Bicycle Man a nadie extrañaría cantado por los hermanos Robinson. Inspirada en un poema del australiano John Forbes (todo queda en casa), A Floating Life llega dentro por su letra y por su folk emparentado melódicamente con el del All Along The Watchtower dylaniano. The Philadelphia Ruse no solo es la pieza más larga sino también la más cruda, con un solo de Leadfinger digno de su fama y de su trayectoria. No se va el rock ni se va la emoción de A Beautiful Sound, donde si alguien ve power pop o ecos de los Replacements no seré yo quien se lo niegue. El recuerdo de Sean Greenway, con quien fabricó el inmenso Prosody, culmina el álbum con Cunningham hablando a su viejo amigo muerto por sobredosis ("Pienso en ti", repite varias veces) en una canción que cala muy hondo. The Music Had The Last Say —así se llama— es el remate perfecto a un elepé hecho de observaciones y confesiones sin tener claro si su destino iba a ser o no el ver la luz. La vio, claro, en una soberbia edición en vinilo que ya solo por su portada merece la pena.

No hay comentarios:

Publicar un comentario