miércoles, 1 de abril de 2020

Verano fatal


Dos de los nombres más brillantes del rock español unían fuerzas en 2007 para cantar al Verano fatal. Nacho Vegas venía de colaborar con Enrique Bunbury en el excelente y doble El tiempo de las cerezas y Christina Rosenvinge, tras Continental 62, se preparaba para recuperar el castellano con el muy notable Tu labio superior. Siete canciones y veinticinco minutos son suficientes para saber del talento de ambos, tres de la autora de La joven Dolores, una del creador de La zona sucia y tres escritas a dos manos. Entre el folk (Me he perdido, Que nos parta un rayo, No lloro por ti), la tormenta noise (Humo, Verano fatal) y el pop (Ayer te vi, No pierdes lo que das) reconocemos la voz personal de Rosenvinge y Vegas y los ecos de artistas como Yo La Tengo, Sonic Youth, la Velvet Underground, los Stooges o PJ Harvey. Las letras hablan del amor (fatal, al igual que el verano del título) que ha surgido entre los dos músicos, amor con fecha de caducidad y aire malsano que se introduce en las composiciones y parece justificar uno de sus versos: "Hacer siempre lo incorrecto es una forma de acertar". Los de un Verano fatal que no desentona en la discografía de estos iconos de los sonidos independientes nacidos en este país.

lunes, 30 de marzo de 2020

The Police Live!


El disco en vivo que no había visto la luz cuando el grupo todavía estaba activo lo hizo en 1995 en forma de doble CD que casi llegaba a las dos horas y media de duración. Y ambas galletas presentan diferencias notables. La primera recoge a The Police en Boston el 27 de noviembre de 1979, a la sazón un trío pletórico que acaba de publicar Regatta de Blanc. Solo con escuchar los tres primeros cortes (Next To You, So Lonely y Truth Hits Everybody) se hacen evidentes la energía y la capacidad técnica de Stewart Copeland, Andy Summers y Sting, aunque luego Walking On The Moon, Hole In My Life, Bring On The Night o The Bed's Too Big Without You vayan a traer los matices sonoros y de intensidad pertinentes. No faltan, claro, los que hoy en día son clásicos de los setenta (Message In A Bottle, Roxanne y Can't Stand Losing You), pero que en ese momento tienen como máximo un año de vida. Entre unas y otras canciones brilla —arde— el peculiar estilo de la banda británica, suma de punk rock, new wave y reggae, bien juntos o por separado.

El segundo compacto trae a los autores de Outlandos d'Amour en la gira de presentación de su último elepé, Synchronicity, el 2 y 3 de noviembre de 1983 en Atlanta. The Police se halla al borde de la extinción y su música es más abiertamente comercial (las tres coristas ocasionales no ayudan demasiado). Sin embargo, sigue siendo un grupo que merece la pena en directo, pues la garra instrumental no ha desaparecido y Copeland continúa tirando del carro —compás exacto lleno de adornos que embellecen la función rítmica principal sin menoscabarla— con su exuberante percusión. Las composiciones ejecutadas son inferiores a las del concierto de Boston y solo cinco coinciden, incluido el popurrí de Can't Stand Losing You y Reggata de Blanc. Si el comienzo con las dos variaciones (I y II) de Synchronicity y el final con So Lonely son realmente enardecedores (al igual que otros momentos de ambas actuaciones en la capital de Georgia), la conjunción de Wrapped Around Your Finger, Tea In The Sahara, Spirits In The Material World y King Of Pain supone la parte más soporífera, los Police menos estimulantes, jugando a ser adultos ajenos al espíritu pop e inmediato de su arte; a pesar de que interpretativamente se puedan rescatar detalles espléndidos, entre el rock progresivo y la new age patinan nuestros tres hombres. Hecha esta (importante) salvedad, Don't Stand So Close To Me recoge el testigo de De Do Do Do, De Da Da Da (Zenyatta Mondatta al rescate) y hace que el lapso erróneo y cuatripartito pase a mejor vida hasta que la ya dos veces mentada So Lonely cierre la función. Función de menor interés que la de cuatro años atrás, en definitiva, que sirve para conocer la evolución de una banda que hizo historia en un periodo relativamente breve.

miércoles, 25 de marzo de 2020

Cortázar y el jazz


Con más de once años en pie, este blog llega a su entrada número 1000 en tiempos de reclusión forzosa debida al coronavirus. A pesar de ello lo celebramos por todo lo alto con un texto del extraordinario relato de Julio Cortázar El perseguidor —junto con Bartleby, el escribiente, La muerte de Iván Ilich y Una avanzada del progreso póquer de ases personal de la narrativa breve—, donde describe la música de Johnny Carter, trasunto de Charlie Parker que protagoniza el relato. Es decir, estamos, en el fondo, ante un acercamiento al genial saxofonista y el bebop. Un acercamiento en el que la sabiduría analítica y la belleza formal son una sola cosa.

"Este Jazz desecha todo erotismo fácil, todo wagnerianismo por decirlo así, para situarse en un plano aparentemente desasido donde la música queda en absoluta libertad, así como la pintura sustraída a los representativo queda en libertad para no ser más que pintura. Pero entonces, dueño de una música que no facilita los orgasmos ni las nostalgias, de una música que me gustaría poder llamar metafísica, Johnny parece contar con ella para explorarse, para morder en la realidad que se le escapa todos los días. Veo ahí la alta paradoja de su estilo, su agresiva eficacia. Incapaz de satisfacerse, vale como un acicate continuo, una construcción infinita cuyo placer no está en el remate sino en la reiteración exploradora, en el ejemplo de facultades que dejan atrás lo prontamente humano sin perder humanidad."

lunes, 23 de marzo de 2020

Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band


Parte de una ruptura que inicia Revolver y se estira —finalizando— hasta Abbey Road, Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band (1967) es el elepé más famoso de la banda de rock más famosa, pero no forzosamente el mejor. Su mítica portada y el espectacular diseño del álbum —los Beatles enterrando a los Beatles con todo el lujo imaginable y rodeados de decenas de personalidades, de Karl Marx a Marilyn Monroe pasando por Oscar Wilde o Bob Dylan— empujarían a lo puramente musical a un solitario olimpo que —cotejos sonoros mediante— se antoja injusto y desaforado, pues, aun reconociendo la valía de su concepto, su influencia y originalidad y la majestuosidad de varias de sus canciones, el conjunto no lo veo superior al de Rubber Soul, The White Album y los dos primero discos citados en el texto. Lo que no significa que no hablemos de una obra maestra de la música popular, pues eso creo que está fuera de toda duda.


El arranque del álbum, una orquesta que afina sus instrumentos prologando el breve y contundente rock and roll que da título al plástico, nos hace saber que las cosas han cambiado. Hard rock incipiente y psicodelia preceden al pop clásico de la magnífica y universal With A Little Help From Friend que canta Ringo Starr. El ácido que de por sí contenía la Alicia en el país de las maravillas de Lewis Carroll es aumentado al ser hecha canción por John Lennon en Lucy In The Sky With Diamonds. Rock psicodélico seminal y sin ambages, el tema ejerce su fascinación por todos sus aspectos: composición, instrumentación, contraste tajante entre la cadencia y las intenciones estéticas de estrofa y estribillo, etc. Getting Better y Fixing A Hole son dos estupendas piezas pop a las que pone voz Paul McCartney. She´s Leaving Home es una preciosa balada que sigue la estela de Eleanor Rigby aun sin alcanzar (era imposible) su expresividad superlativa. Número de circo lisérgico, el de Being For The Benefit Of Mr. Kite! es ciertamente único, cuesta compararlo con algo concreto y echa el cierre a la primera mitad.


Within You Without You da comienzo a la segunda con el acercamiento máximo de los Fab Four (de George Harrison) al raga, melodías, ritmos e instrumentos hindúes (alguno ya ha sonado antes de la mano del propio Harrison) que amplían tremendamente la paleta estilística de Sgt. Pepper's. Y si de contrastes y paletas va la cosa, ahí está el paseo por el music hall que, de la mano de McCartney, damos en When I'm Sixty-Four. Folk, rock, humor y psicodelia cabalgan juntos en la simpática Lovely Rita. Aunque Good Morning Good Morning sea difícil de describir, si podemos señalar que el surrealismo lírico es acompañado de una potencia sonora a equiparar con el tema que abre y nombra el trabajo, que tiene —precisamente— su breve repaso (reprise) tras los "buenos días buenos días". Prodigiosa hasta decir basta, A Day In The Life condensa, corrobora y explaya la ambición de Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band mediante una pieza que va del pop melancólico a la orquestación atonal, sin olvidarnos del mítico acorde que la cierra, para constituir una de las cimas del arte beatle.


Por supuesto que de un elepé como el tratado queda mucho por decir: la aguja atrapada en el surco final del vinilo, la ausencia de solución de continuidad entre los cortes, el acicate que el extraordinario Pet Sounds supuso para que los de Liverpool registraran una obra revolucionaria, las letras impresas en la carpeta, el adiós a los trajes y las corbatas, el colorido del álbum… Y podríamos seguir. No hace falta. Simplemente, y por contextualizar, que en 1967 también se iban a publicar los debuts de la Velvet Underground y la Jimi Hendrix Experience, el Forever Changes de Love, el Smiley Smile de los Beach Boys y el Disraeli Gears de Cream, ayudando a que el rock alcanzase cotas máximas en creatividad, expansión y belleza en una época en la que lo de mirarse el ombligo no valía. Los cuatro genios de Gran Bretaña lo tenían claro.

jueves, 19 de marzo de 2020

16 Forever


Que Norton editara 16 Forever como single en 2007 fue un hecho de justicia poética. Soberbia canción que especia con pop el punk rock de los Dictators, había sido grabada en 1978 pero no fue conocida hasta que en 1987 la registraron los Nomads, gesto al que el quinteto neoyorquino respondería incluyendo una nueva versión en un homenaje al grupo sueco publicado en 2003. Acompaña en la otra cara a esta reivindicación de la adolescencia una de las mejores composiciones de Andy Shernoff, la gloriosa Stay With Me, en este caso en lectura maquetera —maquetera pero espectacular— previa a la definitva de Bloodbrothers. Sí, ambos temas también estaban en el doble elepé del mismo año Every Day Is Saturday, pero 16 Forever merecía singularidad debido a su mala suerte y su altísima calidad, conjunción reparada por el sencillo de la discográfica neoyorquina. Y es que ya lo había cantado Johnny Burnette hacía años: "You're sixteen, you're beautiful and you're mine". Que mejor que los autores de Go Girl Crazy! para recordarlo a su manera.

lunes, 16 de marzo de 2020

Nevermind


Pixies, Black Sabbath, Stooges, Cheap Trick, The Jesus And Mary Chain, Hüsker Dü, Black Flag: ésas y varias más son las influencias que evidencia la escucha de Nevermind, el disco de Nirvana que en 1991 hizo oficial el rock alternativo y mandó al sleaze al cajón de los recuerdos… por unos cuantos años. El rock básico y ruidoso de guitarra, bajo y batería se alejaba del cruce de glam y metal que había triunfado en los ochenta, y la gravedad y las camisas de cuadros venían a sustituir al rímel y el desparrame. Por supuesto, estamos generalizando, pues existen matices y excepciones, pero no hay más que comparar, por ejemplo, el Girls, Girls, Girls de Mötley Crüe (superventas cuatro años antes) y las pìntas y actitud de la banda angelina con el elepé que hoy nos ocupa y el aspecto de sus creadores para darse cuenta de que bastante de eso había.


Hardcore, high energy, punk y heavy metal ponen banda sonora a una atmósfera depresiva. —grunge— que coincide —curiosamente— con la (obscena) alegría que el neoliberalismo exhibe ante la caída de la Unión Soviética y sus satélites: ¿no es ya el mundo libre, feliz y capitalista hasta el infinito y más allá? Smells Like Teen Spirit, In Bloom o Come As You Are se van a convertir en himnos generacionales, canciones de ésas que llenan vidas, que dan sentido a existencias, independientemente del nivel artístico que puedan tener. Por fortuna en el caso de Nirvana y Nevermind el nivel es alto, si bien considero que su éxito los puso en un lugar excesivo, pues hay muchos grupos y álbumes de los años noventa que, por consistencia, potencia u originalidad, hay que situar por encima. Y hasta aquí las pegas, pues las composiciones son muy notables, la ejecución de Kurt Cobain, Krist Novoselic y Dave Grohl es impecable y rotunda y el trío denota personalidad. No se me malinterprete: discos como Badmotorfinger o Blood Sugar Sex Magic, del mismo año, son excelentes pero no los pondría jamás a la altura de Sticky Fingers o Billion Dollar Babies, ni siquiera a la de los que considero mejores plásticos de 1991, From Influence To Ignorance, Apocalypse 91… The Enemy Strikes Back y Trompe le monde. Ni la mítica portada de Nevermind —en la línea de la de Undercurrent mas sin su elegancia—, ni las ventas millonarias me harían cambiar de opinión. Cada cosa en su sitio.


jueves, 12 de marzo de 2020

Noches de rock & roll


Mejorar un despropósito como Atrapado en el amor —último disco de Burning con Toño Martín al frente y patético intento de modernizar su sonido que solo funciona relativamente en el apartado baladístico— no era difícil, ya que empeorarlo parecía imposible. Noches de rock & roll (1984) efectúa, empezando por su título, una toma de posición que se contrapone al anterior álbum del grupo madrileño. Donde había sintetizadores cutres y canciones pachangueras, hallamos guitarras, buenas composiciones y rock and roll, una banda volviendo a lo que es, más allá de producciones o coyunturas. El quinto elepé de Burning no es Madrid o El fin de la década, pero contiene varios clásicos inmarcesibles del rock español y mantiene —a pesar de haber perdido a su cantante— un nivel digno de los autores de Qué hace una chica como tú en un sitio como éste.

Esto es un atraco e Y no lo sabrás, con el protagonismo del saxo de Miguel Slingluff, son dos de dichos clásicos, gozosos rocanroles en los que —respectivamente— Johnny Cifuentes cuenta una historia que le sucedió a su mujer y Pepe Risi aprovecha para criticar a Martín por haber abandonado la nave y dedicarse a la vida familiar. El lado cañero del trabajo lo completan Cristina, con los de La Elipa adaptándose a los tiempos y moviéndose entre Billy Idol y los Cars; Nena, aproximación indisimulada a las maneras de Iggy Pop y James Williamson; y Tú de azul y yo no, una especie de Cristina más (synth) pop.

Pero son quizá las baladas donde estas Noches de rock & roll triunfan. Y entre las baladas una de esas canciones inolvidables, marcadas a fuego en el ADN de muchos: Una noche sin ti. Los recuerdos, la nostalgia, la noche, los viejos blues, los Stones y Eric Burdon en una letra y una melodía soberbias, las de cuatro minutos perfectos. No queda lejos en calidad y sentimientos, de todos modos, Corazón solitario, en la que destaca el teclado de Cifuentes, y sí es inferior, aunque notable, El sueño de tu sonrisa. Funk, samba y techno se alían en el peor tema del álbum, Johnny el seco, poco que decir sobre él, si acaso que mejor si hubiera quedado fuera del plástico y que lo nombramos para completar las nuevas piezas que hacen posible una muy buena colección de la más mítica banda patria de rock and roll… y de sus noches.