lunes, 22 de agosto de 2016

Another Perfect Day


"Si la gente quiere juzgar por el aspecto puede hacerlo, pero me parece jodidamente patético juzgar la habilidad por el aspecto." Así de rotundo se despachaba Philty Animal Taylor en una entrevista de la época para Sounds. "Es solo un ejemplo de estupidez, ciegos prejuicios", había dicho antes. Pero ¿de quién hablaba el baterista de Motörhead? Pues lo hacía nada más y nada menos que de Brian Robertson, quien fuera guitarrista de Thin Lizzy en la época más esencial de la banda, aquélla en la que graba obras maestras como Fighting, Jailbreak o el doble en vivo Live And Dangerous. Robertson se había unido al trío británico en 1982, pues Fast Eddie Clarke había dejado la nave en medio del tour de Iron Fist y alguien debía ocupar su lugar. La relación de Robbo con Lemmy y Taylor no pasó del año y medio, no solo porque los fans del grupo no gustasen de las pintas del músico escocés, sino porque éste parecía mirar por encima del hombro a sus compañeros, negándose —verbigracia— a que sonaran en vivo clásicos como Bomber, Ace Of Spades u Overkill en la gira de presentación de Another Perfect Day (1983), el único y controvertido disco que aquella formación de Motörhead registrara.


El para Lemmy irritante perfeccionismo de Robertson no hizo que el álbum fuera del agrado de los seguidores de la banda. El guitarrista era técnicamente superior a Clarke (es una evidencia), pero con él se perdía parte de la fuerza bruta consustancial al estilo del grupo. Sin embargo, visto con la perspectiva del tiempo, el elepé es realmente bueno y el añadido de las seis cuerdas de Robbo hace que las canciones ganen en riqueza melódica sin dejar de ser piezas con el sello de Motörhead en sus notas y su pegada. Los dos magníficos temas que abren el plástico, Back At The Funny Farm y Shine, son mis favoritos del mismo, aunque defensas ardientes del rock and roll como Rock It, medios tiempos amenazantes llamados One Track Mind o cantos antibélicos titulados Marching Off To War también me gusten mucho, seguramente por estar más cercanos al canon calórico del trío. Dancing On Your Grave, Another Perfect Day o I Got Mine, sin embargo, denotan con mayor evidencia la presencia de Robertson al escorarse hacia un hard rock más comercial (con las comillas que sean necesarias) que también es muy apetecible. Quedan Tales Of Glory y Die You Bastard para cerrar fornidas e incisivas un trabajo que merece un notable alto una vez aparcados los "ciegos prejuicios" de los que hablaba Animal Taylor. Puede que Brian Robertson no fuera un tipo demasiado simpático y que su manera de vestir no cuadrase con la apariencia de Motörhead, pero las guitarras y la aportación compositiva que trajo a Another Perfect Day hablan por sí solas. Obviamente, no fueron suficientes para evitar que su falta de sintonía con Lemmy y Taylor le hiciera abandonar el grupo a finales de 1983. A veces, la salud mental es más importante que la artística.

3 comentarios:

  1. Con Iron Fist repetían la misma fórmula de sus anteriores discos pero con peor calidad. Another Prefect Day le dio frescura a la banda rompiendo el piloto automático con el que funcinaban. Es muy superior a Iron Fist pero entre las pintas de Robertson, el negarse a tocar los mayores clásicos de la banda y según Lemmy "Robertson era un gilipollas" todo estaba listo para que le diesen la patada que ya se la dieron en Thin Lizzy por capullo. Una pena porque el disco es una gozada y el bootleg que traía la edición remasterizada una pasada en el que Robertson demostraba que su sonido encajaba.

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  2. Pues no, no he sentido yo nunca ese "canon calórico" que comentas sobre los Motörhead y, como creo que sabes, a Lemmy solo lo he seguido en su primera época de Sam Gopal. Seguro que algo de la banda me recomendarás para iniciar la primera travesía.
    Abrazos,
    JdG

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  3. No he escuchado ese bootleg, Trónak, le daré una oída. Muy de acuerdo con tu reflexión.

    Mi disco favorito del grupo, Javier, es "Overkill", dale cancha y me dices.

    Abrazos.

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