Si algún defecto hubiera que buscar a A Love Supreme y Ascension, las extraordinarias grabaciones de John Coltrane, sería el de haber oscurecido el resto de su producción (anterior o posterior) y mediatizado la percepción de la misma. Es un hecho común a cualquier disciplina artística: el retrato que Whistler hizo de su madre prefigurando a Mondrian; Alejo Carpentier y el barroquismo de El siglo de las luces, previo y superior al de Cien años de soledad; la obsesión de James Stewart vista a través de los ojos de Hitchcock en Vértigo. Creaciones excelsas, deslumbrantes, que parecen reducir el trabajo del artista a esa sola obra maestra. Parecen.Para Joan Giner Crescent (1964) "quizá sea una de las obras de John Coltrane (1926-1967) más injustamente olvidadas, en beneficio de otras anteriores y posteriores sin duda mucho más trascendentes desde el punto de vista de su evolución estilística, de su búsqueda constante de un mensaje universal. La razón de ello puede estribar en que aquí no se nos ofrece el Coltrane innovador torturado por sus voces interiores, sino el artista que se detiene un momento para recapitular —a modo de conjuro— toda una etapa de su capacidad expresiva, antes de lanzarse a la impaciente exploración de lo inédito". No hay que dejarse cegar por las cumbres, no sólo porque el resto de la montaña pueda esconder sorprendentes arcanos, sino porque quizá el prejuicio de lo establecido nos impida descubrir que, al menos según nuestro criterio, lo que tenemos ante nuestras narices es la parte más alta del monte.
Grabado en dos sesiones (27 de abril y 1 de junio de 1964), meses antes que A Love Supreme y con los mismos músicos (Elvin Jones a la batería, McCoy Tyner al piano, Jimmy Garrison al contrabajo, John Coltrane al saxo tenor; el mejor cuarteto de la historia del jazz), Crescent merece para quien esto firma una muy alta calificación "en tanto que reflejo del sentimiento más íntimo y sincero del artista", tal y como afirma Joan Giner. El tema homónimo que abre el elepé muestra a un Coltrane que empieza relajado y se va endureciendo y retorciendo conforme avanza para volver a la calma al final de sus casi nueve minutos. En Wise One, Tyner y Trane interpretan una hermosa melodía soportados por una sutil, pero perfecta, labor rítmica de Jones y Garrison. Bessie's Blues, un tema lleno de swing, y el más corto del álbum, da por concluida su primera cara y nos retrotrae al Coltrane de los años cincuenta. Lonnie's Lament, de más de once minutos, contiene unos sensacionales y luminosos solos de Tyner y Garrison, a los que se une la, digamos, alegre nostalgia del saxo de Trane en el último tramo del tema. Elvin Jones —no podía ser de otro modo dado el título— es protagonista absoluto de The Drum Thing, con un trabajo de percusión que quita el hipo y que uno no deja de admirar por más que lo escuche. Un Coltrane crepuscular despide la grabación y certifica su belleza.










