jueves, 14 de marzo de 2024

Synchronicity

Describir el último disco de The Police con un vocablo o una frase que lo epitome no es fácil o difícil: es falso. En efecto. Hay en Synchronicity (1983) canciones y estilos muy diferentes y dos caras o mitades alejadas una de la otra radicalmente. Synchronicity I es un comienzo abrasivo que bascula entre la new wave y el punk rock (al menos su energía) al que se yuxtapone un Walking In Your Footsteps cuyo minimalismo que simula ser arcaico y plantea disonancias mediante la guitarra de Andy Summers vive en otro planeta musical. O My God escribe su funk espacial con sintetizadores, metales y los arpegios que Summers ya ha sacado a relucir alguna que otra vez en la obra de los autores de Zenyatta Mondatta. Es el guitarrista quien aporta la esquizofrénica Mother, mientras que Stewart Copeland trae la breve Miss Gradenko, donde luce su batería en un tema atractivo pero menor. Vuelve Sting a componer en Synchronicity II, que aunque es diferente a la primera y no es su continuación (en lo musical; sí en lo lírico y sus conexiones con el famoso psiquiatra Carl Jung) sí tiene un poderío similar si no mayor, siendo ambas y homónimas piezas (si obviamos el número cardinal que acompaña a cada una) los únicos momentos roqueros del plástico.

Cualquier parecido con la primera cara, no digamos ya con los tres primeros discos del trío británico, se borra de la segunda. Las cuatro composiciones que le dan forma van de la balada al pop de ropajes que colindan con la new age o la world music, movimientos que el anterior trabajo de Police, Ghost In The Machine, ya anticipaba. Qué decir de la canción sentimental más famosa de los años ochenta, sustentada en el dolor del propio Sting. Por mucho que suene, Every Breath You Take nunca dejará de convocar a nuestros sentimientos o de recordarnos nuestras rupturas, nuestros fracasos. King Of Pain explicita de nuevo la hipérbole del dolor ("el rey del dolor") que produce en tiempo real el amor perdido. No abandona su mundo el cantante de Wallsend en Wrapped Around Your Finger, decorando su flujo lento con los teclados que —diversos— no han dejado de sonar desde que dimos la vuelta al elepé. No los hay en Tea In The Sahara, la suave despedida creada sobre la excelente novela de Paul Bowles El cielo protector. Los acordes fantasmagóricos de las seis cuerdas de Summers, el bajo y las pocas notas del oboe que toca Sting, la percusión de Copeland y la letra caminan juntos asimilando el misterio de la narración de Bowles. El final de Synchronicity y de una discografía cuando The Police se hallaba en lo más alto comercialmente hablando. Desconozco si hubiera dado más de sí artísticamente, pero su quinto álbum mantuvo la creatividad además de aventar la fama hasta el infinito.

3 comentarios:

  1. Si se trataba de dejarlo arriba ... ahí fue donde lo dejaron. No es el mejor disco del trío. Un poco batiburrillo de estilos como dices. Seguramente los choques que habia entre ellos hacian que cada uno tirase para su lado y se perdiera cualquier unidad posible. Pero a ver quien es el guapo que dice que esto es un mal disco .... Saludos Gonzalo

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  2. Este es un disco que recuperé en el confinamiento ya que hacía años que había olvidado, centrándome únicamente en los tres primeros plásticos del grupo. Coincido en tu visión del disco y desde luego no es un mal disco, mejor de lo que creía recordar hasta la primavera de 2020.
    Un abrazo.

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  3. Así es, J, y a pesar de ello es un disco válido y bien bueno.

    Yo creo que los tres primeros son los mejores, Jorge, pero "Synchronicity" tiene mucho encanto.

    Abrazos.

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