lunes, 29 de diciembre de 2025

La zona sucia


Sin dejar de ser notable y personal, el anterior disco de Nacho Vegas había significado un pequeño bajón en su brillante trayectoria. Sin embargo, La zona sucia (2011) vuelve a poner las cosas en su sitio y es, en conjunto, superior a El manifiesto desastre. Y lo es empezando por una magnífica portada en la que una Z troquelada en un cartón negro deja ver la pintura expresionista de Adolfo P. Suárez que —retirado el cartoncillo— nos lleva al título del trabajo escrito sobre la zeta mayúscula, pues la oscuridad de la noche en la ciudad quizá sea como esa zona sucia que, en la Fórmula 1, "es evitada por los pilotos pues es una zona más lenta, donde se acumulan impurezas del pavimento y que representa, por lo general, vueltas menos eficientes", como explica concisamente el mexicano Daniel Cortez Rayas. A nadie escapa que los conflictos tratados por Vegas son también oscuros y evitados, de los que no se explicitan en nuestro trascurrir diario —falaz, cobarde y superficial— en el trabajo, el centro comercial o el vecindario.

Apoyándose en una banda que da una y otra vez con la musicalidad perfecta (Abraham Boba, Manu Molina, Xel Pereda y Luis Rodríguez, a quienes sumar colaboraciones puntuales), el autor de Actos inexplicables alarga la autoficción lírica que le caracteriza, folk rock de herencia dylaniana mas formalización idiosincrásica en el que, sin desdeñar uno solo de sus diez cortes, destacan en mi opinión La gran broma final y su devenir épico; Taberneros, suerte de nana para adultos acerca del amor frustrado; Cosas que no hay que contar, intenso relato oral sobre lo que debe ser ocultado, y El mercado de Sonora, cuya sonoridad psicodélica se aleja de la del resto del álbum y cierra La zona sucia. Ésa en la que Nacho Vegas se mueve como pez en el agua (de los malditos) y que hace de él una de las voces más interesantes de la música popular española de este siglo.






jueves, 25 de diciembre de 2025

Dead Nerves, Katipo, The Desert

Solo de un sello como El Beasto podía venir una rareza como la que, en formato siete pulgadas, traemos hoy a Ragged Glory. Single de 2019 y tres canciones de los Night Shades —grupo del más estricto underground, no pregunten fuera de él— "grabado EN DIRECTO en Londres por Rick James en los estudios Ivory Rooms", no hay más que escuchar la primera de sus canciones, Dead Nerves, para sentir la crudeza del garage rock y el psychobilly de la banda y el porqué de las dos palabras escritas en mayúsculas en la frase extraída de la contraportada. Su inmediatez y primitivismo apelan inmediatamente a los Cramps, los Meteors y gentes de similares y malignas intenciones sonoras, si bien el primero de los dos temas de la cara B —demos la vuelta a la galleta— demuestra que los Shades saben de versatilidad al pasarse al rock instrumental en Kalipo. No se preocupen los amantes del ruido y el salvajismo, The Desert completa este breve pero nutritiva función con otra pieza de violencia y distorsión que luce orgullosa las enseñanzas de los Sonics. Tres temas en seis minutos y medio para que la familia y los vecinos sigan pensando lo extraño que es uno o a lo contracorriente que anda. Portada incluida.



lunes, 22 de diciembre de 2025

Way Over My Head, Shakin'

Doble cara A, como especifica la portada, las dos canciones de este single publicado a principios de 1987 vienen del periodo australiano de los Flamin Groovies, cuando graban para el sello AIM One Night Stand, disfrutable refrito de clásicos de la banda californiana y versiones de otros artistas. A diferencia de dicho elepé, las dos composiciones de Cyril Jordan que aquí encontramos eran una novedad en su momento, y tanto Way Over My Head como Shakin' se decantan por el pop de la segunda etapa de los autores de Shake Some Action, temas ambos brillantes pero en especial el primero al destilar la emoción sixtie de las joyas que en la década de 1970 registraron como homenaje y reescritura del rock creado en la anterior por Beatles, Stones y Byrds. Dos cortes y una galleta muy poco recordados aunque merezcan de sobra la pena.



jueves, 18 de diciembre de 2025

Buscando la luz

No fue un retorno porque sí. Veintiocho años después de Fuzz Godz, La Secta volvía en 2024 Buscando la luz, un elepé espléndido que justificaba artísticamente tan enorme hiato, si bien ya llevaba tiempo pisando de nuevo los escenarios y un single de 2022 presagiaba propósitos más extensos en el estudio.

El hard rock psicodélico de A Distant Star que inicia el álbum manifiesta con poderío el sonido de una banda a la que el tiempo o la ausencia no han resquebrajado o amuermado. No. Sus miembros se han hecho mayores, pero la electricidad y el rock and roll siguen brotando jóvenes y testarudos de sus instrumentos. I'm Fine Now recorre caminos similares, aunque más lisérgicos y con algún eco de Jane's Addiction y Alice In Chains. Don't Cover My Face, sin embargo, es más breve y urgente, high energy veloz que a medio camino se ralentiza para emular a Black Sabbath y retomar, como remate, el ritmo frenético del primer minuto y medio. El grunge y el rock alternativo que se hizo mainstream de final del siglo XX asoman en I Did It antes de que Like A Freak / The Jungle Is Freaky se estire hasta los seis minutos y complete la primera cara, o L, apelando —entre otros— a los Stooges y a los Spacemen 3 en su sensorial y ácido transcurrir.

In A Deep Dream mantiene coordenadas artísticas, pero en la mitad de tiempo, y encabeza la segunda parte del plástico o cara S. Just Feel (I'm Walking On Air) no se aleja formalmente de I Did It, si bien su melodía, las percusiones de Ricky y el solo de guitarra de Pat Harrizelay no esconden la influencia del Simpathy For The Devil stoniano. Luz (My Suicide) es una bellísima canción sentimental que Andrew Wood habría podido firmar con Mother Love Bone. El high energy vuelve a llamar a la puerta en Burning Love, preludio de Perfect Time, siete minutos de trance psicodélico pensados, como su corte homólogo de la cara opuesta, para arrastrar al oyente a un torbellino de emociones, concluir Buscando la luz y demostrar que a veces la espera, por muy larga que sea, sí merece la pena.



lunes, 15 de diciembre de 2025

More Bob Dylan Greatest Hits

Si de algo sirve un recopilatorio como este More Bob Dylan Greatest Hits (o Bob Dylan's Greatest Hits Vol. 2) de 1971 es para reivindicar a su autor como compositor modélico por encima de sus diferentes periodos y reinvenciones sonoras. La disposición de las canciones de la primera de las cuatro caras del doble plástico es taxativa al respecto, al sumar el blues rock del single Watching The River Flow (producido por Leon Rusell, quien también se hace cargo de un piano pletórico), el folk de Don't Think Twice, It's All Right, la balada country rock (Lay Lady Lay) y el folk rock de Stuck Inside Of Mobile With The Memphis Blues Again.

Similar estrategia van a seguir las restantes caras, aunque de manera menos tajante. El country (I'll Be Your Baby Tonight, Tonight I'll Be Staying Here With You), el folk (All I Really Want To Do, My Back Pages) y el nuevo rock (Maggie's Farm) informan la segunda de ellas, mientras que la tercera aporta mayoritariamente folk rock (She Belongs To Me, All Along The Watchtower, Just Like Tom Thumb's Blues), sin olvidarse del rock en The Mighty Quinn (Quinn The Eskimo), con la vista puesta en la inolvidable película de Nicholas Ray y su protagonista, y el folk en A Hard Rain's A-Gonna Fall.

La cuarta parte del trabajo es algo diferente, pues se alimenta principalmente de grabaciones inéditas. No lo son los dos primeros temas, country y folk rock representados respectivamente por If Not For You y New Morning que ponen fin a las contribuciones de The Freewheelin' Bob Dylan, Nashville Skyline, Blonde On Blonde, John Wesley Harding, Another Side Of Bob Dylan, Bringing It All Back Home, Self Portrait, Highway 61 Revisited y New Morning, elepés todos, de más está decirlo, imprescindibles y que van de 1963 a 1970. Del 63 es también el folk de Tomorrow Is A Long Time, corte en directo dado a conocer ocho años después. Antes de formar parte del Cahoots de The Band, Dylan graba en marzo de 1971 el When I Paint My Masterpiece que aquí escuchamos, producido por Leon Rusell en las mismas sesiones de donde sale el Watching The River Flow que ha abierto la compilación. Del mismo año, pero de septiembre, son las tres canciones que clausuran el grandes éxitos. I Shall Be Released, You Ain't Going Nowhere y Down In The Flood, aparte de versiones posteriores de otros artistas (el propio grupo de Robbie Robertson entre ellos) y como es de sobra conocido, vienen de 1967 y la época en que Dylan y The Band registran las Basement Tapes que verán la luz en 1975. Basculando entre el folk y el country, completan estupendamente More Bob Dylan Greatest Hits, otra forma de disfrutar del eterno vate de Duluth. Siempre genial, en todo caso.



jueves, 11 de diciembre de 2025

Sunflower

Nuevo sello, nueva década. Misma categoría. Sunflower (Reprise, 1970) es una obra maestra de principio a fin, un derroche de musicalidad que desborda el concepto pop constantemente y la confirmación de que Dennis Wilson y, en menor medida, Bruce Johnston no se quedan atrás a la hora de aportar material de calidad que sumar al de Brian Wilson. Por muchos problemas que arrastraran desde 1967, por mucho que las ventas y la popularidad descendieran, los Beach Boys seguían siendo un grupo extraordinario y sin parangón, creadores de unas canciones y unos arreglos que huyen de cualquier monotonía, lugar común o facilidad.

Si las armonías vocales son una de las características básicas de los autores de Pet Sounds, las de Slip On Through y This Whole World que abren el álbum, estableciéndose en torno a los dos minutos como las dos piezas más breves del mismo, son para llorar de lo logradas que están, pop que juega en otra liga, bien lo sirvan Dennis o Brian respectivamente. En compañía de Mick Love y Joe Knott, Brian aporta Add Some Music To Your Day, exquisito canto de amor a la música cuya delicadeza es la mejor defensa del arte sonoro que se pueda realizar. Al igual que en Slip On Through, Dennis se apoya en Gregg Jakobson para crear Got To Know That Woman, rock and roll de aliento góspel. Soft rock que se adentra en terrenos sentimentales, el de Deirdre se lo debemos a Bruce Johnston con una pequeña ayuda de Brian. It's About Time nos lleva al ecuador del plástico mediante el corte más rítmico y rocker de la función, así que no puede extrañar a nadie que la batería de Earl Palmer y la percusión de Dennis Dragon comanden esta composición de Dennis y Carl Wilson, Al Jardine y Bob Burchman.

La tristeza guía Tears In The Morning, segunda canción escrita por Johnston, esta vez en forma de sobresaliente adagio. Por su tratamiento sonoro, sus arreglos y su propia estructura, All I Wanna Do deviene, de la mano de Brian y Mick Love, uno de los temas más especiales del disco. El talento descomunal de Dennis (de nuevo con Jakobson) para crear mundos armónicos genuinos se desvela sin ambages en Forever, cuyo tempo y ternura mantiene Our Sweet Love, aunque escrita por Brian, Carl y Jardine. Un pájaro acercándose a una ventana y la reacción de quien lo ve —(aparente) sencillez pareja a la de un haiku— da lugar a At My Window, suerte de nana construida por Brian y Al Jardine. La pequeña sinfonía pop que culmina el álbum, Cool, Cool Water, parte de la incompleta Love To Say Dada de 1967 y Brian, suma a Love en la composición y da con un tema cuya atmósfera fantasmagórica que lleva lo tonal a sus límites en algún tramo, justo antes de que se evapore, habría encajado a la perfección en Smiley Smile. El final de un Sunflower que se puede reproducir junto con Moondance, All Things Must Pass o American Beauty —tres colosos publicados ese mismo año— sin miedo alguno a hacer el ridículo. Pues ésa es su estatura.



lunes, 8 de diciembre de 2025

The Confessions Of Dr. Dream And Other Stories

Hiato de tres años que va de Bananamour a Yes We Have No Mañanas (So Get Your Mañanas Today), el de Kevin Ayers entre 1973 y 1976 sirve para que grabe dos elepés con Island antes de volver a Harvest, sello en el que permanecerá hasta 1980. The Confessions Of Dr. Dream And Other Stories (1974) es el primero de dichos discos, no tan espléndido como el que le antecede (para mí el mejor de Ayers), pero lleno de interés.

El funk y el góspel animan Day By Day, festivo pistoletazo de salida al que sigue la brevísima See You Later, miniatura que pareciera parodiar el country & western. El rock de arreglos góspel (Doris Troy, Rosetta Hightower y Joanne Williams a los coros igual que en el primer corte) vertebra la gozosa Didn't Feel Lonely Till I Thought Of You (a pesar de su título: la ironía y la ambigüedad son siempre parte de Ayers), donde la guitarra solista de Ollie Halsall, en adelante colaborador fijo del creador de Joy Of A Toy, se deja notar. El country & western contemplativo (¿filosófico?) de Everybody's Sometime And Some People's All The Time Blues se beneficia del solo de otro guitarrista, aunque bien diferente: Mike Oldfield. Tardaba en aparecer, pero al final la cabra siempre tira al monte. It Begins With A Blessing/Once I Awakened/But It Ends With A Curse muestra al Kevin Ayers vanguardista en una pieza de ocho minutos largos que visita distintos espacios musicales tonales y atonales en una serie de estrofas que siempre desembocan en un estribillo que enardecen las voces del Hulloo Choir. Balbearing Blues es otra miniatura de folk blues que se presenta como contraste absoluto al tema que le ha precedido.

Suite de cuatro partes, la que da título al plástico ocupa prácticamente al completo su segunda mitad. La primera de ellas, Irreversible Neural Damage, hace honor a su nombre en su paranoia alucinógena con la colaboración de Nico, a quien Ayers había descrito en su anterior álbum mediante la extraordinaria Decadence. Nada es casualidad. Invitation y su rock instrumental de poco más de un minuto da paso a The One Chance Dance, extensa composición de rock progresivo y ecos de Soft Machine (Mike Ratledge anda por ahí para secundar a su antiguo compañero de grupo). Cuarta y última parte, Doctor Dream Theme no abandona el espectro progresivo en una canción que va creciendo en intensidad y que no desencajaría en el repertorio de Alice Cooper. Mediante una nueva miniatura folk, Two Goes Into Four cierra The Confessions Od Dr. Dream And Other Stories, quinto elepé de un artista irrepetible cuya música sigue sonando con la frescura del autor genuino.



jueves, 4 de diciembre de 2025

Dúos para violín y viola

El arzobispo de Salzburgo —Hieronymus von Colloredo— había solicitado a Michael Haydn la composición de una serie de dúos para violín y viola que el hermano de Joseph no fue capaz de completar al caer enfermo. Para que la obra pudiera ser entregada a tiempo (y cobrada), su amigo y compañero de profesión Wolfgang Amadeus Mozart compuso rápidamente los dos dúos de cuerda que restaban, que, junto con los cuatro escritos, fueron entregados al aristócrata como el trabajo de un solo artista para que se llevara la gloria… y el dinero. Gesto de amistad que es además demostración de genio y premura, pues en unos días Mozart escribió los dúos utilizando claves diferentes a las de do, re, mi y fa mayor que había empleado Haydn en los otros cuatro, es decir, y como sostiene Herbert Glass, "cuidadosamente diseñados para completar el conjunto". Compuestas en 1783 y numerados en el famoso catálogo Köchel como las obras 423 y 424 del autor de La flauta mágica, ambas se dividen en tres movimientos y, sin ser las piezas más recordadas del genio austriaco, son de una belleza indiscutible y he querido traerlas aquí por su categoría musical y por la historia que hay detrás de ellas. En nada afecta a su calidad artística y técnica, por supuesto, pero hay veces que el lado humano vinculado al creativo sí merece ser destacado. Como en el caso de estos Dúos para violín y viola.

lunes, 1 de diciembre de 2025

València

Confianza mutua. Eso es lo que hay entre Juan Pablo Mazzola y el sello discográfico Exile Records, creado por la imprescindible revista para publicar en vinilo el excelente Castell de pop de Baby Scream, o lo que es lo mismo el proyecto de Mazzola acompañado de Nick Schinder. Dicha confianza la afirma y corrobora la segunda referencia de Exile, donde Mazzola repite, si bien esta vez de la mano de María Mathe y bajo el nombre de Juan y La Hormiga. Respaldados por seis músicos más, el dúo argentino despliega toda su sensibilidad pop en siete temas y veinte minutos vestidos para la ocasión por el coqueto CD que responde al nombre de València (2025). "La vida diaria cotidiana, el hogar, los sentimientos, las dudas, la nostalgia o la acogida recibida entre naranjos valencianos", en palabras del gran Juanjo Mestre, de quienes cruzaron el océano y acabaron formando una familia en España son la base de unas composiciones magníficas de Mazzola que se multiplican al ser puestas en escena. Así es. La potencia melódica de las canciones no sería la misma sin los instrumentos que ayudan y empujan a las voces de Mazzola y Muchas Hormigas (Mathe), la guitarras y el bajo del primero, pero la batería de Antonio José Iglesias, los teclados de Schinder, el violonchelo de Melina Salanitro, el violín de Lucía Prokopovsky, la lap steel de Federico Alabern y las congas de Paul Candau. Un conjunto de sonidos fantástico y envolvente del que se extraen influjos de Wilco, Jayhawks, Teenage Fanclub u otros similares y vive en terrenos power pop aunque no renuncie en algún momento puntual a la distorsión, en concreto en la maravillosa One Way Ticket. La emoción constante de un disco breve pero espléndido cuya musicalidad brilla en cada una de sus partes, cada uno de sus arreglos y cada uno de sus matices. Magia pura.



jueves, 27 de noviembre de 2025

Tumbling Dice

La riqueza y la variedad de Exile On Main St están también en las dos canciones que —extraídas de tan sublime y doble elepé— dan vida al single de 1972 que hoy comentamos. En efecto. La festiva amalgama de rock and roll y góspel que responde al título de Tumbling Dice y el folk delicado construido sobre la figura de Angela Davis —todo un símbolo de lucha comunista que parece difícil casar con Jagger, Richards y compañía—, o Sweet Black Angel, muestran a unos Rolling Stones muy diferentes tanto en lo lírico como en lo musical, capaces de bordarlo en terrenos tan alejados y ofrecer un sencillo de una calidad apabullante, la de un grupo que llegaba a su cima aquel año y que no había parado de crecer desde 1963. ¿Beatles o Stones? No, Beatles y Stones.



lunes, 24 de noviembre de 2025

Point Blank

Sigue amamantando vástagos el high energy rock and roll ideado y patentado en Detroit la segunda mitad de la década de 1960. Que se lo digan si no a estas fieras de New Haven que responden al nombre de Killer Kin y en cuyo ideario dominan Stooges, MC5 y Motörhead. También hallamos ecos de Bored! y AC/DC en el trallazo que encabeza este single de 2024 y procedencia neerlandesa, un Point Blank que hace honor a su título y en el que manda el salvajismo del cantante Mattie Lea (alaridos heredados de Iggy Pop incluidos). La cara B la ocupa un tema del primer y homónimo elepé del grupo, composición propia y no versión de la canción de Pop situada en Soldier como podría pensarse al llamarse Mr. Dynamite. No menos potente que Point Blank, sí algo más breve, el bajo que lo abre trae inmediatamente a la cabeza a las mentadas huestes de Lemmy, pero el conjunto a mí me recuerda a los colosales Powder Monkeys, emparentados con los asimismo nombrados y asimismo australianos autores de Negative Waves. Nada raro si hablamos del rock crudo y visceral practicado por Killer Kin.



jueves, 20 de noviembre de 2025

Love It To Death

Tetralogías sobresalientes se las podemos arrancar a los Stones, a la Velvet, a la Creedence, a los Byrds, a Led Zeppelin, a AC/DC, a Black Sabbath, a los Beach Boys, a los Beatles… Y en la misma medida a Alice Cooper, que entre 1971 y 1973 graba cuatro elepés que son cumbre de la historia del rock, muestran una creatividad y originalidad realmente desbordantes y se sitúan a la altura de los creados por los grandes renovadores de la música del diablo en Detroit (MC5, Stooges y Funkadelic) precisamente por tener un discurso propio y no seguir reglas ajenas.

El tercer elepé del grupo da un giro a su carrera de la mano de quien se convertirá en mítico productor pero a la sazón es el joven y desconocido canadiense Bob Ezrin. La primera cara abre con tres himnos consecutivos de tres minutos cada uno: Caught In A Dream y su rock stoniano, la inmarcesible descripción de la angustia adolescente que es I'm Eighteen (una canción que nunca deja de estremecerme y emocionarme) y el garage rock de Long Way To Go, cuyo transcurrir anuda la potencia con el matiz circense que tanto trabajará la banda. Black Juju completa la primera mitad sumando en su duración la de los tres temas que le han antecedido, o nueve minutos de psicodelia concupiscente que adopta diversas formas entre la calma y la distorsión y cuenta con un espléndido solo de guitarra de Glen Buxton en su tramo final.

Versionada en los noventa por Asteroid B-612 o Sonic Youth, Is It My Body es una canción peculiar que no deja de ser un corte de dos minutos y medios de garage pero cuya estructura, ya desde su introducción, no es común. Hallowed Be My Name no queda lejos de Long Way To Go y precede a la trilogía que —yuxtaponiéndose sin solución de continuidad— va culminar el álbum de una manera sorprendente. La épica religiosa de Second Coming une sus postreras notas de piano a las de la apertura de Ballad Of Dwight Fry junto con la voz de una niña que pregunta a su madre por su padre, estremecedor viaje a la locura de extraordinaria y progresiva musicalidad que a su vez se funde con la lectura del Sun Arise de Rolf Harris, cuya felicidad ejerce de contraste inequívoco para decir adiós a Love It To Death. Los cinco melenudos que nos observan en la contraportada sumarían Killer, School's Out y Billion Dollar Babies para colocarse en un lugar privilegiado del que ya nadie podrá sacarles. El que ocupa Alice Cooper; el grupo, no el cantante.



lunes, 17 de noviembre de 2025

Siroco

"Notamos la influencia que sobre el guitarrista de Algeciras han tenido los músicos de jazz con los que se relacionó en los años anteriores, conservando sin embargo toda la esencia flamenca", escribe Faustino Núñez en las notas que acompañan a Siroco (1987). Lo hace para explicar el segundo tema del disco, una rondeña que Paco de Lucía dedica a su hijo, a Mi niño Curro. El músico andaluz ha absorbido aquí y allí, cierto, no ha cerrado a nada sus oídos, pero es flamenco lo que toca, lo que expresa su guitarra, seis cuerdas absolutamente sublimes en los ocho temas que conforman el álbum que hoy comentamos. Antes de Mi niño Curro ha sonado La cañada, abriendo por tangos De Lucía en compañía de Rubem Dantas al cajón y a la guitarra. La Barrosa y sus alegrías surgen de la playa chiclanera, potenciando las figuras melódicas y armónicas del autor de Fuente y caudal el taconeo de Juan Ramírez. Irrumpe la rumba mediante Caña de azúcar, acompañado Paco de Lucía por las palmas de su hermano Pepe y la segunda guitarra de José María Bandera. Palmas, jaleos y taconeo caminan junto con la guitarra en El pañuelo, que desarrolla unas espléndidas bulerías. Callejón del Muro es una minera done técnica y emoción llegan de la mano a la cima flamenca. Con los tanguillos para su hija Casilda, Paco de Lucía va finalizando el elepé, que concluye homenajeando a Manuel Serrapí, el guitarrista sevillano, mediante una soleá extraordinaria titulada, cómo no, Gloria al Niño RicardoSolo con Luzia en la década posterior igualará (o superará) Paco de Lucía los logros de este magistral Siroco, un trabajo perfecto que conculca cualquier división plausible aun en lo taxonómico entre arte culto y popular, pues aquí lo popular deviene culto y lo culto se rinde a lo popular.



jueves, 13 de noviembre de 2025

The Cat Walk

Frente a nombres habituales en sus grabaciones de finales de los años cincuenta y principios de los sesenta del siglo XX (Pepper Adams y Duke Pearson), llama la atención el de Philly Joe Jones, cuya batería solo suena en un elepé de Donald Byrd, el que sale de la sesión de 2 de mayo de 1961 en el estudio de Rudy Van Gelder que nutre The Cat Walk. Y la llama de verdad y desde el principio. La potencia de su baquetas y su peculiar sentido del swing se apropia de Say You're Mine, colándose todas y cada una de sus matizaciones —sin que el ritmo o el tempo de la pieza se esfumen— en los solos que suman, por este orden y muy brillantes, Byrd, Adams y Pearson. Duke's Mixture combina aires de jump blues y fanfarria en un corte bastante estentóreo en el que trompeta, saxo barítono y piano vuelven a improvisar en ese orden, Jones no deja de noquear al personal y el contrabajo del olvidadísimo Laymon Jackson se hace notar.

Si Duke Pearson ha compuesto los dos primeros temas, en el tercero se deja ayudar por Donald Byrd, un Each Time I Think Of You en el que, paradójicamente, el solo de Adams se impone por situación ordinal y cualitativa a los del trompetista y pianista, y Philly Joe Jones realiza dos pequeñas improvisaciones. The Cat Walk es la única composición de Byrd en solitario, siguiendo su alegre y vacilón motivo el de los andares del gato, o eso deducimos del título, y despuntando los tremendos breaks de Jones entre las intervenciones estupendas de Byrd, Adams y Pearson, en especial la de este último. Más aún descuella el genial baterista en ese huracán que es la adaptación del Cute de Neal Hefti, donde sí o sí el swing y el bebop son gobernados por Jones, quien, además, aporta un solo que es pura tensión dinámica. El sexto y último tema del álbum lo trae Pearson, un Hello Bright Sunflower que mantiene el espíritu hard bop del plástico con los diferentes apuntes estilísticos comentados, regalando al oyente nuevas y deliciosas improvisaciones de Donald Byrd, Philly Joe Jones, Duke Pearson y Pepper Adams. La elegancia del líder del quinteto apoyado en el Jaguar de la portada —como bien sabe mi querido amigo Javier de Gregorio— es correspondida por las notas musicales que contiene y sostienen The Cat Walk.

lunes, 10 de noviembre de 2025

Tema y variaciones para violín y piano

Escrita para Claire Delbos en el mismo año en que se casa con la violinista, 1932, esta obra de un tema y cinco variaciones de brevedad weberniana es una mera anécdota, un divertimento familiar, en comparación con obras maestras que Olivier Messiaen compondrá en el futuro como el Cuarteto para el fin de los tiempos o el Catalogue d'oieseaux; pero no por ello Tema y variaciones para violín y piano es desdeñable. No llegan a los ochos en minutos el total de seis movimientos en la versión que comento, Gidon Kremer al violín, Martha Argerich al piano modificando el sexo de los intérpretes que originalmente tenía Messiaen en mente: su mujer y él mismo. El letón y la argentina ponen en escena con una categoría incuestionable la partitura francesa, calidad técnica que expone como debe ser la musicalidad del autor y su peculiar lirismo, que aquí todavía alude a formas clásicas aun introduciendo disonancias y armonías de aroma vanguardista. No abandonará nunca del todo su mirada a la tradición, ni llegará a negarla como Xenakis o Cage, cierto, pero su trabajo conocerá una radicalidad mucho mayor que la de esta hermosa composición de juventud que hoy hemos querido divulgar.

jueves, 6 de noviembre de 2025

Se publica "Extensión y furia del relámpago", mi cuarto libro

Tras dos novelas —Madrid 3 (2004) y En los antípodas del día (2012)— y un libro de relatos —La figura de cartón (2019)—, llega mi cuarto libro y primero de poesía: Extensión y furia del relámpago. Si el tercero llevaba como subtítulo Relatos de juventud, dolor y violencia, este poemario no abandona el tono duro y oscuro de "una obra fundamentalmente dramática", como se dice en la contraportada. Antes de que Libros Indie me diera el visto y bueno y decidiera publicarlo, el libro, compuesto por poemas escritos entre 2006 y 2023, tenía otra estructura y había sido rechazado por alguna editorial. El caso es que decidí modificarla, aunque manteniendo los mismos poemas, y lo envié a Libros Indie, que, debido a mi decisión o no, aceptó mi propuesta. El poemario se divide en seis bloques de diferente extensión:

  • Aforismos, observaciones y consideraciones
  • Amor
  • Arte
  • Política
  • Infancia
  • Relámpago,

y aunque es posible que alguno de los poemas pudiera estar en un bloque distinto, creo que la división definitiva y las inclusiones respectivas funcionan bien y son positivas para el conjunto. Espero que disfrutéis mucho de Extensión y furia del relámpago. (Pinchando el título os enlaza con la web de la editorial para comprarlo.)

lunes, 3 de noviembre de 2025

Rock'n roll mama, Miéntelas

El rock and roll hecho en España y cantado en castellano difícilmente pueden tener mejor representación que este single de 1978 cuyas dos canciones también formaban parte del soberbio primer elepé de Burning, Madrid. Vía Little Richard, Jerry Lee Lewis, Chuck Berry, los Stones, Lou Reed o los New York Dolls, los de La Elipa escenifican su versión cheli de la música del diablo en Rock'n roll mama y Miéntelas, letras macarras y falocráticas no exentas de ironía e indiscutible solvencia instrumental —base rítmica, guitarra y teclas— que en el segundo corte se revela especialmente creativa y carismática, para mí uno de los grandes temas de los autores de El fin de la década. No es solo rock and roll, no, es un música espléndida y excitante que pocas veces se ha hecho tan bien por aquí, por mucho sonrojo que nos provoque escuchar en pleno siglo XXI eso de: "Miéntelas, miéntelas, ellas te prefieren así"… El modelo anglosajón no era mejor.



jueves, 30 de octubre de 2025

Let's Have A Party, Cool Love

Si la entrada anterior la dedicábamos a un single de Buddy Holly, ésta nos sirve para reivindicar a una mujer que también practicó (y muy bien) el rock and roll en sus inicios en un mundo dominado por los hombres (machos alfa muchos de ellos). Let´s Have A Party, ya grabada por Elvis Presley, y Cool Love forman el sencillo de 1960 que hoy traemos aquí, canciones registradas en 1958 y 57 respectivamente y perfectas para la celebración que nos propone la primera. Siendo ambas ejemplo de seminal música del diablo y siendo ambas adorables, destaco la segunda por sus coros doo-wop y por la pureza de los solos de guitarra (J.W. Marshall) y piano (Merrill Moore). Pero, vamos, que es mejor disfrutar de las dos, de la fiesta, del amor y del rock and roll con Wanda Jackson.



lunes, 27 de octubre de 2025

Love Me, Blue Days-Black Nights

Por mucho que Buddy Holly no quedara satisfecho con sus primerísimas grabaciones para Decca, escuchar setenta años después el single con el que debutaba en 1956 es degustar el rockabilly seminal que Elvis, Carl Perkins, Gene Vincent, Johnny Burnette y el propio Holly están dejando registrado para la eternidad. Love Me son dos minutos canónicos compuestos por Holly y Sue Parrish que siguen sonando con la autenticidad naíf del pionero y la frescura de un tiempo en que todo empezaba. Algo inferior es la cara B del plástico, una Blue Days-Black Nights escrita por Ben Hall que se escucha con gusto pero no tiene la enjundia de su compañera. Sea como fuere, un sencillo histórico de un artista que vivió muy poco pero dejó una obra imprescindible.



jueves, 23 de octubre de 2025

The Best Of The Hard-Ons

Aunque deje elementos fuera, la descripción que un usuario de Amazon (R. Berahovich) da de la música de los Hard-Ons no se aleja de la realidad y explicita la extraña aleación que informa la (aplastante) música del grupo australiano: "Mezcla los Ramones con Jimi Hendrix con Abba". The Best Of The Hard-Ons (1999) es un recopilatorio (veinticuatro canciones en el compacto que yo tengo, pero las hay más amplias tanto en CD como en vinilo) que repasa la primera etapa de la banda (la segunda va de 2000 y This Terrible Place hasta nuestros días y es igual de obligatoria) y corrobora una fusión estilística que desemboca en un sonido intransferible y visceral. Abriendo con una Small Talk —híbrido de metal y hardcore a la altura de los autores de Too Far Gone— registrada específicamente para el álbum, el disco reúne colosales himnos de inmediatez punk (Something About You, Where Did She Come From, Missing You Missing Me, Girl In The Sweater, There Was A TimeDon't Wanna See You Cry…) regados con breves pero exactos solos de Blackie; saltos al vacío en los que el hardcore y el heavy metal acaban rindiéndose al motorik en esas expediciones a las que solo se aventuran los Hard-Ons (She's A Dish, Suck 'N' Swallow en vivo, Wishing Well); conjunciones de hardcore y metal precedentes de la citada Small Talk: It's Up To Me o Busted, flirteando este última casi, casi con el grindcore, e incluso un tema —Lose It— que empieza como balada acústica y a mitad de camino se convierte al medio tiempo con origen en Black Sabbath. Un resumen de elepés, epés y singles que —por supuesto— tienen mucho más pero que es una buena muestra del itinerario abierto y seguido por estos maravillosos chiflados en las décadas de 1980 y 1990.



lunes, 20 de octubre de 2025

Chore Of Enchantment

El cuarto de siglo que ha cumplido Chore Of Enchantment (2000) este año ha confirmado su extraordinaria categoría. Grabado en tres ciudades diferentes con un productor en cada una (Tucson, John Parish; Memphis, Jim Dickinson; Nueva York, Kevin Salem) y diferentes músicos que hacen aportaciones puntuales, incluidos los tres productores, el disco rehúye taxonomías exactas durante su hora de duración, haciendo Joey Burns, John Convertino y Howe Gelb de las canciones de este último un camino de exploración y diversificación reluctante al oyente simplón o de patrones fijos.

El sintetizador simulando las cuerdas de una pieza de cámara en la breve Overture nos introduce en el álbum antes de que (Well) Dusted (For The Millenium) desarrolle su folk rock alucinógeno en el que Burns aporta un chelo distintivo, entre otras cosas porque dicho instrumento no volverá a aparecer. Punishing Sun no sale del terreno folk rock aunque resulte más austera e intimista. X-tra Wide se decanta por una suerte de lounge que se endurece en su estribillo, mientras que 1972 es una miniatura high energy que juega al contraste radical. Funk deconstruido (o pervertido), el de Temptation Of Egg bien podría haber salido de la mente de Ry Cooder. Raw es una balada inmensa en la que hay ecos de Tom Waits aun imponiéndose la personalidad de Gelb y Giant Sand. La electrónica, el hip-hop y el country informan Wolfy sin dejar cerrada la descripción de tan ecléctica y personal canción. Shiver recupera parte de la inclinación lounge de X-tra Wide (no es ajeno a ello que Rob Arthur repita: órgano aquí, mellotron allá) si bien sumando un poso country. El ruido del agua de la fuente del Ardent Studio en Memphis acompaña al trío recogido y semiacústico interpretando Dirty From The Rain. Astonished (In Memphis) y su soul lento escuela Chris Isaak supone uno de los momentos más intensos del trabajo, seguido de un fragmento no anunciado de la famosa romanza de Donizetti Una furtiva lágrima (que volveremos a mencionar y explicar el porqué de su aparición). Aunque ya la haya tocado en Shiver, destacamos en No Reply —entre el country rock y el soul progresivo— la fantástica steel guitar de David Mansfield, además del mellotron de Gelb y el órgano, de nuevo, de Arthur. Vuelve a sonar muy breve e inopinadamente la música de Donizetti para dar paso al mazazo rock que es Satellite, cerca de siete minutos impetuosos que liberan energía, se suavizan en su último tramo y llegan a incluir uno loop de Yes. Bottom Line es la segunda balada del disco, liderada por el piano de Howe Gelb, pequeño solo jazzístico incluido. Edificando su folk rock somnoliento, Way To End The Day nos lleva al final de la función…

… Y es ahora cuando aparece la explicación prometida y nos despedimos: Shrine recoge a Rainer Jaromir Ptacek tocando la slide guitar durante un minuto antes de que, por tercera vez, escuchemos a Donizetti y su aria de El elixir del amor, una de las óperas favoritas de Ptacek, como se explica en los créditos de Chore Of Enchantment. Un álbum excepcional "Dedicado con Amor Enorme al Gran Intérprete de Slide y Virtuoso Ser Humano RAINER JAROMIR PTACEK 1951-1997".

jueves, 16 de octubre de 2025

Message

A pesar de que el único cambio en la formación que graba el tercer y homónimo plástico de Message de 1975 es el de Günther Klinger por Manfred von Bohr a las baquetas, el rock pesado y psicodélico de From Books And Dreams muta en Message en uno que, sin abandonar tendencias hard y progresivas, se hace más accesible o comercial. Cierto que la macabra portada del segundo elepé del grupo germano-británico ha sido sustituida por una foto borrosa pero nada amenazante del cuarteto y que, aun teniendo tres temas más que su antecesor, Message dura menos; es decir, que ya se nos avisa antes de que la música empiece a sonar de que en ella puede haber novedades.

Before The Dawn es un corte potente de rock claramente setentero y muy melódico cuyo componente pop se hace progresivo a partir del movimiento orquestal que se adueña de la canción en su segunda mitad. Thoughts es en conjunto más contundente, miscelánea de funk, hard y progresivo realmente inspirada en la que las guitarras de Alan Murdoch, el saxo (y la voz) de Tom McGuigan y la base rítmica de Von Bohr y Horst Stachelhaus suenan sin fisuras. Si Is That The Way empieza siendo una balada, acaba acercándose al jazz (solo de McGuigan gobernando) y viajando a terrenos de suavidad lisérgica. Que el animado funk rock de I Can See The World, con coros femeninos en su pasaje final, traiga a la cabeza de alguien a los Red Hot Chili Peppers de Californication, por ejemplo, no significa que se haya vuelto loco aunque estemos en 1975. Waters podría descender, sin embargo, de los King Crimson más fornidos, ejercicio de rock progresivo sin ambages que triunfa especialmente gracias a los solos consecutivos y superlativos de McGuigan y Murdoch. Curiosamente, Horrorscope me recuerda a los autores de Red pero en su segundo periodo, el que encabeza Discipline en los años ochenta, giro estilístico hacia el funk progresivo y humorístico en el que Von Bohr añade percusiones. Back Home tiene también elementos funk (la guitarra rítmica, el bajo y la batería) conviviendo con otros de rock duro y progresivo que la hacen comparable a Thoughts. Train To Nowhere despide la función con una nueva ración de funk rock, si bien ésta más acelerada y frenética. La octava canción de un trabajo muy notable en el que Message buscaba nuevas formas de expresión y al que el tiempo no ha quitado lustre.



lunes, 13 de octubre de 2025

Back To The Ground

Primero como álbum digital en octubre de 2024 y luego en formato físico a principios de 2025, Javi Taylor (Javi Torreira Briceño para los amigos), activista musical y responsable de Rock Bottom Magazine, nos sorprendía con un disco llamado Back To The Ground en el que se encarga de casi todo (componer, cantar, tocar guitarras, bajo y armónica) y lo hace realmente bien. No llega a ser el factótum porque de las baterías se ocupa Dolphin Riot, hay colaboraciones puntuales y Juanjo Mellado firma el diseño gráfico del CD, aunque sobre una idea definida por el propio Taylor.

El folk desértico e instrumental de la pieza que encabeza y nombra el trabajo anuncia el tono que va a seguir y sirve de introducción perfecta. No hay que esperar a que llegue la primera colaboración, pues el folk rock de My God cuenta con el bajo y los teclados de Guillermo Sánchez de Cos Suárez —productor del disco junto con el mencionado Riot, que no se nos olvide— para hacerlo más hermoso. Little Kid añade épica, suma algo de electricidad en su parte final y deja ver la influencia grunge que planea sobre las canciones, influencia que podemos acotar si citamos a Mark Lanegan y los Screaming Trees tras disfrutar de la calma tensa de No More Lies. Las (hendrixianas) guitarras desatadas y las marcadas percusiones de Make It Go Away enriquecen su base folk, pues de ahí no se mueve su autor. La luz es el único tema en castellano, híbrido de Bunbury y Tom Waits y ecos flamencos en el que encontramos la guitarra del gran Andrés Herrera o Pájaro para fortuna (diferenciadora) del corte. Angel In My Soul se desliza a terrenos country e incluso bluegrass ayudada por el violín de Martín León y la armónica de Taylor. Rompe el tono la contundencia stoner de Get Out (Queens Of The Stone Age o los citados Trees en el objetivo) antes de que una versión bien sobria del Ugly Sunday de Lanegan (todo queda en casa) cierre Back To The Ground acentuando la austeridad folk que lo informa. Solo falta señalar al lector que, además de sus bondades musicales, las letras sentidas y personales de Javi Taylor hacen aún más completo un álbum muy recomendable que era necesario sacar de un carácter minoritario al que la humildad de su creador no es ajena.

jueves, 9 de octubre de 2025

Through The Mysts Of Time. Rarities 1978-1981

En palabras robadas a su contraportada, Through The Mysts Of Time. Rarities 1978-1981 recopila "demos raras, descartes de estudio y versiones alternativas de los clásicos de Barracudas de la época de los elepés Drop Out y Meantime", es decir de los primeros tiempos del grupo, sus dos primeros álbumes y el single con el que debutó, compuesto por I Want My Woody Back y Subway Surfin'. Con mejor o peor sonido por su propia naturaleza, los veinticinco temas de este CD publicado en 1998, ocho de ellos presentados como bonus, nos hablan de una banda, los Barracudas, mezclando surf, pop y punk en canciones que son pura felicidad como las que acabarán en su Drop Out (His Last Summer, Summer Fun, (I Wish It Could Be) 1965 Again, Don't Let Go, Campus Tramp), por un lado, y añadiendo elementos de power pop, garage, folk rock e incluso post punk en composiciones que irán a parar a Meantime (Grammar Of Misery, Ballad Of A Liar, Bad News) o The Garbage Dumb Tapes (las tres de Meantine más On A Sunday y Shades Of Today), por otro. Un grupo, el inglés, que evolucionaba sin perder su inmediatez y que para mí siempre será sinónimo de alegría y juventud. Aquí con una serie de rarezas que atraviesan "los misterios del tiempo". Lo dice su título, no me lo invento yo.