miércoles, 12 de abril de 2017
Ruccula For Dracula
Descubierto casualmente por un servidor en la Sociedad de Blues de Madrid —sita en el barrio de Lavapiés— en enero de este mismo año, José Luis Pardo es un músico argentino que lleva años metido en esto del blues. El concierto ofrecido junto con su cuarteto me animó a adquirir su Ruccula For Dracula (2016), disco que ha ido ganando terreno escucha a escucha, pues a pesar de no poseer la crudeza en vivo que me cautivó, sí que contiene una excelente colección de canciones escrita por Pardo, principalmente en clave de blues lleno de soul, aunque también haya funk (All You Got To Do), rock and roll (Mabelle) o folk vía ragtime y skiffle (Blues For Brenda). Los arreglos de viento para saxo y trompeta de David Carrasco introducen líneas armónicas de gran riqueza, a las que asimismo contribuyen un Hammond omnipresente y algún piano que otro. Un acordeón por ahí, una pandereta por allá o un trombón por acullá completan el cuadro de los matices, adornos esenciales para ensanchar la base establecida por la voz y la guitarra de José Luis Pardo, el bajo de David Salvador y la batería de Gabriel Cabaglia. No puede cotejar Ruccula For Dracula con la producción anterior de Pardo, pero sí puedo afirmar que tanto como compositor como instrumentista su trabajo es delicioso y que los trece temas de los que consta el álbum son constante fuente de placer durante la hora que tardan en desarrollarse. Doble mérito, pues, al no perder la calidad, la intensidad y la atención del oyente a lo largo de un tiempo que podría hacerse largo o aburrido en caso de no dar con la tecla adecuada. En resumen: música de toda la vida realizada con sensibilidad y técnica en el siglo XXI.
lunes, 10 de abril de 2017
Horace-Scope
Si estamos los días 8 y 9 de julio de 1960 en el estudio de Rudy Van Gelder de Nueva Jersey, y es Horace Silver con su quinteto —escritos sus nombres en la mano de la portada— quien va a grabar una serie de temas que conformará un elepé para Blue Note, entonces es imposible que el resultado sea malo. O muy extraño, si lo prefieren. Así es, no hay más que escuchar el Strollin' que encabeza el plástico para corroborar lo que la teoría apunta: aquí hay mucho talento, ergo mucha calidad. Tiene el tema un sabor pre bebop que los solos de Blue Mitchell (trompeta), Junior Cook (saxo tenor) y Silver (piano) confirman con sus intervenciones comedidas pero lustrosas. Where You At, al contrario, desciende directamente del mundo sonoro patentado por Charlie Parker, Dizzy Gillespie y demás; el tempo se acelera en unas improvisaciones a las que se suma Roy Brooks (batería) dentro de un conjunto ciertamente vibrante. Without You es un tema de Don Newey y el único no compuesto por Horace Silver. Con un título así, no es difícil imaginar su cadencia lenta y sentimental, que sirve para que el pianista desarrolle un solo extenso e imaginativo frente a los brevedad del de Cook y la ausencia del de Mitchell. Horace-Scope es hard bop obvio y elegante al que va a seguir Yeah!, cuya orientación bopper es sustentada en unas magníficas improvisaciones de Cook, Silver y Mitchell y una veloz base rítmica. Me And My Baby contiene más hard bop hermoso y saludable, destacando el deje a blues que imprime Silver a sus teclas y el solo de Gene Taylor (contrabajo), más que nada por ser el primero y último que sale de sus manos. Nica's Dream es la pieza más larga del disco, y asimismo la que lo clausura. De nuevo hard bop —con ese olor a mambo—, de nuevo instrumentistas de categoría superior y de nuevo disfrute generalizado. Como apuntaba Benja M., Horace-Scope "Es 100% lo que el aficionado entiende por Horace Silver, jazz asequible, entretenido y sin esnobismos". Aunque habría que aclarar lo que aquí se conoce por "esnobismos", nos sirve de fórmula para compendiar el álbum y cerrar este texto.
viernes, 7 de abril de 2017
Yerbagüena
Según explicaba Pepe Habichuela, Yerbagüena (2001) nace del flechazo que el músico indio Chandrú sintió al ver tocar en directo al guitarrista de Granada a finales del año 2000. De aquel enamoramiento iba a surgir —en un breve espacio de tiempo— un disco tan especial y curioso como éste que hoy comentamos, fusión cultural y artística de oriente y occidente (como las dos versiones del tema que da título al álbum quieren evidenciar) que en realidad, y más allá de lugares de nacimiento y crianza, es la unión de sensibilidades musicales diferentes pero que tienen mucho que decirse y aportarse.
Yerbagüena (oriente) y Yerbagüena (occidente) abren y cierran —respectivamente— la función en forma de hermosa rumba. Coloreada la primera por The Bollywood Strings y la sección de cuerdas de la South Indian Full Harmonic Orchestra —arreglos y violín de Chandrú—, la segunda lectura es sin duda más sobria y tiene cierto aire jazzístico, al ser acompañadas las guitarras de Habichuela y su hijo Josemi Carmona (asimismo productor del trabajo junto con Mario Pacheco) por el contrabajo de Javier Colina y la batería de Tino di Geraldo. Asia y Europa convergen en busca de variaciones sobre una misma melodía que den con armonías y sonidos diferentes aun hermanados. A mi chache Miguel es una soleá que deja que disfrutemos de las seis y espléndidas cuerdas del Carmona padre y explica la admiración de Chandrú por el artista andaluz. Las bulerías son orientalizadas en Bangalore Krishna, repitiendo aquél como arreglista y violinista de las mencionadas orquesta y cuerdas, compañía de lujo para Pepe Habichuela y su vástago. Se la llevó Dios es una seguiriya magistral protagonizada por la voz de Enrique Morente, que eleva lo que podría haber sido un buen cante a la máxima categoría musical. Del palo del tango (o tanguillos), Como un fandango suma guitarras, mandola, laud, sitar, percusión, tablas, voces y palmas para dar con un flamenco atípico que no renuncia a serlo. Tres colores son unas bulerías tradicionales que anteceden a En El Grec, uno de los momentos privilegiados de la función. Grabada en directo en el Teatre Grec barcelonés y señalada como una seguiriya, por su estructura, acordes y duración yo diría que es una malagueña, pero más allá de estos debates técnicos se imponen sus casi once minutos mágicos en los que la guitarra de Habichuela, la voz de Guadiana, el violín de Chandrú, el sitar de Baluji Shrivastava, la percusión de Arun Kumar, las tablas de Peter Lockett, el cajón de Nono Carmona y las palmas de Galanes, Piripi y el mismo Guadiana hacen de la música —ya española, ya india— éxtasis y comunión, una de esas razones por las que merece la pena vivir. Solo queda entonces que la visión occidental de Yerbagüena arriba comentada eche el cerrojo y nos despida de un disco único y excelente (o viceversa) registrado entre Madrid, Barcelona y Bangalore, certificando así su carácter cosmopolita.
martes, 4 de abril de 2017
…And Justice For All
De la colisión del heavy metal y el hardcore (trash metal) al heavy metal progresivo sin perder un ápice de agresividad sonora: hablamos del camino recorrido por Metallica desde sus inicios a principios de los ochenta hasta la grabación y publicación en 1988 de su obra maestra: …And Justice For All. De extraordinaria coherencia, el disco sigue produciendo en quien hoy lo descubre el mismo impacto —si no más— que el logrado en el momento que sale a la calle. Nueve temas —siendo el más corto (Dyers Eve) de cinco minutos largos— duros y fríos como la tundra y secos como el desierto que emocionan precisamente por su ausencia de sentimentalismo, su obstinación formal y su rigor técnico.
En un todo tan extenso, sólido y concordante, las partes sirven al conjunto (o a él se sacrifican, usando una terminología maoísta), con lo cual es arriesgado destacar alguna de ellas. Sin embargo, creo de justicia resaltar esa soberbia sinfonía del horror llamada One como síntesis o epítome del álbum, pero también como creación independiente que extiende sus tentáculos mientras modifica radicalmente su estructura hasta llegar a su violento y extático final, en el que el cuarteto se convierte en una salvaje apisonadora que no deja títere (musical) con cabeza. Basada en la famosa novela (y posterior película) de Dalton Trumbo Johnny cogió su fusil, la canción empieza siendo una especie de macabra balada para convertirse en una andanada eléctrica que conmociona tanto como la tremebunda historia de Joe Bonham narrada en el texto y las imágenes de quien fuera víctima de aquel inmundo senador republicano llamado Joseph McCarthy.
Si las composiciones son sobresalientes, no menos lo es el sonido logrado por el grupo californiano y el productor Flemming Rasmussen, a pesar de la sabida polémica por la mezcla final del doble elepé, en la que el bajo del sustituto del fallecido Cliff Burton, Jason Newsted, apenas es audible. El resultado es, de todas las maneras, excepcional. Las guitarras de James Hetfield y Kirk Hammett y la batería de Lars Ulrich son pura dinamita igual de explosiva que el invento de Alfred Nobel, rocoso ritmo finisecular erigido en clásico del rock de los años ochenta tan válido y corrosivo como el Songs The Lord Taught Us de los Cramps o el New York de Lou Reed. Porque es en la liga de los mejores donde a finales de aquella década jugaban Metallica y su …And Justice For All. Imprescindible salvo para quienes todavía tengan prejuicios rancios o abominen sí o sí del heavy metal.
domingo, 2 de abril de 2017
Saudade
Cuánta tristeza acumula el amor:
lo que ahora es delicia carnal,
sonrisa cómplice que se cree eterna,
es solo promesa futura de dolor y bruma
que nos negamos a asimilar.
Por mucho que los años y la experiencia
nos digan lo contrario.
lo que ahora es delicia carnal,
sonrisa cómplice que se cree eterna,
es solo promesa futura de dolor y bruma
que nos negamos a asimilar.
Por mucho que los años y la experiencia
nos digan lo contrario.
miércoles, 29 de marzo de 2017
Hospital (público)
Se arrastra hasta el final del pasillo
con el suero entrando por la vena.
Tumbada en la camilla
espera pasar al quirófano
para evitar que el cáncer siga avanzando.
Maldice a los médicos
al fondo de la habitación
por un dolor inhumano
del que ellos no tienen culpa.
Mira a su abuelo
con la inocencia de sus cuatro años
sin sospechar qué puede ser
aquella enfermedad extraña
que le hace respirar tan fuerte.
Y yo absorbo su esencia:
es la lucha por la vida
rodeada de dolor y muerte
la angustia del no saber
la impaciencia, el tedio
la desesperación y el más allá.
domingo, 26 de marzo de 2017
Aquí y allá (hombre mirando por la ventana)
Mirando por la ventana
—ahora que estoy tranquilo—
me veo dos horas antes
caminando solo por el barrio
en busca del aire y los kilómetros
que ahuyenten el desasosiego
que me mata
los domingos por la tarde
cuando ella y yo nos observamos
—al acecho pero sin escondernos—
como desconocidos
a pesar de la convivencia.
Es entonces cuando le busco
para decirle que le quiero
que es mi paz y mi vida
que sin ella nada vale…
Esperando un nuevo paseo
que cercene mi angustia
me acerque a la ventana
distinga a mi homólogo
me dirija hacia ella
y le vuelva a susurrar
TE QUIERO.
jueves, 23 de marzo de 2017
Kiss Of Death
Ligeramente inferior a su predecesor (el colosal Inferno), Kiss Of Death (2006) es otra muestra más de que Motörhead nunca desfalleció y de que el trío que se ocultaba bajo su nombre durante sus dos últimas décadas de existencia funcionaba como un tren desbocado cargado de rock and roll metalizado e infalible. Punk, heavy metal y high energy vuelven a conformar unas canciones previsibles pero espléndidas en las que el feroz sonido no es menos dañino que el irónico nihilismo de las letras de ese eterno renegado que fue Lemmy Kilmister. Añade la edición de SPV que yo poseo del disco una excelente versión de Whiplash grabada para un tributo a Metallica, convertida sin problema al canon de los autores de Overnight Sensation, por otro lado, y como es sabido, una de las influencias básicas del cuarteto californiano. Devolución de honores y halagos, pues, que cierra un álbum que ha transitado un camino bien conocido pero recorrido una vez más con un pundonor, una garra y una excelencia técnica que la mayoría de bandas con una carrera tan larga y prolífica como la de Motörhead no mantiene ni por asomo. Además de la adaptación del tema de Metallica solo vamos a destacar God Was Never On Your Side, no por ser mejor que sus compañeras de viaje, sino por ser la única balada del lote, contar con un solo de guitarra de C.C. DeVille (Poison) y transmitir una desolación infinita. Desolación que también hallamos en otros cortes de la función, pero que la dureza del sonido patentado por Kilmister, Phil Campbell y Mikkey Dee (cuyas baquetas deberán descansar en un altar cuando muera) arrostra y diluye. Motörhead, Kiss Of Death: nada que añadir.
lunes, 20 de marzo de 2017
Sonny Stitt Sits In With The Oscar Peterson Trio
Reunión de maestros el 18 de mayo de 1959 en París, Sonny Stitt Sits In With The Oscar Peterson Trio es una de esas estupendas colaboraciones que pueblan la historia del jazz y que siempre merece la pena rescatar. Saxofonista y pianista despliegan su arte hecho de bebop y swing a lo largo de ocho temas, de los cuales no es casualidad que dos sean originales de Charlie Parker: Au Privave y Scrapple From The Apple. Sabidas son las concomitancias entre Parker y Stitt, y muerto el primero en 1955, el segundo las seguirá alimentando sabiamente durante el resto de su carrera, especialmente cuando es el saxo alto el que toca (escúchense, verbigracia, plásticos de los setenta aquí ya comentados como Forecast: Sonny & Red o The Bop Session). Con el imprescindible Ray Brown al contrabajo y Ed Thigpen a la batería completando el trío de Peterson y ejerciendo de feliz base rítmica, las improvisaciones hechas de viento (tenor o alto) y teclas se suceden plenas de garbo y entusiasmo. Stitt y Peterson son músicos todavía jóvenes pero a la vez con mucha experiencia, con lo cual su arte derrocha pericia técnica sin renunciar a la frescura, a la cercanía. Las voces instrumentales del estadounidense y del canadiense —pronunciándose sobre el andamiaje que fabrican Brown y Thigpen— se hallan pletóricas, si bien parecen clásicas y hasta modosas comparadas con los hachazos que artistas como Cecil Taylor u Ornette Coleman van a dar a cualquier tipo de estructura jazzística previa a partir de ese mismo 1959 en que se produce el encuentro en la capital francesa aquí detallado. Dicho esto sin afán de menosprecio alguno —el disco no tiene un solo pero—, sino de contextualizar la deliciosa grabación que Sonny Stitt y Oscar Peterson y su trío llevaron a cabo aquella primavera bajo el influjo de las aguas del río Sena y la ciudad a la que dan vida.
jueves, 16 de marzo de 2017
Attack & Release
Brothers y El Camino trajeron el éxito a los Black Keys, pero la calidad ya acompañaba de antes al dúo de Ohio, como su fantástico Attack & Release de 2008 deja claro. Quinto plástico de larga duración del grupo, el disco supone un cambio tajante en su carrera, por ser grabado en un estudio profesional y por un productor al uso y por la presencia de otros músicos y otros instrumentos además de la guitarra y la voz de Don Auerbach y la batería de Patrick Carney. Garage, hard rock, blues, soul y psicodelia son utilizados en la escritura de canciones brillantes y diversas que son interpretadas con tesón, nervio y elegancia, y enriquecidas por los diferentes teclados (piano, órgano, sintetizadores) del asimismo productor Danger Mouse, la guitarra del maestro Marc Ribot, los coros de Carla Monday y Jessica Lee Mayfield y los clarinetes, flauta, armónica y jaw harp de Ralph Carney. Led Zeppelin, 13th Floor Elevators, Howlin' Wolf, Otis Redding, Sonics, Flat Duo Jets, Creedence Clearwater Revival o Captain Beefheart resuenan en las notas de los Black Keys, aunque a esas alturas ya tuvieran un sello propio. Gozan los temas de un potencial melódico enorme, expandiéndose caudalosa y orgánicamente a través de los bafles (o auriculares) que les dan cauce y sumando sus cualidades individuales a las del conjunto al que sirven. No tienen problemas el dúo y sus acompañantes en pasar del aullido al susurro, del puñetazo a la caricia (si bien manda la dureza) o en quedarse a medio camino de ambos, dando así a cada composición su personalidad diferenciada dentro de —como hemos dicho— una unidad formal indiscutible. La de Attack & Release, un álbum que no vendió tanto como los que le han seguido, pero que en nada les envidia (si no es que les supera). Las masas enfebrecidas esperaban a la vuelta de la esquina.
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