jueves, 22 de enero de 2026

Gaspard de la nuit


Publicados en 1842 después de la muerte de Aloysius Bertrand, tres de los poemas en prosa de Gaspard de la nuit servirán a Maurice Ravel para componer una suite de idénticos movimientos para piano en 1908, mucho antes de que orquestara los Cuadros de una exposición de Músorgski u escribiera el celebérrimo Bolero por el que todo el mundo le conoce. Famosa por su complejidad técnica, esta adaptación musical de Ravel de los textos de Bertrand captura el romanticismo del poeta. En Ondine, el primero de ellos, el canto de la sirena u ondina rechazada por quien ella quiere como esposo es transformado en un aluvión de notas que parecieran resbalar sobre el agua. La gravedad de Le gibet es trasladada por Ravel al piano repitiendo varias veces un motivo elegiaco y solemne que acerque al oyente la imagen del ajusticiado colgando de la horca —"(…) el musgo y la hiedra, con los que se adorna la madera [del cadalso] por compasión"— cuando la noche se anuncia. El duende que protagoniza Scarbo, último fragmento de la obra, y se presenta en la alcoba de quien lo narra es convertido por Ravel en el tour de force definitivo de su composición, maestría formal en la partitura que necesita un intérprete a su altura. Como lo fue su amigo Rafael Viñes en el momento de estrenarla en enero de 1909, y lo fue otro enero, pero de 1994, François-Jöel Thiollier al grabarla para Naxos en la versión que me ha servido de guía. El arte del piano en su máxima expresión.

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