jueves, 22 de julio de 2021

Free At Last

El grupo se había separado en 1971, pero en enero de 1972 volvía al estudio para registrar lo que a la postre sería su penúltimo disco, Free At Last. Sin llegar al nivel de Fire And Water, Free demuestra que sus problemas internos, momentáneamente soslayados, no han mermado su capacidad artística, pues sigue facturando con brillantez su rock de tempo lento y cosecha propia. Hard incisivo con remansos de paz, el de Catch A Train nace del blues eléctrico, como tantas composiciones de la banda, y sirve de aguerrida apertura. El redoble militar de Simon Kirke nos introduce, cómo no, en Soldier Boy, rock con trazas de psicodelia y soul. También hay algo de soul en Magic Ship y Sail On, partituras hermosamente ejecutadas por la garganta de Paul Rodgers, la guitarra de Paul Kossoff, el bajo y el piano de Andy Fraser y la batería de Kirke. Travellin' Man cierra con fuerza la primera cara y anuncia lo que será Bad Company sin dejar de sonar a Free. La segunda mitad del plástico la encabeza el que fuera exitoso single Little Bit Of Love, cuya brevedad y estilo marchoso contrasta, y mucho, con los tres cortes que le acompañan, todos por encima de los cinco minutos. La solemnidad cósmica de Guardian Of The Universe, el folk intimista y contenido de Child y esa emocionante despedida que es Goodbye navegan por mares austeros en forma de adagio y frugalidad instrumental no muy aptos, en apariencia, para las listas de éxitos. Nada nos importan éstas en Ragged Glory, sea como fuere, simplemente disfrutamos de la música de Free y las piezas más y menos comerciales de Free At Last, a la espera de que Heartbreaker pusiera fin al camino andado por sus autores.


 

lunes, 19 de julio de 2021

Y lo llamarán demagogia

🔨
…
hola, pequeña
vengo a echarte de tu casa
…
no, yo no la necesito
tengo una
gracias a que a ti te la quitan
…
siento lástima
pero no de ti
sino de mí
éste es mi trabajo
…
lo sé
es un trabajo indigno
no merezco que me mires
solo que me escupas
y me odies
…
😩
 😩😩
  😩😩😩
   😩😩😩😩
    😩😩😩😩😩
     😩😩😩😩😩😩
 

jueves, 15 de julio de 2021

The Inflated Tear

Blues que es marcha fúnebre (y viceversa), The Black And Crazy Blues abre majestuoso The Inflated Tear, magistral elepé que Rahsaan Roland Kirk registra con su grupo en noviembre de 1967, es decir, en los albores de su crucial relación con Atlantic. Blues, hard bop y jazz de raíz coltraniana, la música de Kirk exhibe variedad tímbrica, armónica, estructural y potencial que hace posible que Many Blessings sea protagonizado por el agresivo saxo del invidente de Ohio y vaya seguido de una balada, Fingers In The Wind, en la que su flauta y el piano de Ron Burton recrean una atmósfera de suavidad. Pero también que otra balada, la que titula el álbum, juegue a la disonancia en su prólogo, a la mitad de camino y en su final o que la banda se atreva —espléndida e incluso salvaje— con el Creole Love Call de Duke Ellington. Ejemplos de un trayecto a disfrutar completo en el que Kirk saca a pasear sus saxos (el tenor, el soprano o manzello y el alto o strich), el clarinete, la flauta, el corno inglés, el silbato y el flexatone; Burton, el comentado piano; Steve Novosel, el contrabajo y Jimmy Hopps, la batería. Colabora tocando el trombón, además, Dick Griffin (acreditado Griffith) en Fly By Night, penúltima de las nueve piezas de un soberbio The Inflated Tear al que se yuxtapondrán Left & Right y Volunteered Slavery para componer una trilogía que esconde lo mejor del gran Rahsaan. Y eso que antes y después dejó también grabaciones excelentes.

lunes, 12 de julio de 2021

Hopeless Case Of A Kid In Denial

Contenía esta elegante cajita de 2001 cinco canciones interpretadas por los Hellacopters más dos videoclips, uno de los cuales ponía imágenes al colosal y frenético Hopeless Case Of A Kid In Denial que encabezaba este producto de edición limitada igual que había abierto el año anterior el magistral High Visibility. A Cross For Cain es otra estupenda composición de los suecos, aunque no tan espectacular como la primera, a la que se yuxtapone la versión del Cold Night For Alligators de Roky Erickson, perfectamente adaptada al estilo del grupo. Salvajismo puro y duro es lo que nos traen (I'm A) Stealer y Like No Other Man, en directo el tema de aquella bomba de relojería llamada Payin' The Dues. El otro videoclip es el de Toys And Flavors, bastante difundido en su momento para promocionar el mencionado High Visibility y propietario de una canción sencillamente perfecta de una banda que apenas tenía rival escribiendo y tocando rock and roll a finales del siglo XX y principios del XXI. A pesar de que no inventaba nada, supo dar tratamiento propio a una música en la que ya parece estar todo dicho.


 

miércoles, 7 de julio de 2021

Desaparezca aquí

No hacen falta las comparaciones si hablamos del tercer disco de Nacho Vegas, pues insiste el asturiano en sus peculiares canciones largas de origen folk y desarrollo rock magníficamente instrumentadas y puestas en pie por su grupo, Las Esferas Invisibles. Desaparezca aquí (2005) corrobora la figura del personal cantautor mediante diez composiciones que se mueven entre el morbo, el testimonio costumbrista, el tremendismo y la invención poética. Si musicalmente todas tienen el sello Vegas, en dos de ellas (Ella me confundió con otra persona, Perdimos el control) hace acto de presencia la electricidad de forma poderosa, novedad sonora que no anula el tono de confesión íntima de las letras, si acaso aumenta —materia de discusión— el impacto emocional de las mismas. Aunque menos agresiva, también hay electricidad en Nuevos planes, idénticas estrategias, glam circense que dispara "como Kevin Ayers a una luna llena", y Autoayuda, para mí pieza central de la función, y cuyos vatios ondulantes parecen descender de Nick Cave y sus Bad Seeds. El resto del listado nos sirve para saber de El hombre que casi conoció a Michi Panero, cómo se vive Cerca del cielo, subtitulada Canción de Juanito Oiarzabal por el montañero vasco, y otras historias del bardo de Gijón —de Maravillas de la condición humana a La noche más larga del año— siempre acompañadas de bellas partituras y nobles interpretaciones.


 

lunes, 5 de julio de 2021

Stranglehold

Tres meses antes de formar parte del primer elepé de la banda, la bulla punk de Stranglehold, con sonido similar al de los Clash, hacía aparición encabezando este single de 1979. También encontraremos en el debut de U.K. Subs World War y Rockers, aunque ésta en versión más corta en la cara B del sencillo. Crudas y cortantes ambas, la primera apenas pasa del minuto y se me hace excesivamente breve, lo que no quiere decir que rebaje su mensaje ácrata ("Ningún gobierno va a recibir un centavo de mí") ni que se nos pase por alto su riff inspirado en los Dead Boys. Punk británico del 77 pero parido dos años después. Hasta hoy.

miércoles, 30 de junio de 2021

This Is Our Music

This Is Our Music, registrado en el verano de 1960, es un paso más en la carrera de Ornette Coleman en su radical apuesta por la improvisación y el sonido, pero tiene algunas peculiaridades que, sin alterar la apuesta estética del saxofonista tejano, le otorgan ciertos matices. El cuarteto del anterior elepé, Change Of The Century, sufre una modificación, pues, si Charlie Haden y Don Cherry mantienen su puesto en el mismo, Ed Blackwell sustituye a Billy Higgins para dar con una formación que solo grabará el álbum del que hablamos; por primera vez, Coleman incluye un tema ajeno, en concreto el Embraceable You de los hermanos Gershwin, y, por último, This Is Our Music es el paso previo a Free Jazz —allí donde volarán todas las barreras a la manera schönbergiana—, madre de las improvisaciones colectivas, en general, y de la más extraordinaria de ellas bajo mi punto de vista (Ascension), en concreto.

Desde los primeros compases de Blues Connotation corroboramos que en el free jazz el primer vocablo tiene más peso que el segundo y que saxo alto de Charlie Parker —no en vano el instrumento del autor de Ornette!— y el bebop sentaron las bases de cualquier digresión que afectara a la música de Louis Armstrong en la segunda mitad del siglo pasado. Beauty Is A Rare Thing afirma la segunda de las piezas, la más extensa y especial del lote, suerte de balada amiga de la atonalidad que contradice durante todo su recorrido a su título y en la que Haden toca su contrabajo con el arco y Blackwell inventa una percusión muy original. La relativa tranquilidad del tema invita al cuarteto a desmadrarse en Kaleidoscope, fiel a su credo en los agudos solos de Coleman y Cherry y la poderosa base rítmica (en especial las baquetas de Blackwell).

La cara B del disco comienza con la mencionada versión de Embraceable You, adaptación a situar entre el clasicismo propio de la composición y el tratamiento de vanguardia que recibe Beauty Is A Rare Thing. Muy hermosa, sea como fuere. Posie, Humpty Dumpty y Folk Tale, los otros tres cortes de la segunda mitad, se mueven en coordenadas similares a las de Blues Connotation y Kaleidoscope, velocidad y ritmo sobre los que la trompeta de bolsillo de Cherry y el saxo alto de Coleman crean progresiones vertiginosas y muy audaces, sin olvidar la intervención solista de Blackwell en la pieza que clausura This Is Our Music, espléndida colección que quedaba a la espera de treinta y siete minutos en un único movimiento que pondrán patas arribas el mundillo del jazz y harán sangrar a carcas y puristas.



lunes, 28 de junio de 2021

Junkyard

Criado en las miasmas sonoras de White Light/White Heat, Trout Mask Replica, Fun House, Suicide y similares artefactos hechos de ruido y rock and roll, The Birthday Party publicaba en 1982 el que sería su segundo y último elepé (Junkyard) entregándose a su acción ritual de descomposición y enardecimiento —de la que, solo en el País Vasco, Los Bichos, Akauzazte y Atom Rhumba tomarán buena nota— cual unos Cramps, The Gun Club o Joy Division taladro en mano. Funk hecho pedazos y achicharrado, salvajismo punk ilustrado, el blues más pantanoso, free jazz, post punk: todo esto y cosas peores es lo que encontramos en este agresivo aquelarre que puede asustar a quien crea que el rock no va más allá de AC/DC. La intensidad es tremenda incluso cuando el grupo levanta el pie del acelerador, aunque al fuego eléctrico y la estridencia rítmica sobreviva cierta querencia melódica que crea un contraste retorcido pero de gran belleza. La banda de Nick Cave y Mick Harvey habla directamente a nuestro yo primitivo y violento, sin cortapisas ni eufemismos, escupiendo pus y utilizando la música del diablo para rociar de radioactividad al oyente. Quizá los seis minutos de She's Hit que inician el álbum —de cadencia lenta y bluesy— carezcan de la distorsión y los riffs asesinos que nos vamos a encontrar (en Dead Joe, sin ir más lejos: ¡vaya brutalidad!), mas ya hay en su estructura, su atmósfera y en algunos exabruptos sonoros bastantes gotas de la tormenta que hasta el tema que titula y clausura el conjunto —atemperándose en Several Sins, de maneras similares a las de She's Hit si bien la mitad de larga— golpea inmisericorde nuestros sentidos. Una tormenta llamada Junkyard y a situar mucho más cerca de las que descargó el último Coltrane que las de Ramones o The Clash. Por si sirve de referencia.


 

jueves, 24 de junio de 2021

La cuenta atrás

Inevitablemente algo por debajo de La vida mata, obra maestra de Los Enemigos, el siguiente disco del grupo madrileño es un más que notable La cuenta atrás (1991), cuarto trabajo de una banda consolidada como una de las mejores y más personales del rock patrio. La cuenta atrás, el tema que da inicio y titula la función, indica las ganas de indagar de Josele Santiago, al incorporar violín, viola y trompa a una canción que parte de su gusto por los Damned de segunda generación y cita el Canon de Pachelbel vía Camel, tal y como Santiago ha reconocido. "¿Por qué has tenido que crecer? / Maldita la hora", se queja el eterno adolescente en lucha contra el rígido, envarado y aburrido mundo de los adultos. El soft rock, con cierto sabor a bossa nova, de La otra orilla entra deliciosamente antes de un atmosférico Blues en el que destaca el órgano del maestro Reverendo. Hienas (que en un momento concreto recuerda al Helter Skelter) y Occidente se acercan al punk y al hard funk y reivindican el lado rocker de los autores de Un tío cabal. Hay un agujero tiene algo de balada southern mientras que Paracaídas retoma la distorsión y (si hace falta) el puño en alto que celebre el himno enemigo. Brindis trae una de las melodías más pegadizas de la función: "Brindemos al sol", pues, "de un extraño rock and roll". Entre la rumba y el pop se afirma la relajante No se hable más. También se mueve en terrenos pop Quillo (he vuelto a nacer), o el ciclo eterno que nos obliga a hundirnos y levantarnos… hasta que caigamos de nuevo. Las guitarras y el rock and roll vuelven a mandar en El lado sano (de mi cabeza), justo antes de que Hasta el lunes cierre el álbum a ritmo lento describiendo socarronamente el trabajo esclavo que queda definido a la perfección en estos dos versos —"En un mar de horas extras / es donde veranea papá"— y es rechazado y enfrentado en estos dos otros que los parafrasean en negativo: "En el mar de horas extras / yo no me pienso bañar". Tomen nota mientras seguimos esperando que La cuenta atrás no termine demasiado pronto.


 

lunes, 21 de junio de 2021

"Asumo", un relato de "La figura de cartón"

Como sabéis quienes seguís este blog, en el año 2019 se publicaba mi tercer libro, una colección de relatos titulada La figura de cartón. Relatos de juventud, dolor y violencia. Dentro del apartado Dolor aparece un pequeño texto llamado Asumo cuya tristeza me han resaltado varios de los lectores de la obra. Comparto aquí, pues, una de las doce piezas que componen el libro, esperando que os guste y, si es que aún no lo habéis hecho, os anime a leer las otras once, "Una breve colección de heterogéneos escritos donde el autor articula, acaso sugiere, un discurso vital brillantemente secuenciado (…) una inquietante antología (…) repleta de pequeñas bombas de relojería que no siempre acabarán explotando", en palabras escritas por Marce Becerring para Ruta 66.


ASUMO

Hoy me he incorporado a mi nuevo trabajo. Es una tienda de complementos situada en el mejor barrio de la ciudad. El horario es de tres a nueve, y como tengo un trayecto bastante largo para llegar, he tenido que adelantar mi hora habitual de comida. Pero es algo que puedo asumir.

    En la entrevista me dijeron que tenía que quitarme los piercings que llevo, pues no era la imagen que los clientes esperaban de la tienda. No me dijeron que fuera una mala imagen o que a ellos no les pareciera idónea, sino que eran los clientes los que no darían su aprobado. Bueno, es algo que puedo asumir, incluso entender, así que ayer por la noche, antes de acostarme, me los quité, los piercings, y me despedí de ellos. Me dio un poco de pena, porque a mí sí que me gustan, y me veo bien con ellos, pero, en fin…

    El salario que me van a pagar es de seiscientos euros al mes; una miseria, lo sé, pero, como vivo con mis padres, no pago alquiler ni tengo hipoteca, así que puedo asumirlo.

    Mientras iba en el metro me he acordado de mi último empleo en una cadena muy famosa de restaurantes, en el que era la única española. Una jefa tiró de la coleta a una camarera que había derramado en el suelo todo el contenido de la bandeja que llevaba. Yo no hice nada por defenderla, es verdad, pero la consolé en la cocina, pues la pobre tenía una llorera mazo de gorda. La misma jefa que la había humillado me vio, y a los pocos días me despedían. Me imagino que un hecho tendrá relación con el otro; de todos modos, hay que asumir que en cualquier momento, y por cualquier motivo, te pueden despedir. Lo de «por cualquier motivo» me ha dado que pensar, y he pensado que, en esas circunstancias, quizás «el motivo» pueda convertirse en una mera excusa. Tampoco le he dado muchas vueltas, ya llegaba a mi destino.

    He caminado dos manzanas (en eso no me puedo quejar, la tienda está muy cerca de la boca del metro), pero ha sido suficiente para darme cuenta de dónde estaba: gente muy bien vestida y calles muy limpias. He llegado a la tienda con quince minutos de antelación para dar buena imagen (no como con los piercings, río). La dependienta del turno de mañana estaba sola, y me ha dicho que la encargada se había ido a tomar un café. Me he apoyado en el mostrador y he intentado hablar con la chica, pero no parecía una persona muy habladora. Todo han sido monosílabos y ninguna sonrisa. La encargada ha llegado a las tres en punto. La dependienta ha desaparecido por una puerta y ha vuelto muy poco después con la misma camiseta que llevaba puesta (con el nombre de la tienda) en la mano. «Toma», me ha dicho. «Te la tienes que poner», ha corroborado la encargada. La camiseta me queda pequeña y, lo peor de todo, huele a sudor. Me he mirado en el espejo del pequeño cuarto (más bien parece un ascensor) que esconde la puerta y he descubierto a una chica gordita y baja con las tetas aplastadas por la camiseta maloliente que le acababan de dejar. Pero tengo que asumir que así soy yo y así son los trabajos. Si pagan por ello, aunque sea poco, no puede ser muy bueno.

    Lo primero que me ha dicho la encargada es que todas las dependientas que empiezan tienen que llevar complementos de los que se venden en la tienda para que «los clientes se sientan cómodos» y más «predispuestos a comprar». He elegido un collar, dos pulseras y un par de pendientes. «Dieciocho euros». Ante la cara que he puesto me ha dicho que es un gasto que no asume la compañía. «¿Es obligatorio?», he preguntado entre perdida e inocente. «Sí quieres seguir aquí, sí». He entendido inmediatamente y he pagado. Aunque la empresa no pueda asumir el gasto, he pensado, yo sí puedo. Tampoco es para tanto.

    La verdad es que para ser mi primer día he vendido bastante, pero la encargada no lo ha visto así, y me ha echado en cara mi falta de actitud y de implicación. Ha sido una pequeña bronca, sí, pero no lo suficientemente grande como para no poder asumirla. Ya se sabe cómo son los jefes. Y más aún los que no son realmente jefes.

    Cuando faltaba poco para cerrar, la encargada me ha dicho que tenía que limpiar el baño y vaciar las papeleras. La he mirado boquiabierta, pero ella como si nada. «La fregona y el multiusos están en el cuartillo. Ya lo habrás visto». Cuando abría la puerta del cuarto he oído que añadía: «Y date prisa, por favor, que no quiero cerrar a las mil». He pasado el multiusos por los azulejos y el retrete. Mientras se secaban he vaciado las papeleras. La que se utiliza para las compresas, salvaslips y demás utensilios femeninos no tenía bolsa, y estaba pringada. Casi me muero del asco. Le he preguntado a la encargada si había bolsas para esa papelera, y me ha dicho que no con la cabeza. Así que la he dejado tal cual y he fregado. Me he cambiado de ropa y he metido la camiseta en el bolso para que mi madre la limpie y la planche mañana. Mientras lo hacía me he dicho a mí misma: no pasa nada, hay que asumir que en cualquier trabajo te puede tocar hacer estas cosas. Es una lástima, pero es así.

    Antes de salir, la encargada me ha dicho: «Si la caja no cuadra, se os descuenta de la nómina. Para que lo sepas cuando hagas caja». Ha debido notar mi debilidad, así que lo ha suavizado: «Aunque no suele suceder». No he entendido bien si se refería a que la caja no cuadrase o a que te lo descontaran de la nómina, pero lo he asumido.

    La encargada ha echado la persiana metálica y me ha dicho un «hasta mañana» un tanto frío. En sus ojos me ha parecido percibir cierto desprecio, no sé si a mí o a todo. No lo puedo explicar, pienso al observar cómo se aleja, pero sí puedo entenderlo. E incluso asumirlo.