jueves, 8 de marzo de 2012
Welcome To The Infant Freebase
lunes, 6 de abril de 2015
Behind The Music
The Soundtrack Of Our Lives es un ejemplo perfecto para abordar el estado del rock and roll en los últimos treinta años, pues, aun siendo uno de los grupos que mejor lo ha practicado, sufrió de las limitaciones de un género musical más preocupado por mirar al pasado que por abrir vías hacia el futuro. Incluso una banda tan personal como la sueca, capaz de dar con una configuración artística muy reconocible, no pudo (y no quiso) evitar a lo largo de su excelente trayectoria que sus costuras fuera vistas. Siento cierta perplejidad y dolor al escribir estas consideraciones, ya que nada más lejos de mis intenciones que el criticar al sexteto de Ebbot Lundberg, pero creo que la pasión no debe cegar el análisis racional de los fenómenos creativos.
Tan exuberante como sus dos anteriores entregas, Behind The Music (2001, tercer disco del TSOOL) confirma y ensancha la grandeza allá reflejada, trayendo fresca y novedosa al siglo XXI la mejor tradición pop de los años sesenta. Canciones magníficas y variadas en las hay riffs que huelen a los Stones, estructuras influidas por los Beatles, psicodelia que viene de Love y de los Byrds o una sensibilidad melódica que podemos emparentar con los Zombies o los Kinks; pero en las que hay también una continuidad de esas cadencias y esas maneras que ya están en los dos últimos discos de Union Carbide Productions y se han solidificado en los dos primeros de TSOOL. Es decir, los suecos tienen estilo, no copian; se apropian, sin ocultar de dónde procede su inspiración. Singles irresistibles, rompedores y definitivos en un mundo mejor (Sister Surround, 21st Century Rip Off, Nevermore, Still Aging); viajes ácidos y fascinantes de falsa, destructiva placidez (In Someone Elses Mind, Broken Imaginary Time); pequeñas y lujosas suites pop cantadas (Mind The Gap, Independent Luxury); baladas esperanzadas y sobrecogedoras ("Todavía soy un niño" y "Todavía creo en ti") que hacen que toda tu existencia reclame sus derechos (In Your Veins); y finales astrales para acabar Into The Next Sun, formidable composición in (delicado) crescendo que redondea un álbum espléndido cuya excelencia no rebajan un ápice los peros científicos del primer párrafo. Excelencia que ya no será alcanzada por el resto de la obra del grupo escandinavo, a pesar de ser notable y totalmente recomendable.
Deudor del labrado por sus maestros, pero capaz de darle un acabado peculiar, Behind The Music supondrá un techo de rico artesonado imposible de igualar por The Soundtrack Of Our Lives y por la mayoría de contemporáneos dedicados al ya clásico arte del rock and roll y derivados. Que éste se envilezca cada vez más con el paso de los años por no saber desprenderse de rémoras pretéritas que le impiden crecer no es óbice para que las composiciones del adorable sexteto sueco nos sigan llevando por territorios en los que solo a la belleza le está permitido habitar.
lunes, 17 de marzo de 2014
From Influence To Ignorance
En septiembre de 1991 se ponían a la venta simultáneamente tres elepés que significaban (o iban a significar), respectivamente, la defunción de una manera de hacer los cosas (los dos volúmenes de Use Your Illusion, cuatro discos que bien podían haber quedado reducidos a la mitad, o a las tres cuartas partes a lo sumo); la conversión en comercial de lo hasta entonces alternativo (Nevermind); y la confirmación por dos de un grupo que hacía de la fusión bandera coherente (Blood Sugar Sex Magik). Los trabajos de Guns N' Roses, Nirvana y Red Hot Chili Peppers —espalda contra espalda— representan muy bien la forma en que la música rock se comportaba en aquella encrucijada, a la que se sumaba la paulatina introducción del disco compacto como soporte de publicación en sustitución del tradicional vinilo. Y, sin embargo (¡ay, la intrahistoria!, que diría Unamuno), no hablan sino de la película oficial, pues en su trastienda se cocían álbumes más refinados y redondos, que siguen resultando desconocidos para la mayoría de los aficionados.
From Influence To Ignorance, el tercer disco de Union Carbide Productions, ejemplifica palmariamente lo expuesto en el párrafo anterior: grupo sueco de trayectoria intachable que ralentiza cadencias y tempos —desprendiéndose en parte de la herencia de Detroit que galvanizaba sus dos primeros y formidables elepés— y nos entrega una colección de canciones excelente, prácticamente perfecta, que pasadas dos décadas solo reivindica una minoría. El quinteto de Ebbot Lundberg empieza a alumbrar es sus elaboradas y estilizadas composiciones las luces pop y psicodélicas que iluminarán por completo las estancias que en unos años —tras la ruptura de UCP— habitará The Soundtrack Of Our Lives, felicísima formación que sucederá en sabiduría artística y valores creativos a la banda autora de In The Air Tonight. La bendita influencia de los Stooges y MC5 no ha desaparecido —las soberbias guitarras de Patrik Caganis e Ian Person tiran sin rubor de wah-wah y distorsión cuando el tema lo pide—, pero el radio de acción se amplía al entrar ecos de los Beatles, los Who o Led Zeppelin (entre otros) en escena; meras referencias, de todos modos, para un proyecto que ya suena a sí mismo sin tener que mirar acomplejado a nadie, en los antípodas de la ignorancia que preconiza el título de su tercera manifestación. Piano, armónica, balalaica, viola, sitar, farfisa y saxos ayudan al mismo tiempo a ensanchar y a fijar la propuesta de UCP en From Influence To Ignorance, no para dar con un grupo diferente, sino con uno más ambicioso y heterogéneo: el que fabricó el que quizá sea el mejor disco de rock and roll de aquel 1991, digan lo que digan los anales del mainstream. La más alta y conspicua de las expresiones estéticas nada tiene que ver —son otros sus valores— con copias vendidas o fama obtenida.
lunes, 30 de mayo de 2022
A Present From The Past
Publicado tras cuatros discos en estudio, A Present From The Past era un doble CD que compilaba en 2005 treinta y dos canciones que no habían tenido cabida en ellos extraídas de epés, singles (algunas en versiones alternativas) o grabaciones que no habían visto la luz. Sin estar a la altura de obras maestras como Welcome To The Infant Freebase o Behind The Music, este coqueto artefacto bellísimamente presentado y secuenciado sin un orden cronológico demuestra que The Soundtrack Of Our Lives poco o nada sabía de los vocablos mediocridad o pereza. Galaxy Gramophone, The New Messiah, Nobrainer, When Lightning Bus Arrive, To Someone Else, Avenger Hill Street Blues, News To The World, Dow Jones Syndrome (¡ese clavecín de Martin Hederos!), A Room Without A View, James Last Experience, Lost Highway, Pass Through Fear o World Bank sirven para probar una vez más que el grupo de Ebbot Lundberg fue uno de los pocos (poquísimos) nacidos en los noventa que consiguió un producto original sin dejar de aludir a las fuentes, en este caso y fundamentalmente de los sesenta. Who, Byrds, Beatles, Stones, Pink Floyd, Love, Doors o Zombies son influencia citada pero no plagiada, sino modelada en busca de una voz —sonora y lírica— que dé forma y sentido a una percepción propia. Quizá las cerca de dos horas y el exceso de temas se le hagan pesados a alguien, quizá podría haber sido algún corte menos; es posible, pero de lo que no hay duda es que la esencia de A Present From The Past nos habla de esa gran banda sueca que supo usar a sus héroes para dar con su lugar en el mundo, que diría Adolfo Aristarain, y no quedarse con la imitación vacua o el derivado mediocre.
viernes, 16 de julio de 2010
In The Air Tonight
Creo que fue Jeff Dahl quien dijo que el debut de Union Carbide Productions bien podría pasar por el cuarto álbum de estudio que nunca llegaron a publicar los Stooges. Y no iba nada desencaminado, pues de la banda de los hermanos Asheton y de MC5, en general, y de la fusión de high energy y free jazz de Fun House y de Kick Out The Jams, en concreto —sin olvidarnos del punk y del metal—, es de donde bebe principalmente In The Air Tonight (1987), sensacional trabajo con el que se daba a conocer (poco, bien es cierto) el grupo sueco.lunes, 5 de noviembre de 2018
Ragged Glory cumple diez años (13). Las palabras de Lorbada
Llego tarde. Sí, casi siempre sucede. Me pasa en mi vida cotidiana, en el trabajo, me afecta a los plazos burocráticos, a que se me peguen las sábanas en la cama y me despierte una hora después, cuando quiero cocinar para comer a las dos y son las tres y aún nada de nada, cuando descubro un grupo o un disco y soy el último mono en disfrutarlo y no me siento acomplejado por ello. Me acepto como una catástrofe natural. Aún me quedan cuatro episodios de The Sopranos y todavía no me he escuchado un disco completo de Tom Petty. ¿Y? Es muy emocionante ese cosquilleo de saber que te enfrentas a algo sagrado que el resto de los mortales conocen de "pe a pa" y asumir que ahora te toca a ti coger las riendas de ese caballo emocionante y ya curtido en mil batallas del que mucha gente habla.
NOTA: Lorbada es el autor del blog Búnker Sónico.
jueves, 27 de octubre de 2011
Time For Answers
lunes, 7 de noviembre de 2016
Swing
Convertido definitivamente en sexteto, Union Carbide Productions iba a finalizar su carrera grabando en Chicago y con Steve Albini Swing (1992). Completado parcialmente y remezclado en Suecia, el álbum, en su versión definitiva, puede haber perdido parte de la crudeza inyectada por Albini en el estudio, pero su escucha impide cualquier cosa que no sea calificarlo como el soberbio trabajo de un grupo que ya porta en su ADN el genoma del que nacerá The Soundtrack Of Our Lives.
Rock and roll incendiario de clara raíz stooge, Waiting For Turns y High Speed Energy inician una secuencia de canciones maravillosa en la que no hay un solo momento de relleno. Guitarras, bajo, batería, piano y la voz de Ebbot Lundberg —también un saxo y una trompeta desquiciados— hurgan y celebran la alta energía de Detroit con una intensidad emocional que a uno le deja noqueado. Sin perder ambas —energía e intensidad—, Mr. Untitled se adentra en fascinantes vías melódicas que desarrollará TSOOL y que asimismo asomaban en From Influence To Ignorance, tercer, anterior y esencial trabajo de la banda sueca. La frase adecuada que todos buscamos es en Right Phrase puro Pop & Williamson entrando a matar, una canción gloriosa que enlaza con Chuck Berry pasando por MC5 —en autopista retroactiva al infierno— sin pedir perdón ni envidiar a ninguno de los dos o a los autores de Kill City. Y, lo más importante, sin dejar de sonar a Union Carbide Productions. Solution y Chameleon Ride, con las teclas de Anders Karlsson destacando en la primera, retoman la particular épica pop del grupo saturada de guitarras. Turn Off The Blues, la tensa y extraordinaria How Do You Feel Today —o Rob Tyner y compañía llamando del pasado—, Game Boy y Beefhead persisten en el high energy de máximo nivel, rigor y expresionismo, supurando asimismo funk rock hendrixiano y funkadélico. Los cerca de diez minutos de TV Spiders suponen la deriva psicodélica del material precedente, trance lógico de quien no se anda con chiquitas y utiliza el arte como un modo de exploración y conocimiento.
Dos cortes ocultos (en la edición norteamericana de Fist Puppet cuya portada preside este texto) completan el CD: Anytime y Swing. Si la primera es una breve muestra de las maneras de UCP, la segunda es una extensa canción que, sin renunciar a la cadencia y el estilo de la banda, explicita la cadena musical que une a los Doors, Blue Öyster Cult y Radio Birdman y en la que el piano de Karlsson, el saxo de Christian Martinius, la trompeta de Michael Lloyd y la armónica de Bernt Andersson nos arrastran al swing que las guitarras de Patrick Caganis y Ian Person, el bajo de Jan Skoglund, la batería de Henrik Rylander y las cuerdas vocales de Ebbot Lundberg deconstruyen. O el espléndido final de un disco y de una trayectoria que, con el paso de los lustros, me parece la más lúcida y perfecta del rock de su tiempo.
miércoles, 29 de agosto de 2018
Ragged Glory cumple diez años (10). Las palabras de Juanjo Mestre, Johnny JJ
Hay lugares en la red de redes que son como un santuario, una especie de lugar sagrado donde hallar refugio y cultivarse. Si tuviera que elegir uno a nivel musical me decantaría por la “Ragged Glory” de mi amigo Gonzalo porque es una fuente incesante de conocimientos nuevos sobre cultura musical de calidad, porque es un admirable ejemplo como crítico musical, porque va a su puta bola, mantiene su línea y se muestra ajeno a modas, debates o chorradas de redes sociales tipo Facebook, Twitter…, porque es amable y siempre sabe utilizar las palabras exactas y, sobre todo, porque le tengo en gran estima a nivel personal como buen íntimo. Gonzalo nunca me falla y eso no lo puedo decir de mucha gente. Gracias a ese espacio que regenta con tanta actitud y dignidad me vienen a la cabeza textos gloriosos que me emocionaron profundamente, como de Stooges, de Lou Reed…, o descubrimientos como el cuarto de Can, como la banda sueca The Soundtrack of Our Lives… Por todo eso y por mucho más le di un sí inmediato a la posibilidad de escribir unas líneas sobre el décimo aniversario de tan magno lugar. Es un honor. Gracias por tanto, Grandmaster.
NOTA: Juanjo Mestre, o Johnny JJ, es el creador y gestor de la web Espacio Woody/Jagger y colabora en diferentes publicaciones.
jueves, 7 de marzo de 2024
King Creole
Once canciones en veintidós minutos. Eso es lo que contiene la banda sonora de King Creole, película de 1958 dirigida por Michael Curtiz y protagonizada por Elvis Presley. Aunque no toda ella se sitúa a la misma altura, lo cierto es que el elepé que la alberga pasa como un suspiro por su brevedad y por gozar de algunas canciones maravillosas y hoy ya clásicas. Verbigracia y sin ir más lejos, la que lo abre y titula.
Es King Creole, sí, un espectáculo de rock and roll y doo-wop compuesto por Leiber y Stoller que, más allá de la perfecta escritura de la pareja, se beneficia de un Elvis que canta como nadie, los coros de los Jordanaires y el fantástico solo de guitarra de Scotty Moore. As Long As I Have You es una balada correcta que se come por completo el tremendo rock and roll de Claude Demetrius Hard Headed Woman, un tema frenético capaz de levantar el ánimo a la persona más depresiva. No menos espléndido es el Trouble (de nuevo gracias, Jerry Leiber y Mike Stoller) que aúna R&B y swing en su tórrido discurrir, uno de los momentos álgidos de una carrera, la de Elvis, que tiene bastantes. Los vientos siguen mandando en Dixieland Rock, potente corte que su título explica estilísticamente a la perfección. Don't Ask Me Why es otra balada que no pasa del aprobado también escrita por Fred Wise y Ben Weisman, si bien el doo-wop de Lover Doll y, especialmente, el dueto con Kitty White Crawfish levantan el nivel. Mención aparte merece este corte por su minimalismo sinuoso que se sale del tono del álbum, por la compañía femenina de White y por ser, aunque parezca mentira, la tercera composición de Wise y Weisman.
El tema vocal Steadfast, Loyal And True, de poco más de un minuto, es igualmente la tercera aportación de Leiber y Stoller, antes de que en New Orleans Elvis Presley cante a la ciudad donde transcurre King Creole, dé por finalizado el plástico y se prepare para hacer el servicio militar. Sin embargo, eso es otra historia que nada tiene que ver con la música aquí comentada. Aun con sus altibajos, un soundtrack imprescindible.
viernes, 17 de septiembre de 2010
Da Capo

Las mágicas ensoñaciones que contiene el exquisito Forever Changes —y que iluminarán en el futuro a formaciones como Belle And Sebastian o The Soundtrack Of Our Lives— tienen su precedente en la primera cara del segundo disco de Love, Da Capo, publicado también en 1967. No hay orquestaciones, es cierto, pero hay bellísimo pop, ya sea expansivo —¡Que Vida!, She Comes In Colors (partiendo del cual Jagger y Richards compondrían She's A Rainbow)— o introspectivo —Orange Skies, The Castle—, que advierte de lo que está por venir. También hay pop en Sthepanie Knows Who, pero su compás irregular de 5/8 y las intervenciones disonantes de saxo, guitarra y clavicordio deslizan el tema al terreno del jazz y la ubicua influencia de John Coltrane. Seven & Seven Is completa la primera parte del elepé con un furioso ataque de garage rock que entronca con el primer y homónimo disco de la banda.
En una época en la que el riesgo y la diferencia eran el denominador común del rock and roll, no es de extrañar que una jam de casi veinte minutos ocupe por completo la segunda cara de Da Capo. La aportación particular no excluía la amplitud de miras, y enriquecía el conjunto mediante la intuición individual. Entre un clavicordio que abre y cierra el tema, los miembros de Love desarrollan una improvisación —originalmente llamada John Lee Hooker, Revelation en el elepé— que es puro blues henchido por la libertad del free jazz y el hard bop, y que el grupo tocaba en directo. Pero eso no la hace buena per se, es evidente. No estamos ante el fuerte de Arthur Lee y los suyos, ni son éstos la Jimi Hendrix Experience, los Allman Brothers o Led Zeppelin. Sin parecerme nefasta, que conste, Revelation muestra las limitaciones instrumentales de Love y no acaba de convertirse en la gran jam que podría haber sido en otras manos, a pesar de que tiene buenos momentos. Sabedor de ello (o quizá no), Lee no volvería a pisar terreno similar hasta el quinto y doble álbum de la banda Out Here, aunque Forever Changes y Four Sail no lo echaran en falta.
Si en la carrera de algunos grandes artistas se hace imposible separar los logros de los errores al realizar un análisis riguroso de su producción —pues la naturaleza de esos creadores les lleva de la excelencia a la insuficiencia sin traicionar los criterios estéticos que les nutren—, la edición original en vinilo de Da Capo sirve aquí como metáfora si aplicamos a un solo álbum lo que afirmamos de trayectorias completas. Las dos caras del vinilo forman un solo disco, indisociable; es el mismo grupo, Love, el que ha grabado ambas. El afán experimental del que surge Revelation es el mismo que produce la cara que se le opone. La disyunción y cópula física que provocan las dos caras del plástico son una imagen muy poderosa de la paradoja que, a veces, se da en la creación; más aún si convertimos la metáfora en alegoría que se extiende a Forever Changes y tornamos esa (pareciera que) maldita mitad que ocupa Revelation —la segunda de cuatro caras— en peaje a pagar —sanción menos especulativa de lo que pueda parecer— para la existencia misma del tercer disco de Love.De todos modos, y a pesar de lo expuesto, Da Capo sigue conteniendo "una de las colecciones de canciones más excepcionales de la época psicodélica", en palabras de Enrique Martínez. Que las divagaciones a las que me lleva la literatura —sin que yo mismo pueda controlarlas— no desdibujen —por favor— el valor de la música —aunque uno sostenga, como Ottó Károlyi que ésta "debe ser apreciada emocionalmente y comprendida intelectualmente", en la medida de lo posible— de Love ni su alcance real. Como siempre, queda en manos del lector decidirlo.
lunes, 16 de junio de 2014
Live At The Greek
Para dos cosas sirve este excelente y doble compacto en directo grabado en el Greek Theatre de Los Ángeles y publicado en 2000 por Jimmy Page y los Black Crowes: 1) para gozar de unas bondades que casi todos dábamos por hechas antes de escuchar el disco; y 2) para comprobar que ni acompañado de uno de los mejores grupos del último cuarto de siglo logra el guitarrista llegar al nivel que con sus compañeros de Led Zeppelin alcanzó sobre los escenarios. Y no busquen en mis palabras menoscabo o demérito alguno: pocas bandas podría encontrar Jimmy Page a la sazón (y ahora) para reverdecer la gloria del dirigible. Las casi dos horas de música que se nos ofrecen son impecables; los cuervos se adaptan al sonido del cuarteto británico, si bien lo bajan a tierra al no despojarse de su personalidad; a Page se le nota feliz rodeado de unos intérpretes que le admiran y a los que admira, sacando lo mejor de sí mismo al revisar temas propios o versionar a B.B. King, los Yardbirds, Jimmy Rogers, Willie Dixon, Fleetwood Mac y Elmore James. Sin embargo, y dicho la anterior todas las veces que haga falta, no soy capaz de soslayar el cotejo. El exultante barroquismo que se desprende de los sonidos registrados en directo por Robert Plant, Jimmy Page, John Paul Jones y John Bonham no tiene rival, y nos ayuda a recordar que siempre hay que poner las cosas en su sitio, ése en el que una y otra vez se confirma que el rock de los sesenta y los setenta sigue sin tener parangón, por mucho que Wilco, The Soundtrack Of Our Lives, los Drones o los mismos Black Crowes se empeñen en contradecir dicho aserto. De todos modos, y como no quiero ser aguafiestas, les dejo, pues todavía quedan You Shook Me, Out On The Tiles y Whole Lotta Love para que las disfrute como un enano.
lunes, 14 de abril de 2025
Communion
Esa gran farsa que es la publicidad, en su sentido más amplio, parece observarnos desde la portada y las fotografías del libreto de Communion (2008). Ligada a una melancolía no exenta de ironía, escuchar la música del quinto y doble álbum de The Soundtrack Of Our Lives mientras se miran esas imágenes de cuerpos aseados, sonrientes e inmunes al dolor existencial es como atracar un banco sin armas esperando que los trabajadores de la entidad y los clientes —pendientes de hacer una gestión de la que siempre van a salir perdiendo— se asusten y colaboren ante el temor y la amenaza de que un proyectil metálico termine con su vida. De tamaña esquizofrenia surge, claro, la tensión artística que durante una hora y media y veinticuatro canciones se desprende de una obra que, sin estar quizá a altura de los tres primeros e imprescindibles discos del grupo sueco, vuelve a poner sobre la mesa la personalidad de uno de los sextetos más lúcidos habidos en el tránsito del siglo XX al actual.
Construido a partir del mejor rock de la década de 1960, el imaginario de los autores de Welcome To The Infant Freebase es de la suficiente enjundia como para que su noble alcurnia acabe convertida en homenaje o plagio (caso común en tantas bandas): es simplemente una base sobre la que construir un universo sonoro indiscutiblemente propio en el que hay maestros y no héroes, enseñanzas y no dogmas, admiración pero no sumisión. El extenso y exaltador inicio de Babel On hace que nos reencontremos con el sello inconfundible de TSOOL, pop melódico y psicodélico lleno de matices armónicos e instrumentales en el que hallamos retazos de los Who, Pink Floyd, los Doors, los Beatles, Procol Harum o la Jimi Hendrix Experience, pero en el que asimismo hay inesperados riffs de AC/DC (Distorted Chid); una espectacular lectura del Fly de Nick Drake reconvertido al credo de los de Gotemburgo; bossa nova lisérgica mezclada con rock and roll grandilocuente (Pictures Of You, una absoluta joya); orquestaciones más y menos prominentes (Songs Of The Ocean y Lifeline), o ensoñaciones instrumentales de querencia raga (Digitarian Riverbank).
Con la vista puesta en la esperanza y no en la derrota, The Passover culmina cargada de emoción Communion, elección que se enfrenta al mundo-trampa, al mundo-engaño de la pareja madura que aparenta felicidad (nórdica) en la cubierta de un trabajo doble de mucha calidad que demuestra que la música popular puede ser sinónimo de arte mayor aunque a veces lo sea de estulticia y de dejadez creativa. El penúltimo paso de una carrera ejemplar y muy superior a otras contemporáneas de mayor renombre pero menor riqueza y credibilidad.
miércoles, 24 de mayo de 2017
High Voltage
Para no hacernos líos, digamos desde un principio que el disco del que nos disponemos a hablar es el publicado internacionalmente en 1976 y no el High Voltage con el que debutaba AC/DC en Australia el año anterior. Es decir, el que en España conoce todo el mundo como tal y cuya portada encabeza este texto; o lo que es lo mismo: su segundo disco (T.N.T.) —sin Rocker y la versión del School Days de Chuck Berry— con dos cortes del primero añadidos, Little Lover y She's Got Balls. Aclarado esto, el elepé con el que los hermanos Young se dieron a conocer a la mayor parte de la humanidad (roquera) es una muestra tan descomunal como las siguientes del talento de una banda incomparable y extraordinaria que supo encontrar su lugar entre los riffs del autor de St. Louis To Liverpool y el sonido de Led Zeppelin. Liderado por Bon Scott, el quinteto australiano tuvo la capacidad de dar con la tecla de la originalidad desde el comienzo de su carrera, estilo inconfundible que se va a aplicar a unas composiciones siempre perfectas a la altura de los clásicos del género cantados por Little Richard, Elvis Presley, Jerry Lee Lewis o Eddie Cochran en los años cincuenta. Porque es lo que hacía y hace AC/DC: rock and roll.
It's A Long Way To The Top (If You Wanna Rock 'N' Roll) da el pistoletazo (¡qué digo, el cañonazo!) de salida con una de las maravillas de la creación, que además de la rocosa base rítmica formada por la batería de Phil Rudd y el bajo de Mark Evans, las guitarras abrasivas de Malcolm y Angus Young y la voz macarra, vacilona y embaucadora de Scott cuenta con la en principio inopinada gaita de este último. Tremenda. Rock 'N' Roll Singer es otra canción formidable cuyo riff ha sido calcado por infinidad de artistas, The Cult y The Soundtrack Of Our Lives entre ellos. Autobiográfica y profética como pocas, su letra resume la filosofía de Bon Scott y sus compañeros:
"Ellos [mis padres] no comprendían
Querían que fuera alguien respetable
Como un doctor o un abogado
(Pero yo tenía otros planes).
Voy a ser un cantante de rock and roll
Voy a ser una estrella de rock and roll".
The Jack es un delicioso hard blues de cadencia lenta y sobresaliente formalización que se arrastra cual serpiente venenosa en busca de su víctima y en el que la guitarra solista de Angus ejecuta un excelente punteo in crescendo. Establecido el discurso por la mayestática tríada inicial, Live Wire, T.N.T., Can I Sit Next To You Girl, Little Lover, She's Got Balls y High Voltage se van a sumar —igual de redondas y fornidas que sus antecesoras— con sus ritmos y melodías infalibles que solo en Little Lover —impresionantes sus seis y tensos segundos de silencio en la parte final— bajan las revoluciones con la intención de entregarnos otro blues endurecido y placentero en la línea de The Jack. Así hasta completar un álbum que sigue deslumbrando hoy igual que lo hacía —se dice pronto— cuatro décadas atrás y que ponía en el mapa mundial a una de las instituciones más sagradas e intocables en la historia del rock and roll: AC/DC.
miércoles, 3 de octubre de 2018
Financially Dissatisfied Philosophically Trying
El nivel compositivo y energético de su debut, In The Air Tonight, ponía difíciles las cosas al segundo plástico de Union Carbide Productions, pero Financially Dissatisfied Philosophically Trying (1989) iba a probar —cual martillo escandinavo en misión regeneradora— que el quinteto sueco había tomado el relevo de los Stooges con todas las consecuencias. Rock and roll extremadamente agresivo —en la senda de su predecesor— aprendido de escuchas compulsivas de Fun House, Raw Power y epígonos, y vomitado con la facilidad de quien se entrega a la causa en cuerpo y alma, aunque en las extensas Down On The Farm y Career Opportunities asome por primera vez —dramática y muy hermosa— la sensibilidad pop que el quinteto desarrollará algo más en siguientes entregas y de la que surgirá —brillando en su pureza— The Soundtrack Of Our Lives. Guitarras, bajo, batería y la voz de cazalla de Ebbot Lundberg rugen guiados por la distorsión made in Detroit, uniéndose puntualmente sitar, piano, violín y tumbadoras al discurso high energy de UCP. El elepé es excelente de arriba abajo, ya sea por la calidad de las composiciones o la intensidad de unas interpretaciones completamente dignas del grupo de Iggy Pop, sin que ello signifique copia pueril o inútil. Modelo admirado pero no anulatorio, el de los Stooges para UCP es estímulo creativo y no pereza mental, como unas cuantas escuchas de Financially Dissatisfied Philosophically Trying establecen sin duda alguna. From Influence To Ignorance y Swing permitirán que la banda siga creciendo hasta convertirse en una de las mejores de su tiempo, si bien parte de la potencia de sus dos primeros álbumes se perderá en el camino. Sea como fuere, cualquiera de los cuatro que publicó Union Carbide Productions se me antoja imprescindible y perfecto para huir de esas ñoñerías que tantas veces hacen pasar por música rock.
jueves, 9 de septiembre de 2021
Extended Revelation For The Psychic Weaklings Of Western Civilization
Alimentado de material no utilizado para su primer disco así como de canciones hechas ex profeso para formar parte de Extended Revelation For The Psychic Weaklings Of Western Civilization (1998), el segundo trabajo de The Soundtrack Of Our Lives refuerza la melancolía psicodélica del grupo sueco (digamos que aquí hay todavía menos rock que en su debut, ensanchando la distancia con Union Carbide Productions), pero mantiene intacto su sello, ése que extrae sonido propio de evidentes influencias de los años sesenta. El desencanto y la ironía fina se funden en las letras que canta el gran Ebbot Lundberg, musicadas soberbiamente en piezas como Psychomantum X2000, Century Child, Impacts & Egos, So Far, Black Star, Love Song #3105 (menudo título o forma casi objetiva de satirizar sin excluirse a uno mismo), Jehovah Sunrise u All For Sale. El mejor pop (lisérgico o power) de los noventa lo hacían los autores de Behind The Music y Teenage Fanclub, olvídense de Oasis o timos (brit) similares. Que las debilidades psíquicas de la civilización occidental a las que alude este brillante álbum no les cieguen.



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