lunes, 19 de enero de 2026

Schizophrenia

Siempre inquieto y abierto, no solo cambian los nombres de un disco a otro de Wayne Shorter, también el número de ejecutantes que conforma el conjunto que lidera, cuarteto en el anterior Adam's Apple, septeto (con la excepción de dos temas en que se convierte en octeto y sexteto respectivamente) en el posterior Super Nova y sexteto en el espectacular Schizophrenia que hoy suena en Ragged Glory.

Registrado el 10 de marzo de 1967, el elepé se inicia con una de esas magníficas y sugerentes composiciones de Shorter, hard bop de fuerte amor por la bossa nova titulado Tom Thumb (Pulgarcito), y en el que solo improvisan —dos veces el primero— Shorter (saxo tenor) y Herbie Hancock (piano). Go suma solos de Hancock, James Spaulding (flauta) y Shorter en un tema de clara inclinación post bop al habitar entre el jazz modal y el free jazz. El corte que pone nombre al álbum revive el espíritu del bebop con unos Joe Chambers (batería), Wayne Shorter, Curtis Fuller (trombón), Spaulding (saxo alto) y Hancock regalándonos potentísimas interpretaciones individuales y sonando, a su vez, como un bloque colosal que completa el contrabajo de Ron Carter.

Kryptonite rompe con el monopolio compositor del autor de Speak No Evil, liderando Spaulding con la flauta su pieza antes de que intervengan Shorter y Hancock, adueñándose nuevamente el post bop del plástico y destacando a lo largo del tema las tensas cuerdas de Carter. Miyako es una balada exquisita que amplía el abanico estilístico en el penúltimo escalón del trabajo. Playground eche el cierre dando protagonismo al post bop por tercera vez, acercándose aquí al free jazz de manera acusada bajo mandato de los vientos. Solo queda mencionar la portada que hace alusión a la etimología griega del vocablo esquizofrenia (una mente escindida, un Wayne Shorter duplicado) y tenderemos el cuadro completo de un elepé perfecto: Schizophrenia.



jueves, 15 de enero de 2026

Crop Circle Blues

Último disco de Mostros, Crop Circle Blues llegaba en 2012, cinco años después de aquel fulminante y espléndidamente articulado Las fabulosas aventuras de Vacillatio et Revolvo. Al igual que en él, manda aquí la autogestión, el espíritu del do it yourself punk para producir y distribuir una música de vocación underground, instinto primario y contacto directo con el oyente. Música de escasas florituras pero ejecutada a la perfección que es presentada de nuevo y exclusivamente en formato vinilo de doce pulgadas a reproducir a 45 revoluciones por minuto, justo al contrario de los dos primeros discos de la banda argentino-balear, que solo vieron la luz en CD.

Bordello Queen y Crop Circle Blues inician el álbum adscritas al punk tendente al hardcore habitual en Mostros. Storm Weaver se abre al punk rock melódico, y The One (I'm Waiting For) es un rock and roll clásico, temas en los que el grupo no pierde contundencia o autoridad ni Macky rebaja su empoderamiento vocal. Complaints recupera las maneras veloces de las dos primeras canciones mientras que All Rnr Clichès se pasa al hard rock para ironizar sobre unos tópicos que a la vez son queridos por los autores de Feed The Rockin' Soul, tomando distancia sobre una forma de hacer las cosas de la que no van a renegar.

La segunda cara tiene menos matices que la opuesta y detallada, pues, con sus diferencias y siendo todas composiciones brillantes, Stereo, 33, Abduction, Motocross, Dr Mostro y Tales Of An Indoor Animal siguen la senda de Bordello Queen, Crop Circle Blues y Complaint Blues, haciendo mayoritaria —la cabra siempre tira al monte— la querencia por el frenesí y el ataque sonoro —el vértigo de quien va al límite con el exceso por bandera— que emparenta a la banda con Poison Idea, Motörhead, Aerobitch o, por supuesto, con los Cerebros Exprimidos de Juanmi Bosh, guitarrista arrebatador de Mostros y Crop Circle Blues. Entre tanta medianía y cursilada instalada en el mainstream, merece la pena recordar y reivindicar a quienes lo dieron todo y extendieron la distorsión y la violencia made in Raw Power.

lunes, 12 de enero de 2026

Viaje de invierno


"Como un extraño llegué,
como un extraño me marcho";

con estos dos versos tan concluyentemente tristes de Wilhelm Müller se abre el mítico ciclo de canciones que Franz Schubert compuso al final de su corta vida sobre la obra del poeta alemán. No era la primera vez que el genio austríaco se valía de su trabajo, pues antes de Viaje de invierno había utilizado los poemas de La bella molinera. Pero es cierto que la entidad artística del Viaje es tal que los veinticuatros lieder de Schubert se elevan por encima de los del anterior ciclo e incluso de la mayoría de composiciones, bien sinfónicas, bien de cámara, de su autor.

Un hombre es abandonado por la mujer que ama, que ha encontrado el amor en otro. El hombre echa a andar por la ciudad hasta que, en el octavo lied, la abandona y sigue caminado por el campo y los montes. Observa y reflexiona en soledad, sin cruzarse con nadie, abrumado por la ruptura sentimental, admirando la belleza de los paisajes y de la naturaleza sumido en la depresión y el sinsentido. En el último poema, la última canción, se encuentra con el organillero que le da título y la historia queda suspendida en un interrogante, el mismo que acompaña al caminante durante su apesadumbrado paseo.

Mínimo argumento, pues, del que bien podrían haber bebido Melville, Kafka o Beckett, el de Müller sirve para que el autor de La muerte y la doncella cree una de las músicas más hermosas jamás escritas, compuesta para piano y tenor originalmente, si bien hay versiones llevadas a cabo por un barítono, como la de 1979 que yo tengo, registrada por el cantante alemán Dietrich Fischer-Dieskau y el pianista multipátrida Daniel Barenboim, más famoso por ser director de orquesta. Al conocer la segunda mitad de los poemas más tarde, Schubert escribió las doce primeras canciones a principio de 1827 y las doce siguientes a finales de ese año, con una salud muy dañada por la sífilis que acabaría matándole en 1828. El fatalismo que transmite el Viaje de invierno aparece ineluctablemente ligado a las dramáticas circunstancias de su creador, muerto con solo treinta y un años, si bien sus cualidades estéticas, sus graves sonidos, se sostienen sin necesidad de justificaciones externas que las mejoren, sinónimo de ese "fetiche de la profundidad" que denunciaba Rafael Sánchez Ferlosio. Un año antes y un año mayor había fallecido Wilhelm Müller, anticipando el destino trágico de Franz Schubert y ligando al escritor y al músico definitivamente.

Termino diciendo, como curiosidad extramusical, que Juan Benet escribió una variación literaria titulada Un viaje de invierno, en la que el artículo indeterminado que añade al principio anuncia dicho carácter de variación que va dar con una de las novelas más oscuras e impenetrables del ya por sí hermético hacedor de la extraordinaria Volverás a región. Artistas mayores ambos, Schubert y Benet, citados juntos para concluir este texto.



jueves, 8 de enero de 2026

If I Should Fall From Grace With God

Invitándonos a la fiesta celta, If I Should Fall From Grace With God abre el disco homónimo de los Pogues, publicado cuando 1988 despertaba, grabado el año previo y obra cumbre del grupo, si bien el anterior Rum Sodomy & The Lash quizá pueda discutir dicha afirmación. Turkish Song Of The Damned añade un toque oriental, el típico para el oyente occidental, a su folk punk y sirve para que sigamos bailando al son de la banda de Shane MacGowan. No decae la animación, incluso aumenta, con Bottle Of Smoke, antes de que la emocionante balada orquestada Fairytale Of New York modifique el discurso del elepé gracias a un canción en la que MacGowan comparte el micrófono con la invitada Kirsty MacColl. Metropolis es una sorprendente pieza instrumental que no duda en conjugar el folk celta con, perdonen la perífrasis, la música de una hipotética película de espías cuya banda sonora crece sobre el influjo de John Barry, pero también el de Henry Mancini. Si MacGowan y Jem Finer se han ocupado, juntos o por separado, de la composición hasta ahora, la preciosa Thousands Are Sailing, o la eterna materia de la emigración, se debe a la delicada escritura de Philip Chevron.

Las diferencias entre la versión en vinilo y en compacto es que éste trae dos temas más. El primero es South Australia, folk tradicional seguido de la exitosa Fiesta, exaltación de la juerga con surrealistas y descacharrantes incursiones de Shane MacGowan en las lenguas castellana e italiana. El popurrí de tres canciones tradicionales, dos de ellas irlandeses (The Recruiting Sergeant, The Rocky Road To Dublin y The Galway Races), sirve para que los Pogues expandan su celebración pagana y celta. El conflicto político irlandés salta a la palestra con la combinación de dos temas completamente diferentes en uno. Streets Of Sorrow es la primera aportación de Terry Woods al trabajo, folk intimista que contiene toda la tristeza que su título anuncia y que la violencia armada lleva consigo. Birmingham Six, sin embargo, retoma el característico punk celta de los autores de Peace And Love para denunciar el famoso montaje que arrastró a seis hombres a prisión por un atentado que no cometieron. En Lullaby Of London MacGowan pasea "por la orilla del río", escucha una canción olvidada e inunda al oyente con su nostálgica poesía. El otro corte que suma el CD es The Battle March Medley, pieza instrumental de Woods que recorre o visita diversos ambientes. Sit Down By The Fire supone una nueva vuelta de tuerca del folk más punk rock del grupo, mientras que The Broad Majestic Shannon es menos festiva, evocación en la que "el dolor" y "la pena" —se nos dice— no tienen cabida "porque es estúpido reír y es inútil berrear". Solo queda que la lectura breve y con aroma a Tom Waits de Worms cierre If I Should Fall From Grace With God, tercer e inolvidable álbum de un colectivo irreverente y sensible a partes iguales. The Pogues.



lunes, 5 de enero de 2026

Independentzia 10 urtez

Más de dos horas y media de música contiene Independentzia 10 urtez, doble compacto de 2001 que epitoma los diez años de vida de Esan Ozenki, la mítica discográfica creada por Negu Gorriak y extinguida a la vez que el grupo de los hermanos Muguruza y Kaki Arkarazo. Si alguien quiere saber qué música se hacía en Euskal Herria y en euskera a finales del siglo XX no existe mejor documento que éste que hoy traemos, pues el periodo es narrado sonoramente mediante treinta y seis canciones de otros tantos artistas acompañadas de dos libretos con montones de imágenes y textos explicativos. Si en el primer disco manda la electricidad y el mazazo rock, del punk al metal pasando por el noise o el industrial, aprovechados para la reivindicación política o la liberación personal, encarnados en Negu Gorriak, Dut (con o sin Fermin Muguruza), Kashbad, Lisabö, BAP!!, 2 Kate, Pi L.T., Su Ta Gar, Etsaiak o Baldin Bada, en el segundo hay propuestas diferentes, un abanico más amplio, como las del rock descendiente de Neil Young y Lou Reed de Beti Mugan y Ruper Ordorika; el pop rock de Xabier Montoia; la experimentación extrema de Akauzazte; la emoción post rock de Anari; la balada jazz pop de Jabier Muguruza y el cruce de ska, jazz y music hall de su grupo, Les Mecaniciens; el funk rock de Danba con los punteos espectaculares de Jabier Cepeda; la enérgica mixtura de punk y hard en directo de Delirium Tremens; el reggae y el dub de Kortatu y Joxe Ripau; el ska y el punk de Betagarri; el hip-hop de Selektah Kolektiboa y la electrónica y el dub de la Basque Electronic Diaspora. Toda una serie de géneros y subgéneros, pues, en la lengua de Gabriel y Aresti y Mikel Laboa que unen la visión artística internacional con la reivindicación cultural propia que distinguieron a Esan Ozenki en sus diez años de independencia.



jueves, 1 de enero de 2026

Coltrane

¡Alabado sea Trane, alabados sean asimismo Tyner, Garrison y Jones! Son las palabras que se escapan de mi boca tras escuchar los catorce minutos del Out Of This World que ha abierto Coltrane. El primer elepé en estudio que registra el mejor cuarteto de la historia del jazz (¿alguien que piense diferente?) no debe confundirse con el que también lleva el apellido del saxofonista de 1957 para Prestige, sino que sale de cuatro sesiones en abril y junio de 1962 que publicará Impulse! Y demuestra que el grupo formado por el autor de Giant Steps suena asombrosamente bien y conjuntado desde el principio, si bien ya había debutado en vivo a finales del año anterior, como capturaba el directo en el Village Vanguard. La tensión de los solos de saxo y piano y la constancia de la base rítmica son ya las que irán radicalizándose hasta la disolución del cuarteto en 1965 y, posteriormente, la muerte de John Coltrane en 1967. El segundo tema de la primera cara es una balada, Soul Eyes, que relaja la virulencia de Out Of This World y nos recuerda la maestría con la que nuestros hombres se movían igualmente por las sendas sentimentales, tal y como Ballads y John Coltrane And Johnny Hartman iban a corroborar al año siguiente.

La única pieza que sale de abril es The Inch Worm, en la que Coltrane se pasa al saxo soprano en sustitución del tenor desgranando notas más agudas pero no menos incisivas. Los dos cortes que completan la segunda mitad del disco nos devuelven a junio y al saxo tenor y son sendos homenajes a Michael Babatunde Olatunji y Miles Davis (y las dos únicas composiciones originales). Tunji (Toon-Gee) me recuerda en su solemnidad a la que está por venir de Alabama y cuenta con el primer solo de Jimmy Garrison, exquisito al contrabajo. Miles' Mode rinde tributo al genial trompetista, tan ligado a Trane, adentrándose en el jazz modal a la manera de este último en un tema en el que, si el saxo coltraniano y las teclas de McCoy Tyner realizan improvisaciones espléndidas, no se quedan atrás las cuerdas de Garrison. Todo ello sostenido, claro, por las explosivas baquetas de Elvin Jones. Aquí y en el resto de Coltrane, otro de los plásticos imprescindibles de una obra que uno no acaba nunca de asimilar. Tal es su grandeza y nuestra pequeñez.