Cheetie Kumar y Paul Siler se habían ido para crear Birds Of Avalon, cosa que no impidió que fueran sustituidos por Erik Sugg y Charles Story y The Cherry Valence grabara un último álbum e incluso girara para presentarlo. TCV3 (2005) es otra granada de hard y garage rock que, además de los cambios en la formación, no va a ser publicado por Estrus sino por Bifocal Media. En algún lugar entre ZZ Top y MC5 (establezca el lector paralelismos similares), aunque más cerca de los mandamientos del rock duro de los setenta, el tercer trabajo de la banda de Carolina del Norte retumba desde Sunglasses And Headlights, estruendo al que no son ajenas las dos baterías y las cuatro baquetas que las aporrean. Nombres como Kiss, Montrose, Ted Nugent, AC/DC, Cinderella, The Cult, Led Zeppelin, The Who o Black Crowes (o contemporáneos como Tricky Woo o Five Horse Johnson) asaltan al oyente, si bien la personalidad establecida por los autores de Riffin' en sus grabaciones previas se cuela idéntica en los sonidos de unas canciones que no niegan su origen pero se preocupan por sacar brillo al añejo rock and roll. Solo uno de los catorce cortes, 333, calma algo a la fiera con sus guitarras acústicas y su toque bluesy; el resto, energía rocker establecida por riffs notables, ritmo febril y ganas de perpetuar dignamente —era su postrera oportunidad— lo que no dejaba de estar sabido. No le vamos a quitar su mérito.
lunes, 8 de febrero de 2021
miércoles, 3 de febrero de 2021
Lark's Tongues In Aspic
Quinto plástico de King Crimson y nueva vuelta de tuerca a sus planteamientos. Como es sabido, no hay álbum del grupo de Robert Fripp en el que coincidan las formaciones, pero en Lark's Tongues In Aspic (1973) el cambio es radical, pues solo el mencionado Fripp (guitarras, mellotron y "artefactos") sobrevive a Islands, Bill Bruford y John Wetton forman la espléndida base rítmica, David Cross trae violín, viola y mellotron y Jaime Muir se ocupa de la percusión.
La primera parte del corte que titula el elepé cruza en sus inmensos e instrumentales trece minutos y medio vanguardias europeas, rock pesado y funk electrónico con la intención de sorprender al oyente (hay pasajes de la suite que se manifiestan diametralmente opuestos a otros) y rehuir etiquetas (incluidas las que yo acabo de otorgar), buscando contrastes que van más allá del que obviamente producen el sonido de una guitarra eléctrica distorsionada y un violín. Book Of Saturday es una breve y preciosa balada cantada por Wettton, quien se va a ocupar de todas las partes vocales. Exiles empieza siendo una pieza experimental de naturaleza atonal hasta convertirse en una de esas bellísimas melodías tan características de King Crimson en la que se cuela un mínimo garabato disonante y a la que Wetton aporta piano y Cross, flauta y piano eléctrico. Huye Easy Money también de clasificaciones banales, moviéndose entre el rock progresivo y la psicodelia y destacando las seis cuerdas de Fripp y la batería de Brufford, pero manejando códigos intransferibles a otras bandas de ámbito similar al de los autores de In The Wake Of Poseidon. The Talking Drum es puro ritmo (ya avisa su título) a emparentar con Can y Neu!, si bien las maneras de Crimson (o su motorik) no se diluyen o se convierten al krautrock. La segunda mitad de Lark's Tongues In Aspic (no tan larga como la primera) clausura el disco más centrada en el rock (muy potentes los riffs de Robert Fripp) y manteniendo el sobresaliente que otorgamos a la función completa. Con unos u otros músicos, en cualquiera de sus periodos, siempre cargadas de ideas e interés las de King Crimson.
lunes, 1 de febrero de 2021
Catalogue d'oiseaux
El enorme interés de Olivier Messiaen por el sonido de los pájaros, uno de "los tres núcleos gravitacionales sobre los que orbita su pensamiento artístico", en palabras de Gregorio Benítez, llegará a su paroxismo en el Catologue d'oiseaux, pantagruélica obra para piano que el francés compone entre 1956 y 1958. Descomunal y deslumbrante, este tour de force es dividido por Messiaen en siete libros que a su vez se subdividen en trece cuadernos, utilizando el canto de setenta y siete aves diferentes como inspiración para su ambiciosa aventura musical. El trabajo de vanguardia del compositor llega en esta partitura a su máxima aspiración formal, apoyándose en la pureza consustancial a escribir para un solo instrumento. Durante más de dos horas y media —reto excepcional que asume el intérprete— las teclas exponen una gama mayúscula de posibilidades, cual Clave bien temperado atonal, dueñas de una belleza extraordinaria que parte de una premisa del mundo animal y, nutriéndose explícitamente de ella, la sublima y convierte en arte de primera categoría y gran complejidad. Sí crucial es la calidad de las notas escritas sobre papel pautado, no menos importante es la autoridad del pianista que se enfrenta a un material como el del Catálago de pájaros, y la de Anatol Ugorski en esta grabación de 1993 publicada en el 94 por Deutsche Grammophon es, en mi opinión, incontestable. Una experiencia única la de sumergirse en el universo estético del autor del Cuarteto para el fin de los tiempos de la mano del músico siberiano. Messiaen y Ugorski, solos frente al mundo.
jueves, 28 de enero de 2021
I Love You, I Love You (I Will Never Let You Go), Confession Blues
Nos remontamos al año 1949 y los inicios de la carrera de Ray Charles con este delicioso single en el que el jazz y el R&B son la misma cosa y la influencia de Nat King Cole es evidente. Grabadas por el McSon Trio (reconvertido por error en el Maxin Trio que es acreditado), I Love You, I Love You (I Will Never Let You Go) y Confession Blues (más orientada ésta hacia el género que su título explicita) son puestas en escena por la voz y el piano de Charles, la guitarra de G.D. Mckee y el contrabajo de Milton Garred (escrito también Garret o Garrett), canciones breves del genio de Georgia —formato obliga— que se expresan con moderación y sobriedad. Música muy hermosa, ya clásica, la intrepretada junto con sus acompañantes antes de que la fama atrapara al invidente y su eterna sonrisa.
lunes, 25 de enero de 2021
Puño en alto
Entre su tercer y cuarto elepé, Los perros ladraron y Bailes de verano, Los Radiadores publicaban Puño en alto (2018), excelente epé de cuatro canciones que mantenía ardiendo su llama rocker hecha de punk, new wave y sonoridades adyacentes. El trabajo serio y ordenado de la banda valenciana, liderada por la voz, guitarra y composiciones de Raúl Tamarit, se nota en la interpretación impoluta de los tres cortes de Tamarit y la versión castellanizada del Police On My Back de los Equals vía The Clash. El título, la estrella roja de la portada y la presencia tangencial del grupo de Joe Strummer hablan sin tapujos de un disco reivindicativo y escorado a la izquierda política (que no panfletario), algo que nunca ha disimulado el cuarteto. Si sale cruz, Vuelva usted mañana y Con el agua cuello son temas estupendos, contundentes y pegadizos por igual, en los que hay que prestar atención a música y letras indistintamente. Las guitarras de Tamarit y El Joven y la base rítmica de Sergio Domingo y Metralla (más las seis cuerdas y el teclado de Luis Martínez en la tercera pieza) no abandonan la fuerza y precisión en Policía detrás, la mencionada lectura que completa el epé y nos recuerda de dónde sacaron Andy Shernoff y Ross The Boss la inspiración para abrir el mayestático y dictatorial Who Will Save Rock 'N' Roll? Los Radiadores manteniendo el Puño en alto.
miércoles, 20 de enero de 2021
The "Chirping" Crickets
Su breve estancia en el planeta no fue obstáculo para dejar un legado sobre el que crecería el mejor pop y rock de todos los tiempos, el de los Beatles, los Stones y Bob Dylan. Hablamos, claro, de Buddy Holly y, en concreto, de su debut discográfico al frente de los Crickets, publicado a finales de 1957, doce piezas en menos de media hora entre las que están las míticas Not Fade Away (o Bo Diddley en clave blanca), Maybe Baby y That'll Be The Day. Pero no hay desperdicio alguno en el elegante cabalgar de The "Chirping" Crickets: la voz y la guitarra de Holly, las seis cuerdas de Niki Sullivan, la batería de Jerry Allison y el contrabajo de Joe B. Mauldin (más los coros de los Picks) se mueven con exactitud y emoción en la canción de dos minutos, construyendo con material propio y ajeno el rock and roll y su futuro. Rockabilly, country y doo-wop conforman un elepé cuya influencia, prestancia y sobriedad lo sitúan junto a los mejores logros de Chuck Berry, Eddie Cochran o Little Richard. Un trozo de cielo hecho música que ningún melómano de bien debe despreciar.
lunes, 18 de enero de 2021
Stories From The City, Stories From The Sea
Frente a la introspección electrónica de Is This Desire?, Stories From The City, Stories From The Sea (2000), siguiente álbum de PJ Harvey, surge como detonación sonora o expansión rock hecha de canciones magnéticas vinculadas al asfalto neoyorquino y al mar de Dorset. Apoyada por Rob Ellis y Mick Harvey y con la aparición puntual y estelar de un Thom Yorke que a la sazón finaliza asimismo la grabación de Kid A con Radiohead, Harvey se agarra a su guitarra, sin olvidar teclados y alguna percusión, e indica el camino a seguir mediante el riff incendiario de la inicial Big Exit. La potencia de las composiciones no es enemiga de su querencia melódica, caudal pop que se injerta en todos los instrumentos y la voz de la autora de To Bring You My Love. Aunque haya momentos para la calma poética (Beautiful Feeling, This Mess We're In, ambas con Yorke) u otros en los que la fuerza se reduce (You Said Something y su maravilloso romanticismo), la furia de The Whore Hustle And The Hustlers Whore, Kamikaze o This Is Love reivindica la electricidad como componente mayor del álbum. Deja PJ Harvey para el final los dos temas más largos de estas Stories, ese paseo onírico que es Horses In My Dreams y esa joya absoluta llamada We Float, ante cuya belleza y delicadeza los sentidos se rinden y las lágrimas afloran, flotamos y flotamos tomando la vida como viene… hasta el día en que morimos. Atados a la emoción que desprende, no nos olvidamos de mencionar los diferentes teclados que suenan a lo largo del trabajo (eléctricos, piano, órgano, clavecín, sintetizador, armonio, vibráfono) y sus magníficos arreglos para cerrar este texto.
miércoles, 13 de enero de 2021
Hound Dog
Aunque la versión original del clásico de Leiber & Stoller, grabada en 1952 por Big Mama Thornton, sea invencible, la de Elvis en su año de gloria (1956) se erige como estandarte del rock and roll. En efecto, el blues de Thornton es acelerado a la manera de Freddie Bell and The Bellboys, que habían hecho un año antes una lectura cuyo talante jump blues colinda sin duda con el de la música del diablo; frenesí, diversión y la voz del rey convierten el Hound Dog de Presley en momento privilegiado e iniciático de un género que da sus primeros pasos sin saber hasta dónde llegará su importancia artística, social y cultural. La cara B de este histórico sencillo la ocupa la deliciosa Don't Be Cruel, doo-wop y R&B escritos por Otis Blackwell y magníficamente cantados por Elvis y los Jordanaires. Un manjar el de ambas canciones que el tiempo no hace sino consolidar.
lunes, 11 de enero de 2021
Billies Bounce, Now's The Time
Soy un crítico de jazz lo bastante sensible como para comprender mis limitaciones, y me doy cuenta de que lo que estoy pensando está por debajo del plano donde el pobre Johnny trata de avanzar con sus frases truncadas, sus suspiros, sus súbitas rabias y sus llantos.
(El perseguidor, Julio Cortazar)
Pocos singles tan míticos como éste a 78 rpm salido de aquella sesión del 26 de noviembre de 1945 en la que Charlie Parker, Dizzy Gillespie y Miles Davis —santísima trinidad de una revolución estética que culminará el tercero a finales de los años sesenta y principios de los setenta— grababan diferentes tomas de seis temas. La escucha de los dos que lleva esta galleta mágica de Savoy Records (Billies Bounce y Now's The Time, ambos de Parker) sirve para cartografiar lo que fue y lo que supuso el bebop, primera piedra de lo que será el jazz a partir de su ruptura con la tradición: un grupo de cinco músicos cuya espoleta es Bird, en contraste con las big bands, huyendo de la amabilidad del swing y priorizando el ritmo y las improvisaciones de los solistas. El saxo alto de Parker, la trompeta de Davis, el piano de un Gillespie (o Hen Gates en los créditos) que se ocupa del mismo porque no debía haber otro pianista presente, el contrabajo de Curley Russell y la batería de Max Roach exponen el futuro absorbiendo el pasado africano y las vanguardias europeas presentes sin ser rehén de ninguno. Obviamente, John Coltrane, Ornette Coleman o Albert Tyler llevaron mucho más lejos los conceptos de estos Charlie Parker's Reboppers (Ree Boppers en la etiqueta del sencillo), pero hay que valorar la valentía de su propuesta —los dos planos son indispensables— por sus propias cualidades y como el acicate que a tantos estimuló y que todo lo transformó.
NOTA: Este texto fue publicado originalmente en Tomajazz el 19 de octubre de 2020.
miércoles, 6 de enero de 2021
Ain't Talkin' 'Bout Love
Tras dos explosivos singles (la versión del You Really Got Me kink y Runnin' With The Devil), el tercero extraído al debut de Van Halen era otra canción colosal. Ain't Talkin' 'Bout Love lo tiene todo para enamorarnos: riff, groove, solo de guitarra y un cantante que transmite felicidad; cómo suena la banda sobre una composición excelente cuya interpretación la hace crecer exponencialmente. Alex y Eddie Van Halen, Michael Anthony y David Lee Roth son pasión, son entretenimiento, son técnica y son frenesí, emoción por los cuatro costados volcada sobre este rock and roll metalizado que en la cara B no decae gracias a otro corte de Van Halen, Feel Your Love Tonigt. Si en el primero el grupo no nos habla de amor, aquí son los escarceos o ligoteos nocturnos los que guían el tema, ligoteos hechos de electricidad, ritmo y —claro— sexualidad. Como mandan los cánones de la música del diablo, pero dotándoles de personalidad específica.















